SAN PEDRO SE LA BENDIGA
Como ha sido habitual en él, Carlos Delgado tuvo el coraje –rara especie en estos pagos- de proclamar en el terrado algunas ideas claras respecto de la crítica situación del PP. De inmediato se acusó el golpe, se reaccionó con pavor nervioso y se buscó domesticarlo. Grave error que evidencia no conocer el percal o que se partía del hecho según el cual piensa el ladrón que todos son de su condición.
A Rosa Estarás, la renovadora de la nada, sólo se le ocurrió una antidemocrática parida: “Todos los debates debemos tenerlos en el congreso y no ahora”. En realidad, había razón oculta, gato encerrado, que diría Quevedo, misterio y secreto. Como observó este periódico en su momento, “es público y notorio que a los congresos se llega con todo el pescado vendido…”. Es un puro trámite, una hipócrita escenificación para justificar lo injustificable, para crear la apariencia de realizar lo que se quiere evitar. Es un puro cuento chino, un puro teatro, que sólo puede contentar a los ingenuos, pelotas y buscadores de prebendas.
Como Rosa Estarás sabe muy bien todo esto, su propuesta le descalificó, una vez más, para impulsar una reflexión en profundidad acerca de las verdaderas causas del desastre. Lo que siempre ha querido es evitar el debate abierto, el cuerpo a cuerpo, el que se escuchen voces críticas respecto de la acción política pasada y futura. Tiene verdadero pavor a la discusión abierta sobre las ideas y propuestas, sobre los necesarios cambios de imagen y de marca, sobre las actitudes éticas en la gestión pública, sobre las personas que van a encarnar el nuevo rostro del PP, sobre el tipo de oposición que tiene que hacer, sobre si resisten de verdad al cambio de régimen que está en marcha, sobre cuál es la estrategia y el planteamiento ideológicos, sobre cuál es su posicionamiento en materia lingüística, etc., etc.
Lo que no ha querido, Rosa Estarás, es lo que afirmaba propugnar. Por eso, hizo una propuesta tramposa, hipócrita, que tenía retranca y que llevaba a pensar que había gato encerrado. Como ella ha mamado, durante años, en viejas e impresentables prácticas, no ha sabido poner en marcha otro proceder. Ha eludido, como si fuera normal, lo que nunca ha aprendido en el PP porque en él nunca se ha practicado: la escucha y el debate abierto. Como nunca ha visto otra cosa en el PP que no haya sido la jugada por detrás y la compra de adhesiones, se ha pasado el tiempo muy afanada en asegurarse el control del futuro congreso. El debate interno y social le traían sin cuidado. Pero ¿a quién pretendía engañar?
El espectáculo que nos han ofrecido ciertos cantamañanas peperos invita a salir huyendo de su entorno. Nos han hablado de sensibilidades diferentes, de no alimentar a los adversarios, de contar con todos, de sumar, de obligación moral de integrar. ¡Palabras, palabras, palabras! En realidad, han pretendido disimular e ignorar algo elemental en democracia: la opinión de los demás, que dijo Churchill. Claro está, que, sin un continuado ejercicio de vida y convivencia basado en el respeto al otro, es inútil una convicción semejante. ¡Aquí les duele!
Una de las claves de la acción política más elemental –ya deberían haberlo aprendido- reside en hacer creer al ciudadano que le otorgan importancia, que le escuchan, que le importan, que saben qué es lo que quiere y que secundarán y satisfarán sus apetencias y pasiones, que esa es su vocación y su legitimidad (servir). Si esto es así, extraña sobre manera, que hayan perdido el tiempo en empeñarse, con Estarás a la cabeza, en rehuir el debate, en taponarse los oídos, en rechazar al discrepante, en marginar a quien no muestra sumisión y aplauso. ¿Resultado de todo ello? Que han estado meando fuera del tiesto, esto es, abundando en el despropósito, como tienen reiteradamente acreditado.
Cansado de tanta vergüenza, Carlos Delgado ha dado un paso al frente y disputará la Presidencia a Estarás. ¡Magnífico! Que presente su proyecto político completo ante la sociedad y el futuro Congreso. Que se contraste con el de Estarás. Incluso, si Cirer, o algún otro, da el paso, que haga lo mismo. Tendremos el necesario e ineludible debate. Después, a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga.
