LO QUE NO QUIEREN OÍR
Desde que, a mis quince años, tuve la suerte de leer, de modo furtivo, Rebelión en la granja, he venido entendiendo la libertad en los términos de Orvell. Desde entonces, vengo midiendo el amor a la libertad, que supuestamente atesora tanto falso demócrata como anda suelto, en función de la capacidad de encaje que demuestra cuando se le dice lo que no quiere oír. Hagan la prueba y comprobarán que es un método infalible. Últimamente venimos aguantando el cisco padre que ha protagonizado la patulea progresista. Quieren que los pocos medios que disienten de la doctrina oficial se incorporen al rebaño, pastoreado por ZP. ¿De verdad se creen lo que dicen? No les hagan caso. Lo que les ocurre es que les molesta que tales medios les digan lo que no quieren oír, que alimenten la resistencia frente al totalitarismo de la corrección política, que sus mensajes prendan en la gente, que les señalen con el dedo por sus contradicciones, que muchos no estemos dispuestos a someternos, que muchos pensemos por nuestra cuenta, que muchos amemos la libertad y rechacemos el totalitarismo.
Publicado en “Bon Día Mallorca”, 14-20 de diciembre de 2007, pág. 2
sábado, 15 de diciembre de 2007
domingo, 18 de noviembre de 2007
EN NUESTRA MIRADA
Hace bastante tiempo que escucho, en diferentes ámbitos sociales y políticos, voces malsonantes –incluso en boca de personas con responsabilidades de gobierno- al tratar de fijar la actitud a adoptar con respecto a los inmigrantes. Estas voces son especialmente disonantes, por ejemplo, cuando se trata de la integración de los musulmanes en la sociedad española y balear.
Se diga lo que se diga, se esgriman las excusas que sean, se recuerden las estadísticas de delincuencia que sean, se expresen los temores que sean, sobre todo frente al integrismo y al fundamentalismo islámicos, existan las dificultades de integración que sean, la cuestión verdaderamente esencial, hasta ahora no resuelta, es la de las desigualdades existentes. Mientras éstas existan, no habrá plena integración.
Acabamos de mencionar a la bicha, a lo que todo el mundo rehuye, a lo que nadie quiere preguntarse porque, en el fondo, sabe la respuesta y no se siente a gusto con ella. El problema está ahí, ante nuestras narices. Negarlo sólo facilita hacerlo mayor. Como además creo, como ha expresado recientemente el Presidente Sarkozy, que la democracia no consiste sólo en el derecho a debatir, sino también –y, añadiría, sobre todo- en la obligación de hacerlo, cuanto antes lo afrontemos, de una vez por todas y sin tapujos, mejor para todos.
Abordarlo supone, de entrada, tirar por la borda tanto tópico fácil -‘la tradicional hospitalidad’ y otras hipocresías paternalistas al uso-, como se suele manejar. Basta con preguntar y escuchar a quienes vienen diariamente a vivir aquí. Deberíamos ser conscientes –esta fue la sugerencia de Sarkozy con respecto a los franceses- de que, en nuestra propia mirada, los inmigrantes ‘aprecian perfectamente que aquí no son aceptados por completo’. ¿Acaso se olvida que incluso a los propios españoles, que hemos venido a esta tierra a trabajar, se nos sigue llamando ‘forasteros’ con todo lo que, salvo excepciones, implica?. No me hagan reír.
Nuestros políticos -¿no estaremos pidiendo peras al olmo?-son los primeros que debieran reconocer –y actuar en consecuencia- que nuestra Constitución optó por una laicidad, que lejos de ir contra la religión, asegura a todos, absolutamente a todos, la libertad de conciencia. Tan elemental identidad también ha de ser aceptada por quienes vengan de fuera y permanezcan entre nosotros, constituyendo su aceptación una condición necesaria para su plena integración en igualdad de derechos y deberes.
Los musulmanes venidos de fuera, o nacidos aquí, acreditan una poderosa identidad cultural y religiosa. Su derecho a vivir conforme a su fe es del mismo rango que cualquier otro derecho fundamental. La laicidad constitucional no ha de ser sectaria ni indiferente frente a la religión, cualquiera que ésta sea. Merece, por el contrario, una valoración positiva, que conlleva determinadas exigencias en la acción de gobierno.
Nuestras instituciones públicas de gobierno, incluido el municipal, lejos de desentenderse del hecho religioso derivado de la vivencia de la fe islámica, deberán dar, -más pronto que tarde- soluciones eficaces a cuestiones como la de los edificios dedicados al culto (mezquitas), la de los cementerios, la de ciertas prescripciones religiosas referidas a la alimentación, a los ritos funerarios y al velo en los centros públicos de enseñanza o de otra naturaleza, la del acceso a los cargos públicos, la de idear una organización interna que aglutine y represente a todos las corrientes en que se expresa la de islámica, etc.etc. Simplemente pediría igualdad de trato sin excepciones, ni en derechos ni en deberes. En esto, todos somos iguales. Que nadie piense que tiene más derechos que los demás y que nadie piense, con razón, que tiene menos.
Si seguimos, como hasta ahora, escondiendo la cabeza debajo del ala, si no realizamos este esfuerzo de integración, no haremos otra cosa que fomentar el ‘gueto’ y alterar la convivencia.
Hace bastante tiempo que escucho, en diferentes ámbitos sociales y políticos, voces malsonantes –incluso en boca de personas con responsabilidades de gobierno- al tratar de fijar la actitud a adoptar con respecto a los inmigrantes. Estas voces son especialmente disonantes, por ejemplo, cuando se trata de la integración de los musulmanes en la sociedad española y balear.
Se diga lo que se diga, se esgriman las excusas que sean, se recuerden las estadísticas de delincuencia que sean, se expresen los temores que sean, sobre todo frente al integrismo y al fundamentalismo islámicos, existan las dificultades de integración que sean, la cuestión verdaderamente esencial, hasta ahora no resuelta, es la de las desigualdades existentes. Mientras éstas existan, no habrá plena integración.
Acabamos de mencionar a la bicha, a lo que todo el mundo rehuye, a lo que nadie quiere preguntarse porque, en el fondo, sabe la respuesta y no se siente a gusto con ella. El problema está ahí, ante nuestras narices. Negarlo sólo facilita hacerlo mayor. Como además creo, como ha expresado recientemente el Presidente Sarkozy, que la democracia no consiste sólo en el derecho a debatir, sino también –y, añadiría, sobre todo- en la obligación de hacerlo, cuanto antes lo afrontemos, de una vez por todas y sin tapujos, mejor para todos.
Abordarlo supone, de entrada, tirar por la borda tanto tópico fácil -‘la tradicional hospitalidad’ y otras hipocresías paternalistas al uso-, como se suele manejar. Basta con preguntar y escuchar a quienes vienen diariamente a vivir aquí. Deberíamos ser conscientes –esta fue la sugerencia de Sarkozy con respecto a los franceses- de que, en nuestra propia mirada, los inmigrantes ‘aprecian perfectamente que aquí no son aceptados por completo’. ¿Acaso se olvida que incluso a los propios españoles, que hemos venido a esta tierra a trabajar, se nos sigue llamando ‘forasteros’ con todo lo que, salvo excepciones, implica?. No me hagan reír.
Nuestros políticos -¿no estaremos pidiendo peras al olmo?-son los primeros que debieran reconocer –y actuar en consecuencia- que nuestra Constitución optó por una laicidad, que lejos de ir contra la religión, asegura a todos, absolutamente a todos, la libertad de conciencia. Tan elemental identidad también ha de ser aceptada por quienes vengan de fuera y permanezcan entre nosotros, constituyendo su aceptación una condición necesaria para su plena integración en igualdad de derechos y deberes.
Los musulmanes venidos de fuera, o nacidos aquí, acreditan una poderosa identidad cultural y religiosa. Su derecho a vivir conforme a su fe es del mismo rango que cualquier otro derecho fundamental. La laicidad constitucional no ha de ser sectaria ni indiferente frente a la religión, cualquiera que ésta sea. Merece, por el contrario, una valoración positiva, que conlleva determinadas exigencias en la acción de gobierno.
Nuestras instituciones públicas de gobierno, incluido el municipal, lejos de desentenderse del hecho religioso derivado de la vivencia de la fe islámica, deberán dar, -más pronto que tarde- soluciones eficaces a cuestiones como la de los edificios dedicados al culto (mezquitas), la de los cementerios, la de ciertas prescripciones religiosas referidas a la alimentación, a los ritos funerarios y al velo en los centros públicos de enseñanza o de otra naturaleza, la del acceso a los cargos públicos, la de idear una organización interna que aglutine y represente a todos las corrientes en que se expresa la de islámica, etc.etc. Simplemente pediría igualdad de trato sin excepciones, ni en derechos ni en deberes. En esto, todos somos iguales. Que nadie piense que tiene más derechos que los demás y que nadie piense, con razón, que tiene menos.
Si seguimos, como hasta ahora, escondiendo la cabeza debajo del ala, si no realizamos este esfuerzo de integración, no haremos otra cosa que fomentar el ‘gueto’ y alterar la convivencia.
RIZANDO EL RIZO
Nunca he sido partidario de alineamiento alguno previo. La corrección femenina, que se nos quiere imponer por quienes suscriben la ideología género, me parece una manifestación totalitaria, que, además, propicia e impulsa, en muchos casos, verdaderos anversos obscenos. Aunque pueda sorprender a muchos –no se lo acaban de creer-, lo cierto es que el Legislador socialista inspiró su reforma del Código civil en materia de separación y divorcio (Ley 15/2005, de 8 de julio) en la mencionada ideología.
La prueba del nueve de que ello fue así la tenemos en la propia Ley. En efecto, después de proclamar, en la Exposición de motivos, principios esenciales como que ambos progenitores deben percibir que su responsabilidad continúa intacta para con los hijos, a pesar de la separación o del divorcio, e incluso subrayar que les exige, si cabe, un mayor grado de diligencia; después de reforzar “la libertad de decisión de los padres respecto del ejercicio de la patria potestad” sobre sus hijos; después de sostener que “los padres deberán decidir si la guarda y custodia se ejercerá sólo por uno de ellos o bien por ambos de forma compartida”; después de insistir en la existencia del principio de la “corresponsabilidad” en el ejercicio de la potestad respecto de los hijos, establece, en el art. 92.8 del Código civil, un régimen absolutamente restrictivo. Después, en definitiva, de tanto marketing, de tanta propaganda, de tanta novedad, asistimos al parto de los montes: un ridículo ratoncillo. Esto es, fuera de que medie acuerdo entre los progenitores, el Juez sólo podrá acordar “excepcionalmente” la guarda y custodia compartida.
En el marco de tan restrictiva opción, femeninamente correcta, se entiende que, a la hora de acordar su concesión a petición de uno de los progenitores con la oposición del otro, habitualmente la madre, se maneje, a veces, un modo de entender la guarda y custodia compartida que, invariablemente, lleve al Juzgador a su negación. En concreto, el siguiente: “… es un estado psíquico en el que participan dos personas que, pese a la extinción de su relación conyugal, conservan, o han conseguido consensuar mediante procesos de mediación o de diálogo, los mecanismos de comunicación y de relación mínima variable, que les permita atender, de consuno, cada una de las necesidades de los hijos, con la suficiente garantía de que ambos actuarán en beneficio de los mismos y de que las controversias que puedan presentarse en este ámbito, serán resueltas por vías de entendimiento, sin que se generen enfrentamientos que puedan dejar sin regulación tales responsabilidades, y repercutan negativamente en el bienestar de los hijos” (AP Barcelona, s. 16.05.2007).
Si la guarda y custodia compartida se ha de entender en los términos descritos por esta Sentencia o si la guarda y custodia compartida reclama, como condición para su concesión, tal grado de compenetración entre los progenitores que han decidido separarse o divorciarse, me temo que está condenada al más absoluto fracaso. Claro que, en el contexto de secundar las equivalencias de género, tal resultado pudo ser querido intencionalmente. El feminismo de género, que tan activamente se hizo presente en la reforma llevada a cabo por la Ley 15/2005, de 8 de julio, no parece compadecerse con el hecho de que se acuerde con amplitud la guarda y custodia compartida. El propio texto del art. 92. 8 de la Ley lo expresa, de modo indubitado, con el término “excepcionalmente”.
Me cuesta comprender cómo una pareja que ha activado capacidades para hacer realidad semejante estado psíquico después de rota su relación y convivencia conyugales no haya sido capaz de utilizar esas mismas capacidades para adaptarse a las nuevas circunstancias que hayan ido apareciendo en sus vidas, para consensuar aspectos de su vida en común, para neutralizar y canalizar en positivo la rutina y el desgaste inherente a su relación cpnyugal. Todo es posible. Pero me parece que carece de lógica interna.
Es más, me atrevo a dudar de que ese estado psíquico que ahora se reclama concurra en la inmensa mayoría de las parejas y/o matrimonios existentes, que no optan por separarse o divorciarse. En definitiva, la corrección femenina (no posibilitar la guarda y custodia compartida) puede llevar a interpretaciones que suponen rizar el rizo.
Nunca he sido partidario de alineamiento alguno previo. La corrección femenina, que se nos quiere imponer por quienes suscriben la ideología género, me parece una manifestación totalitaria, que, además, propicia e impulsa, en muchos casos, verdaderos anversos obscenos. Aunque pueda sorprender a muchos –no se lo acaban de creer-, lo cierto es que el Legislador socialista inspiró su reforma del Código civil en materia de separación y divorcio (Ley 15/2005, de 8 de julio) en la mencionada ideología.
La prueba del nueve de que ello fue así la tenemos en la propia Ley. En efecto, después de proclamar, en la Exposición de motivos, principios esenciales como que ambos progenitores deben percibir que su responsabilidad continúa intacta para con los hijos, a pesar de la separación o del divorcio, e incluso subrayar que les exige, si cabe, un mayor grado de diligencia; después de reforzar “la libertad de decisión de los padres respecto del ejercicio de la patria potestad” sobre sus hijos; después de sostener que “los padres deberán decidir si la guarda y custodia se ejercerá sólo por uno de ellos o bien por ambos de forma compartida”; después de insistir en la existencia del principio de la “corresponsabilidad” en el ejercicio de la potestad respecto de los hijos, establece, en el art. 92.8 del Código civil, un régimen absolutamente restrictivo. Después, en definitiva, de tanto marketing, de tanta propaganda, de tanta novedad, asistimos al parto de los montes: un ridículo ratoncillo. Esto es, fuera de que medie acuerdo entre los progenitores, el Juez sólo podrá acordar “excepcionalmente” la guarda y custodia compartida.
En el marco de tan restrictiva opción, femeninamente correcta, se entiende que, a la hora de acordar su concesión a petición de uno de los progenitores con la oposición del otro, habitualmente la madre, se maneje, a veces, un modo de entender la guarda y custodia compartida que, invariablemente, lleve al Juzgador a su negación. En concreto, el siguiente: “… es un estado psíquico en el que participan dos personas que, pese a la extinción de su relación conyugal, conservan, o han conseguido consensuar mediante procesos de mediación o de diálogo, los mecanismos de comunicación y de relación mínima variable, que les permita atender, de consuno, cada una de las necesidades de los hijos, con la suficiente garantía de que ambos actuarán en beneficio de los mismos y de que las controversias que puedan presentarse en este ámbito, serán resueltas por vías de entendimiento, sin que se generen enfrentamientos que puedan dejar sin regulación tales responsabilidades, y repercutan negativamente en el bienestar de los hijos” (AP Barcelona, s. 16.05.2007).
Si la guarda y custodia compartida se ha de entender en los términos descritos por esta Sentencia o si la guarda y custodia compartida reclama, como condición para su concesión, tal grado de compenetración entre los progenitores que han decidido separarse o divorciarse, me temo que está condenada al más absoluto fracaso. Claro que, en el contexto de secundar las equivalencias de género, tal resultado pudo ser querido intencionalmente. El feminismo de género, que tan activamente se hizo presente en la reforma llevada a cabo por la Ley 15/2005, de 8 de julio, no parece compadecerse con el hecho de que se acuerde con amplitud la guarda y custodia compartida. El propio texto del art. 92. 8 de la Ley lo expresa, de modo indubitado, con el término “excepcionalmente”.
Me cuesta comprender cómo una pareja que ha activado capacidades para hacer realidad semejante estado psíquico después de rota su relación y convivencia conyugales no haya sido capaz de utilizar esas mismas capacidades para adaptarse a las nuevas circunstancias que hayan ido apareciendo en sus vidas, para consensuar aspectos de su vida en común, para neutralizar y canalizar en positivo la rutina y el desgaste inherente a su relación cpnyugal. Todo es posible. Pero me parece que carece de lógica interna.
Es más, me atrevo a dudar de que ese estado psíquico que ahora se reclama concurra en la inmensa mayoría de las parejas y/o matrimonios existentes, que no optan por separarse o divorciarse. En definitiva, la corrección femenina (no posibilitar la guarda y custodia compartida) puede llevar a interpretaciones que suponen rizar el rizo.
viernes, 16 de noviembre de 2007
ASÍ NOS LUCE EL PELO
Llevamos años soportando las histéricas y mendaces proclamas de la patulea progresista. No se podía consumir ni un centímetro más de territorio. El suelo rústico era sagrado. No se podía ni opinar al respecto. Han dicho de todo. ¿Lo recuerdan? Pues bien, ahora resulta que su gran aportación, una vez instalados en la pesebrera, estriba en construir viviendas de protección oficial en suelo rústico. ¡Manda huevos! Han hecho realidad el refrán “nadie diga: de esta agua no beberé”. Las vueltas que da el mundo. ¿Dónde está ahora esa corte de opinadores, tertulianos y medios de comunicación tan sensibles al tema en otro tiempo? ¿Dónde queda su alegada independencia y objetividad? ¿Dónde están sus votantes tan encendidamente defensores del territorio? Da la impresión –ya me gustaría equivocarme- de que, antes y ahora, todos obedecen a la voz de su amo. Una verdadera pena. La clase política sigue con el misma cantinela: engaña a su electorado y lo maneja a su antojo. Este guarda silencio e, incluso, a veces aplaude. Así nos luce el pelo.
