viernes, 30 de diciembre de 2011

EL PROBLEMA ESTÁ EN NOSOTROS

Por fin, al cabo del tiempo, tenemos Gobierno. Era absolutamente necesario el cambio. Íbamos directos al precipicio. Ahora nos toca desear y esperar su acierto en la gestión. Pero, sobre todo, nos corresponde ‘hacer camino al andar’, que diría Antonio Machado.


Ya sé que el primer empeño de este Gobierno es el empleo. Es lo que demanda la realidad de más de cinco millones de parados. El nuevo Gobierno se ha organizado, con buen criterio, al servicio de este objetivo nacional. Las personas elegidas me parecen preparadas e idóneas. ¡Suerte y a trabajar!


Como tantos otros españoles, pienso, sin embargo, que la verdadera crisis que España ha de afrontar es de otro orden. Llevamos demasiado tiempo exhibiendo, como individuos y como colectividad, esa vieja actitud humana que consiste en creerse, a todos los efectos, como dioses. A partir de aquí, actuamos como si no hubiera límite alguno, ni legal ni ético. Todo –aunque lleve consigo la imposición a los demás de las propias concepciones de la vida- nos puede parece digno de aplauso y apoyo. A veces, da la impresión de que buscamos, como valores, la división y el enfrentamiento. Hemos ratificado la no creencia en la verdad, en la igualdad, en la justicia y en la libertad. Nos hemos dejado chupar la inteligencia y la conciencia, como reprochaba Stockmann en un Enemigo del pueblo ¡Qué cosas, madre mía!


Toda esta trascendental e inmensa problemática me parece prioritaria para este país. No obstante, dudo que el Sr. Rajoy esté dispuesto a abordarla en serio. Tengo al respecto serias reservas sobre lo que pueda aportarnos en educación, en interior y en justicia. Quizás ello explique el perfil de las personas elegidas. Alguna ya ha enviado mensajes más que inquietantes. ¡Ya veremos! Me temo lo peor.


E

En estas fechas propicias al cambio, quiero dejarles mi mensaje de felicitación a todos. Lo hago con las palabras del Profeta a Umar ante las lamentaciones por la pérdida de Granada: “el problema está en nosotros, en nuestra sangre” (Tariq Alí). Si fuésemos diferentes, hasta la política cambiaría.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

EL BOBO DE CORIA

Unos días antes de las últimas elecciones, nos contaba R. Aguiló Obrador la propuesta educativa del PSIB: “un impuesto para los malos (los bancos) y dárselo a los buenos, a los pobres licenciados que necesitan de más formación para encarar la marabunta escolar”.


Perfectamente de acuerdo con el juicio que le merecía. Nunca el sistema educativo ha gozado de mayores ayudas económicas y nunca ha obtenido un fracaso mayor. El problema, por tanto, no residía ni reside -aunque bien venida sea una mejor financiación- en recortes de carácter económico. Quienes –corifeos de la izquierda- no han dicho esta boca es mía frente al despilfarro del anterior Gobierno quedan deslegitimados para quejarse a la hora de que otros intenten arreglar el desaguisado.


No comparto, sin embargo, que el fracaso escolar no tenga nada que ver con el profesorado. Para mi tiene mucho que ver. Es obvio que no se puede meter en el mismo saco a todo el colectivo. Pero –hablando en general- me parece obvio que ha desaparecido el maestro vocacional de antaño. ¿Ello ha sido positivo? Para mí, profundamente negativo y de urgente reforma.


Además me parece muy acertada esta otra constatación del Sr. Aguiló, a saber:”Llevamos ya más de dos décadas con la misma farsa; hemos creado una verdadera industria de la pedagogía para preparar, adiestrar, aleccionar a miles de absortos titulados mientras dejábamos que el otro amarre esencial de la educación, la familia, se despeñara por el abismo de la precariedad laboral y la miseria financiera”. Impecable.


Por mucho que aceptemos lo que se ha dado en llamar “la dictadura de la pedagogía” –necesaria, sin duda, a un cierto nivel-, estamos fallando estrepitosamente en la familia, en los padres del alumno, que no apoyan, que, a veces, rechazan, que se hallan absorbidos por otros problemas ineludibles. Sin la familia, fracasará la educación por mucho dinero que pongamos a disposición del sistema educativo. ¿Familia? Absolutamente maltratada por todos y desde múltiples puntos de vistas. ¡Apañados estamos!


Me llama la atención –desde otra perspectiva- que un cierto profesorado hable muy poco de los valores de la secularización, de las religiones y de la ilustración. ¿Por qué será? Respóndase Usted mismo, amigo lector y así evitaremos el enfado de algún profesor. Creo sinceramente que nos merecemos el título de aquel arquitecto que construyó el puente por donde no pasaba río alguno. Como el bobo de Coria.

martes, 29 de noviembre de 2011

TEOCRATISMO ISLAMISTA

Aunque históricamente siempre ha sido así, en el mundo islámico se asiste a un resurgimiento, cada día más intenso, de un constitucionalismo teocrático, cuya dimensión práctica consiste en la vigencia de actitudes muy fundamentalistas y radicales. Occidente se encuentra con verdaderas dificultades a la hora de entender y relacionarse con ese mundo. Las dificultades al respecto son crecientes y no de fácil superación, no obstante la buena voluntad de muchos de sus respectivos creyentes. Los avatares históricos se han incrustado en el alma de las respectivas ciudadanías en forma de prejuicios, hoy día sin sentido.


Más allá de la anterior perspectiva, no deberíamos olvidar la vigencia (con las convicciones que conllevan) de dos sistemas constitucionales muy diferentes y, a veces, contradictorios: el sistema teocrático y el sistema secularizado liberal. No es fácil armonizarlos. Muchos menos aún, Occidente está legitimado para imponer el suyo al mundo islámico. Circunstancia que se pasa por alto con demasiada frecuencia. Se olvida que Occidente –en todo caso- necesitó casi veinte siglos para superar la teocracia cristiana, que purificó con el helenismo, el mundo romano y la ilustración.


En el sistema teocrático, la religión se encuentra en el centro mismo de la esfera pública. La comunidad política es confesional hasta el punto de que la religión es incluso fuente de legalidad. No es pensable el reconocimiento de la libertad religiosa ni de un verdadero pluralismo religioso. Nada tiene de extraño, en consecuencia, el fenómeno de la cristianofobia en diferentes países, el abuso de la ley de la blasfemia, el no respeto de los derechos humanos, la no tutela de la dignidad de la mujer, etc. etc.


Mientras no culminen, como recordó, en su día, Benedicto XVI, la armonización entre fe y razón no cambiará su imagen. Su reflexión teológica no está cubriendo las expectativas esperadas. Sigue, por otra parte, sin responder la cuestión que en su día planteó Gabriel Albiac: “¿hay lugar en el Islam para un discurso autónomo de la razón, para un fundamento no teocrático de la política?”.


Hoy por hoy, la respuesta es negativa. Las llamadas revoluciones de la primavera árabe van en sentido contrario. El futuro, por tanto, es pesimista.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

POR SI HABÍA ALGUNA DUDA

Es archiconocido por todos nosotros que, en materia educativa, estamos en el pelotón de los torpes. Cada año se repite la clasificación de modo inexorable. Y, en éstas estamos, desde tiempo inmemorial. Sin embargo, no superamos el esquema de reivindicaciones. Se quieren cargar –se entiende que los otros- la enseñanza pública.


La izquierda fue laminada en Baleares en las pasadas elecciones. También parece evidente que perderá su posición de gobierno a escala nacional. ¡Qué casualidad! Es, ahora, cuando se despiertan todas las alarmas ante el cataclismo educacional que, según ella, se nos viene encima por culpa de la derecha gobernante. Ahora es cuando la educación merece una atención prioritaria. ¡Manda narices! ¡Y esto lo dice una autoridad pesemera, como Miguel Perelló, que, unos días antes de las pasadas elecciones, derrochó 50.000 € de dinero público para un innecesario premio! Todo –como ven- muy coherente. Así son los parámetros que maneja la izquierda.


El mencionado ex director general de formación ha tenido la ocurrencia -¡en qué manos ha estado la educación!- de utilizar a los indefensos alumnos de infantil y primaria en protesta por una medida que, al parecer, todavía no se ha tomado. A semejante iniciativa –suspensión de las clases y arenga partidista- se han unido determinados centros de la ciudad. Todo un pésimo ejemplo para los alumnos, impropio de un profesorado responsable.


Se me ocurre una pregunta: ¿por qué no explicaron o explican a la sociedad a qué obedece el fracaso estrepitoso conseguido con su gestión y sin supuestos recortes como, según ellos, habrá en el futuro? ¿Cuál es la causa? ¿Por qué el fracaso ha estado asegurado en la enseñanza pública?
Ya sé que son muchos los factores que pueden influir en el desastre educativo. Pero –ya lo he dicho otras veces- una de ellas –y muy importante- tiene que ver con múltiples aspectos relacionados con la persona del Profesor. ¿Por qué no se examinan y nos exponen las conclusiones a que lleguen?


En todo caso, actitudes como las que se han protagonizado explican –por su había alguna duda- el por qué de resultados educativos tan nefastos.

martes, 8 de noviembre de 2011

LA PÉRDIDA DEL SENTIDO

No sé qué extraño mal fario nos persigue. Nuestra clase política parece estar empeñada en destruir el Estado. Se pasan el tiempo verbalizando ideas, proponiendo actitudes y realizando políticas que conllevarán, a no tardar mucho, a su destrucción misma. La sociedad, por su parte, engulle sin rechistar semejante manjar, oportunamente jaleado por ciertos medios que viven en la solana del poder.


En la lucha contra el terrorismo de ETA, se ha optado, para apaciguar a la fiera, por dejarse devorar por ella. Frente a tan indigna e ignominiosa política, las víctimas han levantado –una vez más- su voz y han expresado una rotunda oposición. Tan lógica y digna actitud ha sacado de quicio al PSOE, a los partidos nacionalistas y a los medios que los jalean. No es extraño que hayan perdido el sentido mismo de lo que debería ser un Estado democrático.


Mal que les pese a muchos, la democracia es algo más que ir a votar. El verdadero poder reside en el pueblo, que lo entrega a sus representantes para que le sirvan y tutelen sus derechos. Dicho servicio y tutela es siempre el verdadero criterio ético para calibrar la calidad democrática del ejercicio del poder político. La democracia es, por todo ello, un sistema ético. Si no se atiene a esta vocación originaria, el político queda deslegitimado y lo mejor que podría hacer es irse a su casa.


En este marco, es absolutamente inmoral y cínico que se niegue a los ciudadanos –sean o no víctimas del terrorismo- el derecho a la crítica de la acción política. No es cierto que, una vez haya votado, el ciudadano ya no tenga nada que hacer y decir. Tampoco es cierto que las víctimas no tengan nada que oponer cuando sus representantes fijan la política concreta frente al terrorismo. Sin embargo, lo hemos oído proclamar, una vez más, por sesudos políticos.


Cualquier ciudadano, que paga sus impuestos, que da de comer a la clase política, puede ejercitar sus derechos, puede oponerse y manifestar en público y privado dicha oposición a cualquier política. Diría que el político, por mucho que haya sido votado, no puede hacer cualquier cosa ni en materia de terrorismo ni en ninguna otra. Siempre existe un límite ético en la acción política.


Ya sé que estas ideas no gustan a la mayoría de la clase política. Pero, lo que ocurre es que ésta ha perdido –hace ya mucho tiempo- el sentido mismo de la función que el pueblo le ha encomendado y al que, en teoría, debe servir. Prefiere, en general, seguir en el machito, que se le aplauda incluso su pésima gestión y –en el colmo de la caradura- que se le vuelva a votar. Pues, por desgracia, así será. Definitivamente se ha perdido el sentido de la función política.

jueves, 3 de noviembre de 2011

PRIMER GRAN ERROR

El flamante Sr. Alcalde ha cometido su primer y gran error. Ha aprobado para la EMT una subida del 20% en el precio del billete normal (1,50 €) a partir del próximo 1 de enero de 2012. Tendremos el billete más caro de España.