Publicado en “El mundo. El Día de Baleares”, 26.04.2008, pág. 11
sábado, 26 de abril de 2008
miércoles, 23 de abril de 2008
MEJOR ES MENEALLO
Nadie me va impedir que ejercite el derecho (y el deber) que me asiste a proclamar que no quiero ser cómplice de ninguna situación que entiendo dañina para el ciudadano. Tenemos delante de nuestras narices una situación del PP balear, que estimo muy lamentable. Me duele e intento, por ello, colaborar en su superación. En democracia, estas cosas se deberían resolver con más democracia, esto es, con más participación real de las bases, con más escucha, con más debate ideológico, con más luz y taquígrafos, y sin la utilización interesada y manipuladora del compromisario a fin de simular la realidad.
Decía George Orwell que “ver lo que tenemos delante de nuestras narices requiere una lucha constante”. ¡Ya lo creo! Tan dura y constante que mucha gente suele desistir, se conforma y se acomoda.
Esta entreguista actitud es especialmente deplorable en quienes dicen servir a la ciudadanía y aspirar al liderazgo de un sector importante de la sociedad. Siento, desde esta perspectiva, tener que reconocer, a fuer de sincero, que la situación del PP balear –también la del PP nacional- me recuerda, en parte, aquel personaje de Borges en El Aleph detenido y resignado ante un sabor no esperado, el misterioso y casi terrible sabor, en este caso, de la derrota, que contempla, por paradójico que parezca, como venturosa victoria.
He escuchado diversas explicaciones. Con el personaje borgiano, tengo que decir que “no me bastó ninguna”. Sólo les puede redimir el castigo, el haber pasado, por méritos propios, a la oposición, si saben ahora, con motivo del futuro congreso, convertir lo pasado en sabiduría política. De momento, me temo que van por muy mal camino.
A pesar de los esfuerzos por crear una apariencia de unidad, el problema no lo van a superar. Temen a Carlos Delgado. No lo quieren porque saben que no es bien visto ni por los socialistas ni por los nacionalistas ni por el aparato del PP. En las razones de fondo de tal malquerencia a tablas se concentra la esencia misma de la identidad pepera. Ahí, Sra Estarás, le duele la herida, que urge sanar.
La cuestión no es de palabras. La gente ya está saturada y más que harta. El PP, a mi entender, ha de definirse respecto de su supuesto carácter liberal. Ya sé que se proclama liberal. Pero también sé que no se comporta en la práctica como tal, entre otras cosas porque se ignora en qué consiste. La gestión del PP, cuando ha gobernado en Baleares, no se ha distinguido, precisamente, por su talante liberal. Todo lo contrario.
La primera y más definitoria actitud de un partido que se diga liberal consiste en situar al individuo, al ciudadano, en el centro mismo de la acción política. Toda la dialéctica consiste en optar entre individuo o Estado providente. Es una cuestión de libertad, de ser dueño de las propias decisiones o, por el contrario, confiar en que el Estado te lleve de la mano y te imponga la solución. Se trata, en último término, de optar entre el respecto al ejercicio responsable de la libertad individual o aceptar el totalitarismo de lo política, social o femeninamente correcto. ¡Casi nada!
Basta que ahora vuelvan, por un momento, la vista atrás y analicen, por poner un ejemplo, la política familiar del último Gobierno Matas/Estarás/Puig/Llinás. Todo un rosario de indecentes intromisiones en la esfera privada del individuo, todo un rosario de imposiciones, toda una coincidencia casi plena –oh casualidad de casualidades- con los planteamientos de la izquierda. Y, luego, nos quieren hacer creer que representan su alternativa.
En una concepción liberal, el ejercicio del poder se legitima básicamente por el quehacer diario en la medida en que sirve a la protección de los derechos del ciudadano. Esto es, se legitima por una actitud ética en la gestión de lo público. ¡Acabo de mencionar la bicha! Todo un mundo a sanear en el PP.
Ante todas estas cuestiones y otras muchas más que se derivan de una actitud liberal, el ciudadano, el simpatizante y el afiliado reclama claridad y no ambigüedad, saber a que atenerse, evitar el compadreo con otras formaciones políticas a quienes, a veces, se encubre. Es necesario una definición precisa sobre el papel y lugar del alma supuestamente liberal del PP.
Como no está nada claro, sino muy confuso, es, aunque se aparten de Sancho, mejor meneallo y llegar hasta el fondo.