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 13.11.2007, pág. 7
Llevamos años soportando las histéricas y mendaces proclamas de la patulea progresista. No se podía consumir ni un centímetro más de territorio. El suelo rústico era sagrado. No se podía ni opinar al respecto. Han dicho de todo. ¿Lo recuerdan? Pues bien, ahora resulta que su gran aportación, una vez instalados en la pesebrera, estriba en construir viviendas de protección oficial en suelo rústico. ¡Manda huevos! Han hecho realidad el refrán “nadie diga: de esta agua no beberé”. Las vueltas que da el mundo. ¿Dónde está ahora esa corte de opinadores, tertulianos y medios de comunicación tan sensibles al tema en otro tiempo? ¿Dónde queda su alegada independencia y objetividad? ¿Dónde están sus votantes tan encendidamente defensores del territorio? Da la impresión –ya me gustaría equivocarme- de que, antes y ahora, todos obedecen a la voz de su amo. Una verdadera pena. La clase política sigue con el misma cantinela: engaña a su electorado y lo maneja a su antojo. Este guarda silencio e, incluso, a veces aplaude. Así nos luce el pelo.
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 13.11.2007, pág. 7
AL SERVICIO DEL PODER
La que está cayendo en Baleares, en relación con la presunta corrupción política, es, aunque falta mucho por explorar, de órdago a la grande. Si ahora valorásemos la actitud que, en general, vienen adoptando los medios de comunicación, creo que se impone un juicio muy severo. Desde Thomas Jefferson –¡mira que ha llovido!- no se concibe un gobierno sin periódicos. Son uno de los instrumentos esenciales del control democrático del poder. Son imprescindibles para tener una opinión pública informada y formada. Pues bien, ahí está el busilis, que dirían Cervantes y Quevedo. Cómo se les ve el plumero: su falta de imparcialidad, su raquítica objetividad, su servicio a las causas del poder, su buen semblante de estómagos agradecidos, su saber ponerse a la solana que más calienta. Aunque les moleste, quiero recordarles que existe un derecho de la gente a saber y que no les es lícito, como dijo Pendás, “acudir al refugio del poder en contra de la verdad”. Qué cada palo aguante su vela. ¿No estarán incurriendo, entre otras cosas, en obscenas complicidades?
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 12.11.2007, pág. 14
La que está cayendo en Baleares, en relación con la presunta corrupción política, es, aunque falta mucho por explorar, de órdago a la grande. Si ahora valorásemos la actitud que, en general, vienen adoptando los medios de comunicación, creo que se impone un juicio muy severo. Desde Thomas Jefferson –¡mira que ha llovido!- no se concibe un gobierno sin periódicos. Son uno de los instrumentos esenciales del control democrático del poder. Son imprescindibles para tener una opinión pública informada y formada. Pues bien, ahí está el busilis, que dirían Cervantes y Quevedo. Cómo se les ve el plumero: su falta de imparcialidad, su raquítica objetividad, su servicio a las causas del poder, su buen semblante de estómagos agradecidos, su saber ponerse a la solana que más calienta. Aunque les moleste, quiero recordarles que existe un derecho de la gente a saber y que no les es lícito, como dijo Pendás, “acudir al refugio del poder en contra de la verdad”. Qué cada palo aguante su vela. ¿No estarán incurriendo, entre otras cosas, en obscenas complicidades?
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 12.11.2007, pág. 14
jueves, 8 de noviembre de 2007
NOS AVERGUENZA
El pasado fin de semana pude ver el video, elaborado por los Grupos pro vida, y que Youtube censuró porque lo consideraba “inadecuado”. En el video, además de unos sugestivos mensajes sobre este drama humano con todas sus secuelas, se contienen una serie de imágenes de fetos muertos, ni más ni menos cruentas que las que se pueden ver a diario en cualquier canal de televisión. El video nos muestra, sin duda, una realidad indefendible, la cultura de la muerte en vivo, la primera causa de muerte en el mundo, el alienante engaño a la mujer. Las cifras referidas a España son aterradoras: más de 200 seres humanos eliminados cada día en nombre de un supuesto derecho, cerca de 100.000 abortos al año. ¿Quizás sea inadecuado que se sepa y se diga que somos capaces de causar tales horrores? ¿Quizás nos avergüenza contemplar la realidad que generamos? ¡Ojalá! Estaríamos desbrozando el camino que nos lleve a parar tanta indignidad. Sería señal de que aún resta entre muchos de nosotros un atisbo de conciencia, un mínimo de sensibilidad a favor de la vida.
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 8.11.2007, pág. 7
El pasado fin de semana pude ver el video, elaborado por los Grupos pro vida, y que Youtube censuró porque lo consideraba “inadecuado”. En el video, además de unos sugestivos mensajes sobre este drama humano con todas sus secuelas, se contienen una serie de imágenes de fetos muertos, ni más ni menos cruentas que las que se pueden ver a diario en cualquier canal de televisión. El video nos muestra, sin duda, una realidad indefendible, la cultura de la muerte en vivo, la primera causa de muerte en el mundo, el alienante engaño a la mujer. Las cifras referidas a España son aterradoras: más de 200 seres humanos eliminados cada día en nombre de un supuesto derecho, cerca de 100.000 abortos al año. ¿Quizás sea inadecuado que se sepa y se diga que somos capaces de causar tales horrores? ¿Quizás nos avergüenza contemplar la realidad que generamos? ¡Ojalá! Estaríamos desbrozando el camino que nos lleve a parar tanta indignidad. Sería señal de que aún resta entre muchos de nosotros un atisbo de conciencia, un mínimo de sensibilidad a favor de la vida.
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 8.11.2007, pág. 7
martes, 6 de noviembre de 2007
CAER DE LA BURRA
Todos los partidos políticos llevan días empeñados en hacernos creer a los ciudadanos que lo de Son Oms y UM les ha sorprendido. Vamos que se han caído de la burra con gran sorpresa de su parte. Semejante manipulación y engaño –parece como si no supieran hacer otra cosa- me recuerda la frase adverbial que tanta fortuna hizo desde que Ventura de la Vega la utilizó en una de sus comedias: “Todo Madrid lo sabía, todo Madrid menos él”. ¡Qué casualidad! Lo de Son Oms lo sabía todo Mallorca, era un secreto a voces. Lo conocían hasta los perros. Todos menos quienes, en otro tiempo, ayudaron a ocultarlo y quienes antes y ahora gobiernan con tan preclaros servidores de lo suyo. ¡Vaya cuadrilla! No pretendan, al menos, mantenerse al margen. No somos idiotas. Sabemos también los impresentables motivos que les levan a permanecer en la burra. Son igualmente responsables. Están haciendo un mal inmenso al sistema democrático. Sólo se me ocurre decirles con Castillo Solórzano lo siguiente: “Cae, amigo de tu burra, pues eras tan mal jinete”.
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 6.11.2007, pág. 8
Todos los partidos políticos llevan días empeñados en hacernos creer a los ciudadanos que lo de Son Oms y UM les ha sorprendido. Vamos que se han caído de la burra con gran sorpresa de su parte. Semejante manipulación y engaño –parece como si no supieran hacer otra cosa- me recuerda la frase adverbial que tanta fortuna hizo desde que Ventura de la Vega la utilizó en una de sus comedias: “Todo Madrid lo sabía, todo Madrid menos él”. ¡Qué casualidad! Lo de Son Oms lo sabía todo Mallorca, era un secreto a voces. Lo conocían hasta los perros. Todos menos quienes, en otro tiempo, ayudaron a ocultarlo y quienes antes y ahora gobiernan con tan preclaros servidores de lo suyo. ¡Vaya cuadrilla! No pretendan, al menos, mantenerse al margen. No somos idiotas. Sabemos también los impresentables motivos que les levan a permanecer en la burra. Son igualmente responsables. Están haciendo un mal inmenso al sistema democrático. Sólo se me ocurre decirles con Castillo Solórzano lo siguiente: “Cae, amigo de tu burra, pues eras tan mal jinete”.
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 6.11.2007, pág. 8
NO HACER MUDANZA
Andan los católicos lamentando la situación en que les coloca el Gobierno ZP. Estamos pasando, según ellos, por unos momentos nunca vistos en los últimos tiempos. Asistimos a un enfurecido ataque contra la Iglesia católica. El sectarismo anticlerical y antirreligioso pretende instalarse en la realidad española. Y, para más inri, tan provocadora acción cuenta con muy poderosos portavoces mediáticos y con la ayuda, incluso, de espíritus pusilánimes dentro de las propias filas del catolicismo.
Al margen de compartir o no tal valoración, creemos que, sobre todo en periodo de tormenta como éste, no debe hacer mudanza, ni apartarse de la predicación de la verdad. Es esto lo que, a buen seguro, buscan sus enemigos: que abdique de su misión, que se retire a la sacristía, que no comparezca en la plaza pública. que se calle. Es, precisamente esto, lo que jamás debe hacer. ¡Que más quisieran que su desistimiento! A este respecto, recuerdo la recomendación de Pablo a Timoteo: “Pero tú sé circunspecto en todo, soporta los trabajos, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio” (2Tim, 4, 5).
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 5.11.2007, pág. 8
Andan los católicos lamentando la situación en que les coloca el Gobierno ZP. Estamos pasando, según ellos, por unos momentos nunca vistos en los últimos tiempos. Asistimos a un enfurecido ataque contra la Iglesia católica. El sectarismo anticlerical y antirreligioso pretende instalarse en la realidad española. Y, para más inri, tan provocadora acción cuenta con muy poderosos portavoces mediáticos y con la ayuda, incluso, de espíritus pusilánimes dentro de las propias filas del catolicismo.
Al margen de compartir o no tal valoración, creemos que, sobre todo en periodo de tormenta como éste, no debe hacer mudanza, ni apartarse de la predicación de la verdad. Es esto lo que, a buen seguro, buscan sus enemigos: que abdique de su misión, que se retire a la sacristía, que no comparezca en la plaza pública. que se calle. Es, precisamente esto, lo que jamás debe hacer. ¡Que más quisieran que su desistimiento! A este respecto, recuerdo la recomendación de Pablo a Timoteo: “Pero tú sé circunspecto en todo, soporta los trabajos, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio” (2Tim, 4, 5).
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 5.11.2007, pág. 8
viernes, 2 de noviembre de 2007
DE LO QUE PRESUMES
No es la primera vez, amigo Rodríguez, que metes la pata. Por muy teniente de alcalde que seas, por muy socialista que te confieses, por muy rodeado de algún que otro ‘pelota’, que te veas, por muy gallito que te sientas, nada te autorizaba el otro día para insultar a los periodistas. ¡”Oyen por la bragueta”! A decir verdad, no me extrañó nada tu exabrupto. Te he oído otros semejantes y más gordos, dirigidos a quienes no comulgan con tus cortas y excluyentes ideas. Te gusta demasiado descalificar –eso sí, por detrás- con adjetivos gravemente ofensivos, a quien no se une al coro al que prestas tu viperina voz. Esto suele ocurrir cuando escasean las ideas para debatir y abundan la prepotencia y la mala leche. Seguiremos, por nuestra parte, pensando que presumes de aquello que careces. Desde el predicado y no demostrado talante y desde la serenidad que debería atesorar un cargo representativo, no estaría demás que demandaras disculpas a los periodistas y al electorado. Ello, sin duda, te honraría y lavaría un poco tu ofensa.
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 31.10.2007, pág. 7
No es la primera vez, amigo Rodríguez, que metes la pata. Por muy teniente de alcalde que seas, por muy socialista que te confieses, por muy rodeado de algún que otro ‘pelota’, que te veas, por muy gallito que te sientas, nada te autorizaba el otro día para insultar a los periodistas. ¡”Oyen por la bragueta”! A decir verdad, no me extrañó nada tu exabrupto. Te he oído otros semejantes y más gordos, dirigidos a quienes no comulgan con tus cortas y excluyentes ideas. Te gusta demasiado descalificar –eso sí, por detrás- con adjetivos gravemente ofensivos, a quien no se une al coro al que prestas tu viperina voz. Esto suele ocurrir cuando escasean las ideas para debatir y abundan la prepotencia y la mala leche. Seguiremos, por nuestra parte, pensando que presumes de aquello que careces. Desde el predicado y no demostrado talante y desde la serenidad que debería atesorar un cargo representativo, no estaría demás que demandaras disculpas a los periodistas y al electorado. Ello, sin duda, te honraría y lavaría un poco tu ofensa.
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 31.10.2007, pág. 7
viernes, 26 de octubre de 2007
¡VAYA ESPECTÁCULO!
El otro día, el Parlamento nos ofreció un espectáculo vergonzante. A propósito de una proposición no de Ley relativa a la quema de retratos del Rey e incumplimientos de la Ley de banderas en ciertos ayuntamientos, se armó una verdadera zaragata. Ya sé que no es cuestión de pedir peras al olmo, ni de exigir debates de altura intelectual. Pero, al menos, creo que se les puede reclamar ciertos niveles mínimos de educación, respeto, tolerancia, serenidad. Pues, a la vista de lo ocurrido, se ve que no. Prefieren gastar las escasas energías que atesoran en crispar, en dividir, en insultar, en sacar trapos sucios, en mezclar las cosas para confundir al ciudadano. Semejante benigna valoración es aplicable a todos. También a quienes, como el socialista Sr. Diéguez, acusan a la oposición de que sólo quiere ‘crispar la vida política’. Para completar el cuadro, evidencian la nula capacidad de encaje, no saben aceptar la crítica. No toleran ni a los medios ni a los comunicadores que ejercen su libertad si no es coincidente con la suya. ¡Vaya espectáculo, señores políticos!
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 26.10.2007, pág. 7
El otro día, el Parlamento nos ofreció un espectáculo vergonzante. A propósito de una proposición no de Ley relativa a la quema de retratos del Rey e incumplimientos de la Ley de banderas en ciertos ayuntamientos, se armó una verdadera zaragata. Ya sé que no es cuestión de pedir peras al olmo, ni de exigir debates de altura intelectual. Pero, al menos, creo que se les puede reclamar ciertos niveles mínimos de educación, respeto, tolerancia, serenidad. Pues, a la vista de lo ocurrido, se ve que no. Prefieren gastar las escasas energías que atesoran en crispar, en dividir, en insultar, en sacar trapos sucios, en mezclar las cosas para confundir al ciudadano. Semejante benigna valoración es aplicable a todos. También a quienes, como el socialista Sr. Diéguez, acusan a la oposición de que sólo quiere ‘crispar la vida política’. Para completar el cuadro, evidencian la nula capacidad de encaje, no saben aceptar la crítica. No toleran ni a los medios ni a los comunicadores que ejercen su libertad si no es coincidente con la suya. ¡Vaya espectáculo, señores políticos!
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 26.10.2007, pág. 7
jueves, 25 de octubre de 2007
FRACASO TOTAL
Para nadie es un secreto que el sistema educativo español es un estrepitoso fracaso. Por mucho que se intente disimular, por muchas excusas que se aleguen, por muchas tonterías como las que suelen invocar los responsables del mismo, por mucha palabrería vacía que sigamos empleando, una cosa es cierta: el fracaso. Se impone, por tanto, una conclusión: algo estaremos haciendo mal cuando se obtiene semejante resultado. ¿Por qué no le ponemos remedio?
En este asunto, como en tantos otros, nos empeñamos en negar los hechos, la propia realidad. Cualquier cosa menos reconocer que ese no es el camino. Cualquier cosa menos avergonzarnos de lo que hemos creado con tanta supuesta sabiduría como decimos atesorar. Nos dedicamos, como ha dicho recientemente Aznar, a organizar el fracaso. Se pasa con cuatro suspensos, se tolera toda indisciplina en las aulas, no se advierten los problemas del profesorado, se ve con buenos ojos que no se sepa filosofía, historía, lenguas clásicas. Incluso que no se sepa matemáticas, física o química. ¡No tenemos remedio! ¡Somos unos irresponsables! ¡No aspiramos a la excelencia!
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 25.10.2007, pág. 7
Para nadie es un secreto que el sistema educativo español es un estrepitoso fracaso. Por mucho que se intente disimular, por muchas excusas que se aleguen, por muchas tonterías como las que suelen invocar los responsables del mismo, por mucha palabrería vacía que sigamos empleando, una cosa es cierta: el fracaso. Se impone, por tanto, una conclusión: algo estaremos haciendo mal cuando se obtiene semejante resultado. ¿Por qué no le ponemos remedio?
En este asunto, como en tantos otros, nos empeñamos en negar los hechos, la propia realidad. Cualquier cosa menos reconocer que ese no es el camino. Cualquier cosa menos avergonzarnos de lo que hemos creado con tanta supuesta sabiduría como decimos atesorar. Nos dedicamos, como ha dicho recientemente Aznar, a organizar el fracaso. Se pasa con cuatro suspensos, se tolera toda indisciplina en las aulas, no se advierten los problemas del profesorado, se ve con buenos ojos que no se sepa filosofía, historía, lenguas clásicas. Incluso que no se sepa matemáticas, física o química. ¡No tenemos remedio! ¡Somos unos irresponsables! ¡No aspiramos a la excelencia!