Una subida de esta magnitud, que afecta a las capas de la población de más bajo nivel adquisitivo, nos parece un despropósito que, además, incurre en lo mismo que los peperos critican respecto de ciertos recortes sociales de ZP. Siempre pasa igual. Al final, los platos rotos de la mala gestión de la clase política los pagan quienes menos tienen. Se ha desaprovechado una magnífica oportunidad para diferenciarse del adversario político.


La medida en cuestión no ha venido acompañada de una cumplida explicación acerca de la situación real de la empresa (EMT) desde todas sus perspectivas. El ciudadano y usuario tiene derecho a saber cómo se ha llegado a la alarmante situación actual, quién la ha propiciado, cuánto cobra hasta el último de los empleados, qué privilegios tienen los empleados, reconocidos por Convenio, etc. etc. ¿Por qué no hace público, Sr. Alcalde, la cantidad que percibe mensualmente un conductor de autobús? Tenemos derecho a saberlo y compararlo, por ejemplo, con el que cobra un guardia civil, un policía y hasta un catedrático de la UIB.


Por otra parte, el Sr. Alcalde debería explicarnos por qué no ha tenido el coraje de estudiar una privatización de la EMT. ¿Está seguro que, en tal caso, sufriría la calidad del servicio público y qué, además, no se reduciría notablemente su coste para el Ayuntamiento y para el usuario? ¿Acaso no prometieron suprimir las empresas que fuese necesario?. ¿Dónde queda el tan cacareado talante liberal del PP? Estoy seguro que conoce que la realidad de la privatización total o parcial de de estos servicios públicos en otros Ayuntamientos gobernados por el PP. ¿Qué pasa entonces? ¿Tiene miedo a la contestación sindical?


A eso se le llama debilidad de las propias posiciones, falta de transparencia y coherencia, cobardía. ¿Ésta iba a ser la buena gestión que ofrecían? No nos haga reír. Mal empezamos. Pagará la factura de semejante primer gran error.

LA AVERSIÓN DEL FANÁTICO

Los Srs. Calamita, Serrano y del Olmo, tres Jueces piedra de escándalo. Con ciertos matices -los hechos que juzgaron eran diferentes-, los tres habrían cometido el mismo imperdonable pecado. Los tres habrían optado por la incorrección femenina. Los tres se habrían atrevido a no secundar importantes planes de ingeniería social del Gobierno.


Con independencia de las plurales valoraciones que son posibles en cuanto al fondo, semejante osadía no podía, en modo alguno, consentirse. Se lanzaron a por ellos cual jauría de rabiosos exaltados. Nadie ha faltado a la cita. Ni la inmensa caterva de las feministas militantes de género, ni muchos de los habituales pesebreros y adictos al zapaterismo. Ni siquiera ciertas instituciones e, incluso, instancias judiciales o próximas a ellas. El primero ya ha sido fulminado con excomunión civil inapelable. El segundo ha sido igualmente fulminado por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, por mucho que haya acordado solicitar al Gobierno un indulto parcial y reduzca la pena a séis meses de inhabilitación y el tercero –más próximo a los aledaños gubernamentales- podría salir airoso.


Si algo se ha percibido desde fuera, ha sido, como diría Eugenio Trías, “la propensión humana hacia lo inhumano”. Quienes han participado en esta cacería han demostrado su aversión cancerígena al Otro, a quien han tratado de demonizar. Quienes han actuado tan fanáticamente evidencian que el odio “se ha instalado de tal modo en sus hábitos mentales de raciocinio que no es posible ya el debate, la conversación, la controversia” (Ibidem).


Aunque parezca mentira, se ha llegado –en su ceguera- a impedir que el Juez Serrano hablase de interferencias en las relaciones paterno y materno filiales y se ha llegado a afirmar editorialmente que “la Ley contra la Violencia de Género corre el peligro de ser devaluada por los prejuicios de algunos jueces” (El País, 8.10.2001). ¡Sin comentarios! Ni siquiera la invocación de la doctrina del Tribunal constitucional sobre la discriminación positiva a favor de la mujer puede amparar semejante juicio de valor. Este Tribunal no goza de credibilidad alguna, dada su dependencia política.

POR SI HABÍA ALGUNA DUDA

Es archiconocido por todos nosotros que, en materia educativa, estamos en el pelotón de los torpes. Cada año se repite la clasificación de modo inexorable. Y, en éstas estamos, desde tiempo inmemorial. Sin embargo, no superamos el esquema de reivindicaciones. Se quieren cargar –se entiende que los otros- la enseñanza pública.


La izquierda fue laminada en Baleares en las pasadas elecciones. También parece evidente que perderá su posición de gobierno a escala nacional. ¡Qué casualidad! Es, ahora, cuando se despiertan todas las alarmas ante el cataclismo educacional que, según ella, se nos viene encima por culpa de la derecha gobernante. Ahora es cuando la educación merece una atención prioritaria. ¡Manda narices! ¡Y esto lo dice una autoridad pesemera, como Miguel Perelló, que, unos días antes de las pasadas elecciones, derrochó 50.000 € de dinero público para un innecesario premio! Todo –como ven- muy coherente. Así son los parámetros que maneja la izquierda.


El mencionado ex director general de formación ha tenido la ocurrencia -¡en qué manos ha estado la educación!- de utilizar a los indefensos alumnos de infantil y primaria en protesta por una medida que, al parecer, todavía no se ha tomado. A semejante iniciativa –suspensión de las clases y arenga partidista- se han unido determinados centros de la ciudad. Todo un pésimo ejemplo para los alumnos, impropio de un profesorado responsable.


Se me ocurre una pregunta: ¿por qué no explicaron o explican a la sociedad a qué obedece el fracaso estrepitoso conseguido con su gestión y sin supuestos recortes como, según ellos, habrá en el futuro? ¿Cuál es la causa? ¿Por qué el fracaso ha estado asegurado en la enseñanza pública?


Ya sé que son muchos los factores que pueden influir en el desastre educativo. Pero –ya lo he dicho otras veces- una de ellas –y muy importante- tiene que ver con múltiples aspectos relacionados con la persona del Profesor. ¿Por qué no se examinan y nos exponen las conclusiones a que lleguen?


En todo caso, actitudes como las que se han protagonizado explican –por su había alguna duda- el por qué de resultado educativos tan nefastos.

PLURALISMO IMPERANTE

Si por algo se caracteriza la sociedad actual –en cualquiera de sus manifestaciones- es por su dimensión plural. No son tiempos para lo absoluto. Aunque disguste en ciertos ambientes, especialmente de carácter religioso, los valores que la mueven son cada vez más relativos, más provisionales, más dispersos, más inseguros, más ambiguos. La ciencia se ha hecho cada día más interdisciplinar y la ética más casuística. Como Salvador Pániker ha subrayado con vigor, hoy día hay que “...hablar de identidades múltiples, pluralismo a la carta, mestizaje cultural, collage”.


La sociedad, mayoritariamente, se expresa mediante actitudes que obedecen a creencias, convicciones y valores cuyo contenido está integrado por las más variopintas procedencias culturales, éticas y religiosas, que, asimismo, se conciben también como plurales. La gente es muchas cosas a la vez o, si se prefiere, afirma una identidad definidora de sí misma, a la que se adhiere temporalmente, conformada de las más variadas –y, a veces, paradójicas- procedencias.
Si así se muestra la realidad social, la conducta humana tiende a conformarse a la misma. Ello hace que el hombre actual -sin mayores estridencias- se sienta cómodo y bien instalado en posiciones aparentemente contradictorias. Para él, no lo son. Podemos ver -por poner algún ejemplo- a personas que admiten y conviven, al mismo tiempo, con adhesiones tales como ser budista y cristiano al mismo tiempo, ateo y con sentido trascendente, socialista y católico, demócrata y totalitario, católico y contrario a la Iglesia jerárquica, demócrata e irrespetuoso con la legalidad, etc., etc. Guste o no, como ha recordado Salvador Pániker, “… los caminos que conducen a cualquier parte son múltiples”.


En este contexto y dada la posición contraria de la Iglesia oficial, conviene recordar a los católicos que el cristianismo también recibió o tomó muchas de sus enseñanzas e instituciones de las más variadas procedencias culturales y religiosas. No deberían olvidar jamás este hecho cuando se encierran dentro de las paredes dogmáticas de su fortaleza, fuera de la cual, según ellos, no hay salvación. ¿Por qué semejante rigidez, contraria a la verdad histórica? Igualmente deberían ir extrayendo las consecuencias pastorales que se derivan de la aceptación del fenómeno pluralista. El mismo Benedicto XVI no ha tenido inconveniente alguno en dar por cierta esta caracterización del mundo actual e integrarla en sus reflexiones sobre la exigencia de la verdad cristiana.


En este marco expositivo, no veo inconveniente alguno en respetar la posición de quienquiera que sea. Lo que no puede negarse es la realidad y ésta se manifiesta muy plural en todos los ámbitos. Si esto es así -no veo que pueda negarse-, se abre inexorablemente el camino a la laicidad y, en ella, la búsqueda de la trascendencia.

martes, 18 de octubre de 2011

¡MEJOR, CALLADITOS!

Si algo es exigible a los integrantes del Gobierno anterior y a los partidos que lo sustentaron -a la vista de la pésima y obscena gestión (verdadera corrupción) realizada-, es que permanezcan calladitos. Ninguno de ellos goza de autoridad moral alguna para dar lecciones ni para sentar cátedra en nada. Dada su ineptitud manifiesta para gestionar lo público, tendrían que haberse ido a su casa y trabajar, si pueden, como cualquier otro ciudadano. Si esta sociedad fuese mínimamente seria y no cómplice de tanto desmán como se ha perpetrado, ahora les pasaría la factura, les negaría cualquier tipo de apoyo y no les votaría. Pero, por desgracia, ni se han ido ni estarán ayunos de apoyo. ¡Así son las cosas!


Ayer mismo, el periódico cómplice de tanto desgobierno pasado hablaba -ahora se han dado cuenta- de las dudas existentes respecto de la solvencia de la Comunidad autónoma. Es de tal magnitud la deuda (unos 4.500 millones de euros) -entérense votantes pasados y futuros de los partidos que sustentaron el anterior Gobierno- que el pago de los intereses se aproxima a la suma de un millón de euros diario. ¡Cómo lo oyen! Es más, según estas mismas fuentes periodísticas, el presupuesto de que se dispone (unos 3.000 millones de euros anuales) está ya casi comprometido para el pago de las nóminas del personal y del gasto corriente. ¿Cómo salir del pozo?


Me parece un auténtico desatino, por poner algún que otro ejemplo -la lista sería interminable-, que el anterior Gobierno aumentase en casi 18.000 los empleados que trabajan en la administración, o que la Sra Armengol otorgase, en 2008, casi un 80% de subvenciones a dedo, o que el desfase en el presupuesto de Son Espases se cifre en una cantidad astronómica. ¿De qué pretenden ahora dar lecciones a nadie? ¿Dónde está la Fiscalía que no les aplica el mismo criterio que a otros?


La situación es tan dramática que no conviene dejarse engañar de nuevo. Ahora toca pagar las deudas. Ello exigirá sangre, sudor y lágrimas. No las van a satisfacer quienes las crearon. Se irán de rositas. Lo del pago es para el ciudadano. Por todo ello, Señores del PSOE, ¡mejor, calladitos!

ACOSO ESCOLAR

Todos sabemos o nos hemos visto -de una u otra forma- envueltos en situaciones desagradables en el Centro educativo de nuestros hijos. Es relativamente frecuente la presencia de algún alumno o grupo de alumnos que la toman con otro y le hacen la vida imposible. Lo que inicialmente podría parecer una broma de mal gusto puede convertirse en verdadero acoso: Insultos, amenazas, vejaciones, robos de material escolar, puestas en ridículo, exclusiones de actividades conjuntas, etc., etc.