Publicado en "El Mundo. El Día de Baleares", 23.04.2008, pág. 9
Nadie me va impedir que ejercite el derecho (y el deber) que me asiste a proclamar que no quiero ser cómplice de ninguna situación que entiendo dañina para el ciudadano. Tenemos delante de nuestras narices una situación del PP balear, que estimo muy lamentable. Me duele e intento, por ello, colaborar en su superación. En democracia, estas cosas se deberían resolver con más democracia, esto es, con más participación real de las bases, con más escucha, con más debate ideológico, con más luz y taquígrafos, y sin la utilización interesada y manipuladora del compromisario a fin de simular la realidad.
Decía George Orwell que “ver lo que tenemos delante de nuestras narices requiere una lucha constante”. ¡Ya lo creo! Tan dura y constante que mucha gente suele desistir, se conforma y se acomoda.
Esta entreguista actitud es especialmente deplorable en quienes dicen servir a la ciudadanía y aspirar al liderazgo de un sector importante de la sociedad. Siento, desde esta perspectiva, tener que reconocer, a fuer de sincero, que la situación del PP balear –también la del PP nacional- me recuerda, en parte, aquel personaje de Borges en El Aleph detenido y resignado ante un sabor no esperado, el misterioso y casi terrible sabor, en este caso, de la derrota, que contempla, por paradójico que parezca, como venturosa victoria.
He escuchado diversas explicaciones. Con el personaje borgiano, tengo que decir que “no me bastó ninguna”. Sólo les puede redimir el castigo, el haber pasado, por méritos propios, a la oposición, si saben ahora, con motivo del futuro congreso, convertir lo pasado en sabiduría política. De momento, me temo que van por muy mal camino.
A pesar de los esfuerzos por crear una apariencia de unidad, el problema no lo van a superar. Temen a Carlos Delgado. No lo quieren porque saben que no es bien visto ni por los socialistas ni por los nacionalistas ni por el aparato del PP. En las razones de fondo de tal malquerencia a tablas se concentra la esencia misma de la identidad pepera. Ahí, Sra Estarás, le duele la herida, que urge sanar.
La cuestión no es de palabras. La gente ya está saturada y más que harta. El PP, a mi entender, ha de definirse respecto de su supuesto carácter liberal. Ya sé que se proclama liberal. Pero también sé que no se comporta en la práctica como tal, entre otras cosas porque se ignora en qué consiste. La gestión del PP, cuando ha gobernado en Baleares, no se ha distinguido, precisamente, por su talante liberal. Todo lo contrario.
La primera y más definitoria actitud de un partido que se diga liberal consiste en situar al individuo, al ciudadano, en el centro mismo de la acción política. Toda la dialéctica consiste en optar entre individuo o Estado providente. Es una cuestión de libertad, de ser dueño de las propias decisiones o, por el contrario, confiar en que el Estado te lleve de la mano y te imponga la solución. Se trata, en último término, de optar entre el respecto al ejercicio responsable de la libertad individual o aceptar el totalitarismo de lo política, social o femeninamente correcto. ¡Casi nada!
Basta que ahora vuelvan, por un momento, la vista atrás y analicen, por poner un ejemplo, la política familiar del último Gobierno Matas/Estarás/Puig/Llinás. Todo un rosario de indecentes intromisiones en la esfera privada del individuo, todo un rosario de imposiciones, toda una coincidencia casi plena –oh casualidad de casualidades- con los planteamientos de la izquierda. Y, luego, nos quieren hacer creer que representan su alternativa.
En una concepción liberal, el ejercicio del poder se legitima básicamente por el quehacer diario en la medida en que sirve a la protección de los derechos del ciudadano. Esto es, se legitima por una actitud ética en la gestión de lo público. ¡Acabo de mencionar la bicha! Todo un mundo a sanear en el PP.
Ante todas estas cuestiones y otras muchas más que se derivan de una actitud liberal, el ciudadano, el simpatizante y el afiliado reclama claridad y no ambigüedad, saber a que atenerse, evitar el compadreo con otras formaciones políticas a quienes, a veces, se encubre. Es necesario una definición precisa sobre el papel y lugar del alma supuestamente liberal del PP.
Como no está nada claro, sino muy confuso, es, aunque se aparten de Sancho, mejor meneallo y llegar hasta el fondo.