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 25.10.2007, pág. 7
miércoles, 24 de octubre de 2007
ADOCTRINAR
Siempre la izquierda ha pensado que la enseñanza le pertenecía como asunto propio. Nadie tenía competencia ni legitimidad para esta tarea. Ello explica la sempiterna oposición socialista a cualquier reforma educativa impulsada por la derecha. Ello explica que la izquierda haya impuesto el sistema educativo que le es propio. A ella se deben atribuir, en consecuencia, las virtudes y los defectos.
Siempre la izquierda ha buscado controlar las instituciones educativas, a todos los niveles, a fin de sembrar sus concepciones del hombre, de la vida, de la sociedad. Pero nunca, como ahora, se le había visto tanto el plumero. ZP busca, con total descaro, adoctrinar, imponer sectariamente las ideas y concepciones de la izquierda, enseñar moral, sustituir a los padres. Lo mismo que, durante tantos años, ha venido haciendo la Iglesia católica. Los extremos casi siempre se juntan y no para respetar e impulsar la libertad. Otra batalla perfectamente inútil, que sólo servirá para dividir a la sociedad, para sembrar la discordia en los centros educativos, para manipular a los alumnos, para intervenir totalitariamente en los ciudadanos. ¡Una verdadera pena!
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 24.10.2007, pág. 7
Siempre la izquierda ha pensado que la enseñanza le pertenecía como asunto propio. Nadie tenía competencia ni legitimidad para esta tarea. Ello explica la sempiterna oposición socialista a cualquier reforma educativa impulsada por la derecha. Ello explica que la izquierda haya impuesto el sistema educativo que le es propio. A ella se deben atribuir, en consecuencia, las virtudes y los defectos.
Siempre la izquierda ha buscado controlar las instituciones educativas, a todos los niveles, a fin de sembrar sus concepciones del hombre, de la vida, de la sociedad. Pero nunca, como ahora, se le había visto tanto el plumero. ZP busca, con total descaro, adoctrinar, imponer sectariamente las ideas y concepciones de la izquierda, enseñar moral, sustituir a los padres. Lo mismo que, durante tantos años, ha venido haciendo la Iglesia católica. Los extremos casi siempre se juntan y no para respetar e impulsar la libertad. Otra batalla perfectamente inútil, que sólo servirá para dividir a la sociedad, para sembrar la discordia en los centros educativos, para manipular a los alumnos, para intervenir totalitariamente en los ciudadanos. ¡Una verdadera pena!
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 24.10.2007, pág. 7
lunes, 22 de octubre de 2007
SUSPENSO
El pasado martes, las Instituciones europeas han vuelto a otorgar a España un sonoro suspenso en materia educativa. Hemos empeorado en tres de las cinco áreas fundamentales. En concreto, en abandono escolar, en el bajo nivel de lectura y en el número de estudiantes que completan la educación secundaria. Nada nuevo e inesperado. La sociedad española y sus gobernantes vienen comportándose con notable irresponsabilidad al respecto. No es necesario extenderse en recordar los hitos que la jalonan. Todos los conocemos. Todos, sobre todo los padres, tendemos a echar la culpa al vecino. En este caso, a los Centros de enseñanza, a los profesores, a las autoridades educativas. Pero nos olvidamos de nuestra personal responsabilidad. Es este, quizás, el problema más grave al que debe enfrentarse la sociedad española en perspectiva de futuro. Y, sin embargo, ni le prestamos la atención debida, ni está orientado en positivo, ni estamos poniendo los medios oportunos. Nada significativo podremos representar en el mundo a partir de tanta incultura, de tantas carencias educativas, de tanta incompetencia como exhibimos. ¡Ni por nuestros hijos! ¡Qué pena!
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 19.10.2007, pág. 7
El pasado martes, las Instituciones europeas han vuelto a otorgar a España un sonoro suspenso en materia educativa. Hemos empeorado en tres de las cinco áreas fundamentales. En concreto, en abandono escolar, en el bajo nivel de lectura y en el número de estudiantes que completan la educación secundaria. Nada nuevo e inesperado. La sociedad española y sus gobernantes vienen comportándose con notable irresponsabilidad al respecto. No es necesario extenderse en recordar los hitos que la jalonan. Todos los conocemos. Todos, sobre todo los padres, tendemos a echar la culpa al vecino. En este caso, a los Centros de enseñanza, a los profesores, a las autoridades educativas. Pero nos olvidamos de nuestra personal responsabilidad. Es este, quizás, el problema más grave al que debe enfrentarse la sociedad española en perspectiva de futuro. Y, sin embargo, ni le prestamos la atención debida, ni está orientado en positivo, ni estamos poniendo los medios oportunos. Nada significativo podremos representar en el mundo a partir de tanta incultura, de tantas carencias educativas, de tanta incompetencia como exhibimos. ¡Ni por nuestros hijos! ¡Qué pena!
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 19.10.2007, pág. 7
CERRAR LA PUERTA
Al contemplar cómo nos situamos ante la realidad que diariamente nos atrapa, me temo que podríamos exclamar con J.C. Carriére que “lo irracional florece por doquier”. ¡Mira que, entre nosotros, han pasado cosas en los últimos tiempos! Hemos presenciado la falta de compromiso, la mentira y el engaño, el desprecio a la palabra dada, la traición a la voluntad popular, la tomadura de pelo. ¡¡Son Espases!!
Pues, a pesar de ello, no hay tu tía. Muchos se empeñan en una resistencia numantina a lo real. Niegan lo evidente. Defienden lo que saben que no es verdad. Dan la impresión de que no se han enterado de nada. Se identifican con el error cometido en su día, lo mantienen con más vigor, rechazan apasionadamente lo distinto y a quienes lo representan. Cualquier cosa, menos aceptar su error, menos moverse un ápice. Prefieren la cerrazón a ultranza y la dureza de mollera.
¡Triste condición humana! ¡Maldito orgullo! A esto se le llama, con Rabindranath Tagore, cerrar la puerta y, de este modo, posibilitar que también la verdad se quede fuera.
Publicado en “Bon DiaMallorca”, 16.10.2007, pág. 8
Al contemplar cómo nos situamos ante la realidad que diariamente nos atrapa, me temo que podríamos exclamar con J.C. Carriére que “lo irracional florece por doquier”. ¡Mira que, entre nosotros, han pasado cosas en los últimos tiempos! Hemos presenciado la falta de compromiso, la mentira y el engaño, el desprecio a la palabra dada, la traición a la voluntad popular, la tomadura de pelo. ¡¡Son Espases!!
Pues, a pesar de ello, no hay tu tía. Muchos se empeñan en una resistencia numantina a lo real. Niegan lo evidente. Defienden lo que saben que no es verdad. Dan la impresión de que no se han enterado de nada. Se identifican con el error cometido en su día, lo mantienen con más vigor, rechazan apasionadamente lo distinto y a quienes lo representan. Cualquier cosa, menos aceptar su error, menos moverse un ápice. Prefieren la cerrazón a ultranza y la dureza de mollera.
¡Triste condición humana! ¡Maldito orgullo! A esto se le llama, con Rabindranath Tagore, cerrar la puerta y, de este modo, posibilitar que también la verdad se quede fuera.
Publicado en “Bon DiaMallorca”, 16.10.2007, pág. 8
sábado, 29 de septiembre de 2007
HASTA LOS DIOSES LUCHAN EN VANO
¡Vaya embrollo en el que se han metido la izquierda y el nacionalismo! Se pasan el día inventando nombres, que diría Elías Canetti. Ni ellos mismos se entienden. Dicen una cosa y la contraria. Aparentan dudar y lanzan mensajes confusos. Llaman a la unidad y al silencio. Avisan a navegantes. Dan la espalda a sus votantes. Se esconden. Lanzan excusas de mal pagador. Andan cabizbajos. Dicen cosas y se desdicen. Eso sí, culpan, al PP. ¡Todo un espectáculo vergonzoso! ¿Qué estupidez tan gruesa habrán cometido para poner en práctica el disimulo de Antequera (la cabeza tapada y el culo fuera)?
Al intentar encontrar una explicación de tanta estupidez y necedad, he recordado a Baltasar Gracián cuando afirmaba que es “muy frecuente que para remediar un error se cometan cuatro”. Es exactamente lo que les ha ocurrido a este pandilla de pícaros incompetentes. Su primer error –de especial gravedad en los socialistas- consistió en no tener una alternativa real a Son Espases. Un partido que aspira a ser alternativa de gobierno no debe permitirse tales lujos. Como no tenía ni idea al respecto, fundada en los estudios técnicos pertinentes, sólo supo incurrir en otro nuevo error o estupidez: encabezar manifestaciones demagógicas (Antich, Armengol, Calvo), exhibir su negativismo, engañar a sus votantes, agitar el cuerpo social.
Cuando –digamos- el caprichoso destino los pone en el gobierno, no tienen lo que hay que tener para reconocer sus carencias, sus errores, sus necedades pasadas. Se ven obligados a intentar tapar todo lo anterior y, por tanto, a multiplicar sus errores. Y, en ellas estamos. Ahora se inventan una tercera y hasta una cuarta opción. ¡Vaya cachondeo! Ellos saben que la solución –mal que les pese- pasa por Son Espases (es decir, por el Proyecto del PP). Lo contrario –suponiendo que encuentren una ubicación racional y viable- costará infinitamente más a las arcas públicas y tardará mucho más tiempo en su realización. Dadas las tonterías que han dicho y los bulos que tan irresponsablemente han venido instalando en un sector de la opinión pública, tampoco tendrían fácil evitar que se les vea el plumero ni que se les tache de lo mismo que ahora, de auténticos irresponsables. ¡Están jugando con la salud de todos!
Como nadie parece haber aprendido nada, como todos ellos se han metido de cabeza en un inmenso revoltijo de intereses ajenos a la búsqueda de una solución eficaz a los problemas sanitarios que nos aquejan, corremos el riesgo de que se cumpla aquella fina observación de Quevedo para quien la “soberbia nunca baja de donde sube, pero siempre cae de donde subió”. ¿En qué consistiría la caída en este caso?
Comprendo que ahora, que han tocado poder, no les resulte cómodo tener que seguir la estela del PP. Pero, como tal negación es, en todos ellos, constitutiva, pueden caer en la tentación de introducir modificaciones en el proyecto inicial para, de alguna forma, contentar a los que no se van a contentar. En tal caso, aparecerá, una vez más, la chapuza, a la que tan dados somos en Mallorca. La caída habrá sido, en realidad, una costalada: la pérdida de la condición de hospital de referencia, que todos lamentaremos y padeceremos.
El votante más fundamentalista de la sociedad mallorquina se siente ahora menospreciado y hasta engañado. Puede que no le falte razón. Pero, al mismo tiempo, hay que decirle que ya debería saber que la semilla sólo prende en terreno abonado, que no se pueden prestar adhesiones inquebrantables, que no se puede ser de piñón fijo y que hay que tomar nota para el futuro. Las necedades consentidas, aceptadas y vividas con dosis significativas de irracionalidad siguen siéndolo aunque lo nieguen. Es más, lo son, precisamente por la negativa a reconocer dicho carácter. Es aquí donde les duele: al votante y a sus líderes.
Hace ya mucho tiempo que dí por buena una percepción del gran poeta Schiller; “Hay un tipo de estupidez contra la que hasta los dioses luchan en vano”. Sin duda.
¡Vaya embrollo en el que se han metido la izquierda y el nacionalismo! Se pasan el día inventando nombres, que diría Elías Canetti. Ni ellos mismos se entienden. Dicen una cosa y la contraria. Aparentan dudar y lanzan mensajes confusos. Llaman a la unidad y al silencio. Avisan a navegantes. Dan la espalda a sus votantes. Se esconden. Lanzan excusas de mal pagador. Andan cabizbajos. Dicen cosas y se desdicen. Eso sí, culpan, al PP. ¡Todo un espectáculo vergonzoso! ¿Qué estupidez tan gruesa habrán cometido para poner en práctica el disimulo de Antequera (la cabeza tapada y el culo fuera)?
Al intentar encontrar una explicación de tanta estupidez y necedad, he recordado a Baltasar Gracián cuando afirmaba que es “muy frecuente que para remediar un error se cometan cuatro”. Es exactamente lo que les ha ocurrido a este pandilla de pícaros incompetentes. Su primer error –de especial gravedad en los socialistas- consistió en no tener una alternativa real a Son Espases. Un partido que aspira a ser alternativa de gobierno no debe permitirse tales lujos. Como no tenía ni idea al respecto, fundada en los estudios técnicos pertinentes, sólo supo incurrir en otro nuevo error o estupidez: encabezar manifestaciones demagógicas (Antich, Armengol, Calvo), exhibir su negativismo, engañar a sus votantes, agitar el cuerpo social.
Cuando –digamos- el caprichoso destino los pone en el gobierno, no tienen lo que hay que tener para reconocer sus carencias, sus errores, sus necedades pasadas. Se ven obligados a intentar tapar todo lo anterior y, por tanto, a multiplicar sus errores. Y, en ellas estamos. Ahora se inventan una tercera y hasta una cuarta opción. ¡Vaya cachondeo! Ellos saben que la solución –mal que les pese- pasa por Son Espases (es decir, por el Proyecto del PP). Lo contrario –suponiendo que encuentren una ubicación racional y viable- costará infinitamente más a las arcas públicas y tardará mucho más tiempo en su realización. Dadas las tonterías que han dicho y los bulos que tan irresponsablemente han venido instalando en un sector de la opinión pública, tampoco tendrían fácil evitar que se les vea el plumero ni que se les tache de lo mismo que ahora, de auténticos irresponsables. ¡Están jugando con la salud de todos!
Como nadie parece haber aprendido nada, como todos ellos se han metido de cabeza en un inmenso revoltijo de intereses ajenos a la búsqueda de una solución eficaz a los problemas sanitarios que nos aquejan, corremos el riesgo de que se cumpla aquella fina observación de Quevedo para quien la “soberbia nunca baja de donde sube, pero siempre cae de donde subió”. ¿En qué consistiría la caída en este caso?
Comprendo que ahora, que han tocado poder, no les resulte cómodo tener que seguir la estela del PP. Pero, como tal negación es, en todos ellos, constitutiva, pueden caer en la tentación de introducir modificaciones en el proyecto inicial para, de alguna forma, contentar a los que no se van a contentar. En tal caso, aparecerá, una vez más, la chapuza, a la que tan dados somos en Mallorca. La caída habrá sido, en realidad, una costalada: la pérdida de la condición de hospital de referencia, que todos lamentaremos y padeceremos.
El votante más fundamentalista de la sociedad mallorquina se siente ahora menospreciado y hasta engañado. Puede que no le falte razón. Pero, al mismo tiempo, hay que decirle que ya debería saber que la semilla sólo prende en terreno abonado, que no se pueden prestar adhesiones inquebrantables, que no se puede ser de piñón fijo y que hay que tomar nota para el futuro. Las necedades consentidas, aceptadas y vividas con dosis significativas de irracionalidad siguen siéndolo aunque lo nieguen. Es más, lo son, precisamente por la negativa a reconocer dicho carácter. Es aquí donde les duele: al votante y a sus líderes.
Hace ya mucho tiempo que dí por buena una percepción del gran poeta Schiller; “Hay un tipo de estupidez contra la que hasta los dioses luchan en vano”. Sin duda.
A LA EUROPA ENFERMA
No creo equivocarme al realizar el siguiente diagnóstico sobre Europa: es un continente enfermo, invadido por el nihilismo, endiosado y, en ciertos aspectos, totalitario. El NO al Proyecto de Constitución reveló que todavía existían espíritus resistentes al ‘despotismo poscomunista’ (André Glucksmann). Se detuvo la marea totalitaria pero la tarea espera y no sólo en el orden político sino, sobre todo, en el orden mental y moral.
En palabras del gran historiador Paul Jonson, “Europa fue esencialmente una creación del matrimonio entre la cultura grecorromana y el cristianismo”. El proceso que ha llevado a repudiar de hecho, en los momentos actuales, ambas tradiciones se inició mucho tiempo atrás. Al consultar mis notas de lectura, me encuentro con una cita de Camus, que tomé en mis años de juventud al leer la gran obra de Charles Moeller (Literaratura del siglo XX y cristianismo). Decía así: “…Los genios malos de la Europa de hoy llevan nombres de filósofos: Se llaman Hegel, Marx, Nietzsche …Vivimos en su Europa. La Europa que ellos han hecho”. De esta realidad fue consciente Jean Monnet, uno de los arquitectos de la Comunidad europea del carbón y del acero al oponerse abiertamente al totalitarismo en que había crecido: comunismo, fascismo, nazismo.
Como ha recordado Paul Jonson, “de hecho, durante toda una generación, la UE ha avanzado en la dirección opuesta y creado un monstruo totalitario propio, que literalmente expele normativas por millones e invade cada rincón de la vida económica y social”. Contra esta realidad, se alzó el NO al Proyecto de Constitución, que, para más inri, no mencionaba tan siquiera los orígenes cristianos de Europa.
Benedicto XVI, en su reciente viaje apostólico a Austria, realizó una propuesta y una reflexión llenas de realismo: “Europa ha vivido y sufrido también terribles caminos equivocados. Forman parte de ellos: restricciones ideológicas de la filosofía, de la ciencia e incluso de la fe, el abuso de religión y razón con fines imperialistas, la degradación del hombre mediante un materialismo teórico y práctico y, en fin, la degradación de la tolerancia en una indiferencia privada de referencias y valores permanentes”.