Las repercusiones de tales conductas suelen generar auténticos traumas y problemas psicológicos (pérdida de la propia autoestima, inhibiciones en las relaciones sociales, en el aprendizaje y en los estudios, en el desarrollo de la propia dignidad, etc.) llegando, incluso, a no querer asistir al Colegio. Ante la queja de los padres al Centro educativo, éste se puede limitar, a veces, a dar excusas de mal pagador, a rebajar la importancia de lo que sucede, a dar la callada por respuesta, a no tomar medida alguna, a no hablar con los padres de los presuntos acosadores, a negar la gravedad de la situación.


Nos encontramos -en estos supuestos- ante el hecho cierto de que el Centro educativo adopta una posición de clara pasividad, no ha realizado actividad alguna tendente a comprobar los hechos, a identificar a los alumnos responsables y a pedir la colaboración de sus padres. Digamos que el Centro educativo ha hecho dejación de sus funciones y obligaciones respecto del alumno matriculado, ha tolerado, en su ámbito interno, la anomalia consistente en que un alumno sufra un grave detrimento en la tutela de sus derechos escolares y personales, ha permitido, por negligencia, la violación permanente del buen orden y disciplina internos con grave daño para un alumno matriculado. La responsabilidad del Centro, a resultas de la prueba, nos parece, en principio, manifiesta.


Estas y otras situaciones parecidas suelen plantearse ante los Tribunales de justicia. Recientemente, el Juzgado de 1ª instancia de Madrid, n. 44, en Sentencia de 25 de marzo de 2011, ha valorado una situación muy similar a la descrita y ha condenado al Centro educativo al pago de una indemnización que ha cifrado en 40.000 euros. Tomen buena nota los Colegios y Centros educativos. El acoso escolar no se debe consentir.

domingo, 9 de octubre de 2011

CONTRA EL MUNDO ENTERO

Toda mi vida he buscado ser coherente con mis propias convicciones, muy especialmente en lo relativo a la trascendencia o, si se prefiere, a una actitud ética ante la vida. Como Stefan Zweig, nunca he tenido “la intención de convertir a los demás a mis convicciones. Me bastaba con manifestarlas y, sobre todo, poderlas manifestar claramente”. Esta actitud siempre la subrayaba, en la primera clase de cada curso, a mis alumnos universitarios. Nada que saliese de mis labios sobre los más variados temas -incluso religiosos y morales-, debían tomarlo como válido para su vida personal. Al contrario, esa decisión sólo pertenecía a ellos una vez que lo sometiesen “al dictado de la razón y a la voz de la conciencia”.


Semejante utopía me ha proporcionado múltiples sinsabores, pero, sobre todo, me ha servido para merecer el honroso título de ‘traidor’ y la censura más severa respecto de mis opiniones. Sé muy bien en qué consisten la ‘damnatio memoriae’, los intentos de reducirle a uno al olvido, la práctica sistemática de la marginación, utilización -si les conviene- de tus escritos sin citarte, desprestigio personal y profesional por principio. Un modo de actuar centenario en la Iglesia que, en nombre de la voluntad divina, se sitúa en las antípodas de la justicia y la caridad.


Como decía el poeta de mi tierra de origen, Antonio Machado, uno -aunque a estos hipócritas inquisidores les parezca imposible-, también tiene en el corazón la espina de una pasión. Hace mucho tiempo que logré arrancármela. Lucho, sin embargo, porque no deje de sentir el corazón.


Ahora resulta que Benedicto XVI parece dar acogida a muchos planteamientos y críticas que, hasta ahora, han merecido la condena y marginación de los dispensadores de autenticidad cristiana. En su reciente viaje a Alemania ha subrayado que la Iglesia necesita “una fuerte renovación”, que tiene que “despojarse” de su riqueza terrenal y de su poder político y abrirse a las preocupaciones del mundo. Es más, para él los momentos de secularización han sido positivos en la medida que han obligado a la propia Iglesia a purificarse. Todo un programa de cambio que, en mi opinión, puede integrar el contenido de la recientemente impulsada nueva evangelización europea.


Uno, por fin, se siente reconfortado en la libre fidelidad a sus convicciones, incluso, como sostenía Rolland, “en contra del mundo entero”.

viernes, 7 de octubre de 2011

YA ERA HORA

A mi entender, el modo como muchos Jueces resolvían -en los pleitos de familia- el pago de la hipoteca, contratada por ambos cónyuges para la adquisición de la vivienda conyugal, constituía una de las manifestaciones más claras de una práctica discriminatoria a favor de la mujer. ¡Cuántos dramas nos abríamos ahorrado! Nuestro Tribunal supremo ha vuelto a pronunciarse sobre el particular (ss. 5.11.2008 y 28.03.2011). A partir de ahora, ya no son posibles determinados argumentos -menos aún ciertas decisiones-, que sólo servían para ocultar una realidad: el favor a la mujer.


Ya sé que las Audiencias provinciales estaban divididas al respecto. Ya sé que, en Derecho, se puede razonar una cosa y la contraria. Ya sé que la aplicación del Derecho suele ir con bastante retraso respecto de la realidad. Pero, dicho lo anterior y salvando las buenas intenciones de todo el mundo, no se puede ignorar que muchos Jueces se mueven no tanto por la Ley cuanto por la ideología que abrazan, que, a través de diferentes y, a veces, peregrinas argumentaciones, identifican e integran en el contenido de la Ley. Para nadie es en secreto que muchos de nuestros Jueces y Fiscales al aplicar, en materia de familia, la Ley –que también es bastante tributaria de la ideología-, se mueven e inspiran en los postulados de la ideología de género.


En ese marco general, no extraña que, al adoptar medidas de carácter económico (alimentos, desequilibrio, compensación por el trabajo en el hogar), se les vea claramente el plumero. Si, además, el pago de la hipoteca para la compra de la vivienda conyugal –propiedad de ambos cónyuges- se atribuye, como es bastante habitual, al marido, bien en su totalidad, bien en una proporción mayor, tampoco debería extrañar a nadie que muchos padres y maridos se hayan visto arrojados a los pies de los caballos. No hay más que oírles y escucharles.
Pues bien, el TS ha terminado –ya era hora- con tan obscenas soluciones. En lo sucesivo, el préstamo hipotecario, contratado por los cónyuges en régimen de gananciales, no es una carga del matrimonio. La consecuencia es clara: al divorciarse, no es posible alterar el tenor de las obligaciones fijadas con la Entidad prestataria. No es posible imponer -en un proceso de familia- una proporción diferente de pago de las distintas cuotas. Estamos ante una deuda de la sociedad de gananciales con todas sus consecuencias.


Se impone, por fin, la lógica y el sentido común. Una cosa es poner el patrimonio propio al servicio de los hijos. Otra muy diferente es que el varón haya de financiar a su ex mujer en la adquisición del patrimonio de ésta.

viernes, 30 de septiembre de 2011

NO TE RESIGNES

Una vez más la sociedad española caerá en la trampa. Todos los años se repite la misma historia. Ahora parece que existe un gran interés en abordar la problemática educacional. Resulta que quienes más han hecho y hacen por destrozarla, quienes han guardado un cómplice silencio, se ponen al frente de la manifestación. Nadie puede sugerir ni intentar algo al respecto si no goza del visto bueno de la ‘progresista’ izquierda. De inmediato se agitan todos los tópicos, se miente, se manipula, se instrumentaliza hasta los propios alumnos. No hay límite. Eso sí: todo seguirá como estaba o peor. Cuando aparezca el nuevo informe Pisa, miraremos a la cola del pelotón. ¡No tenemos remedio!


La cosa -conviene subrayarlo- viene de lejos y ya huele mal. La gente no debería olvidar que llevamos muchos años en aplicación del método socialista. El gran golpe a la educación -cuyas consecuencias paga y seguirá pagando la sociedad española- lo protagonizó la socialista LOGSE. Parece mentira que tantos interesados corifeos de la izquierda política –como pululan en los medios de comunicación, sindicatos y ciertos sectores del profesorado- ignoren, como ha recordado Gabriel Albiac, que, ya desde la formulación de Condorcet, la revolución sólo se consumaría cuando la enseñanza se hiciese trampolín para la ‘aristocracia de la inteligencia’, única ‘aristocracia republicana’, que enterrara los viejos privilegios estamentales. ¿Dónde está su pretendido ‘progresismo?


Han sido ellos –los que ahora se manifiestan- quienes consideraban reaccionario a cualquiera por el simple hecho de atesorar una cierta cultura, quienes se cargaron el rigor del sistema de selección del profesorado, quienes vejaron la idea vocacional, quienes impusieron la dictadura de los ‘pedagogos’, quienes primaron el interinato, quienes despreciaron el esfuerzo y el mérito, quienes propiciaron, como resultado, el alumno, que accede a la Universidad, sin saber leer, sin haber oído jamás algo de las lenguas clásicas, sin conocer las grandes corrientes de pensamiento, etc. etc.


¿Qué hacer ahora?, se preguntan muchos padres y ciudadanos. En mi opinión, no secundar ni apoyar tanta ignorancia. Nuestros hijos y nuestros jóvenes no se merecen tanto desprecio. ¿Por qué no te preguntas si todavía vas a seguir con tu silenciosa y pusilánime complicidad? La educación de tus hijos es demasiado importante como para dejarla en manos de políticos irresponsables y sindicatos sectarios. No te andes por las ramas. Te volverán a enredar en cuestiones sin importancia y volverás a apoyarles en el fracaso. No te resignes, lucha y no aceptes que la cosa no tenga remedio.

martes, 20 de septiembre de 2011

TE SACARÁN LOS OJOS

Aunque parezca mentira, el Sr. Bauzá va cumpliendo con lo prometido. Se ha atrevido a poner firmes a los sectarios y pesebreros sindicatos. ¡Ya era hora! La medida ha sido recibida con regocijo por el ciudadano. Si quieren liberados, si quieren locales para reunirse, que los paguen ellos con sus cuotas. ¡Ya está bien de usar el dinero de todos! Si existe alguna institución retrógrada en el Estado, caduca y trasnochada son los sindicatos. ¡Qué se reformen, qué se adapten, qué se despoliticen y qué se financien por sí mismos!


Esta medida y buen criterio de gobierno ha de utilizarla en su propio partido. Desde el primer momento, se palpó el nerviosismo entre muchos militantes que, como es bien conocido, están en política para servirse a sí mismos, para atarse al pesebre público, para vivir del cuento. Usted lo sabe perfectamente. ¡Qué digan Misa, si les apetece! Pero, no caiga en la tentación de alimentarlos.


Todos los partidos, que tocan poder, hacen lo mismo. Colocan, como sea y para lo que sea, a los suyos. Se rodean de asesores, que ignoran todo aquello sobre lo que supuestamente asesoran. Pagan cantidades astronómicas por nada. ¡Una vergüenza! Esto tiene que acabarse. Por ello, Sr. Bauzá resista y no ceda. Está en juego su credibilidad y la de su partido. Use de su experiencia y se sirve de los competentes funcionarios que tiene.


Permítame, a este respecto, que le recuerdo el refrán que dice: “cría cuervos y te sacarán los ojos”. En cierta ocasión, el condestable de Castilla, Don Álvaro de Luna, se interesó, en una cacería, por un hombre que había perdido los dos ojos. El ciego le relató que cuidaba un cuervo, recogido en el monte cuando era muy pequeño, lo alimentaba y trataba con cariño. Un día -cuando le echaba de comer- le saltó a los ojos y quedó ciego. Con ironía, Don Álvaro dijo a sus acompañantes de cacería: “criad cuervos para que luego te saquen los ojos”.