Publicado en "El Mundo. El Día de Baleares", 23.04.2008, pág. 9
domingo, 13 de abril de 2008
HABER GATO ENCERRADO
Como ha sido habitual en él, Carlos Delgado ha tenido el coraje –rara especie en estos pagos- de proclamar en el terrado algunas ideas claras respecto de la crítica situación del PP. De inmediato se ha acusado el golpe y han reaccionado con pavor nervioso.
A Rosa Estarás, la renovadora de la nada, sólo se le ha ocurrido una antidemocrática parida: “Todos los debates debemos tenerlos en el congreso y no ahora”. Un clamoroso error, expresión de la inmadurez política que ha atesorado, uno más. ¡Qué carrera, madre mía!
En realidad, hay razón oculta, gato encerrado, que diría Quevedo, misterio y secreto. Como observaba este periódico en su impresión del pasado martes, “es público y notorio que a los congresos se llega con todo el pescado vendido…”. Es un puro trámite, una hipócrita escenificación para justificar lo injustificable, para crear la apariencia de realizar lo que se quiere evitar. Es un puro cuento chino, un puro teatro, que sólo puede contentar a los ingenuos, pelotas y buscadores de prebendas.
Como Rosa Estarás sabe muy bien todo esto, su propuesta le descalifica, una vez más, para impulsar una reflexión en profundidad acerca de las verdaderas causas del desastre. Lo que quiere evitar es el debate abierto, el cuerpo a cuerpo, el que se escuchen voces críticas respecto de su acción política pasada. Tiene verdadero pavor a la discusión abierta sobre las ideas y propuestas, sobre los necesarios cambios de imagen y de marca, sobre las actitudes éticas en la gestión pública, sobre las personas que van a encarnar el nuevo rostro del PP, sobre el tipo de oposición que tiene que hacer, sobre si resisten de verdad al cambio de régimen que está en marcha, sobre cuál es la estrategia y el planteamiento ideológicos, cuál es su posicionamiento en materia lingüística, etc.
Lo que no quiere, Rosa Estarás, es lo que afirma propugnar. Por eso, hace una propuesta tramposa, hipócrita, que tiene retranca y que lleva a pensar que hay gato encerrado. Como ella ha mamado, durante años, en viejas e impresentables prácticas, no sabe poner en marcha otro proceder. Elude, como si fuera normal, lo que nunca ha aprendido en el PP porque en él nunca se ha practicado: la escucha y el debate abierto. Como nunca ha visto otra cosa en el PP que no haya sido la jugada por detrás y la compra de adhesiones, está ahora mismo muy afanada en asegurarse el control del futuro congreso. El debate interno y social le traen sin cuidado. Pero ¿a quién pretende engañar?
El espectáculo que nos ofrecen los cantamañanas peperos invita a salir huyendo de su entorno. Nos hablan de sensibilidades diferentes, de no alimentar a los adversarios, de contar con todos, de sumar, de obligación moral de integrar. ¡Palabras, palabras, palabras! Tienen miedo a Carlos Delgado y quieren arrancarle un gesto de aceptación respecto de un liderazgo inexistente. En realidad, disimulan ignorar algo elemental en democracia: la opinión de los demás, que dijo Churchill. Claro está, que, sin un continuado ejercicio de vida y convivencia basado en el respeto al otro, es inútil una convicción semejante. ¡Aquí les duele!
Una de las claves de la acción política más elemental –ya deberían haberlo aprendido- reside en hacer creer al ciudadano que le otorgan importancia, que le escuchan, que le importan, que saben qué es lo que quiere y que secundarán y satisfarán sus apetencias y pasiones, que esa es su vocación y su legitimidad (servir). Si esto es así, extraña sobre manera, que se empeñen, con Estarás a la cabeza, en rehuir el debate, en taponarse los oídos, en rechazar al discrepante, en marginar a quien no muestra sumisión y aplauso. ¿Resultado de todo ello? Que suelen mear fuera del tiesto, esto es, abundar en el despropósito, como tienen reiteradamente acreditado.
Para más inri, Estarás se atreve a hablar de proyecto político. Pero, ¿cuál? El que permita ganar las próximas elecciones, -ha respondido la Presidenta futura del PP balear-. Estamos esperando que nos cuente en qué consiste. Igual nos sorprende un día de estos y nos pone al día. Mientras tanto, pensamos que hay gato encerrado.