A nadie debiera extrañar, en consecuencia, el siguiente mensaje provocador: “Está en el interés de todos no permitir que un día, en este país, sólo hablen del cristianismo las piedras”. Interés referido a la entera Europa. En esta línea, creo que debemos saludar la posición del Presidente Nicolás Sarkozy que está promoviendo, en la Francia de la laicidad, una valoración positiva y respetuosa de todas las creencias (La República, las religiones, la esperanza, Ed. Gota a gota, Madrid 2006), que dará, sin duda, frutos copiosos.
Probablemente lo que nos ocurre es que, convertidos en centro del universo, pletóricos por la ciencia y la técnica que atesoramos, elevados al olimpo de los dioses, “tengamos miedo” a la verdad, que “no se afirma mediante un poder externo –continúa el Papa-, sino que es humilde y sólo es aceptada por el hombre a través de su fuerza interior: por el hecho de ser verdadera”.
Desde esta perspectiva, en el mundo globalizado que vivimos, creo, con Jesús Colina, que “si Europa no redescubre sus orígenes y vocación, desaparecerá. En definitiva, si la crisis de Europa es de fondo, su respuesta también debe ser de fondo”. Esto es, desde la perspectiva del Papa en sus palabras en el santuario austriaco de Mariazell, “allí donde está Dios, allí hay futuro”.
No creo equivocarme al realizar el siguiente diagnóstico sobre Europa: es un continente enfermo, invadido por el nihilismo, endiosado y, en ciertos aspectos, totalitario. El NO al Proyecto de Constitución reveló que todavía existían espíritus resistentes al ‘despotismo poscomunista’ (André Glucksmann). Se detuvo la marea totalitaria pero la tarea espera y no sólo en el orden político sino, sobre todo, en el orden mental y moral.
En palabras del gran historiador Paul Jonson, “Europa fue esencialmente una creación del matrimonio entre la cultura grecorromana y el cristianismo”. El proceso que ha llevado a repudiar de hecho, en los momentos actuales, ambas tradiciones se inició mucho tiempo atrás. Al consultar mis notas de lectura, me encuentro con una cita de Camus, que tomé en mis años de juventud al leer la gran obra de Charles Moeller (Literaratura del siglo XX y cristianismo). Decía así: “…Los genios malos de la Europa de hoy llevan nombres de filósofos: Se llaman Hegel, Marx, Nietzsche …Vivimos en su Europa. La Europa que ellos han hecho”. De esta realidad fue consciente Jean Monnet, uno de los arquitectos de la Comunidad europea del carbón y del acero al oponerse abiertamente al totalitarismo en que había crecido: comunismo, fascismo, nazismo.
Como ha recordado Paul Jonson, “de hecho, durante toda una generación, la UE ha avanzado en la dirección opuesta y creado un monstruo totalitario propio, que literalmente expele normativas por millones e invade cada rincón de la vida económica y social”. Contra esta realidad, se alzó el NO al Proyecto de Constitución, que, para más inri, no mencionaba tan siquiera los orígenes cristianos de Europa.
Benedicto XVI, en su reciente viaje apostólico a Austria, realizó una propuesta y una reflexión llenas de realismo: “Europa ha vivido y sufrido también terribles caminos equivocados. Forman parte de ellos: restricciones ideológicas de la filosofía, de la ciencia e incluso de la fe, el abuso de religión y razón con fines imperialistas, la degradación del hombre mediante un materialismo teórico y práctico y, en fin, la degradación de la tolerancia en una indiferencia privada de referencias y valores permanentes”.
A nadie debiera extrañar, en consecuencia, el siguiente mensaje provocador: “Está en el interés de todos no permitir que un día, en este país, sólo hablen del cristianismo las piedras”. Interés referido a la entera Europa. En esta línea, creo que debemos saludar la posición del Presidente Nicolás Sarkozy que está promoviendo, en la Francia de la laicidad, una valoración positiva y respetuosa de todas las creencias (La República, las religiones, la esperanza, Ed. Gota a gota, Madrid 2006), que dará, sin duda, frutos copiosos.
Probablemente lo que nos ocurre es que, convertidos en centro del universo, pletóricos por la ciencia y la técnica que atesoramos, elevados al olimpo de los dioses, “tengamos miedo” a la verdad, que “no se afirma mediante un poder externo –continúa el Papa-, sino que es humilde y sólo es aceptada por el hombre a través de su fuerza interior: por el hecho de ser verdadera”.
Desde esta perspectiva, en el mundo globalizado que vivimos, creo, con Jesús Colina, que “si Europa no redescubre sus orígenes y vocación, desaparecerá. En definitiva, si la crisis de Europa es de fondo, su respuesta también debe ser de fondo”. Esto es, desde la perspectiva del Papa en sus palabras en el santuario austriaco de Mariazell, “allí donde está Dios, allí hay futuro”.
FRAILE MOSTEN
En sus primeras declaraciones después del anuncio de su traslado a Lluc, el padre Vallespir –en un rasgo de humildad- ha venido a aplicarse aquello del Quijote (Cap. 39, Parte 2ª) de mantenerse o estar siempre en sus trece. Estoy seguro que persistirá en ello con obstinación y terquedad. Por otra parte, no acertó a trocar el lamento (supuestas calumnias recibidas) en acción de gracias. Se olvidó –lo cual es imperdonable en un religioso- del dicho de Jesús según el cual “bienaventurados seréis cuando os injurien y persigan y digan todo mal contra vosotros, mintiendo, por causa mía. Alegraos y regocijaos …”(Mt 5, 11-12). Tampoco nos obsequió con su perdón por las supuestas injurias recibidas (Mt 18, 21-22), ni con su oración para los calumniadores (Lc 6, 29) ni pidió perdón por haber contribuido a infernar la sociedad, por haber podido ser motivo de escándalo para muchos creyentes, por haber puesto su función espiritual al servicio de intereses bastardos. En todo caso, con el dicho popular, le recuerdo que “tú lo quisiste, fraile mostén; tú lo quisiste, tú te lo ten”.
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 20.09.2007, pág. 7
En sus primeras declaraciones después del anuncio de su traslado a Lluc, el padre Vallespir –en un rasgo de humildad- ha venido a aplicarse aquello del Quijote (Cap. 39, Parte 2ª) de mantenerse o estar siempre en sus trece. Estoy seguro que persistirá en ello con obstinación y terquedad. Por otra parte, no acertó a trocar el lamento (supuestas calumnias recibidas) en acción de gracias. Se olvidó –lo cual es imperdonable en un religioso- del dicho de Jesús según el cual “bienaventurados seréis cuando os injurien y persigan y digan todo mal contra vosotros, mintiendo, por causa mía. Alegraos y regocijaos …”(Mt 5, 11-12). Tampoco nos obsequió con su perdón por las supuestas injurias recibidas (Mt 18, 21-22), ni con su oración para los calumniadores (Lc 6, 29) ni pidió perdón por haber contribuido a infernar la sociedad, por haber podido ser motivo de escándalo para muchos creyentes, por haber puesto su función espiritual al servicio de intereses bastardos. En todo caso, con el dicho popular, le recuerdo que “tú lo quisiste, fraile mostén; tú lo quisiste, tú te lo ten”.
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 20.09.2007, pág. 7
domingo, 16 de septiembre de 2007
INFERNAR LA SOCIEDAD
El Diccionario enciclopédico de la Lengua española, en su edición de 1875, atribuye a la palabra infernar un uso metafórico consistente en “inquietar, malquistar, perturbar, irritar”.
Como precisa Julián Marías, tal vez incluya todo eso y algo más. Precisamente, aquello que dice relación con el sentido originario del término (infierno): actitud negativista, realizada con cierta mala intención, que busca siempre enemistar a unos con otros, alterar la convivencia familiar y/o social, mover a ira o enfado, ensuciar el alma del cuerpo social, sembrar divisiones, actuar desde el rencor y el descontento. No encuentro un término más preciso para entender la realidad política y social mallorquina.
Si miramos a nuestro alrededor y tratamos de interpretar lo que ocurre –últimamente, con una intensidad que debiera causar gran alarma-, advertiremos que muchas personas parecen acreditar una específica vocación para infernar. ¿Quién no ha tenido que soportar situaciones complicadas en reuniones familiares y de amigos, junto a la barra del bar, en la oficina o en fiestas y celebraciones? Siempre aparece el sectario de turno, que, desde la maldita política y muy especialmente desde posiciones nacionalistas, acaba por aguar la fiesta. Siempre te tropiezas con alguien que aprovecha cualquier ocasión para descalificar, insultar, denigrar, enemistar. Tampoco es infrecuente toparse con quien, si se te ocurre ejercer la libertad, pone en práctica la coacción del desprestigio. Existen demasiados individuos, anulados e instrumentalizados por la maldita política, ignorantes absolutos de cuanto gritan, resentidos y previsibles, que no saben hacer otra cosa que no sea desprestigiar por la espalda. Lo más honroso con que se les ocurre distinguir a los demás es colgarles el sambenito de facha. ¡Qué pena!
Con ser lo anterior muy grave, entiendo, sin embargo, que el mal radica en otras latitudes. Existen en Mallorca grupos organizados –debidamente engrasados con la insultante subvención pública-, instituciones religiosas y civiles, partidos políticos que se dedican con ahínco y tesón a infernar. Están en boca de todo el mundo. Todos ellos están pensados para servir al hombre, para hacerle feliz, para proteger sus derechos, para lograr una convivencia en paz y justicia. Sin embargo, sirven de hecho –en clara traición a su razón de ser- a todo lo contrario.
La actuación de los misioneros de los Sagrados corazones en relación con la ubicación del Hospital de referencia ha constituido un verdadero desatino. Las huestes del Padre Amengual –el verdadero responsable de tanto desvarío religioso- han servido a fines espúreos, han dividido a la gente, han escandalizado, han apartado a muchos de la Iglesia, han perturbado las conciencias, se han hecho uno con el poder de este mundo, han enseñado la oreja. ¿Qué van a hacer ahora? Me temo que, como antes, el ridículo. Ellos mismos se han colocado al borde del precipicio. ¿Acaso están dispuestos ahora a traicionar sus convicciones a cambio de un plato gubernamental de lentejas? ¿Acaso se encerrarán, como anuncia el Padre Vallespir en su despedida- en una defensa a ultranza, que evite reconocer su previo error? Hagan lo que hagan, mal, muy mal lo tienen.
Una cosa, sin embargo, han aportado a la comunidad de creyentes: han dado la oportunidad para que Mons Murgui –con el traslado a Lluc del Párroco de la Real- haya podido, por fin, sacudirse, en parte, las presiones del sector catalanista del clero mallorquín.
La actitud del PSM, IU y PSOE se distinguió por infernar la sociedad antes de las elecciones del 27-M. Nunca les importó un comino la protección de la Real. Se pusieron al frente de la manifestación, movilizaron el odio y el rencor, mintieron al pueblo, utilizaron los sentimientos religiosos de la gente. Y, ahora, ¿qué? Pues muy sencillo: si te he visto, no me acuerdo. Conseguido el poder y la manduca, los Antich, Aína Calvo, Armengol les vuelven la espalda y exhiben una caradura infinita. Lo de siempre. Tornan a infernar, a sembrar el cabreo, el descontento, la traición y el rencor.
En todo caso, cuantos han caído en la trampa, me permito la libertad de recomendarles un texto que mi paisano Sánchez Dragó tomó de una cartela de un monasterio budista en Bali: “Creed únicamente en lo que vosotros mismos habéis experimentado, verificado y aceptado después de someterlo al dictamen de la razón y a la voz de la conciencia”.
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 16.09.2007, pág. 13
El Diccionario enciclopédico de la Lengua española, en su edición de 1875, atribuye a la palabra infernar un uso metafórico consistente en “inquietar, malquistar, perturbar, irritar”.
Como precisa Julián Marías, tal vez incluya todo eso y algo más. Precisamente, aquello que dice relación con el sentido originario del término (infierno): actitud negativista, realizada con cierta mala intención, que busca siempre enemistar a unos con otros, alterar la convivencia familiar y/o social, mover a ira o enfado, ensuciar el alma del cuerpo social, sembrar divisiones, actuar desde el rencor y el descontento. No encuentro un término más preciso para entender la realidad política y social mallorquina.
Si miramos a nuestro alrededor y tratamos de interpretar lo que ocurre –últimamente, con una intensidad que debiera causar gran alarma-, advertiremos que muchas personas parecen acreditar una específica vocación para infernar. ¿Quién no ha tenido que soportar situaciones complicadas en reuniones familiares y de amigos, junto a la barra del bar, en la oficina o en fiestas y celebraciones? Siempre aparece el sectario de turno, que, desde la maldita política y muy especialmente desde posiciones nacionalistas, acaba por aguar la fiesta. Siempre te tropiezas con alguien que aprovecha cualquier ocasión para descalificar, insultar, denigrar, enemistar. Tampoco es infrecuente toparse con quien, si se te ocurre ejercer la libertad, pone en práctica la coacción del desprestigio. Existen demasiados individuos, anulados e instrumentalizados por la maldita política, ignorantes absolutos de cuanto gritan, resentidos y previsibles, que no saben hacer otra cosa que no sea desprestigiar por la espalda. Lo más honroso con que se les ocurre distinguir a los demás es colgarles el sambenito de facha. ¡Qué pena!
Con ser lo anterior muy grave, entiendo, sin embargo, que el mal radica en otras latitudes. Existen en Mallorca grupos organizados –debidamente engrasados con la insultante subvención pública-, instituciones religiosas y civiles, partidos políticos que se dedican con ahínco y tesón a infernar. Están en boca de todo el mundo. Todos ellos están pensados para servir al hombre, para hacerle feliz, para proteger sus derechos, para lograr una convivencia en paz y justicia. Sin embargo, sirven de hecho –en clara traición a su razón de ser- a todo lo contrario.
La actuación de los misioneros de los Sagrados corazones en relación con la ubicación del Hospital de referencia ha constituido un verdadero desatino. Las huestes del Padre Amengual –el verdadero responsable de tanto desvarío religioso- han servido a fines espúreos, han dividido a la gente, han escandalizado, han apartado a muchos de la Iglesia, han perturbado las conciencias, se han hecho uno con el poder de este mundo, han enseñado la oreja. ¿Qué van a hacer ahora? Me temo que, como antes, el ridículo. Ellos mismos se han colocado al borde del precipicio. ¿Acaso están dispuestos ahora a traicionar sus convicciones a cambio de un plato gubernamental de lentejas? ¿Acaso se encerrarán, como anuncia el Padre Vallespir en su despedida- en una defensa a ultranza, que evite reconocer su previo error? Hagan lo que hagan, mal, muy mal lo tienen.
Una cosa, sin embargo, han aportado a la comunidad de creyentes: han dado la oportunidad para que Mons Murgui –con el traslado a Lluc del Párroco de la Real- haya podido, por fin, sacudirse, en parte, las presiones del sector catalanista del clero mallorquín.
La actitud del PSM, IU y PSOE se distinguió por infernar la sociedad antes de las elecciones del 27-M. Nunca les importó un comino la protección de la Real. Se pusieron al frente de la manifestación, movilizaron el odio y el rencor, mintieron al pueblo, utilizaron los sentimientos religiosos de la gente. Y, ahora, ¿qué? Pues muy sencillo: si te he visto, no me acuerdo. Conseguido el poder y la manduca, los Antich, Aína Calvo, Armengol les vuelven la espalda y exhiben una caradura infinita. Lo de siempre. Tornan a infernar, a sembrar el cabreo, el descontento, la traición y el rencor.
En todo caso, cuantos han caído en la trampa, me permito la libertad de recomendarles un texto que mi paisano Sánchez Dragó tomó de una cartela de un monasterio budista en Bali: “Creed únicamente en lo que vosotros mismos habéis experimentado, verificado y aceptado después de someterlo al dictamen de la razón y a la voz de la conciencia”.
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 16.09.2007, pág. 13
domingo, 9 de septiembre de 2007
AHORRAD LA VERGÜENZA
Vaya por delante una confesión personal: no creo en el mundo de las apariencias. Sé que ello significa remar contra corriente. Sé, como ya dijo Esquilo, que “la mayor parte de los hombres prefieren parecer que ser”. Sé que, sin embargo, he venido a dar con mis huesos en una tierra que podría definirse en este sentido como el reino de lo que detesto. ¡Qué le vamos a hacer! Quizás por ello me gusta llamar a las cosas por su nombre, aunque no esté en la corrección política.
Ya tenemos, al menos, quien nos presida, pueden proclamar los peperos. No está mal. Se han aparcado –al menos, de momento- las luchas personales. Lo cual tampoco está mal. Se ha de reconocer también el esfuerzo de unidad que han protagonizado. Lo cual su electorado les agradecerá. Sin embargo, convendría que Rosa Estarás, en medio de la euforia lógica por tan unánime aclamación, no olvide que quien ahora intenta comprarla con su adulación puede, mañana, intentar venderla con su traición. ¡Esta es, en parte, la condición humana!
Entiendo perfectamente que ahora el objetivo esté puesto en las inmediatas y dramáticas elecciones generales. Pero, para ganar –y, más por goleada- hay que hacer muy bien las cosas. A este respecto, creo que se ha realizado una selección de fracasados. Ya veremos, en su día, la alineación. Pero, lo cierto es que, salvo contadas excepciones –hay que decirlo claramente-, todos, incluida la recién elegida Presidenta, fueron protagonistas activos del mayor batacazo electoral que se conoce. Ninguno se ha ido a su casa. Ahí siguen subidos al carro. Auténticos profesionales de la política. ¿Para cuándo se deja eso de dar juego a la cantera? El votante está más que harto de ver siempre las mismas caras.