La moraleja, Sr. Bauzá, está muy clara. La ingratitud está a la orden del día. Cuando vengan mal dadas, los alimentados se olvidarán de lo recibido y le sacarán los ojos. ¡Ya lo sabe!

martes, 26 de julio de 2011

¡CARAMBA CON LA SEÑORA!

Para cualquier observador imparcial del tratamiento judicial de las relaciones de familia, lo ‘femeninamente correcto’ constituye, desde hace tiempo, su auténtica carcoma, su factor más corrosivo. El profesional del derecho tiende, de modo instintivo, a situarse, frente al conflicto que se avecina, mediante una primera previsión. Le interesa -mucho más de lo imaginable por el cliente- conocer en qué Juzgado se va a dirimir la cuestión.

Ello es así porque sabe que, al margen de todas las posibles matizaciones y excepciones que es necesario realizar, tendrá, de alguna forma, que “echarse, no en brazos de la ley, sino en los del juez, que es quien, a la postre, decide, no sin cierta arrogancia, por encima del mandato legal” (J. Gómez de Liaño). Dicho de otro modo, se aprecia, en muchos casos, la tendencia -aunque nunca se reconocerá- a confundir o identificar el contenido de la ley con los principios y consecuencias de la llamada ideología de género. Conocer en qué lugar se sitúa el Juez y el Ministerio fiscal suele ser de más utilidad, a veces, que el propio conocimiento de la ley.

En este marco general y con respecto a la pensión compensatoria a la ex mujer sin hijos, siempre he dado por bueno el pensamiento que ya expresó el maestro Víctor Reina en el año 1996. Decía así: “Porque, para mí, una señora que se casa, que es mayor de edad, que no tiene hijos, que se levanta todos los días a las diez de la mañana y que al cabo de diez años sale pidiendo pensión compensatoria -y eso pasa en los Juzgados todos los días- …¡caramba con la señora!...O lo mismo, si es el hombre, que aquí no se trata de una cuestión de machismo…¿Pensión por desequilibrio económico? ¿De qué me está Ud. hablando? ‘Es que me he dedicado a mi marido…¿‘Y quién le ha mandado a Ud. dedicarse a su marido?’ ‘Qué favor hace Ud. a la sociedad dedicándose a su marido?’ Eso es lo que yo pienso. Ahora:’Es que resulta que yo me he pasado quinces años dedicada a los hijos’. Eso es otra historia. Ahí si que veo yo razones de justicia, Pero, si no ¿a santo de qué?”.

Está claro. Ya veremos, en otro momento, qué pasa si ha habido hijos.

domingo, 17 de julio de 2011

UNA PREGUNTA EN MEDIO DE LA VIDA

Quizás el último y más trascendente servicio que he recibido de mi padre ha sido poderle acompañar –junto con mi esposa y mis dos hijos- hasta el fin de su existencia en la tierra. Han sido momentos tan intensos, tan próximos, tan familiares, tan íntimos, que jamás podré olvidarlos. Dentro del rasgado que se opera en el alma, he sentido la satisfacción infinita de haber podido hablar con mi padre como nunca lo había hecho en la vida. ¡Qué paz y qué liberación se experimenta! ¡Gracias!

En medio de la vida frenética y estresante que casi todos llevamos, no estaría de más –ante la Ley con la que se puede despedir ZP- realizar un alto en el camino y preguntarnos algunas cosas. Lo voy hacer reproduciendo las preguntas de Hans Küng (Morir con dignidad, Madrid 1997). Dice así:


“Cómo se envejece hoy, cómo se envejecerá mañana, cómo es envejecer?

Qué significa saber que se es mortal, que se ha de morir?

Se tiene miedo a la muerte o simplemente miedo al morir?

¿Cómo se quiere morir, si es que uno puede participar en esa decisión? ¿Es que se puede participar, se debe participar o incluso decidir personalmente Pero ¿quién es el que puede hoy en día decidir personalmente?"


Ayer por la tarde, cuando releía aspectos de la biografía de León N. Tolstoi, me topé con una reflexión que no me resisto a transcribir: “Tenía usted razón: no hay nada peor que la muerte. Y cuando uno piensa que éste es el fin de todo, se ve que no hay nada peor que la vida”. Profundo pensamiento, que es posible que compartan muchos. Pero, que encierra un nihilismo estéril. Para quienes seguimos a Jesús, la muerte y la vida tienen un sentido muy diferente: la muerte no es el fin de todo. Por eso, precisamente, la vida tiene sentido.

Ahora que la clase política socialista tiene la frecuente tentación de predicar y sermonar, nos quiere garantizar la muerte con dignidad, incluso a pesar nuestro. Pues bien, en cualquier caso y con todos los matices que son posibles, me parece que “¡Sin una vida digna de personas no es posible una muerte digna de personas! O lo que es lo mismo, dicho al contrario, una muerte digna de seres humanos no es algo obvio ni siquiera en las condiciones de una sociedad de la sobreabundancia. Morir con dignidad es una oportunidad inmerecida, un gran regalo: el gran don. Y al mismo tiempo una gran tarea para la humanidad” (Hans Küng).

Volvemos de nuevo a Tolstoi. Morir con dignidad no significa entender el morir como el final de la vida al que, necesariamente, habremos de enfrentarnos cuando no lo esperemos. Es algo más y muy diferente. El morir es una dimensión de la vida, que, si se vive en plenitud, está presente, de alguna manera, en todas y cada uno de las decisiones de la vida, al menos las más importantes.

domingo, 10 de julio de 2011

RECUPERAR VALORES ÉTICOS

En la anterior reflexión, subrayamos la obligación moral del político de establecer sólidas relaciones interpersonales de comunicación con el ciudadano. En ese marco, el político debe prestar atención especial a los creadores de opinión pública, sobre todo a aquellos que, ideológicamente, son sus adversarios. Es un modo de caer en la cuenta de los errores que puede estar cometiendo en su gestión. Por esta razón, ni ha de subestimar al enemigo, ni ha de despreciar a quien le critica, ni ha de crearse los turiferarios de turno.

Todas estas actitudes –aunque son muy habituales en el político- me parecen contrarias a la verdad moral. Máxime si se busca comprar a los halagadores con el dinero de los ciudadanos. La subvención a los medios de comunicación –y otros muchos favores que se otorgan- me parece inmoral y más aún cuando no se reparte equitativamente. Si el pueblo conociese la verdad de lo que ha ocurrido en tiempos no lejanos, saldría corriendo despavorido.
Cuando todo lo anterior se realiza con un mínimo de honestidad, el gobernante obtiene, como fruto, un conocimiento bastante directo y aproximado de las circunstancias e intereses que configuren la realidad social a ordenar y organizar y, de este modo, podrá actuar con la debida responsabilidad. Hemos pronunciado la palabra clave: responsabilidad. Se trata, precisamente, de imponer aquellas soluciones más apropiadas a los problemas reales existentes y más equitativas a la vista de todos los intereses en juego. Se trata de evitar lo habitual: imponer soluciones que parecen referidas a un mundo inexistente o que sólo buscan –bajo la coartada del interés general- servir a lo contrario: el interés particular. En este caso, se está recorriendo un camino claramente ajeno a la realización de la verdad moral en política.

Aunque los ejemplos sobre el particular podrían ser numerosos, creo necesario recordar a nuestros actuales gobernantes que una actuación responsable, sobre todo en estos momentos tan críticos, pasa por liquidar la mayor parte de las empresas y funciones públicas. La gestión de algunas áreas se puede realizar desde la iniciativa privada y así ahorrarnos sus cuantiosos costes en personal enchufado. Por cierto, que urge una información detallada al ciudadano de cuántas mantiene, qué hacen y cuántas personas prestan en ellas sus servicios. Otra de las actuaciones de responsabilidad política indispensable pasa por revisar los sueldos, prebendas, privilegios que ostentan los altos cargos y similares, informar al ciudadano y acabar con semejante inmoral dispendio.

Tal y como están las cosas en la política actual, me parece -a fin de evitar la ganancia habitual de los pescadores en río revuelto- que “un segundo camino para promover la verdad moral consiste en poner al descubierto las ideologías políticas que pretender suplantar la verdad” (Benedicto XVI). En este sentido, tiendo a pensar que el sistema democrático -en los términos experimentados a lo largo del s. XX- ha tenido un mucho de alienante de la condición y dignidad humanas. Hasta la misma izquierda ha cedido a la tentación tramposa de fomentar supuestos valores universales -paz, progreso, derechos humanos- cuando, en realidad, el objetivo real no iba más allá de los intereses particulares.

Personalmente tengo serias dudas de que las tan ahora cacareadas otras democracias -real, participativa, deliberativa, etc.- busquen otra cosa que “un asiento en la parte oficial de la mesa negociadora... Aquí y ahora se trata de recuperar valores éticos; defender la excelencia y el sentido de la responsabilidad; proclamar (y, por supuesto, practicar) las virtudes liberales” (Benigno Pendás).

LA VERDAD MORAL EN POLÍTICA

Ya desde el mundo de los estoicos -por no remontarnos más atrás-, se entendía que el servicio a la comunidad había de desempeñarse con honestidad e integridad. La dimensión moral del ejercicio del poder público siempre se subrayó -a lo largo de los siglos- por los pensadores cristianos y árabes. Con las grandes revoluciones -muy en concreto la americana- y la aparición del moderno constitucionalismo, el gobierno de la comunidad se entendió –cosa diferente es lo que ocurrió en su ejercicio de hecho- como un servicio, a saber, para tutelar y proteger los derechos individuales de los ciudadanos. Quizás, en esta vocación de servicio, se exprese y radique la auténtica verdad moral de la política, la verdadera legitimidad de la acción de gobierno -encomendada por los ciudadanos a sus representantes-, la esencial dimensión ética de la política, verificable en el día a día.


Desde esta radical perspectiva, la obligación moral del gobernante en el ejercicio de su función institucional tiene mucho que ver con el originario pacto social. Es decir, gobernar para servir a los derechos e intereses de la comunidad es una ley impuesta por el cuerpo electoral -una especie de condición sine que non- y que el político acepta y debe obedecer bajo la sanción de quedar -en caso de incumplimiento- totalmente deslegitimado. La tutela de los derechos de los ciudadanos, en definitiva, funciona como gran criterio de legitimación del político y de la calidad misma de la democracia, como la justificación última del poder. Derechos que, por otra parte, funcionan como esferas de libertad frente a ese poder político otorgado.


Hace ahora un año, Benedicto XVI, en su viaje a Chipre (L’ Osservatore romano, 24, 2010, pág. 6) nos recordó que las relaciones interpersonales, la comunicación frecuente con la ciudadanía -escuchar a la calle- son un primer paso indispensable o, mejor, un instrumento necesario para conocer la voluntad de los gobernados y el legítimo juego de intereses que se den cita, y, a partir de todo ello, cumplir o intentar satisfacer, en la medida de lo posible, el bien general de la comunidad que se gobierna.Si se desea satisfacer el interés del ciudadano, parece de elemental exigencia imponerse la obligación moral de escucharlo. Imperativo ético que el político actual suele rehuir con obstinación.

Asumir en serio –como debería- esta obligación moral, supondría para el gobernante que éste se manifieste y comporte ante el ciudadano –a quien debe su elección, su medio de vida, su posición social, su protagonismo en multitud de ámbitos, su función- con cercanía y proximidad, sin altanería y prepotencia, con humildad y sencillez, con vocación de servicio y trasparencia, con afán de conocer su voluntad y grado de satisfacción ante la gestión realizada. Todo un mundo relacional complejo, que reclama del político arbitrar un cauce a través del cual fluya la comunicación y se posibilite, después de un riguroso análisis, la puesta en marcha de las medidas más apropiadas para el gobierno de la comunidad. ¡Qué diferencia con lo que suele ocurrir!






lunes, 4 de julio de 2011

¡CUIDADO CON EL CRISTO!