Gregorio Delgado del Río
Como ha sido habitual en él, Carlos Delgado ha tenido el coraje –rara especie en estos pagos- de proclamar en el terrado algunas ideas claras respecto de la crítica situación del PP. De inmediato se ha acusado el golpe y han reaccionado con pavor nervioso.
A Rosa Estarás, la renovadora de la nada, sólo se le ha ocurrido una antidemocrática parida: “Todos los debates debemos tenerlos en el congreso y no ahora”. Un clamoroso error, expresión de la inmadurez política que ha atesorado, uno más. ¡Qué carrera, madre mía!
En realidad, hay razón oculta, gato encerrado, que diría Quevedo, misterio y secreto. Como observaba este periódico en su impresión del pasado martes, “es público y notorio que a los congresos se llega con todo el pescado vendido…”. Es un puro trámite, una hipócrita escenificación para justificar lo injustificable, para crear la apariencia de realizar lo que se quiere evitar. Es un puro cuento chino, un puro teatro, que sólo puede contentar a los ingenuos, pelotas y buscadores de prebendas.
Como Rosa Estarás sabe muy bien todo esto, su propuesta le descalifica, una vez más, para impulsar una reflexión en profundidad acerca de las verdaderas causas del desastre. Lo que quiere evitar es el debate abierto, el cuerpo a cuerpo, el que se escuchen voces críticas respecto de su acción política pasada. Tiene verdadero pavor a la discusión abierta sobre las ideas y propuestas, sobre los necesarios cambios de imagen y de marca, sobre las actitudes éticas en la gestión pública, sobre las personas que van a encarnar el nuevo rostro del PP, sobre el tipo de oposición que tiene que hacer, sobre si resisten de verdad al cambio de régimen que está en marcha, sobre cuál es la estrategia y el planteamiento ideológicos, cuál es su posicionamiento en materia lingüística, etc.
Lo que no quiere, Rosa Estarás, es lo que afirma propugnar. Por eso, hace una propuesta tramposa, hipócrita, que tiene retranca y que lleva a pensar que hay gato encerrado. Como ella ha mamado, durante años, en viejas e impresentables prácticas, no sabe poner en marcha otro proceder. Elude, como si fuera normal, lo que nunca ha aprendido en el PP porque en él nunca se ha practicado: la escucha y el debate abierto. Como nunca ha visto otra cosa en el PP que no haya sido la jugada por detrás y la compra de adhesiones, está ahora mismo muy afanada en asegurarse el control del futuro congreso. El debate interno y social le traen sin cuidado. Pero ¿a quién pretende engañar?
El espectáculo que nos ofrecen los cantamañanas peperos invita a salir huyendo de su entorno. Nos hablan de sensibilidades diferentes, de no alimentar a los adversarios, de contar con todos, de sumar, de obligación moral de integrar. ¡Palabras, palabras, palabras! Tienen miedo a Carlos Delgado y quieren arrancarle un gesto de aceptación respecto de un liderazgo inexistente. En realidad, disimulan ignorar algo elemental en democracia: la opinión de los demás, que dijo Churchill. Claro está, que, sin un continuado ejercicio de vida y convivencia basado en el respeto al otro, es inútil una convicción semejante. ¡Aquí les duele!
Una de las claves de la acción política más elemental –ya deberían haberlo aprendido- reside en hacer creer al ciudadano que le otorgan importancia, que le escuchan, que le importan, que saben qué es lo que quiere y que secundarán y satisfarán sus apetencias y pasiones, que esa es su vocación y su legitimidad (servir). Si esto es así, extraña sobre manera, que se empeñen, con Estarás a la cabeza, en rehuir el debate, en taponarse los oídos, en rechazar al discrepante, en marginar a quien no muestra sumisión y aplauso. ¿Resultado de todo ello? Que suelen mear fuera del tiesto, esto es, abundar en el despropósito, como tienen reiteradamente acreditado.
Para más inri, Estarás se atreve a hablar de proyecto político. Pero, ¿cuál? El que permita ganar las próximas elecciones, -ha respondido la Presidenta futura del PP balear-. Estamos esperando que nos cuente en qué consiste. Igual nos sorprende un día de estos y nos pone al día. Mientras tanto, pensamos que hay gato encerrado.
Gregorio Delgado del Río
sábado, 5 de abril de 2008
ESTARÁS DIXIT
Hace unos días la Presidenta del PP se presentó a la sociedad balear como la encarnación viva del futuro. Esto es, al menos, lo que a Ella le gustaría que nos creyésemos. Sin embargo, la realidad es muy tozuda y nos muestra su verdadera cara. Los hechos son los hechos.