“Asumo esta gran responsabilidad con el orgullo de defender al único partido de centro; con humildad, pero también con mucho coraje y valentía”, dijo Rosa Estarás en sus primeras declaraciones. Estoy seguro de que lo hará con coraje y valentía. No sé si lo hará con humildad o seguirá exhibiendo la prepotencia consustancial a las gentes del PP. Y lo de defender el único partido de centro constituye, en mi opinión, el quid de la cuestión. Me temo que no han aprendido la lección recibida.
La gente está expectante. Son muchos los que quieren saber qué PP se les ofrece ahora. Sobre todo, aquellos -afiliados y/o simpatizantes- que, en las pasadas elecciones, se sumaron a la abstención, votaron en blanco o practicaron el repudio, quieren saber en qué ha cambio el PP o si es más de lo mismo. La respuesta que obtienen es el consabido, el melifluo, el ambiguo y acomplejado, el acomodaticio centrismo. Es decir, que, salvo prueba en contrario, nada ha cambiado, ni siquiera el collar.
Es este un tema central, que el PP debiera despejar sin dejar resquicio alguno de duda. Da la impresión de que, en el PP, se avergüenzan de decir que son lo que, en realidad, son. Siempre la eterna duda de su legitimidad democrática. Siempre descontentos de la propia identidad. Siempre, en consecuencia, con la mirada de reojo a la izquierda y, ahora, también al nacionalismo. ¿Por qué no quieren ser instrumento y cauce del pensamiento real de sus afiliados y simpatizantes? ¿Por qué se esconden y huyen de cualquier etiqueta que los sitúe en la derecha? ¿Por qué no proclaman que son liberal-conservadores? ¿Qué hay de malo en ello? ¿Acaso lo esconden o se avergüenzan de ello líderes mundiales como Ángela Merkel, Nicolás Sarkozy o George Buch? ¿Acaso no han sido las burguesías de derechas quienes han traído e implantado en Occidente el sistema de libertades que impera?
Lo que les ocurre, en mi opinión, es que les falla la segunda pata ideológica. No son liberales. No lo fue Matas (como tampoco lo son Antich, Munar, Calvo, Armengol y compañeros mártires) ni su Gobierno. Fueron bastantes intervencionistas e hicieron gala de un descarado despotismo. Comprendo que esto del liberalismo hay que mamarlo y cultivarlo convenientemente con una dieta determinada de formación, esfuerzo y talante. Tratamiento que no se recomienda ni practica en el PP. ¡Vaya panorama!
Esperemos haber qué ocurre en la anunciada Convención del partido. La clave –salvo mejor juicio- es ideológica, de principios políticos y morales. Utilizando una recomendación de André Malraux, sólo le ruego, querida Rosa Estarás, lo siguiente: “ahorrad” a muchos de sus simpatizantes “la vergüenza”. Por descontado: ¡Ojalá tenga éxito!
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 9.09.2007, pág. 8
Vaya por delante una confesión personal: no creo en el mundo de las apariencias. Sé que ello significa remar contra corriente. Sé, como ya dijo Esquilo, que “la mayor parte de los hombres prefieren parecer que ser”. Sé que, sin embargo, he venido a dar con mis huesos en una tierra que podría definirse en este sentido como el reino de lo que detesto. ¡Qué le vamos a hacer! Quizás por ello me gusta llamar a las cosas por su nombre, aunque no esté en la corrección política.
Ya tenemos, al menos, quien nos presida, pueden proclamar los peperos. No está mal. Se han aparcado –al menos, de momento- las luchas personales. Lo cual tampoco está mal. Se ha de reconocer también el esfuerzo de unidad que han protagonizado. Lo cual su electorado les agradecerá. Sin embargo, convendría que Rosa Estarás, en medio de la euforia lógica por tan unánime aclamación, no olvide que quien ahora intenta comprarla con su adulación puede, mañana, intentar venderla con su traición. ¡Esta es, en parte, la condición humana!
Entiendo perfectamente que ahora el objetivo esté puesto en las inmediatas y dramáticas elecciones generales. Pero, para ganar –y, más por goleada- hay que hacer muy bien las cosas. A este respecto, creo que se ha realizado una selección de fracasados. Ya veremos, en su día, la alineación. Pero, lo cierto es que, salvo contadas excepciones –hay que decirlo claramente-, todos, incluida la recién elegida Presidenta, fueron protagonistas activos del mayor batacazo electoral que se conoce. Ninguno se ha ido a su casa. Ahí siguen subidos al carro. Auténticos profesionales de la política. ¿Para cuándo se deja eso de dar juego a la cantera? El votante está más que harto de ver siempre las mismas caras.
“Asumo esta gran responsabilidad con el orgullo de defender al único partido de centro; con humildad, pero también con mucho coraje y valentía”, dijo Rosa Estarás en sus primeras declaraciones. Estoy seguro de que lo hará con coraje y valentía. No sé si lo hará con humildad o seguirá exhibiendo la prepotencia consustancial a las gentes del PP. Y lo de defender el único partido de centro constituye, en mi opinión, el quid de la cuestión. Me temo que no han aprendido la lección recibida.
La gente está expectante. Son muchos los que quieren saber qué PP se les ofrece ahora. Sobre todo, aquellos -afiliados y/o simpatizantes- que, en las pasadas elecciones, se sumaron a la abstención, votaron en blanco o practicaron el repudio, quieren saber en qué ha cambio el PP o si es más de lo mismo. La respuesta que obtienen es el consabido, el melifluo, el ambiguo y acomplejado, el acomodaticio centrismo. Es decir, que, salvo prueba en contrario, nada ha cambiado, ni siquiera el collar.
Es este un tema central, que el PP debiera despejar sin dejar resquicio alguno de duda. Da la impresión de que, en el PP, se avergüenzan de decir que son lo que, en realidad, son. Siempre la eterna duda de su legitimidad democrática. Siempre descontentos de la propia identidad. Siempre, en consecuencia, con la mirada de reojo a la izquierda y, ahora, también al nacionalismo. ¿Por qué no quieren ser instrumento y cauce del pensamiento real de sus afiliados y simpatizantes? ¿Por qué se esconden y huyen de cualquier etiqueta que los sitúe en la derecha? ¿Por qué no proclaman que son liberal-conservadores? ¿Qué hay de malo en ello? ¿Acaso lo esconden o se avergüenzan de ello líderes mundiales como Ángela Merkel, Nicolás Sarkozy o George Buch? ¿Acaso no han sido las burguesías de derechas quienes han traído e implantado en Occidente el sistema de libertades que impera?
Lo que les ocurre, en mi opinión, es que les falla la segunda pata ideológica. No son liberales. No lo fue Matas (como tampoco lo son Antich, Munar, Calvo, Armengol y compañeros mártires) ni su Gobierno. Fueron bastantes intervencionistas e hicieron gala de un descarado despotismo. Comprendo que esto del liberalismo hay que mamarlo y cultivarlo convenientemente con una dieta determinada de formación, esfuerzo y talante. Tratamiento que no se recomienda ni practica en el PP. ¡Vaya panorama!
Esperemos haber qué ocurre en la anunciada Convención del partido. La clave –salvo mejor juicio- es ideológica, de principios políticos y morales. Utilizando una recomendación de André Malraux, sólo le ruego, querida Rosa Estarás, lo siguiente: “ahorrad” a muchos de sus simpatizantes “la vergüenza”. Por descontado: ¡Ojalá tenga éxito!
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 9.09.2007, pág. 8
domingo, 2 de septiembre de 2007
SON EL DIABLO MISMO
Hace ya bastante tiempo que busco una cierta aproximación comprensiva de la identidad social y política balear. En un atardecer esplendoroso por los alrededores de Estellencs, andaba entretenido en tan esperpéntico devaneo, cuando vino a mi memoria la definición que Goethe da del diablo: “El espíritu que siempre niega”. En aquel momento, me pareció una luminosa revelación.
Por mucho que se pretenda disimular, la realidad muestra rasgos profundamente enquistados en el alma social balear. Su patología se ve retroalimentada por la actitud de bastantes ciudadanos desinformados, de ciertos grupos organizados e instrumentalizados, de los sectarios partidos políticos de izquierda y de los provincianos nacionalistas. Todos ellos campan por su respeto y pregonan con orgullo un “negativismo” que busca siempre –dicho con palabras de Julián Marías- “descalificar, denigrar, difamar, destruir”. Políticamente hablando, se definen por la negación sistemática del resto, por su espíritu destructor de todo cuanto no sean ellos mismos, por pretender el aniquilamiento de toda idea y persona, que sustente la España constitucional.
Este desolador panorama personal, social y político –me recuerda el viejo problema español objeto de las diatribas de Ortega con Maeztu y Unamuno- está a la vista para quien quiera verlo. Basta con echar una mirada a la realidad cultural, con analizar las soluciones que nos proponen los nada avezados políticos que nos desgobiernan, con tomar nota del sectarismo que exhiben, con ser sabedores del misticismo insolidario y de la incapacidad constitutiva para cualquier empresa colectiva, con observar la ausencia de toda ética en la acción de gobierno de la que hacen gala, con percatarse que el horizonte que imponen no va más allá de lo que se divisa a simple vista desde la costa, con advertir que su propuesta nos separa de lo europeo y universal.
Esta verdadera enfermedad personal y colectiva tiene mucho que ver con las modulaciones del carácter determinadas por la geografía pero también con el descontento con uno mismo, con el aterrador y misterioso odio que suele experimentar el mallorquín frente a otro mallorquín que triunfa en lo personal y profesional, con la celosa envidia humana que no perdona el mérito de los demás, que diría Pierre Corneille, con la tradicional carencia de vida intelectual digna de su nombre cuyo vacío no ha sabido llenar la UIB, apocada por la “cultureta” de izquierdas, el “provincianismo” nacionalista y el indecente nepotismo.
El negativismo imperante tiene, sin embargo, aún mucho más que ver con la ideología que andan empeñadas en imponer las distintas fuerzas políticas que ahora nos desgobiernan. Tan contrarias entre sí y, sin embargo, tan unidas en un “no” fundamentalista, maniqueo y excluyente hacia la mitad de la ciudadanía. El mérito de tan constitutivo comportamiento pertenece al partido socialista que, a partir de su abdicación nacional y constitucional, anda empeñado en inventarse una nueva España con la colaboración necesaria de quienes niegan la idea misma de ella. Los Antich, Armengol y Calvo no son más que “pobres diablillos” inconscientes del lío que propician, permiten y secundan, al servicio del infernal atizador monclovita. ¡Vaya papelón!
Cono es obvio, tal negativismo reviste las formas más variadas y peregrinas. Todos los días tenemos testimonios preclaros al respecto. Una cosa, entre otras, es segura: con tal actitud conseguirán “obturar el futuro”, que diría Julián Marías, el progreso, la convivencia en paz. Baste el simple recordatorio de lo que significó el Pacto de progreso. ¡Cómo sería que ni los propios protagonistas quieren ahora oír su nombre! Pues –que no se olvide- son los mismos.
No tienen, como es lógico, proyecto alguno que ilusione, que abra el horizonte vital, que propicie la creación. Todo en ellos es destruir. Todo en ellos es esterilidad y garantía de llevarnos a la nada. ¿Qué se puede esperar de ellos? Lo que estamos viendo: lo que saben hacer –son el diablo mismo- : “negar” e “infernar” la sociedad.
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 2.09.2007, pág. 8
Hace ya bastante tiempo que busco una cierta aproximación comprensiva de la identidad social y política balear. En un atardecer esplendoroso por los alrededores de Estellencs, andaba entretenido en tan esperpéntico devaneo, cuando vino a mi memoria la definición que Goethe da del diablo: “El espíritu que siempre niega”. En aquel momento, me pareció una luminosa revelación.
Por mucho que se pretenda disimular, la realidad muestra rasgos profundamente enquistados en el alma social balear. Su patología se ve retroalimentada por la actitud de bastantes ciudadanos desinformados, de ciertos grupos organizados e instrumentalizados, de los sectarios partidos políticos de izquierda y de los provincianos nacionalistas. Todos ellos campan por su respeto y pregonan con orgullo un “negativismo” que busca siempre –dicho con palabras de Julián Marías- “descalificar, denigrar, difamar, destruir”. Políticamente hablando, se definen por la negación sistemática del resto, por su espíritu destructor de todo cuanto no sean ellos mismos, por pretender el aniquilamiento de toda idea y persona, que sustente la España constitucional.
Este desolador panorama personal, social y político –me recuerda el viejo problema español objeto de las diatribas de Ortega con Maeztu y Unamuno- está a la vista para quien quiera verlo. Basta con echar una mirada a la realidad cultural, con analizar las soluciones que nos proponen los nada avezados políticos que nos desgobiernan, con tomar nota del sectarismo que exhiben, con ser sabedores del misticismo insolidario y de la incapacidad constitutiva para cualquier empresa colectiva, con observar la ausencia de toda ética en la acción de gobierno de la que hacen gala, con percatarse que el horizonte que imponen no va más allá de lo que se divisa a simple vista desde la costa, con advertir que su propuesta nos separa de lo europeo y universal.
Esta verdadera enfermedad personal y colectiva tiene mucho que ver con las modulaciones del carácter determinadas por la geografía pero también con el descontento con uno mismo, con el aterrador y misterioso odio que suele experimentar el mallorquín frente a otro mallorquín que triunfa en lo personal y profesional, con la celosa envidia humana que no perdona el mérito de los demás, que diría Pierre Corneille, con la tradicional carencia de vida intelectual digna de su nombre cuyo vacío no ha sabido llenar la UIB, apocada por la “cultureta” de izquierdas, el “provincianismo” nacionalista y el indecente nepotismo.
El negativismo imperante tiene, sin embargo, aún mucho más que ver con la ideología que andan empeñadas en imponer las distintas fuerzas políticas que ahora nos desgobiernan. Tan contrarias entre sí y, sin embargo, tan unidas en un “no” fundamentalista, maniqueo y excluyente hacia la mitad de la ciudadanía. El mérito de tan constitutivo comportamiento pertenece al partido socialista que, a partir de su abdicación nacional y constitucional, anda empeñado en inventarse una nueva España con la colaboración necesaria de quienes niegan la idea misma de ella. Los Antich, Armengol y Calvo no son más que “pobres diablillos” inconscientes del lío que propician, permiten y secundan, al servicio del infernal atizador monclovita. ¡Vaya papelón!
Cono es obvio, tal negativismo reviste las formas más variadas y peregrinas. Todos los días tenemos testimonios preclaros al respecto. Una cosa, entre otras, es segura: con tal actitud conseguirán “obturar el futuro”, que diría Julián Marías, el progreso, la convivencia en paz. Baste el simple recordatorio de lo que significó el Pacto de progreso. ¡Cómo sería que ni los propios protagonistas quieren ahora oír su nombre! Pues –que no se olvide- son los mismos.
No tienen, como es lógico, proyecto alguno que ilusione, que abra el horizonte vital, que propicie la creación. Todo en ellos es destruir. Todo en ellos es esterilidad y garantía de llevarnos a la nada. ¿Qué se puede esperar de ellos? Lo que estamos viendo: lo que saben hacer –son el diablo mismo- : “negar” e “infernar” la sociedad.
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 2.09.2007, pág. 8
lunes, 27 de agosto de 2007
A LOS QUE INTENTAN CONTENTAR
Hace ya unos cuantos años, Julián Marías formuló una norma cuyo sentido y validez para entender muchos comportamientos en el ámbito político me parece cada día más incuestionable. Dijo así: “No hay que intentar contentar a los que no se van a contentar”. ¡Cuántos errores y quebrantos se evitarían!
Si observamos la realidad política balear, advertiremos de inmediato la vigencia de esta norma. La derecha, que dice ser liberal, no sabe hacer política si no es mirando a la izquierda y al nacionalismo. Los políticos del PP, profesionales de la cosa y conservadores del propio condumio, son los únicos que, junto con ciertos corifeos bien engrasados, dudan de su legitimidad y se avergüenzan de los principios que dicen profesar. Tan radical debilidad les lleva a creerse lo que interesadamente dicen de ellos los demás y, en consecuencia, a proponer políticas activas que consigan su aplauso y aprobación o, al menos, su no oposición frontal.
En este sentido, los ingentes esfuerzos que ha realizado el PP en la pasada Legislatura para contentar a los incontentables (socialistas, UM y nacionalistas) y a quienes siempre les han sido y les serán hostiles parecen tan increíbles como inútiles y hasta contraproducentes. Tanta concesión y claudicación, tanto supuesto centrismo, tanto brindis catalanista, tanta ideología de género, tanto acomplejamiento, tanto miedo a la acusación de crispar, sólo le han servido para consolidar una imagen de complicidad con cualquier supuesto mal que aparezca, para petrificar su figura con la corrupción y la destrucción de Mallorca, para herir, desalentar y decrecer la estima y adhesión de sus partidarios más firmes, que, en una buena parte, le han vuelto la espalda. Sin embargo, quienes buscaban contentar no se han movido un ápice en su hostilidad constitutiva y por principio.
Este error no es de ahora y es tanto más peligroso en la medida en que contiene una parte de verdad. Pero ¿por qué no han extraído ya la sabiduría debida? ¿Por qué, a pesar de su debacle, todavía algún Alcalde insiste en el mismo error del .cat? ¿Por qué ya están los de siempre en lo mismo de siempre? ¿Por qué muchos no han iniciado ya el desfile doliente de la vuelta a casa? Muy sencillo: porque son profesionales del pesebre, porque no creen en lo que dicen, porque no tienen voluntad de servicio, porque no aman la verdad, porque no quieren ver lo que está delante de sus narices.