Nuestro nuevo alcalde ha iniciado su andadura con un gesto muy significativo: restituir, a un lugar destacado de su despacho oficial, el crucifijo que, en los últimos tiempos, había andado errante por diferentes dependencias. De inmediato, Matías Vallés le propinó una atinada crítica, que, en líneas generales, comparto.

Vaya por delante que nada tengo que oponer a la competencia y preparación de Mateo Isern. Igualmente, sus convicciones religiosas –incluidas las que manifiesta con la restitución del Crucifijo-, me merecen absoluto respeto. Sin embargo, espero que sea muy consciente de ciertas obviedades: sus convicciones religiosas no son necesarias para el ejercicio de su función pública, tampoco tiene que hacer ostentación de algo que pertenece a su vida privada e íntima, ni, sobre todo, viene obligado a gobernar la ciudad de acuerdo con ellas. Nos es suficiente con que observe la legalidad vigente y se atenga a los principios de una ética civil y laica, que, como ya enseñó Kant, no necesita para nada de la religión. ¿Por qué, entonces, iniciar su gestión con ese gesto tan cargado de simbolismo?

No es fácil cambiar –menos aún después de un triunfo tan espectacular- una organización política. Mucho me temo que, en el entorno y aledaños de la dirección del PP, siguen todavía muy activos representantes del viejo catolicismo. Me refiero a aquellos sectores que suelen distinguirse por sus posiciones más doctrinarias y fundamentalistas y que despiertan serias dudas sobre la aceptación, con todas las consecuencias, de ciertas exigencias constitucionales e incluso –para mayor inri- de algunas enseñanzas de Benedicto XVI. Ya sé que el Estado español se autodefine como aconfesional: el Estado no profesa religión alguna. Pero también se define –aunque a muchos no parece gustarles- como laico: neutralidad e igualdad de trato. De acuerdo con esta definición, no todo lo que significa cambio en la consideración de la religión por parte del Estado se ha de descalificar –cosa habitual en amplios sectores del PP y del catolicismo oficial- como laicista. Es un grave error que cometen. Recuerden, al menos, que Benedicto XVI habló –hace ya mucho tiempo- de una sana laicidad positiva.

Tengo la impresión –cosa que lamento- de que son muchas las resistencias que se aprecian en el PP para aceptar algo tan obvio como que la sociedad en que vivimos es una sociedad secularizada y laica, esto es, pluralista, que ha de estar presidida por la libertad de conciencia, garantizada, por cierto, constitucionalmente. No necesitamos –y menos aún desde el ámbito de la política- que nos estén adoctrinando constantemente, marcando el rumbo a seguir, fijando el camino ideológico correcto, expresando, mediante símbolos como el que ha protagonizado nuestro Alcalde, el espíritu que ha de presidir una determinada gestión pública. No, no es eso. Cada cual, desde la modernidad, sabe que es libre para “adoptar la concepción del mundo que mejor se le acomode” (Salvador Pániker).

El respeto a estos principios –esenciales en la cultura actual- han de imponer una comunicación con el ciudadano –con todos, aunque sean ateos- en la que ninguno se sienta incómodo en el despacho de la primera autoridad ciudadana. ¿Sirve a este fin su gesto de restituir el Crucifijo? Respóndase Vd. mismo, Sr. Alcalde, pensando no en sus convicciones sino en las de los demás.

lunes, 27 de junio de 2011

LA CAMANDULA PEPERA

Uno de los espectáculos más siniestros que siempre se han podido contemplar en este país ha sido el del pelota, el baboso, el adulador, el jabonero, el cobista y el camandulero. Sobre todo, en torno a la clase política. Se trata, como ya lo definía Bastús en su Sabiduría de las Naciones de persona con “mucha truhanería”, “hipócrita, embustero y bellaco”, que aparenta una devoción y entusiasmo que no atesora y que busca –como mínimo- el favor, el privilegio, la colocación.

El otro día Juanjo de la Asunción recordaba, al recién estrenado Presidente Bauzá, algo que deseo hacer mío. Decía así: “Los enemigos más peligrosos de su proyecto moral y político se encuentran en el interior del partido”. Sin duda alguna. El principal enemigo –como dijo Karl Liebknecht- siempre está en casa. No se piensa en él y, en consecuencia, puede actuar en silencio y de forma encubierta. Su golpe –porque no se espera- suele ser de una tremenda eficacia.

Lo que verdaderamente resulta atractivo –por su ejemplaridad innata- es el proyecto moral que ha tenido el coraje de esbozar. No suele entrar en los cálculos y objetivos del juego de la acción política, movida por un complejo entramado de intereses y conveniencias. Ya Stefan Zweig, en el Prefacio de la magnífica biografía de J. Fouché, dejó establecido que en política “no se abren paso los hombres de amplia visión moral, de inconmovibles convicciones, sino que siempre se ven desbordados por esos tahúres profesionales a los que llamamos diplomáticos, esos artistas de las manos ágiles, las palabras vacías y los nervios fríos”. Tenía delante, sin duda, el pensamiento de Maquiavelo y la personalidad singular de quien iba biografiar.

Conoce mejor que nadie su propio partido. Sabe la cultura que domina en él y de la que ha hecho gala en el pasado. Sabe igualmente que no se cambia de la noche a la mañana, que siguen los mismos y con parecidas aspiraciones, que son prepotentes y orgullosos, distantes y chulos, cerrados y nada escuchadores, autosuficientes y desagradecidos, acomplejados e hipócritas, amantes de lo suyo y del enjuague. Con este material dudo que crean en su proyecto moral. Han sido muchos los años vividos en la política entendida como marco propicio de corrupción, como instrumento de servicio propio, como clientelismo y profesión.
Precisamente porque viene de ese sórdido mundo –no desaparecido aún- es reconfortante su mensaje y su actuación inicial. Habrá de permanecer, si quiere llevarlo adelante, en constante vigilancia.

Quizás le sirva de estímulo que una parte de la sociedad balear –aunque no pertenezca ni vote a su partido- participa de la necesidad de semejante regeneración ética. Para muchos –que le secundarán si persiste en ese camino- la democracia es, precisamente, un sistema moral de organización.

Quizás, en esta tarea moral, le sea útil la visión de Ronald Reagan, expresada en su famoso discurso de 8 de marzo de 1983. Decía así: “La crisis real a la que hoy nos enfrentamos es de índole espiritual. En su raíz es una prueba de voluntad moral y fe”.

viernes, 24 de junio de 2011

DIETA EQUILIBRADA

A decir verdad, llevamos en España un largo tiempo envueltos en una auténtica barahúnda de opiniones y debates. Estamos siendo protagonistas de una especie de caótico carnaval. Todo el mundo opina de todo, emite juicios de valor, ofrece soluciones. Todo se critica cuando interesa. Todo está mal organizado. Todos –los demás- son los culpables de lo que nos está pasando. Todos nos sentimos indignados. Un verdadero espectáculo tragicómico que, a mi entender, protagonizan sobre todo los llamados intelectuales y los medios de comunicación. Nada que oponer a toda esta algarabía si no fuera por que siempre nos colocamos a la solana que más calienta y, a la postre, se sirve a los extravíos más extraños. Nada que oponer si no fuera porque España está hecha unos zorros, cada día más cansada y maltrecha. Nada que oponer si no fuera porque caemos en todas las trampas que nos tienden y, curiosamente, nunca se expresa una oposición callejera frente a quienes nos han gobernado en los últimos años. ¿Cómo es posible que tanto esfuerzo y aparente participación sean estériles e ineficaces? ¿Cómo creer en las buenas intenciones de tanto indignado?

Hace unos días (12.06.2011), ‘La Razón del Domingo’ incluía una entrevista con el gran pintor Antonio López. No me resisto a transcribir alguna de sus reflexiones ante el modelado de una cabeza de mujer, de una Olimpia. Dice así: “ En España, lo que nos hace falta ahora es silencio, salir del ruido como sea, dejar de oír esa cacofonía interminable de ruidos y opiniones que sólo hacen repetir una y otra vez lo que otro ha dicho”. Creo, sinceramente, que lleva razón. Está muy bien que se opine, que se comuniquen y compartan ideas y puntos de vista. Pero -sigue afirmando-, “la democracia es también dejar que cada uno pueda construir su opinión...” y –añadimos nosotros- asumir una ética o unos valores morales, que orienten nuestra vida personal y nuestra presencia activa en la sociedad, nuestra rebeldía. Es tan ensordecedor el ruido que nos envuelve, que no nos escuchamos a nosotros mismos, que no encontramos las condiciones idóneas para reflexionar interiormente en lo que vamos experimentando y verificando, que no tenemos el coraje de someter lo que, por comodidad, copiamos de otros al dictamen de la razón y a la voz de la conciencia. Así es difícil -por no decir imposible- identificar lo que queremos y exigirlo en el día a día. Así siempre estamos dando vueltas a lo mismo: lo correcto políticamente, que nada tiene que ver con nuestros verdaderos intereses. Así siempre nos utilizan y manipulan. Así siempre servimos a quienes nos oprimen y nos recortan las libertades. Así seguimos apoyando el sistema, que decimos querer cambiar.

Estamos ahora en plena eclosión de algunos indignados. Éstos, en realidad, son muchos más, infinitamente más. Estamos –quiero pensar que así sea- escenificando nuestra rebeldía social y política y la apetencia de un mundo distinto, que encierra, como dice Vargas Llosa, “una desesperación tenaz, un disgusto profundo de la vida”, que vivimos. Pero, quizás, no nos atrevamos con la pregunta clave: ¿Qué parte de responsabilidad tenemos individualmente en esa desesperanza o en la creación de las condiciones que la han hecho posible? ¿Acaso no ha surgido todo lo que ahora nos indigna ante nuestra cómplice indiferencia? ¿Hemos caído en la cuenta de que lo que, hasta ahora, hemos estimado como más valioso y más facilitador de autorealización personal se ha derrumbado con estrépito?

Ante tanto fracaso individual y colectivo –aunque esto no guste escucharlo-, quizás debamos buscar una dieta más equilibrada. Aunque a muchos les parezca una cursilería, quizás en nuestra dieta diaria haya que introducir el silencio, esto es, recurrir a lo eterno que llevamos dentro, perfilar nuestro compromiso social y político más allá –por supuesto- de la opciones políticas y, sacando fuerzas de flaqueza, poner en escena esa fuerza sublime que brota del interior, ese compromiso sagrado con una moral cívica, que se oponga a tanto engaño como padecemos. ¿Cómo podemos apoyar a quienes faltan, por sistema, a la verdad? Me parece muy bueno mostrar indignación. Pero –por favor- ¿Por qué no nos indignamos también un poquito con nosotros mismos, cómplices necesarios de tanto atropello a nuestros derechos?

sábado, 18 de junio de 2011

¿POR QUÉ?

Ramón Aguiló planteaba, en su habitual columna periodística de opinión, una cuestión clave a los socialistas: “Cabe preguntarse por qué aquí, con una legislatura en la que no se ha hablado de otra cosa que de los escándalos de corrupción del PP de Matas, este partido haya conseguido el récord de representación de toda su historia con 35 diputados. Pero, atención, con parecidos votos y porcentaje que en 2007. No ha sido una victoria aplastante del PP, ha sido un hundimiento sin precedentes del PSIB-PSOE”.


Me temo que el ex alcalde socialista ofrece a sus correligionarios un plato indigesto. Sus explicaciones les darán repelús y no lo tomarán. Sus estómagos no están adaptados al esfuerzo que reclama la digestión de la hecatombe sufrida. Personalmente me gusta el menú. Quiero, no obstante, completarlo con una ácida guinda, que lo remate.