Después del estrepitoso fracaso en las elecciones autonómicas y municipales se hizo evidente la necesidad de deshacer, de forma inmediata, tanto entuerto. Se debió orear el partido, sanear a fondo todos sus antros –algunos especialmente pestilentes-, hacer limpieza generalizada, recuperar la ética en la gestión, renovar el ideario, acabar el juego con los nacionalistas, mandar a casa, sin excepción, a la caterva infinita de prepotentes, de pesebreros, de acomplejados a fuer de incompetentes, de autistas patológicos, que, de forma interesada, le venían prestando su deforme rostro.
Pues bien, no se hizo nada, absolutamente nada, en la dirección correcta. Se tragó, con complaciente debilidad, el sapo personal de la cobarde espantada de Matas, se aplazó lo urgente, se quiso dulcificar el fracaso sin respeto a la realidad, se creó la sensación de vacío y provisionalidad, no se tuvo –hablando en plata- lo que había que tener para dar la cara, se deambuló sin líder y sin rumbo durante meses y, para coronar el despropósito, se osó comparecer a las generales con las mismas caras de siempre. El resultado es conocido: un nuevo y mayor fracaso.
Todo –Dios conserve a los responsables tanta lucidez- perfectamente previsible para cualquier persona sensata. Al no aplicar los necesarios remedios, sólo debieron esperar nuevos males. ¿O, acaso esperaban un resultado diferente? Tampoco me extrañaría que así fuera. De lo contrario, ¿cómo explicar la aparición de Matas –del que debieran huir como de la peste- en la noche electoral? Decididamente –usando una idea de Vargas Llosa- les digo que su imbecilidad, al ser voluntariamente elegida, no merece respeto alguno.
Por si nos faltaba algo en este grotesco sainete, viene ahora Rosa Estarás y se postula como la renovadora, como el futuro, como la gran esperanza. Fue, como todo el mundo sabe, la mano derecha de Matas, a quien secundó y apoyó con embelesamiento y a quien todavía guarda veneración no exenta de debilidad y dependencia. Fue, como es obvio, la segunda gran derrotada en las elecciones autonómicas y municipales. No tuvo la personalidad exigida para plantarse ante Madrid y liderar aquí la renovación en el momento oportuno. Ha vuelto a ser derrotada en las generales. Ha demostrado, desde junio del año pasado, que no tiene nada nuevo que decir ni que entusiasme a nadie. Sin embargo, pretende hacernos creer que ahora va a ser la piedra angular. Como dijo Calderón de la Barca, “hay desdichas/que para contarlas, no/es menester referirlas”.
Si realmente el PP balear quiere renovarse y comparecer con ciertas garantías a una nueva cita electoral, sus afiliados deben de ser conscientes de que la invocación de Estarás (apoyo y relación con Rajoy) es un verdadera trampa. Entre otras cosas, porque tampoco se puede asegurar que la opción Rajoy se consolide definitivamente. Semejante argumento es, por el contrario, más de lo mismo, el argumento de Matas respecto de Aznar, una muestra más de su debilidad política, de su dependencia y de la falta de un proyecto autónomo. Rosa Estarás debe entender que Ella no atesora las esencias del PP y que éste ha de escuchar a sus afiliados, simpatizantes y, en general, a la sociedad balear. Exactamente lo contrario de lo que ha hecho hasta ahora.
No le vendría mal a Rosa Estarás recordar que ya no estamos “en tiempos de Maricastaña, cuando hablaban las calabazas …”, como escribió Cervantes. El PP no puede ser lo que Usted crea y que todo el mundo se derrita en falsos e hipócritas aplausos. Eso ya lo han experimentado y Usted ya tuvo su oportunidad. También Usted pertenece al pasado. Si esto es lo que, de cara al futuro, nos va ofrecer el PP en Baleares (lo que Usted representa y atesora), apaga y vámonos. No juegue, por favor, con la gente ni le exija actos irracionales. Todavía está a tiempo. Abra las ventanas y propicie de verdad el debate. Hágase a sí misma un gran favor: pasar a un segundo plano.