Como contraste, la izquierda y el nacionalismo nunca buscan contentar a la derecha incontentable. Les da igual lo que ésta piense. Ellos a lo suyo: el intervencionismo, el sectarismo, la imposición sobre la mayoría, la deslegitimación moral de lo que no sean ellos, la ‘cultureta’ provinciana, el pesebre público, la lengua que divide. En su defensa, no paran mientes, disimulan, mienten, manipulan, miran para otro lado, utilizan las instituciones. Da igual. Cualquier cosa menos molestar a los suyos, defraudar o desalentar a su hinchada. Lo saben hacer en el poder y en la oposición. Su adversario siempre es el mismo: el PP, el culpable de todos los males, pasados, presentes y futuros.
El anterior esquema seguirá siendo cada día igual (o más) de claro por lo que respecta a la izquierda y al nacionalismo. ¿Y en el PP? Tal y como han iniciado su andadura en la oposición me temo que la claridad seguirá brillando por su ausencia. No aprenden. Son muchos quienes no quieren saber lo ocurrido, mucho menos aún los motivos de ello y andan agazapados en espera de la oportunidad para volver a subirse al carro. ¡A esto se le llama indecencia!
Pero lo que aún me parece más obsceno es que muchos –los que ya deberían estar en su casa como penitencia por sus graves pecados- no quieran enterarse de quién fue el único ganador del PP en las pasadas elecciones. ¿Por qué? Porque representa lo contrario de lo que ellos hicieron, porque lo tuvo muy claro en momentos decisivos de su acción política, porque, fiel a sus principios, se atrevió a decir “no” a propios y extraños, porque no quiso ser cómplice de todo lo que ellos hicieron rematadamente mal, porque no dudó en enfrentarse a la Emperatriz y a sus corifeos mediáticos, etc. ¡Qué nadie lo dude: su mayoría absoluta se explica por el testimonio de su fidelidad a los principios de su electorado!
La situación exige cambios esenciales que afectan a personas concretas y a principios ideológicos. Si esas personas no pasan a un segundo plano, su electorado más fiel no reconsiderará una posible vuelta a la casa del padre. Se ha llegado demasiado lejos como para seguir confiando en quienes siempre han intentado “contentar a los que no se van a contentar”.
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 26.08.2007, pág. 8
Hace ya unos cuantos años, Julián Marías formuló una norma cuyo sentido y validez para entender muchos comportamientos en el ámbito político me parece cada día más incuestionable. Dijo así: “No hay que intentar contentar a los que no se van a contentar”. ¡Cuántos errores y quebrantos se evitarían!
Si observamos la realidad política balear, advertiremos de inmediato la vigencia de esta norma. La derecha, que dice ser liberal, no sabe hacer política si no es mirando a la izquierda y al nacionalismo. Los políticos del PP, profesionales de la cosa y conservadores del propio condumio, son los únicos que, junto con ciertos corifeos bien engrasados, dudan de su legitimidad y se avergüenzan de los principios que dicen profesar. Tan radical debilidad les lleva a creerse lo que interesadamente dicen de ellos los demás y, en consecuencia, a proponer políticas activas que consigan su aplauso y aprobación o, al menos, su no oposición frontal.
En este sentido, los ingentes esfuerzos que ha realizado el PP en la pasada Legislatura para contentar a los incontentables (socialistas, UM y nacionalistas) y a quienes siempre les han sido y les serán hostiles parecen tan increíbles como inútiles y hasta contraproducentes. Tanta concesión y claudicación, tanto supuesto centrismo, tanto brindis catalanista, tanta ideología de género, tanto acomplejamiento, tanto miedo a la acusación de crispar, sólo le han servido para consolidar una imagen de complicidad con cualquier supuesto mal que aparezca, para petrificar su figura con la corrupción y la destrucción de Mallorca, para herir, desalentar y decrecer la estima y adhesión de sus partidarios más firmes, que, en una buena parte, le han vuelto la espalda. Sin embargo, quienes buscaban contentar no se han movido un ápice en su hostilidad constitutiva y por principio.
Este error no es de ahora y es tanto más peligroso en la medida en que contiene una parte de verdad. Pero ¿por qué no han extraído ya la sabiduría debida? ¿Por qué, a pesar de su debacle, todavía algún Alcalde insiste en el mismo error del .cat? ¿Por qué ya están los de siempre en lo mismo de siempre? ¿Por qué muchos no han iniciado ya el desfile doliente de la vuelta a casa? Muy sencillo: porque son profesionales del pesebre, porque no creen en lo que dicen, porque no tienen voluntad de servicio, porque no aman la verdad, porque no quieren ver lo que está delante de sus narices.
Como contraste, la izquierda y el nacionalismo nunca buscan contentar a la derecha incontentable. Les da igual lo que ésta piense. Ellos a lo suyo: el intervencionismo, el sectarismo, la imposición sobre la mayoría, la deslegitimación moral de lo que no sean ellos, la ‘cultureta’ provinciana, el pesebre público, la lengua que divide. En su defensa, no paran mientes, disimulan, mienten, manipulan, miran para otro lado, utilizan las instituciones. Da igual. Cualquier cosa menos molestar a los suyos, defraudar o desalentar a su hinchada. Lo saben hacer en el poder y en la oposición. Su adversario siempre es el mismo: el PP, el culpable de todos los males, pasados, presentes y futuros.
El anterior esquema seguirá siendo cada día igual (o más) de claro por lo que respecta a la izquierda y al nacionalismo. ¿Y en el PP? Tal y como han iniciado su andadura en la oposición me temo que la claridad seguirá brillando por su ausencia. No aprenden. Son muchos quienes no quieren saber lo ocurrido, mucho menos aún los motivos de ello y andan agazapados en espera de la oportunidad para volver a subirse al carro. ¡A esto se le llama indecencia!
Pero lo que aún me parece más obsceno es que muchos –los que ya deberían estar en su casa como penitencia por sus graves pecados- no quieran enterarse de quién fue el único ganador del PP en las pasadas elecciones. ¿Por qué? Porque representa lo contrario de lo que ellos hicieron, porque lo tuvo muy claro en momentos decisivos de su acción política, porque, fiel a sus principios, se atrevió a decir “no” a propios y extraños, porque no quiso ser cómplice de todo lo que ellos hicieron rematadamente mal, porque no dudó en enfrentarse a la Emperatriz y a sus corifeos mediáticos, etc. ¡Qué nadie lo dude: su mayoría absoluta se explica por el testimonio de su fidelidad a los principios de su electorado!
La situación exige cambios esenciales que afectan a personas concretas y a principios ideológicos. Si esas personas no pasan a un segundo plano, su electorado más fiel no reconsiderará una posible vuelta a la casa del padre. Se ha llegado demasiado lejos como para seguir confiando en quienes siempre han intentado “contentar a los que no se van a contentar”.
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 26.08.2007, pág. 8
MEDIOCRES CANTAMAÑANAS
Aunque prefiero otorgarles el beneficio de la duda, lo cierto es que apenas llevan dos días en el puesto de mando y ya han enseñado la oreja. Tampoco hay que extrañarse. “Estamos, como dijo Pérez Reverte con pretensiones de generalización, en manos de analfabetos culturales y de cantamañanas y eso es muy peligroso”. La cosa no da más de sí. Irán a peor. Todo cuanto han dicho hasta ahora se inscribe en el mundo de la mediocridad, la superficialidad, la estupidez, la negatividad y el no saber que hacer. Por esta razón, me atrevo a brindarles una medida de alcance y, además, muy ‘progresista’. ¡Atrévanse con ella!
Hace unos días, Paloma Méndez, glosaba con verdadero tino un aspecto de la situación actual de la mujer. Se refería a una realidad que, aunque está delante de nuestras narices, como diría George Orwell, no acaba de verse. Más bien diría que, como en tantos otros temas, no quiere verse.
Es un hecho indiscutible que unos diez millones de mujeres dedican el día entero –de sol a sol y un poco más- a hacer posible que esta sociedad funcione. ¿Se han preguntado alguna vez cuántas horas trabaja cualquier mujer desde que se levanta hasta que se acuesta? Es ella quien posibilita de hecho que el marido y los hijos estén atendidos: les hace la comida, les lava la ropa, les limpia la casa, les hace la compra, les hace cálido el ambiente. ¡Y, tantas y tantas otras cosas! ¿Qué sería de muchas familias si faltase la madre? ¿A qué esfuerzos de adaptación vendrían obligados, en tal caso, los maridos e hijos para sobrevivir o, simplemente, para seguir cómodamente instalados?
Pues bien, en la práctica, este esfuerzo y esta contribución social, prestados sin límite de horario, no son reconocidos ni retribuidos económicamente. ¿Por qué razón? ¿Dónde está la sensibilidad social de nuestros gobernantes? ¿Se ha olvidado el feminismo militante de su lucha a favor de la mujer? ¿Por qué se gasta tanto dinero público en el PER o en otras actividades públicas de más que dudosa utilidad y no se inicia el camino de esta auténtica conquista social? ¿Dónde están los autoproclamados ‘progresistas’? El dato que nos aporta Paloma Méndez es muy elocuente: el trabajo no remunerado, incluido el voluntariado, supone en España el 60,71 por ciento del PIB. ¿Saben que el 80% de ese trabajo lo hacen las mujeres y, además, sin cobrar un céntimo?
Diga lo que diga ZP acerca de la familia en España –está mejor que nunca (¿)-, lo cierto es que no es así. Para más inri, después de deslomarse en los mejores años de la vida, se les recompensa, si quedan viudas, con una pensión de miseria, en algunos casos con unos trescientos indignos euros. Sin comentarios y para avergonzar a cualquiera, eso sí, que no sea político. ¿Por qué no se pone remedio a tanta injusticia cuando se gasta el dinero a espuertas en subvenciones más que dudosas, en asesores de cuanto ignoran, en despachos y gastos de representación, en funcionarios sin función y en una cantidad de necedades que sólo se entienden porque el dinero no es de quien lo gasta o porque es un modo de pagar favores o de participar en el festín pesebrero acostumbrado? Decididamente somos cómplices de tanto anverso obsceno, que, además y para mayor vergüenza, nos deja indiferentes, como diría George Steiner.
Aquí tienen una causa justa: otorgar un salario a la mujer y madre. Su esfuerzo y dedicación a la casa y a la familia exigen, en la mayoría de los casos, más inteligencia y preparación que la que se reclama a mucho/as en la vida profesional. ¿Por qué no retribuirlo? Al menos, podrían reivindicarlo e ir creando ambiente. Una medida de esta naturaleza supondría un paso definitivo para la liberación de la mujer.
Es muy posible que muchas feministas de género, que ahora han sido obsequiadas con mando en plaza, piensen de otro modo. La corrección política –uno de los males de este tiempo que vivimos-, a la que se han apuntado porque les libera de la carga de pensar, se lo impone.
Sin embargo, prefiero confiar en que sean capaces de sacudirse semejante yugo totalitario y decir no a la realidad que ya están dejando entrever. No me gustaría pensar que no tienen otra cosa que ofrecer, que todo es pura demagogia y mediocridad.
Gregorio Delgado del Río
Aunque prefiero otorgarles el beneficio de la duda, lo cierto es que apenas llevan dos días en el puesto de mando y ya han enseñado la oreja. Tampoco hay que extrañarse. “Estamos, como dijo Pérez Reverte con pretensiones de generalización, en manos de analfabetos culturales y de cantamañanas y eso es muy peligroso”. La cosa no da más de sí. Irán a peor. Todo cuanto han dicho hasta ahora se inscribe en el mundo de la mediocridad, la superficialidad, la estupidez, la negatividad y el no saber que hacer. Por esta razón, me atrevo a brindarles una medida de alcance y, además, muy ‘progresista’. ¡Atrévanse con ella!
Hace unos días, Paloma Méndez, glosaba con verdadero tino un aspecto de la situación actual de la mujer. Se refería a una realidad que, aunque está delante de nuestras narices, como diría George Orwell, no acaba de verse. Más bien diría que, como en tantos otros temas, no quiere verse.
Es un hecho indiscutible que unos diez millones de mujeres dedican el día entero –de sol a sol y un poco más- a hacer posible que esta sociedad funcione. ¿Se han preguntado alguna vez cuántas horas trabaja cualquier mujer desde que se levanta hasta que se acuesta? Es ella quien posibilita de hecho que el marido y los hijos estén atendidos: les hace la comida, les lava la ropa, les limpia la casa, les hace la compra, les hace cálido el ambiente. ¡Y, tantas y tantas otras cosas! ¿Qué sería de muchas familias si faltase la madre? ¿A qué esfuerzos de adaptación vendrían obligados, en tal caso, los maridos e hijos para sobrevivir o, simplemente, para seguir cómodamente instalados?
Pues bien, en la práctica, este esfuerzo y esta contribución social, prestados sin límite de horario, no son reconocidos ni retribuidos económicamente. ¿Por qué razón? ¿Dónde está la sensibilidad social de nuestros gobernantes? ¿Se ha olvidado el feminismo militante de su lucha a favor de la mujer? ¿Por qué se gasta tanto dinero público en el PER o en otras actividades públicas de más que dudosa utilidad y no se inicia el camino de esta auténtica conquista social? ¿Dónde están los autoproclamados ‘progresistas’? El dato que nos aporta Paloma Méndez es muy elocuente: el trabajo no remunerado, incluido el voluntariado, supone en España el 60,71 por ciento del PIB. ¿Saben que el 80% de ese trabajo lo hacen las mujeres y, además, sin cobrar un céntimo?
Diga lo que diga ZP acerca de la familia en España –está mejor que nunca (¿)-, lo cierto es que no es así. Para más inri, después de deslomarse en los mejores años de la vida, se les recompensa, si quedan viudas, con una pensión de miseria, en algunos casos con unos trescientos indignos euros. Sin comentarios y para avergonzar a cualquiera, eso sí, que no sea político. ¿Por qué no se pone remedio a tanta injusticia cuando se gasta el dinero a espuertas en subvenciones más que dudosas, en asesores de cuanto ignoran, en despachos y gastos de representación, en funcionarios sin función y en una cantidad de necedades que sólo se entienden porque el dinero no es de quien lo gasta o porque es un modo de pagar favores o de participar en el festín pesebrero acostumbrado? Decididamente somos cómplices de tanto anverso obsceno, que, además y para mayor vergüenza, nos deja indiferentes, como diría George Steiner.
Aquí tienen una causa justa: otorgar un salario a la mujer y madre. Su esfuerzo y dedicación a la casa y a la familia exigen, en la mayoría de los casos, más inteligencia y preparación que la que se reclama a mucho/as en la vida profesional. ¿Por qué no retribuirlo? Al menos, podrían reivindicarlo e ir creando ambiente. Una medida de esta naturaleza supondría un paso definitivo para la liberación de la mujer.
Es muy posible que muchas feministas de género, que ahora han sido obsequiadas con mando en plaza, piensen de otro modo. La corrección política –uno de los males de este tiempo que vivimos-, a la que se han apuntado porque les libera de la carga de pensar, se lo impone.
Sin embargo, prefiero confiar en que sean capaces de sacudirse semejante yugo totalitario y decir no a la realidad que ya están dejando entrever. No me gustaría pensar que no tienen otra cosa que ofrecer, que todo es pura demagogia y mediocridad.
Gregorio Delgado del Río
martes, 31 de julio de 2007
NO FUERA SINO DENTRO
Cuando hemos asistido resignadamente al espectáculo estúpido del PP balear, empeñado, en los cuatro últimos años de gobierno, en imponer, desde la ignorancia activa, una política familiar con el ojo puesto en los planteamientos de la izquierda, no nos extraña nada que las cosas vayan de mal en peor. Si la gran aportación –prepárense para lo que se avecina- que, en materia tan sensible, nos ofrece la clase política balear es la recepción acrítica del prejuicio de la ideología de género, me parece imbécil pedir peras al olmo: la violencia doméstica y la ruptura familiar irán en aumento. Baleares, en ambos índices, no debería sentirse orgullosa del puesto privilegiado que ocupa.
Con ser todo lo anterior muy descorazonador, me preocupa aún más que la sociedad balear acepte de buen grado semejante prejuicio como alma inspiradora de la familia del futuro y de la inacabada conquista de la identidad femenina. ¡Qué inmenso error! Se ha cumplido, una vez más, la reflexión de J.A.Marina según la cual “…el ser humano … puede acabar aceptando como normal cualquier disparate que se repita muchas veces”.
Uno de los aspectos de las relaciones de familia que ponen a prueba la validez del régimen legal, la responsabilidad de la pareja y los anversos obscenos de la realidad es el referido a la guarda y custodia de los hijos. Se afirman principios básicos, como la corresponsabilidad de ambos progenitores, y, después, se fija, en el propio Código civil recién reformado, un criterio claramente restrictivo a la hora de otorgar la guarda y custodia compartida. Se vende esta novedad, como el no va más allá, y luego, por una vergonzosa cesión a las exigencias del feminismo de género en busca del voto, sólo se admite excepcionalmente. Se anunció la llegada, por fin, de una reforma progresista y, contradictoriamente, se dejaron subsistentes criterios tales como que la madre es la mejor guardadora de los hijos o como que los hijos son de sus madres.
Mis muchos años de vida profesional, centrados en los problemas de la familia, me dicen que las últimas reformas socialistas han privilegiado a la mujer y madre de un modo indiscriminado, han tomado partido por lo femenino, han criminalizado la mala educación y han propiciado que el varón y padre quede, en muchos casos, a los pies de los caballos. ¡Y, después, nos extrañamos del gatuperio que se monta a la hora de organizar la familia en el marco de la ruptura de la pareja y de la violencia generada!