Fingieron en lo exterior honestidad democrática: limpiar la política balear de corruptos. Al servicio de tan noble y responsable afán -¡qué menos!-, activaron todos los resortes de que dispone un partido de gobierno autonómico y nacional y desplegaron todos los medios a su alcance. Contaron, por supuesto, con la policía y la guardia civil, ejercieron la acusación, excitaron el celo de fiscales y jueces, y tuvieron el eco interesado de casi todos los medios de comunicación. Un proyecto político, en definitiva, tan generoso y benéfico que merecería el eterno reconocimiento de la ciudadanía.


Sin embargo, en el interior del alma -como diría Quevedo-aquella apariencia tan deslumbrante ocultaba su verdadera naturaleza corrupta, hipócrita y antidemocrática. Para nadie -con un mínimo de objetividad y capacidad de análisis- pasó desapercibida. Se sabía o, al menos, se sospechaba que no se estaba jugando limpio. Al margen de la investigación de los presuntos corruptos, se apreciaba claramente el maltrato a otros valores constitucionales que nos afectaban a todos y que no parecía que estuviesen siendo salvaguardados ni que funcionasen como límite del poder. Era realmente difícil que muchos ciudadanos -al margen del juicio que les mereciera el señor Matas y su gobierno- pudiesen sustraerse -a la vista de cómo se actuaba- a la tentación de calificar lo que estaba sucediendo como un inmenso tinglado, como una vergonzosa operación política contra el adversario. No debiera extrañarse nadie de que muchos ciudadanos tuviesen dudas razonables sobre la imparcialidad e independencia de algún juez y fiscal progresista, esto es, político. Aquí nos conocemos todos y de qué pié se cojea. Son muchos los ciudadanos que intuyeron, desde el primer momento, la existencia de un cierto ensañamiento procesal, un cierto trato discriminatorio, la utilización de una doble vara de medir, acusaciones aparentemente fundadas en la mera sospecha. Al menos, nadie podrá negar que se ha dado pié, en la mejor de las interpretaciones, a poner en entredicho demasiadas cosas y valores.


Cuando ocurren estas cosas y cuando se contempla semejante gatuperio, surge necesariamente en el horizonte la incertidumbre, la duda, la sospecha, el miedo. Con estos ingredientes sobre la mesa, no se puede esperar otra cosa que el justo castigo a tan hipócrita instigador. Si a todo ello añadimos que se aparentaba servir de azote a la corrupción -cuando se accede al gobierno de las instituciones en base a un pacto obsceno y antidemocrático con UM-, se cierra el círculo. Es más, el ciudadano responsable no se siente cómodo ante el espectáculo de la utilización e instrumentalización del aparato estatal en beneficio propio de quien lo gestiona. Mucho menos aún, el ciudadano normal -milite o no en alguna opción política- ve con buenos ojos la adulteración de la voluntad popular. ¿Aún se preguntan, señores socialistas, por qué?


Es muy sencillo. La predicada honradez hay que demostrarla cada día. No se puede aparentar luchar contra lo que, por debajo, se propicia. No se puede estar en la procesión y repicando en el campanario. Se les ha visto el plumero. ¿Aún se preguntan, señores socialistas, por qué? Está claro. Si no quieren verlo, peor para ustedes. ¡Ni que fueran Mouriño!

miércoles, 15 de junio de 2011

UN HOMBRE INTELIGENTE

Era clásico el dicho de que ‘detrás de un hombre importante, siempre hay una mujer inteligente’. Pues bien, las cosas van cambiando en la pareja, la comunicación mutua da su fruto en forma de abandono de viejos clichés y el esfuerzo de adaptación a la realidad personal se traduce en dinámicas insospechadas hasta hace muy poco. Todo ello nos alegra. Venimos, desde hace mucho tiempo, propiciando este nuevo clima relacional en la pareja (Cfr. Delgado, G., Otro matrimonio es posible, Palma 2005.

Al final del año, el periódico Financial Times publicó la relación de las 50 ejecutivas más importantes del mundo. Edurne Uriarte, al comentar la noticia, subrayaba, con la finura que le es propia, que el periódico británico eludía “casi toda referencia a la vida privada, a los hijos, al marido” de dichas mujeres, verdaderamente poderosas. La omisión, en efecto, nos parece trascendental. Es esencial conocer tales circunstancias, saber cómo han conciliado la vida privada y la profesión, cómo se han adaptado con su pareja para asumir tan importantes retos profesionales, cómo han ejercido entre ellos la corresponsabilidad respecto de los hijos y de la casa, cómo se han repartido el cumplimiento de los roles familiares, qué es lo que han priorizado como pareja: la vida privada, la vida en el hogar, la profesión. La respuesta a estas cuestiones nos parece una de las claves de la familia en el futuro inmediato.

Nos relata la ilustre catedrática, que Indra Nooyi, Consejera Delegada de Pepsico, pudo llegar a la cima profesional, entre otras cosas, merced a que su “marido cambió un trabajo muy absorbente por el de consultor para poder así dedicar más tiempo a los niños y ayudar a su mujer”. Es más, señala –siguiendo el trabajo de Lucy Kellaway del citado periódico- que casi todas esas mujeres tienen hijos y que sus maridos no han perseguido el dominio y el poder. Se han invertido los papeles y, por libre decisión, han dirigido sus esfuerzos a ayudar y acompañar a sus mujeres. ¡Magnífico!

Estoy seguro que muchos hombres no entenderán este planteamiento ni este tipo de actuación (cfr Más allá de lo profesional en:http://plazapublicagredelrio.blogspot.com/2011/05/mas-alla-de-lo-profesional-hace-unos.html ). Así les luce el pelo. Ambos han de entender –y practicar- que, en la pareja, el poder se comparte, se negocia, se pacta. No se puede imponer sin más. Hay que valorar, en libertad, las circunstancias concurrentes y corresponsabilizarse de todo: de la vida privada, del hogar familiar, de la profesión. Este modo de entender la pareja es uno de los secretos del éxito personal y profesional, así como de la felicidad personal y familiar. Estas cosas no pueden resolverse, de modo satisfactorio, a través del recurso a los estereotipos de siempre, que esconden, en realidad, verdaderos prejuicios. Estas situaciones no se superan mediante la organización familiar en función del sexo. No. Hay que compartir responsabilidades, deseos, anhelos, posibilidades de futuro. Y, a la vista de todo ello, decidir lo mejor.

No hace falta subrayar que todas estas mujeres han sido muy brillantes estudiantes, han luchado, se han esforzado, han renunciado a muchas cosas, han trabajo muy duro, nadie les ha regalado nada. Eso sí, “sus padres las educaron para la responsabilidad” (Edurne Uriarte). ¡Parecido a lo que ocurre ahora entre nosotros!

En definitiva, la vida va cambiando el dicho anterior y ahora se podría decir que, detrás de una mujer importante, existe un hombre inteligente.

miércoles, 8 de junio de 2011

NO TENGÁIS MIEDO

Como dijimos (http://plazapublicagredelrio.blogspot.com/2011/04/el-sonado-porvenir-es-muy-frecuente.html) en otro momento mediante una cita de Salvador Pániker, “el pluralismo es el trasfondo esencial de nuestro tiempo. Y pluralismo significa espacio laico”. Esta constatación de la realidad social actual no gusta demasiado en los ambientes jerárquicos católicos. Absolutamente nada en ciertos grupos muy específicos dentro de la Iglesia, que se alzan con el santo y la limosna ¡Peor para ellos! La realidad no se modificará por mucho que se empeñen en negarla y no reconocerla.

Se puede entender su oposición y ese no sentirse cómodos en este espacio laico. Al absolutizar en la práctica los valores y al sacralizar las ideas, su tendencia natural les lleva a una visión única y exclusivista de cuanto ha sucedido y acontece. Visión que se defiende con ciertas dosis de uniformidad, no exenta –a veces- de tintes rigoristas y muy estríctos. No pueden aceptar –lo condenan explícitamente- un saludable relativismo, más o menos intenso. Tienden a refugiarse detrás de la muralla, a concitar unidades, a descalificar a todo disidente, a condenar cuanto se mueve, a invocar a la autoridad.

Aunque les disguste el oírlo, los males en la Iglesia, que tanto les gusta airear, no fueron causados por el espíritu conciliar. Ni mucho menos. Los males venían de muy atrás. Eran una realidad eclesial que Juan XXIII quiso superar con el necesario ‘aggiornamento’. Es evidente que el ejercicio de ‘la sana libertad de los hijos de Dios’ dio, como fruto, una deseada renovación de la Iglesia, cuyas líneas maestras se fijaron en los Documentos conciliares. Todo ello suscitó en la Iglesia y fuera de ella grandes esperanzas. Pero faltaba lo más importante: la acción, la vida, el cambio de mentalidad, el ‘talante pastoral’ efectivo, la plasmación del nuevo espíritu. Es aquí donde se ha fallado una vez más y no por culpa de los medios de comunicación, que magnifican cualquier contestación y problema eclesiales. Es aquí donde los ‘profetas de calamidades’ –que tanto abundan incluso en este tiempo- deberían preguntarse el por qué de muchas situaciones actuales en la Iglesia católica, el por qué se ha llegado al estado de cosas actual, el por qué el Evangelio no es el criterio de actuación en la vida ordinaria del cristiano, y, sobre todo, el por qué de la falta alarmante de la auténtica vivencia de la fe.

No se supo -o no se quiso- diagnosticar debidamente lo que se calificó como ‘decadencia’. Era, hasta cierto punto, esclarecedora e inevitable. Pero, se tuvo miedo y pavor al error, se dejó invadir por la incertidumbre y por el riesgo a traicionar la fidelidad debida al depósito revelado, se volvió a otorgar el protagonismo a la poderosa Curia romana, se dio marcha atrás. Se pensó que, por alguna rendija, se había introducido ‘el humo de Satanás en el templo de Dios’ (Pablo VI). Se abrió, en definitiva, un largo periodo de ‘restauración’ o ‘contrareforma’ (Informe Ratzinger 1985), en el que, en mi opinión, se ha estado inmerso incluso en el pontificado de Juan Pablo II.

Las anteriores apreciaciones les sonarán a los actuales ‘profetas de calamidades’ a herejía. ¿Qué van a decir, si han sido ellos, entre otros, quienes han apoyado y secundado a tope a la Curia romana? En el fondo, como subrayó el Card. Franz König -gran hacedor del consenso a favor de la elección papal del Cardenal de Cracovia- la restauración propiciada desde Roma ‘suena muy parecido a nostalgia por el pasado’. En efecto, todo se ha cambiado en apariencia, todo se ha juridificado a niveles desconocidos hasta ahora, se han multiplicado los organismos y comisiones, se ha incrementado el control de cuanto acontece en la Iglesia. Pero, sin embargo, los problemas siguen siendo los mismos o, incluso, se han agravado. La vida cristiana no remonta. Esta es la realidad.

Me atrevo, por mi parte, a recordar –frente a ‘los profetas de perdición’, frente a ‘los espíritus que sólo ven tinieblas a su alrededor’, frente a ‘los poseedores únicos de la verdad’, las palabras de Jesús: ¡No tengáis miedo! Las mismas que Juan Pablo II pronunció –el 22 de octubre de 1978- ante la tumbas de San Pedro en su solemne investidura.

miércoles, 1 de junio de 2011

A LA MEDIDA DE SÍ MISMO

Si algo caracteriza a la sociedad actual es, sin duda alguna, su esencial dimensión plural en todos los aspectos. La gente tiende a eludir o matizar bastante los conceptos -hasta no hace mucho- absolutos. Digamos que, de alguna forma, todo se relativiza, todo se hace más fluido y flexible. Esto ocurre también –aunque haya quien no lo comprenda y lo condene- con la religión, con las vías para acceder a lo trascendente, con los caminos que pueden llevar al logro de una cierta perfección humana. Todo el mundo es libre de buscar la verdad a su gusto. Eso sí, con respeto a la que presten adhesión los demás.