Publicado en "El Mundo. El Día de Baleares", 5.04.2008, pág. 11
Hace unos días la Presidenta del PP se presentó a la sociedad balear como la encarnación viva del futuro. Esto es, al menos, lo que a Ella le gustaría que nos creyésemos. Sin embargo, la realidad es muy tozuda y nos muestra su verdadera cara. Los hechos son los hechos.
Después del estrepitoso fracaso en las elecciones autonómicas y municipales se hizo evidente la necesidad de deshacer, de forma inmediata, tanto entuerto. Se debió orear el partido, sanear a fondo todos sus antros –algunos especialmente pestilentes-, hacer limpieza generalizada, recuperar la ética en la gestión, renovar el ideario, acabar el juego con los nacionalistas, mandar a casa, sin excepción, a la caterva infinita de prepotentes, de pesebreros, de acomplejados a fuer de incompetentes, de autistas patológicos, que, de forma interesada, le venían prestando su deforme rostro.
Pues bien, no se hizo nada, absolutamente nada, en la dirección correcta. Se tragó, con complaciente debilidad, el sapo personal de la cobarde espantada de Matas, se aplazó lo urgente, se quiso dulcificar el fracaso sin respeto a la realidad, se creó la sensación de vacío y provisionalidad, no se tuvo –hablando en plata- lo que había que tener para dar la cara, se deambuló sin líder y sin rumbo durante meses y, para coronar el despropósito, se osó comparecer a las generales con las mismas caras de siempre. El resultado es conocido: un nuevo y mayor fracaso.
Todo –Dios conserve a los responsables tanta lucidez- perfectamente previsible para cualquier persona sensata. Al no aplicar los necesarios remedios, sólo debieron esperar nuevos males. ¿O, acaso esperaban un resultado diferente? Tampoco me extrañaría que así fuera. De lo contrario, ¿cómo explicar la aparición de Matas –del que debieran huir como de la peste- en la noche electoral? Decididamente –usando una idea de Vargas Llosa- les digo que su imbecilidad, al ser voluntariamente elegida, no merece respeto alguno.
Por si nos faltaba algo en este grotesco sainete, viene ahora Rosa Estarás y se postula como la renovadora, como el futuro, como la gran esperanza. Fue, como todo el mundo sabe, la mano derecha de Matas, a quien secundó y apoyó con embelesamiento y a quien todavía guarda veneración no exenta de debilidad y dependencia. Fue, como es obvio, la segunda gran derrotada en las elecciones autonómicas y municipales. No tuvo la personalidad exigida para plantarse ante Madrid y liderar aquí la renovación en el momento oportuno. Ha vuelto a ser derrotada en las generales. Ha demostrado, desde junio del año pasado, que no tiene nada nuevo que decir ni que entusiasme a nadie. Sin embargo, pretende hacernos creer que ahora va a ser la piedra angular. Como dijo Calderón de la Barca, “hay desdichas/que para contarlas, no/es menester referirlas”.
Si realmente el PP balear quiere renovarse y comparecer con ciertas garantías a una nueva cita electoral, sus afiliados deben de ser conscientes de que la invocación de Estarás (apoyo y relación con Rajoy) es un verdadera trampa. Entre otras cosas, porque tampoco se puede asegurar que la opción Rajoy se consolide definitivamente. Semejante argumento es, por el contrario, más de lo mismo, el argumento de Matas respecto de Aznar, una muestra más de su debilidad política, de su dependencia y de la falta de un proyecto autónomo. Rosa Estarás debe entender que Ella no atesora las esencias del PP y que éste ha de escuchar a sus afiliados, simpatizantes y, en general, a la sociedad balear. Exactamente lo contrario de lo que ha hecho hasta ahora.
No le vendría mal a Rosa Estarás recordar que ya no estamos “en tiempos de Maricastaña, cuando hablaban las calabazas …”, como escribió Cervantes. El PP no puede ser lo que Usted crea y que todo el mundo se derrita en falsos e hipócritas aplausos. Eso ya lo han experimentado y Usted ya tuvo su oportunidad. También Usted pertenece al pasado. Si esto es lo que, de cara al futuro, nos va ofrecer el PP en Baleares (lo que Usted representa y atesora), apaga y vámonos. No juegue, por favor, con la gente ni le exija actos irracionales. Todavía está a tiempo. Abra las ventanas y propicie de verdad el debate. Hágase a sí misma un gran favor: pasar a un segundo plano.
Publicado en "El Mundo. El Día de Baleares", 5.04.2008, pág. 11
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