Lo he dicho multitud de veces. Tantas que no quiero reiterarme. Lo diré, en esta ocasión, con palabras de Maria Bacigalupo, a saber: “Lo que ha ocurrido es que se ha perdido el norte, se le ha quitado al padre toda posibilidad de decisión en el destino de sus hijos y esto ha ido socavando la relación, desvinculando al hijo de una de las figuras parentales, el padre, con lo cual se lesiona su procedimiento de crecimiento y humanización. El hombre convertido en un padre ‘intermitente’, marginado de la familia, poco a poco se distancia de sus hijos, le cuesta recuperar el lugar que tuvo como padre y deja de lado paulatinamente su responsabilidad alimentaria. De modo simétrico, el hijo tiene dificultades en mantener una relación estrecha con ese hombre que ve de manera esporádica, a la vez que percibe el abandono paterno” ¡Impecable y sin comentarios!
Esto es, en el mejor de los casos, todo lo que se nos ha ocurrido realizar: marginar al padre del proceso de maduración y crecimiento de sus propios hijos. Todo un despropósito, elevado a la categoría de normalidad y de realización, poco menos que óptima, de la tutela del interés del menor. Instalamos en la corrección la negación misma de la corresponsabilidad de los progenitores, que ha de continuar a pesar del divorcio. Y, todo, por un plato de lentejas. ¿Es posible una obscenidad mayor? Quizás, sí: que “no se quiera ver”, que diría Julián Marías.
Al margen de tanta medida hipócrita como se pone en marcha y tantas energías mal gastadas, creo que el inicio de la solución –si es que existe alguna- radica en algo que no se quiere ni oír. En mi opinión –como sugirió Hermann Hesse-, ante el desastre familiar que propiciamos, no se puede evitar el examen de conciencia personal. Fruto del mismo, es muy posible que tengamos que reconocer que nos vemos obligados buscar la culpa de nuestros males, individuales, familiares y sociales, “no fuera sino dentro” de nosotros mismos.
Publicado en "El Mundo. El Día de Baleares", 29.07.2007, pág. 8
Cuando hemos asistido resignadamente al espectáculo estúpido del PP balear, empeñado, en los cuatro últimos años de gobierno, en imponer, desde la ignorancia activa, una política familiar con el ojo puesto en los planteamientos de la izquierda, no nos extraña nada que las cosas vayan de mal en peor. Si la gran aportación –prepárense para lo que se avecina- que, en materia tan sensible, nos ofrece la clase política balear es la recepción acrítica del prejuicio de la ideología de género, me parece imbécil pedir peras al olmo: la violencia doméstica y la ruptura familiar irán en aumento. Baleares, en ambos índices, no debería sentirse orgullosa del puesto privilegiado que ocupa.
Con ser todo lo anterior muy descorazonador, me preocupa aún más que la sociedad balear acepte de buen grado semejante prejuicio como alma inspiradora de la familia del futuro y de la inacabada conquista de la identidad femenina. ¡Qué inmenso error! Se ha cumplido, una vez más, la reflexión de J.A.Marina según la cual “…el ser humano … puede acabar aceptando como normal cualquier disparate que se repita muchas veces”.
Uno de los aspectos de las relaciones de familia que ponen a prueba la validez del régimen legal, la responsabilidad de la pareja y los anversos obscenos de la realidad es el referido a la guarda y custodia de los hijos. Se afirman principios básicos, como la corresponsabilidad de ambos progenitores, y, después, se fija, en el propio Código civil recién reformado, un criterio claramente restrictivo a la hora de otorgar la guarda y custodia compartida. Se vende esta novedad, como el no va más allá, y luego, por una vergonzosa cesión a las exigencias del feminismo de género en busca del voto, sólo se admite excepcionalmente. Se anunció la llegada, por fin, de una reforma progresista y, contradictoriamente, se dejaron subsistentes criterios tales como que la madre es la mejor guardadora de los hijos o como que los hijos son de sus madres.
Mis muchos años de vida profesional, centrados en los problemas de la familia, me dicen que las últimas reformas socialistas han privilegiado a la mujer y madre de un modo indiscriminado, han tomado partido por lo femenino, han criminalizado la mala educación y han propiciado que el varón y padre quede, en muchos casos, a los pies de los caballos. ¡Y, después, nos extrañamos del gatuperio que se monta a la hora de organizar la familia en el marco de la ruptura de la pareja y de la violencia generada!
Lo he dicho multitud de veces. Tantas que no quiero reiterarme. Lo diré, en esta ocasión, con palabras de Maria Bacigalupo, a saber: “Lo que ha ocurrido es que se ha perdido el norte, se le ha quitado al padre toda posibilidad de decisión en el destino de sus hijos y esto ha ido socavando la relación, desvinculando al hijo de una de las figuras parentales, el padre, con lo cual se lesiona su procedimiento de crecimiento y humanización. El hombre convertido en un padre ‘intermitente’, marginado de la familia, poco a poco se distancia de sus hijos, le cuesta recuperar el lugar que tuvo como padre y deja de lado paulatinamente su responsabilidad alimentaria. De modo simétrico, el hijo tiene dificultades en mantener una relación estrecha con ese hombre que ve de manera esporádica, a la vez que percibe el abandono paterno” ¡Impecable y sin comentarios!
Esto es, en el mejor de los casos, todo lo que se nos ha ocurrido realizar: marginar al padre del proceso de maduración y crecimiento de sus propios hijos. Todo un despropósito, elevado a la categoría de normalidad y de realización, poco menos que óptima, de la tutela del interés del menor. Instalamos en la corrección la negación misma de la corresponsabilidad de los progenitores, que ha de continuar a pesar del divorcio. Y, todo, por un plato de lentejas. ¿Es posible una obscenidad mayor? Quizás, sí: que “no se quiera ver”, que diría Julián Marías.
Al margen de tanta medida hipócrita como se pone en marcha y tantas energías mal gastadas, creo que el inicio de la solución –si es que existe alguna- radica en algo que no se quiere ni oír. En mi opinión –como sugirió Hermann Hesse-, ante el desastre familiar que propiciamos, no se puede evitar el examen de conciencia personal. Fruto del mismo, es muy posible que tengamos que reconocer que nos vemos obligados buscar la culpa de nuestros males, individuales, familiares y sociales, “no fuera sino dentro” de nosotros mismos.
Publicado en "El Mundo. El Día de Baleares", 29.07.2007, pág. 8
domingo, 22 de julio de 2007
LA CONSPIRACIÓN DE SILENCIOS
Decíamos el otro día, mediante una cita de Benjamín Disraeli, que el ejercicio de la política se resumía en una sola palabra: disimulo. ¡Qué bien lo intentan hacer nuestros socialistas! Centran todos sus esfuerzos en crear y mantener una apariencia de hombres de consenso, de diálogo, de entendimiento, de contar con todos, incluso con el PP, para la felicidad del pueblo, para el cambio. Han logrado –nos dicen- aunar voluntades tan dispares como la derecha más rancia, la izquierda más radical y variopintas versiones del nacionalismo, incluido el independentista. Se presentan con rostro amable, con buen talante y con la lección del desastroso “Pacte de progreso”, que protagonizaron, bien aprendida. Al menos, eso dicen. Ahora serán diferentes.
Con ello –piensan- el pueblo anestesiado y pasota, huérfano de valores que vayan más allá del disfrute del rabioso presente, nos “dará crédito para todo lo demás”, que diría el satírico Charles Churchill. Es posible que así sea. Son expertos en estas lides. Personalmente, sin embargo, me atengo a la recomendación de Arthur Koestler en el sentido de evitar a toda costa incurrir en traición por no denunciar cuanto haya que denunciar y, en consecuencia, no formar parte de la conspiración de silencios. ¡Este es el gran espectáculo de nuestra mal llamada democracia!
Hay que tener un alma muy buena para no sospechar la maldad en estos socialistas. Ya han empezado a practicar lo contrario. Están empeñados en una foto fija: la de un PP que hizo mal las cosas (parón irresponsable al nuevo hospital y a la fachada marítima). Consenso y diálogo, pero ya han asomado la oreja del rodillo y del silencio en el Parlamento. Consenso y diálogo, pero, con indignidad, han rechazado el homenaje a Miguel A. Blanco. Consenso y diálogo, pero ya han señalado con el dedo culpabilizador al PP por el fuel en las playas de Ibiza. Consenso y diálogo, pero los Consellers afectados se niegan a dar las explicaciones pertinentes en el Parlamento. Consenso y diálogo, pero no pactarán tema alguno de importancia con el PP. Eso sí, insistirán que es por su culpa, por su incapacidad, porque está anclado en el pasado. Ya lo verán. El PP será culpable de cuanto ocurra –y ocurrirán bastantes cosas- por aquí en los próximos cuatros años.
Son muchos los ciudadanos que temen –y con toda razón- el gatuperio que se avecina por el tema lingüístico. Como piensan que electoralmente no favorece sus intereses, intentan disimular, como si lo de la inmersión lingüística no fuera con ellos, como si fuese sólo cosa de sus socios. La verdad es que serán ellos los responsables, concretamente Antich, quien, por cierto, intentó en las últimas conversaciones para la aprobación del Estatuto meter de rebote semejante gol.
No exagero lo más mínimo si subrayo que, para los socialistas, antes de las elecciones la corrupción se había “desaforado” y “disparado hasta extremos alarmantes”. Se sentían -Aina Calvo dixit- “horrorizados” ante tan “indigno espectáculo” y era ineludible y urgente “combatir” esta lacra. Para los socialistas, nuestra entonces Princesa representaba la personificación misma de la corrupción. ¡Cómo la ponían! Es más, lo peor del PP estribaba –sin posibilidad de matizaciones- en que la estaban apoyando y protegiendo (Comisión de investigación). En cierta ocasión, tuve que recordarle, a este respecto, al hoy Concejal de movilidad de Cort que ellos habían gobernado –y muy mal, por cierto- con ella en los tiempos del “Pacte de progreso”. Pues bien, querido Joaquín, ¿qué nos dices ahora? ¿Cómo definirías a los tuyos?
Entiendo que busquen disimular, que les moleste que alguien denuncie estas cosas y que rompa la conspiración de silencios, que intentan tejer. Pero lo que han hecho ha sido muy gordo y sin que les hayamos –nosotros el pueblo soberano que tanto invocan y a quien muy poco respetan- otorgado autorización o crédito alguno para ello. Han impuesto –todo el mundo sabe los resortes utilizados- un pacto obsceno y perverso a quien tanto vilipendiaban y han organizado el gobierno en las instituciones sobre la piedra angular que antes desechaban. En beneficio propio y para arrojar al PP del Gobierno de estas Islas, no han tenido escrúpulo alguno en utilizar las instituciones y en servirse de la extrema debilidad de la actual Emperatriz del Mediterráneo. Y, encima, disimulan y buscan organizar la conspiración de silencios.
En definitiva, semejante “imbecilidad” no me parece respetable porque, como diría Vargas Llosa, es elegida y deliberada.
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 22.07.2007, pág. 10
Decíamos el otro día, mediante una cita de Benjamín Disraeli, que el ejercicio de la política se resumía en una sola palabra: disimulo. ¡Qué bien lo intentan hacer nuestros socialistas! Centran todos sus esfuerzos en crear y mantener una apariencia de hombres de consenso, de diálogo, de entendimiento, de contar con todos, incluso con el PP, para la felicidad del pueblo, para el cambio. Han logrado –nos dicen- aunar voluntades tan dispares como la derecha más rancia, la izquierda más radical y variopintas versiones del nacionalismo, incluido el independentista. Se presentan con rostro amable, con buen talante y con la lección del desastroso “Pacte de progreso”, que protagonizaron, bien aprendida. Al menos, eso dicen. Ahora serán diferentes.
Con ello –piensan- el pueblo anestesiado y pasota, huérfano de valores que vayan más allá del disfrute del rabioso presente, nos “dará crédito para todo lo demás”, que diría el satírico Charles Churchill. Es posible que así sea. Son expertos en estas lides. Personalmente, sin embargo, me atengo a la recomendación de Arthur Koestler en el sentido de evitar a toda costa incurrir en traición por no denunciar cuanto haya que denunciar y, en consecuencia, no formar parte de la conspiración de silencios. ¡Este es el gran espectáculo de nuestra mal llamada democracia!
Hay que tener un alma muy buena para no sospechar la maldad en estos socialistas. Ya han empezado a practicar lo contrario. Están empeñados en una foto fija: la de un PP que hizo mal las cosas (parón irresponsable al nuevo hospital y a la fachada marítima). Consenso y diálogo, pero ya han asomado la oreja del rodillo y del silencio en el Parlamento. Consenso y diálogo, pero, con indignidad, han rechazado el homenaje a Miguel A. Blanco. Consenso y diálogo, pero ya han señalado con el dedo culpabilizador al PP por el fuel en las playas de Ibiza. Consenso y diálogo, pero los Consellers afectados se niegan a dar las explicaciones pertinentes en el Parlamento. Consenso y diálogo, pero no pactarán tema alguno de importancia con el PP. Eso sí, insistirán que es por su culpa, por su incapacidad, porque está anclado en el pasado. Ya lo verán. El PP será culpable de cuanto ocurra –y ocurrirán bastantes cosas- por aquí en los próximos cuatros años.
Son muchos los ciudadanos que temen –y con toda razón- el gatuperio que se avecina por el tema lingüístico. Como piensan que electoralmente no favorece sus intereses, intentan disimular, como si lo de la inmersión lingüística no fuera con ellos, como si fuese sólo cosa de sus socios. La verdad es que serán ellos los responsables, concretamente Antich, quien, por cierto, intentó en las últimas conversaciones para la aprobación del Estatuto meter de rebote semejante gol.
No exagero lo más mínimo si subrayo que, para los socialistas, antes de las elecciones la corrupción se había “desaforado” y “disparado hasta extremos alarmantes”. Se sentían -Aina Calvo dixit- “horrorizados” ante tan “indigno espectáculo” y era ineludible y urgente “combatir” esta lacra. Para los socialistas, nuestra entonces Princesa representaba la personificación misma de la corrupción. ¡Cómo la ponían! Es más, lo peor del PP estribaba –sin posibilidad de matizaciones- en que la estaban apoyando y protegiendo (Comisión de investigación). En cierta ocasión, tuve que recordarle, a este respecto, al hoy Concejal de movilidad de Cort que ellos habían gobernado –y muy mal, por cierto- con ella en los tiempos del “Pacte de progreso”. Pues bien, querido Joaquín, ¿qué nos dices ahora? ¿Cómo definirías a los tuyos?
Entiendo que busquen disimular, que les moleste que alguien denuncie estas cosas y que rompa la conspiración de silencios, que intentan tejer. Pero lo que han hecho ha sido muy gordo y sin que les hayamos –nosotros el pueblo soberano que tanto invocan y a quien muy poco respetan- otorgado autorización o crédito alguno para ello. Han impuesto –todo el mundo sabe los resortes utilizados- un pacto obsceno y perverso a quien tanto vilipendiaban y han organizado el gobierno en las instituciones sobre la piedra angular que antes desechaban. En beneficio propio y para arrojar al PP del Gobierno de estas Islas, no han tenido escrúpulo alguno en utilizar las instituciones y en servirse de la extrema debilidad de la actual Emperatriz del Mediterráneo. Y, encima, disimulan y buscan organizar la conspiración de silencios.
En definitiva, semejante “imbecilidad” no me parece respetable porque, como diría Vargas Llosa, es elegida y deliberada.
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 22.07.2007, pág. 10
PERAS AL OLMO
Ha dicho –y con razón- Pérez Reverte que “mirar hacia otro lado es más socialmente correcto y no le complica a uno la vida”. Incluso, si se asume tal actitud al abordar cualquier tema que tenga que ver con la mujer, evitas que te llamen “machista”. Tan melifluo totalitarismo, mayoritariamente aceptado, nos inocula dulcemente un veneno muy mortífero: no interrogarnos por las causas, por el por qué, de los fenómenos sociales. Lo cual distorsiona el diagnóstico e inutiliza las soluciones que se ponen en marcha. Es más, sin pretenderlo, se impulsan los propios fenómenos que buscamos erradicar –las paradojas, que ha subrayado el filósofo canadiense Sébastien Charles-.
La valoración precedente explica cuanto nos sigue ocurriendo en el seno de la familia actual y en el modo de estar en la misma. Estamos fracasando porque insistimos en buscar la solución desde un dogma de la corrección femenina: la superioridad y sometimiento que ejerce el varón. Tal prejuicio (ideología de género) es lo cómodo, lo fácil, lo femeninamente correcto, lo que puede rentabilizar en votos, lo que no le complica a uno la vida. Pero huye de indagar en las verdaderas causas, entre otras cosas porque nos interpelan y acusan a nivel individual y colectivo. No sólo no hemos erradicado la violencia sino que va en aumento. No sólo no hemos estabilizado la familia sino que su ruptura alcanza ya a un 75%. ¿Por qué no somos capaces de pensar que algo estaremos haciendo rematadamente mal?
Dicho de otra forma y sin tapujos, creo sinceramente –como vengo repitiendo desde hace mucho tiempo- que la violencia existente en la familia no se logrará evitar, ni erradicar por fin, con pulseras, con Juzgados especiales, con más policías, con órdenes de alejamiento, con observatorios sobre la violencia ejercida sobre la mujer, con pisos de acogida, con denuncias y más denuncias, con estadísticas de todo tipo, con imposiciones en el lenguaje, con jueces y fiscales adictos a la ideología de género, con concesión de privilegios, con exhibiciones de victimismo, con aplicaciones indiscriminadas de la caridad de género. Todo esto ya se ha puesto en marcha y ahí está el resultado obtenido. ¿Por qué nos empeñamos en casarnos con el error o, como diría Baltasar Gracián, por qué hacemos ostentación de equivocarnos?