Hace unos días, F.J.F. De la Cigoña –en su semanal comentario católico en La Gaceta- exhibía una ácida y muy poco cristiana crítica hacia los intentos de sustituir lo católico por lo que él llamaba ‘terapias orientalizantes’. Nada tendría que reprochar –aunque no la comparta- a su visión. Es la suya y merece todo respeto. Pero, para seguirla, no me parece necesario desacreditar, desprestigiar e insultar, descalificar. Entre otros motivos porque le viene prohibido por la fidelidad a los principios que dice abrazar.
Puede que el servicio que centros católicos prestan a otras opciones, aunque sean ‘orientalizantes’, merezca un reproche desde la óptica estrictamente católica, pero ello, a mi entender, no le autoriza a hablar de los demás con descalificaciones tales como ‘disfunción neuronal’, ‘cretino’, ‘indigencia mental’, ‘retrasados mentales’, ‘excentricidades inútiles’, ‘mandangas’, ‘adscripción a sectas’, ‘subproductos’, ‘necios y necias’. ¿Por qué hay que pensar que los caminos son únicos y excluyentes si, en definitiva, todos pueden llevar al mismo destino? ¿Por qué la oferta alternativa, acreditada secularmente, ha de merecer tan insultantes descalificaciones? No se entiende. Y, desde la perspectiva cristiana, menos todavía.


A decir verdad, me apenan posiciones tan cerradas y tan a la defensiva. Sólo revelan miedo e inseguridad respecto de las propias convicciones. Me recuerdan, desde otra perspectiva, el catolicismo de gueto o la renacida lucha de poder y por la verdad en la Iglesia. También los demás, los otros, los no cristianos, pueden tener –y tienen- auténticas inquietudes humanas y éticas, pueden ser –y son- auténticamente religiosos, trabajan por un mundo mejor y por una vida humana más digna y perfecta. Sencillamente, no creo que, por muy cristiano que uno se sienta, pueda rechazar de esa forma toda la espiritualidad oriental. ¿Por qué no pensar en el siempre posible proceso de aceptación de ciertas prácticas religiosas y visiones espirituales de otros? Todo cristiano debería saber, por ejemplo, la cantidad de cosas que el cristianismo tomó de la filosofía helénica, del budismo, del mundo egipcio y romano (Cfr. T. Freke y P.Gandy, Los misterios de Jesús. El origen oculto de la religión cristiana, Barcelona 2000).


Personalmente prefiero, en cualquier caso, seguir mi propio camino. Como dice Salvador Pániker, “uno configura su visión del mundo a la carta. Uno puede abandonarse al gozo de tomar de aquí y de allá, con cierta agilidad y despreocupación, a la medida de sí mismo”.

lunes, 30 de mayo de 2011

MÁS ALLÁ DE LO PROFESIONAL

Hace unos días, Ángeles Caso nos decía, en las páginas de Magazine, que existían hombres “... que han decidido que el trabajo no lo es todo, que la vida privada merece la pena y que dedicar tiempo a los hijos y a la pareja es un privilegio –y también una responsabilidad- al que nadie debiera renunciar”. Plenamente de acuerdo. Añadiría que, para bien de todos, ese club va creciendo día a día.

Todavía son, no obstante, muchos los hombres que siguen abrazados a una mentalidad del pasado. Todavía son demasiados los que experimentan una cierta obsesión repulsiva hacia el trabajo de la mujer y afirman las razones que llevan a mirar mal su profesionalidad. Todavía subsisten directivos empresariales que tienen a ciertos hombres –con actitudes fuera de lo convencional- como ‘marujos’ y calzonazos’, que, por ello, desechan su colaboración por muy competentes que sean en su profesión, que les suena fatal eso de que sus empleados aleguen los ‘imponderables familiares’, que piensan que sus empleados serán peores si se preocupan por el embarazo de su mujer, por el Colegio de sus hijos, por ir al supermercado, por dedicar un tiempo preferencial a su familia y hogar. Todavía, como nos recuerda Mar Galtés, “para una gran mayoría, especialmente de hombres, hay ...ciertas actividades pertenecientes a la vida privada que se perciben en el trabajo como síntoma de debilidad”.

La idea predominante en la sociedad según la cual “para el hombre está estandarizado que el éxito es tener un alto cargo, ganar mucho dinero y visibilidad profesional”, no es válida en la actualidad ni compensa personalmente. Quienes siguen semejante patrón, es muy probable que, cuando adviertan lo mucho que se han perdido y que han dejado de vivir, ya no tengan tiempo de reaccionar, habrán, en muchos casos, perdido su matrimonio, y sus hijos ya se habrán enfrentado a la vida en soledad, sin la educación y el apoyo de sus padres. ¿Qué valoración de la vida se atreverán realizar entonces?

Todos estos patrones de enfrentarse a la vida profesional a costa de la personal y familiar es lo que va cambiando. En efecto, “los hombres –volvemos a servirnos de la formulación de Ángeles Caso-descubren que hay otros valores además de los de la carrera, que existe vida más allá de la profesional. Y no me refiero sólo a la familiar, sino también a todo aquello que nos hace ser más felices, los amigos, los libros, el deporte o la jardinería ...”. Gran descubrimiento que, a buen seguro, les obligará plantearse multitud de cosas en su vida y en su profesión.

Es más, muchas empresas –felizmente- han descubierto que, para que sus empleados trabajen bien y rindan, es necesario que vivan felices, que estén bien en su casa, que tengan ilusiones, que tengan una vida equilibrada y sana. ¿Cómo se logra esa situación? No es tarea fácil. Exige gran madurez personal, modificar muchos hábitos en la vida, tener determinados valores y convicciones, ejercer la corresponsabilidad familiar a tope, dialogar y pactar a todos los niveles, desarrollar políticas de recursos humanos avanzadas. ¡Todo un mundo por descubrir y realizar!

En definitiva, después de tantas idas y venidas, volvemos al punto de partida, que no es otro, que nosotros mismos. Ya sé que las empresas han de adaptarse a los tiempos actuales. Pero, la clave del equilibrio entre trabajo y vida privada radica, básicamente, en la persona.

martes, 24 de mayo de 2011

DOS PICOTAS

Esta vez ha hablado el pueblo con claridad y rotundidad. Los resultados del domingo son inequívocos. Como intentamos acercarnos a un estado democrático, el resultado electoral debiera zanjar cualquier causa: el pueblo ha pronunciado una verdadera censura. Aquí también es aplicable el dicho según el cual ‘Roma locuta, causa finita est’.

Una primera reflexión –aunque obvia- nos parece necesaria. El primer responsable que ha provocado la ira del pueblo ha sido, sin duda, el PSOE. Cegado en sus luchas internas, un día se le ocurrió poner al frente del partido un personaje absolutamente gris, sin un mínimo de conocimiento de la historia de España, sin la preparación y experiencia mínimas exigibles y que -para más inri- representaba una izquierda ya caduca y trasnochada. El desaguisado que ha consumado debió ser, en consecuencia, presumible. ¿Acaso se podía esperar algo diferente?

A lo largo de su nefasta gestión –verdadera acción consistente en infernar la sociedad civil, que diría Julíán Marías-, han participado en esta complicidad ‘pecaminosa’ quienes –en dos momentos diferentes- le auparon a la Moncloa a pesar de faltar a la verdad. El elector y votante es responsable –de alguna forma- de lo que haga quién ha elegido, máxime cuando tenía elementos sobrados para dudar de su idoneidad. El voto es un acto de gran responsabilidad. No se puede aupar al poder a quien azuza odios inútiles, divide y falta a la verdad. Es de esperar que nunca más el pueblo olvide esta lección de sabiduría democrática.

También a lo largo de estos siete años de gestión de ZP, el partido socialista ha contraído otra gran responsabilidad. Salvo contadas excepciones, todo el mundo ha callado. Era más rentable participar en el festín pesebrero. ¿La realidad? No importaba, se miraba para otro lado y si te he visto no me acuerdo. Se le aplaudían sus mentiras, sus sectarismos, sus manipulaciones de las instituciones, su ruptura del orden constitucional e incluso –como ha ocurrido en estos pagos- se prestaban a ser instrumento de una gran corrupción democrática: el pacto con UM. ¡Todos, sin excepción, si tuvieran lo que hay que tener, se irían a su casa!

En este repaso de complicidades, no puedo ocultar la que, a mi entender, han cometido los medios de comunicación. Sé que aquí hay que matizar e individualizar mucho. Pero, no estaría de más que los medios, los supuestos intelectuales, los tertulianos y opinadores, se concedieran un tiempo de reflexión. Cada cual sabe muy bien a quién ha servido, en qué solana se ha refugiado, qué ambiente ha propiciado, qué ha jaleado y qué ha silenciado. En muchos casos –no parece que pueda negarse- han servido conscientemente de anestesia antidemocrática, han justificado -sibilinamente, al menos- las tropelías del poder y no han cumplido la función constitucional asignada: ser creadores de una auténtica opinión pública. ¡También aquí es urgente un cambio si queremos regenerar el sistema!

Recuerdo, para terminar, un dicho de José Martí, que no me resisto a transcribir en este día postelectoral. Dice así: “Los pueblos han de tener una picota para quien les azuza a odios inútiles, y otra para quien no les dice a tiempo la verdad”.

jueves, 19 de mayo de 2011

LA RUINDAD DE GOZAR CON ÉL

Decía Joan Miró que “por ruin que haya sido el pecado, son más ruines los que con él se gozan”. Esto es, exactamente, lo que les ha pasado a Antich, Calvo, Armengol y a toda la caterva de aprovechados pesebreros de la izquierda -y no sólo socialista-.

El gran pecado que cometió la gran cúpula socialista fue conseguir el poder en el Gobierno en Baleares, en el Consell de Mallorca y en Cort mediante un obsceno acuerdo con UM. Sin este acuerdo, sin los votos de UM, no habría sido posible. Y ello por una razón muy sencilla: porque nunca habían ganado a la derecha en las urnas. Su obsesiva ansia de poder les llevó a mirar hacia otro lado y, para mayor vergüenza, fueron capaces de poner al frente del Parlamento a la Princesa. Cometieron el mayor pecado posible contra el espíritu democrático, el único que no tiene perdón, pues lo hicieron en nombre de la democracia y al margen de la voluntad popular.

El cinismo, por cierto, no les ha servido de nada. Nadie les ha creído. Todo el mundo sabía quién era UM y dónde estaba metida. Todos sus manejos, corruptelas y pesebreras -que hoy están, en gran parte, en los tribunales- eran de dominio público. Incluso el cómo consiguió muchos de los votos, que les han servido a los socialistas, era sabido. No tienen, por tanto, excusa ni justificación. No pueden alegar ignorancia alguna. En definitiva, no hay que darle más vueltas: cometieron un gran pecado democrático. Uno más de los muchos que, a lo largo de la historia de su predicada honradez, ha jalonado su quehacer político.

A partir de tan ruin pecado inicial, los tres mosqueteros socialistas de la política balear no han hecho otra cosa que aprovecharse y gozar del mismo. Han andado a la sopa boba. Han colocado a los suyos. Pero, hacer cosas -lo que se dice hacer en positivo-, nada de nada. Eso sí. palabrería en abundancia, mirar siempre para otro lado, complicar al máximo el tráfico en la ciudad, engañar -como norma- a la gente, no saber cómo orientar la oferta turística del futuro, situar el sistema educativo en la cotas más altas de fracaso, utilizar en beneficio propio todas las instituciones públicas, no saber qué hacer con la Playa de Palma, colocar a los suyos en el pesebre público, etcétera, etcétera. Un verdadero desgobierno, sólo superado, a nivel nacional, por su gran jefe, Rodríguez Zapatero.

Una cosa, sin embargo, han hecho bastante bien. Han logrado limpiar el PP, que, en esta ocasión, ha entendido el mensaje. No me extraña, por ello, que no hayan hablado en la campaña electoral de corrupción. Ni siquiera la sonriente señora Calvo, a quien tanto le preocupaba la corrupción en la pasada campaña electoral. ¿Por qué este cambio de actitud? Muy sencillo. Porque la respuesta de Bauza, Isern y Salom, al estar limpios y no llevar a nadie imputado ni mezclado con el pasado, os habría dejado en evidencia. Ninguno de los tres socialistas, que ahora nos vuelven a pedir el voto, puede decir lo mismo. Al contrario, han gobernado en virtud de un pacto corrupto y, por tanto, todo lo surgido del mismo está manchado.

Las reglas del juego hoy en vigor hicieron posible -mediante un pacto que debiera avergonzarles- su ascenso al gobierno de las instituciones referidas. Pero, como su gestión ha sido un desastre, como han traicionado la confianza del pueblo, como se han deslegitimado democráticamente por su absoluta ineficiencia, como han gastado un dinero que no era suyo en el desgobierno llevado a cabo, se han comportado de modo corrupto. ¡Cómo iban a hablar de corrupción, precisamente ellos!

Merecen, por todo ello, que se vayan a su casa y sigan gozando del recuerdo del poder que jamás debieron ostentar.

lunes, 16 de mayo de 2011

LA ESCUELA NO EDUCA

Una de las cuestiones socialmente más trascendentes es, sin duda alguna, la educación en valores. Son muchos los años que llevamos a cuestas la confusión entre educación/formación e instrucción. Confusión que –en términos de apreciación general- padecemos individual y socialmente, al igual que instituciones tan comprometidas e interesadas en el tema como el Estado y los grupos religiosos, en especial la Iglesia católica.

Históricamente hemos asistido, en esta materia, a las más diversas modas cíclicas, que, a su vez, han dado lugar a feroces e inútiles luchas institucionales. En ese contexto, el afán acaparador y exclusivista de la izquierda occidental, política y cultural, ha sido y todavía sigue siendo –como, por ejemplo, en España- proverbial. De hecho se comporta de tal forma que entiende todo el sistema educativo como si fuera un coto personal. Nunca ha visto con buenos ojos la enseñanza privada, sigue luchando contra ella, deslegitima todo intento de intervención de la derecha y está provocando un gigantesco fracaso, que ya nadie pone en duda.

Como en tantas otras cuestiones, hemos oscilado entre opciones pendulares –los extremos-: hemos pasado del rigor y la disciplina estrictos a la tolerancia más laxa y permisiva (no traumar a los niños). Ya sé que este mismo fenómeno lo han padecido y padecen Estados Unidos y, en general, toda Europa. El reciente libro de Amy Chua, catedrática de la Universidad de Yale (Battle Hymn of the Tiger Mother) está causando un verdadera revuelta al contrastar la educación en USA con China. Se trata también de dos sistemas opuestos y pendulares. En ambos casos, se confunde igualmente educación/formación e instrucción.

Hace unos meses, Carmen Rigalt subrayaba una gran verdad: “La educación blanda produce gente adocenada; ésta es la clave del declive americano y occidental”. No le falta razón. La aceptación indiscriminada de los valores del Mayo del 68 lo estamos pagando muy caro. Aquella revolución también ha resultado un gran fracaso. La ética incolora de los nuevos tiempos democráticos y la nueva sociedad de la felicidad paradójica sobre la base del hiperconsumo (Gilles Lipovetsky, La felicidad paradójica, Barcelona 2.006 y El crepúsculo del deber, Barcelona 2.008) pueden orientar cualquier aproximación seria al rumbo de la sociedad actual, que -a buen seguro- nos conducirá a otro gran fracaso.

Y es que no deberíamos darle tantas vueltas. Está comprobado hasta la saciedad que una educación en la que no esté presente el esfuerzo, el mérito, un cierto nivel de disciplina y control es una educación llamada al fracaso. Una educación que no esté basada en valores permanentes y sólidos convertirá la vida en un sin sentido (Herbert Spencer). El problema, en el fondo, reside en que no queremos enterarnos, en que, probablemente, no tengamos valores que trasmitir, en que no nos atengamos, como sociedad ni individualmente, una ética respetable.

En cualquier caso, no deberíamos olvidar que la educación en valores no se realiza primordialmente en el ámbito escolar. En este importante aspecto, comparto el punto de vista de Saramago cuando dijo que “la escuela puede instruir, esto es, impartir conocimientos, pero no educar, inculcar valores, que es lo que antes hacían las familias y que ya no hacen”. Más claro agua. Somos las familias, los padres, quienes no educamos. Lo fácil es echar la culpa a los centros de enseñanza. Pero eso, no es otra cosa que llamarse andana.

martes, 10 de mayo de 2011

EL ENMASCARAMIENTO FEMENINO

Hace unos días, Francia prohibió el uso del niqad y el burka en los espacios públicos. “Ni en vías públicas, ni en lugares abiertos al público o afectados a un servicio público” se puede hacer acto de presencia con el rostro oculto. La medida ha sido calificada –en algunos medios de comunicación- de absurda, de estupidez, de maldita, de insensata. Incluso se apela -para apoyar tan ostentosos calificativos- al uso que hacen los motoristas del casco, los soldadores de la máscara, los practicantes de la esgrima de la careta, y, en los Carnavales, al uso de todo tipo de disfraces. Probablemente estemos ante el hecho cierto de expresar una opinión sobre cuanto se ignora.

Nada tendría sentido, en relación al tema, si no partimos y entendemos de verdad la condición ciudadana. Ésta es igual para todos (Cfr. La condición digna de la mujer, en http://plazapublicagredelrio.blogspot.com, del 31.05.2.010). Compartimos plenamente el punto de vista de Gabriel Albiac cuando afirma: “Comparecer bajo máscara es suspender la condición ciudadana. El tiempo de un festejo o el de un rito marcan las paredes de ese paréntesis. Que, por contraste, enfatiza la exigencia diaria: afrontar, a rostro descubierto, la individual responsabilidad del acto libre”.

La medida adoptada en Francia nos parece de elemental necesidad. Lo contrario –tolerar la presencia de algunas mujeres musulmanas en el espacio público bajo máscara- significaría tolerar y permitir situaciones opuestas al contenido esencial de la común condición (iguales derechos y deberes) de todo ciudadano. Condición -no debería ser necesario subrayarlo- vigente desde el establecimiento de la democracia misma, desde las grandes revoluciones occidentales y, muy en particular, desde la francesa. Por esta razón, lo que estaba ocurriendo de hecho en Francia –y en otros países occidentales-, lo que se toleraba y permitía -comparecer bajo máscara- era, sin duda, algo excepcional y extraordinario, que ponía en entredicho un principio sagrado en Occidente: la igual condición ciudadana. Era, en definitiva, una manifiesta contradicción -establecer un paréntesis-, que permitía lo anticiudadano, la suspensión de la plenitud ciudadana.

Dicho de otro modo, a la ley –seguimos la argumentación del ya citado G. Albiac- han de ajustarse por igual todos los ciudadanos, en derechos y obligaciones, en el modo de comparecer en el espacio público, en el modo de ejercer la individual responsabilidad ciudadana, esto es, a rostro descubierto. La norma francesa, por tanto, no es de orden religioso. En los lugares de culto, manda la liturgia y, en el teatro, el director de escena. Pero estos momentos escénicos –y otros imaginables- son necesariamente muy concretos y acotados.

La clave única de toda la cuestión radica, por tanto, en la igualdad de todos los ciudadanos. Principio inspirador, valor superior, de cualquier ordenamiento democrático occidental. Ha costado mucho lograrlo. Algo más de doscientos años. Los ciudadanos somos todos iguales, sin distinción ni de sexo ni de religión. El multiculturalismo fracasado y el relativismo imperante pretenden imponer en las democracias occidentales prácticas, que, en el fondo, son contrarias a los derechos humanos. Y lo hacen en base a su pretendido carácter cultural y/o religioso, que, según estas posiciones, habría que respetar. Creo que, en Occidente, no tiene sentido este tipo de pensamiento. Occidente (cfr. Ayaan Hirsi Ali, Nómada, Madrid 2.011) no desea renuncia a su cultura y, en consecuencia, piensa que el inmigrante es quien está obligado a adaptarse.

lunes, 2 de mayo de 2011

UNA DILIGENCIA MAYOR

Aunque me he mostrado decididamente partidario de la guarda compartida de los hijos como opción preferente (La custodia de los hijos. La guarda compartida: opción preferente, Pamplona 2010), no puedo por menos de realizar una serie de llamadas de atención, que, en este caso, quiero dirigir al varón y padre. Me mueve a ello la ligereza –no exenta de cierta irresponsabilidad- con que, a veces, aquél la solicita, la facilidad –no sustentada en el conocimiento real de la capacitación ostentada- con que se acoge por muchos Jueces y Fiscales y, sobre todo, la impresión consistente en que –de repente, sin que se sepa muy bien a qué obedece- parece que los Jueces y Fiscales –tan comedidos y prudentes anteriormente- actúan ahora con obediencia a los dictados de la moda. Creo que, en esta materia, no se trata simplemente de compensar al varón por pasados abusos ni por una indiscriminada aplicación de un principio que compartimos todos. La aplicación de la Ley exige –antes y ahora- prudencia y equidad.

Para empezar, ambos padres -si se quiere que el sistema funcione- han de canalizar la ruptura de su vida en común con una actitud fundamental, que no siempre está presente. Nos referimos a la absoluta necesidad que tienen de aparcar los inevitables sentimientos de venganza y pase de factura por el pasado relacional entre ellos. No es tarea fácil. La tentación de caer en la trampa siempre está presente. Organizar de modo civilizado el futuro familiar es condición indispensable. Si no lo entienden así, sus hijos –al margen de decisiones judiciales en un sentido u otro- lo pagarán, esto es, tendrán un crecimiento y un proceso de maduración patológicos.

En este marco general, me parece necesario insistir en otro aspecto importante. No se trata, a mi entender, de ganar la batalla económica a la madre de tus hijos. Si vas con esa mentalidad, perderás, al menos, el servicio y la relación fluida, que debes a tus hijos. Llevas razón –en muchos casos- en la necesidad de racionalizar ciertos aspectos de la organización que imponen los Jueces. Llevas razón también en que, en demasiados casos, te echan a los pies de los caballos y te humillan. Pero, no deberías dejar que esos sentimientos se apoderen de ti. Se nota demasiado que muchos varones y padres respiran por esa herida, que no conduce a nada positivo. Has de purificar la intención.

Por otra parte, el varón y padre ha de ser muy consciente de que el ejercicio de una guarda compartida exigirá de él una gran capacitación y preparación. No es fácil pasar de repente de dejar la atención de los hijos –lo que abarca múltiples aspectos- en manos de su madre a ocuparse directamente de ellos. Nadie da lo que no tiene. Te reclamará grandes esfuerzos, voluntad de adaptación y aprendizaje, constancia y diligencia.Vas a tener la oportunidad de verificar lo que comporta el trabajo y la dedicación que tantas veces has infravalorado porque lo realizaba la madre de tus hijos. ¡Puedes aprender una gran lección!

Jamás asumas el reto de cuidar a tus hijos para llevar la contraria su madre o para demostrarle algo a ella. Te equivocarás y fracasarás. Tienes que aceptarlo como un servicio a tus hijos. Reitero las dificultades que vas a encontrar. Vas a comprobar qué es estar pendiente todo el día de los demás. Vas, en muchas ocasiones, a sentirte inútil e incapaz. Vas a experimentar lo que conlleva eso de llevar los hijos al Colegio, recogerlos, enseñarles a estudiar, a hacer suyos valores, usos y hábitos para la vida. Vas a padecer el estrés consiguiente cuando, además de todo ello, tengas que ir al trabajo diario, realizar la compra, etc.

No olvides, al tomar la decisión de compartir la atención y el cuidado de tus hijos, que, en las situaciones de ruptura, como nos recuerda la exposición de motivos de Ley 15/2005, de 8 de julio, te reclamará ‘una diligencia mayor’.