Al margen de que en las anteriores medidas puede haber muchos anversos obscenos –que los hay- e incluso al margen de aceptar como válidas y complementarias algunas de ellas, lo cierto es que no se hace hincapié en las causas de fondo. Éstas tienen mucho más que ver con los valores que sustentan la conducta de la gente, con el grado de madurez personal que se acredita, con la actitud con la que se forma la pareja y se está dispuesto a permanecer en ella, con el sentido de la propia vida de que se participa, con el compromiso de vida en común que se quiera asumir, con el entendimiento de que hay que dar más que recibir, con la disposición a practicar la tolerancia, el respeto y el sufrimiento ante las dificultades de la convivencia, con abrazar el principio de que se educa con el ejemplo, con no uncirse al carro de la indiferencia, la mediocridad y la superficialidad, con el afán por lograr un cierto grado de perfección personal, con la no divinización del bienestar presente, con el decidido propósito de compartir el poder en la pareja.
Desde esta perspectiva, de nuevo incurrimos en otra paradoja de la era hipermoderna. Ésta, en el tema que venimos tratando, consiste en empeñarnos en atacar y destruir aquello que es la solución. En efecto, la clave salvadora reside, a mi entender, en la educación personal, que sólo se genera y acrecienta en el ámbito familiar. Pues bien, he ahí una de las instituciones naturales menos mimadas y cultivadas en estos tiempos, menos sentidas y utilizadas para transmitir ciertos valores esenciales, más dilapidadas por todos. ¿Qué podemos esperar? Esto mismo, le ocurre a las instituciones públicas. Fomentan políticas, sin contenido ético, que todo lo relativizan; fomentan una instrucción en las escuelas ajena al esfuerzo y la competencia; fomentan conductas cómodas y fáciles que llevan a tirar por la borda los propios compromisos a las primeras de cambio (aborto, ruptura de la pareja, eutanasia); permiten que reine por doquier el imperio de la fuerza. ¿A qué viene después tanta extrañeza y aparente lamentación?
No se crea que este inmenso error (buscar la solución en un prejuicio ideológico e incurrir en la paradoja) sólo es cosa del Gobierno socialista de ZP. También lo ha sido en Baleares con un Gobierno del PP.
Y es que no aprendemos. No se pueden pedir peras al olmo.
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 21.07.2007, pag. 10
Ha dicho –y con razón- Pérez Reverte que “mirar hacia otro lado es más socialmente correcto y no le complica a uno la vida”. Incluso, si se asume tal actitud al abordar cualquier tema que tenga que ver con la mujer, evitas que te llamen “machista”. Tan melifluo totalitarismo, mayoritariamente aceptado, nos inocula dulcemente un veneno muy mortífero: no interrogarnos por las causas, por el por qué, de los fenómenos sociales. Lo cual distorsiona el diagnóstico e inutiliza las soluciones que se ponen en marcha. Es más, sin pretenderlo, se impulsan los propios fenómenos que buscamos erradicar –las paradojas, que ha subrayado el filósofo canadiense Sébastien Charles-.
La valoración precedente explica cuanto nos sigue ocurriendo en el seno de la familia actual y en el modo de estar en la misma. Estamos fracasando porque insistimos en buscar la solución desde un dogma de la corrección femenina: la superioridad y sometimiento que ejerce el varón. Tal prejuicio (ideología de género) es lo cómodo, lo fácil, lo femeninamente correcto, lo que puede rentabilizar en votos, lo que no le complica a uno la vida. Pero huye de indagar en las verdaderas causas, entre otras cosas porque nos interpelan y acusan a nivel individual y colectivo. No sólo no hemos erradicado la violencia sino que va en aumento. No sólo no hemos estabilizado la familia sino que su ruptura alcanza ya a un 75%. ¿Por qué no somos capaces de pensar que algo estaremos haciendo rematadamente mal?
Dicho de otra forma y sin tapujos, creo sinceramente –como vengo repitiendo desde hace mucho tiempo- que la violencia existente en la familia no se logrará evitar, ni erradicar por fin, con pulseras, con Juzgados especiales, con más policías, con órdenes de alejamiento, con observatorios sobre la violencia ejercida sobre la mujer, con pisos de acogida, con denuncias y más denuncias, con estadísticas de todo tipo, con imposiciones en el lenguaje, con jueces y fiscales adictos a la ideología de género, con concesión de privilegios, con exhibiciones de victimismo, con aplicaciones indiscriminadas de la caridad de género. Todo esto ya se ha puesto en marcha y ahí está el resultado obtenido. ¿Por qué nos empeñamos en casarnos con el error o, como diría Baltasar Gracián, por qué hacemos ostentación de equivocarnos?
Al margen de que en las anteriores medidas puede haber muchos anversos obscenos –que los hay- e incluso al margen de aceptar como válidas y complementarias algunas de ellas, lo cierto es que no se hace hincapié en las causas de fondo. Éstas tienen mucho más que ver con los valores que sustentan la conducta de la gente, con el grado de madurez personal que se acredita, con la actitud con la que se forma la pareja y se está dispuesto a permanecer en ella, con el sentido de la propia vida de que se participa, con el compromiso de vida en común que se quiera asumir, con el entendimiento de que hay que dar más que recibir, con la disposición a practicar la tolerancia, el respeto y el sufrimiento ante las dificultades de la convivencia, con abrazar el principio de que se educa con el ejemplo, con no uncirse al carro de la indiferencia, la mediocridad y la superficialidad, con el afán por lograr un cierto grado de perfección personal, con la no divinización del bienestar presente, con el decidido propósito de compartir el poder en la pareja.
Desde esta perspectiva, de nuevo incurrimos en otra paradoja de la era hipermoderna. Ésta, en el tema que venimos tratando, consiste en empeñarnos en atacar y destruir aquello que es la solución. En efecto, la clave salvadora reside, a mi entender, en la educación personal, que sólo se genera y acrecienta en el ámbito familiar. Pues bien, he ahí una de las instituciones naturales menos mimadas y cultivadas en estos tiempos, menos sentidas y utilizadas para transmitir ciertos valores esenciales, más dilapidadas por todos. ¿Qué podemos esperar? Esto mismo, le ocurre a las instituciones públicas. Fomentan políticas, sin contenido ético, que todo lo relativizan; fomentan una instrucción en las escuelas ajena al esfuerzo y la competencia; fomentan conductas cómodas y fáciles que llevan a tirar por la borda los propios compromisos a las primeras de cambio (aborto, ruptura de la pareja, eutanasia); permiten que reine por doquier el imperio de la fuerza. ¿A qué viene después tanta extrañeza y aparente lamentación?
No se crea que este inmenso error (buscar la solución en un prejuicio ideológico e incurrir en la paradoja) sólo es cosa del Gobierno socialista de ZP. También lo ha sido en Baleares con un Gobierno del PP.
Y es que no aprendemos. No se pueden pedir peras al olmo.
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 21.07.2007, pag. 10
miércoles, 18 de julio de 2007
ESTILO OBSESIVO
Como es sabido, la ideología de género que nos invade está de llevando de hecho a muchas mujeres a comportamientos verdaderamente uniformes y rígidos. Tan es así que, a veces, uno tiene la tentación de integrarlos en lo patológico. En la más benigna de las interpretaciones habría que hablar de estilo obsesivo. Veamos algunos ejemplos.
Hace un tiempo Edurne Uriarte se quejaba de la facilidad para el tuteo que la sociedad actual tiene con las mujeres. Tal familiaridad le parecía excesiva y, desde luego, no era, en su opinión, la misma que se usa con el varón, incluso en el ámbito profesional. Esta supuesta actitud, interpretaba, “…no tiene nada que ver con esas cualidades supuestamente femeninas de la cercanía, de la empatía, de la búsqueda de relaciones horizontales y de igualdad o de la facilidad para el diálogo. Más bien se trata de los últimos restos de algunos males del pasado., de la superioridad desde la que aún se nos juzga en el mundo profesional o de la dificultad con la que se nos reconoce autoridad”.
Decían nuestras abuelas que al corazón del hombre se llegaba a través del estómago. Ahora, asegura Ángela Vallvey, “… son ellos los que han decidido tomar ese camino para llegar a su vez a la víscera principal de las mujeres. O, por lo menos, para quedarse cerca, más o menos por la zona del bajo vientre”. Confía, no obstante, en que no tuviese razón Thomas Deloney cuando dijo que Dios nos envía los manjares y el demonio los cocineros.
Días pasados, “Yo dona” insertaba un debate relativo a los celos (competitividad) profesionales en la pareja. Al margen de compartir o disentir de lo que allí se expresaba, me interesa poner de relieve algunas opiniones de Carmen Roney que inciden sobre la reflexión que queremos presentar. Para la abogada matrimonialista, tales celos profesionales son una manifestación del clásico juego de poder patriarcal. “La mujer, asevera, ocupa una nueva posición y entra en competición con el hombre, quien siente, erróneamente, que se le está comiendo el terreno”. Tan es así que, a la vista de su experiencia profesional, muchas parejas “… se disuelven en un escenario de lucha de poder… A los hombres les gustan las mujeres que trabajan, pero siempre y cuando no adquieran demasiada luz propia, ¡no vayan a eclipsar la suya!”. Tan claro lo tiene esta abogada que no duda en sentar la siguiente generalización: “Hoy, los hombres interpretan el avance femenino en el ámbito público como una pérdida de sus espacios propios y sus ámbitos de poder”.
Ya lo ven. Las cosas se complican innecesariamente. El hombre, haga lo que haga, corre el riesgo de ser mal interpretado. Como diría la periodista Pepa Fernández, siempre “hay gente pa to”. Incluso hay gente, hombres y mujeres, mal educados, que se toman familiaridades que no les han sido otorgadas. Quizás ello tenga que ver con la educación recibida, con una errónea idea de la igualdad, con el sistema de valores existente en la actualidad. Pero me cuesta creer que tales descortesías en el trato las hagan los hombres, que las hacen, por humillar a la mujer, por expresar e imponer su inexistente superioridad. ¿No estarán quienes así lo ven siendo víctimas de la ideología de género, fundamentalista y doctrinaria? ¿No será que dicha ideología les lleva inadvertidamente a un patrón obsesivo de interpretación uniforme de cualquier realidad en la que esté presente el hombre?
Tampoco comparto puntos de vista, y menos con carácter general, como los expresados por Ángela Vallvey y Carmen Roney. Sí que pueden existir conflictos y malentendidos a la hora repartir las tareas del hogar en un esfuerzo conjunto de adaptación a la circunstancia profesional de cada uno. Claro que también pueden tener cabida los celos y la envidia profesionales. Pero, probablemente, se desenvuelven más en la pura y simple condición humana. No es necesario –ni creo que se plantean en este terreno- retorcer tanto la interpretación y ver en todo el mismo hilo conductor (ideología de género): la expresión de la superioridad masculina.
Creo, más bien, que todas estas posibles manifestaciones de la débil condición humana se integran en la lucha, siempre inacabada, por madurar como personas y como pareja. En ella, me parece esencial adoptar una actitud positiva, que podría resumirse en el punto de vista que expuso Pepa Fernández en el referido debate, a saber: “Yo, a la persona que amo, le deseo lo mejor, incluso que profesionalmente le vaya mejor que a mí. Y me sentiré orgullosa de su triunfo”.
Como es sabido, la ideología de género que nos invade está de llevando de hecho a muchas mujeres a comportamientos verdaderamente uniformes y rígidos. Tan es así que, a veces, uno tiene la tentación de integrarlos en lo patológico. En la más benigna de las interpretaciones habría que hablar de estilo obsesivo. Veamos algunos ejemplos.
Hace un tiempo Edurne Uriarte se quejaba de la facilidad para el tuteo que la sociedad actual tiene con las mujeres. Tal familiaridad le parecía excesiva y, desde luego, no era, en su opinión, la misma que se usa con el varón, incluso en el ámbito profesional. Esta supuesta actitud, interpretaba, “…no tiene nada que ver con esas cualidades supuestamente femeninas de la cercanía, de la empatía, de la búsqueda de relaciones horizontales y de igualdad o de la facilidad para el diálogo. Más bien se trata de los últimos restos de algunos males del pasado., de la superioridad desde la que aún se nos juzga en el mundo profesional o de la dificultad con la que se nos reconoce autoridad”.
Decían nuestras abuelas que al corazón del hombre se llegaba a través del estómago. Ahora, asegura Ángela Vallvey, “… son ellos los que han decidido tomar ese camino para llegar a su vez a la víscera principal de las mujeres. O, por lo menos, para quedarse cerca, más o menos por la zona del bajo vientre”. Confía, no obstante, en que no tuviese razón Thomas Deloney cuando dijo que Dios nos envía los manjares y el demonio los cocineros.
Días pasados, “Yo dona” insertaba un debate relativo a los celos (competitividad) profesionales en la pareja. Al margen de compartir o disentir de lo que allí se expresaba, me interesa poner de relieve algunas opiniones de Carmen Roney que inciden sobre la reflexión que queremos presentar. Para la abogada matrimonialista, tales celos profesionales son una manifestación del clásico juego de poder patriarcal. “La mujer, asevera, ocupa una nueva posición y entra en competición con el hombre, quien siente, erróneamente, que se le está comiendo el terreno”. Tan es así que, a la vista de su experiencia profesional, muchas parejas “… se disuelven en un escenario de lucha de poder… A los hombres les gustan las mujeres que trabajan, pero siempre y cuando no adquieran demasiada luz propia, ¡no vayan a eclipsar la suya!”. Tan claro lo tiene esta abogada que no duda en sentar la siguiente generalización: “Hoy, los hombres interpretan el avance femenino en el ámbito público como una pérdida de sus espacios propios y sus ámbitos de poder”.
Ya lo ven. Las cosas se complican innecesariamente. El hombre, haga lo que haga, corre el riesgo de ser mal interpretado. Como diría la periodista Pepa Fernández, siempre “hay gente pa to”. Incluso hay gente, hombres y mujeres, mal educados, que se toman familiaridades que no les han sido otorgadas. Quizás ello tenga que ver con la educación recibida, con una errónea idea de la igualdad, con el sistema de valores existente en la actualidad. Pero me cuesta creer que tales descortesías en el trato las hagan los hombres, que las hacen, por humillar a la mujer, por expresar e imponer su inexistente superioridad. ¿No estarán quienes así lo ven siendo víctimas de la ideología de género, fundamentalista y doctrinaria? ¿No será que dicha ideología les lleva inadvertidamente a un patrón obsesivo de interpretación uniforme de cualquier realidad en la que esté presente el hombre?
Tampoco comparto puntos de vista, y menos con carácter general, como los expresados por Ángela Vallvey y Carmen Roney. Sí que pueden existir conflictos y malentendidos a la hora repartir las tareas del hogar en un esfuerzo conjunto de adaptación a la circunstancia profesional de cada uno. Claro que también pueden tener cabida los celos y la envidia profesionales. Pero, probablemente, se desenvuelven más en la pura y simple condición humana. No es necesario –ni creo que se plantean en este terreno- retorcer tanto la interpretación y ver en todo el mismo hilo conductor (ideología de género): la expresión de la superioridad masculina.
Creo, más bien, que todas estas posibles manifestaciones de la débil condición humana se integran en la lucha, siempre inacabada, por madurar como personas y como pareja. En ella, me parece esencial adoptar una actitud positiva, que podría resumirse en el punto de vista que expuso Pepa Fernández en el referido debate, a saber: “Yo, a la persona que amo, le deseo lo mejor, incluso que profesionalmente le vaya mejor que a mí. Y me sentiré orgullosa de su triunfo”.
LA CONVIVENCIA MARITAL
Una de las decisiones judiciales que más indignan e irritan a los ex maridos es aquella en la que se les impone la obligación de seguir pagando a sus ex esposas una pensión compensatoria, en muchos casos por tiempo indefinido. Suelen ser, en realidad, actos de verdadera caridad de género. Al menos, en muchos supuestos.
Al producirse la ruptura definitiva de la pareja, la mujer, en la mayoría de los casos, sigue viviendo con sus hijos, menores de edad o no independizados profesionalmente. Puede ocurrir, en otros casos, que la mujer viva sola al no existir hijos o al haberse éstos independizado de sus progenitores. En ambos supuestos, suele tener atribuido judicialmente el uso del que fuera domicilio conyugal y suele percibir una pensión de alimentos o compensatoria de su ex marido. En cualquier caso, no se debe excluir –más bien lo contrario- que la mujer reorganice su vida y constituya una nueva pareja –tiene todo el derecho -.
El problema se plantea cuando la mujer trata de ocultar y disimular su legítima opción. Es cierto que no tiene por qué pregonar su vida personal. Pero, si dicha opción es el presupuesto para la extinción de la pensión que viene satisfaciendo su ex marido, ya no parece tan razonable su ocultación. Es aquí donde radica la madre del cordero: mantener una nueva relación afectiva y, al mismo tiempo, seguir cobrando la pensión correspondiente del ex marido. ¿Quién es la víctima en este caso?
Supongo que estarán pensando que estas situaciones no perdurarán en el tiempo pues los Jueces se harán cargo de ellas y las resolverán con acierto. ¡Qué más quisieras ranchera! La prueba del hecho de la convivencia marital en estos supuestos es cualquier cosa menos fácil. El ex marido viene obligado a probar la realidad de la situación (que ex mujer tiene una nueva relación afectivo con una tercera persona) que alega. Para ello, como es lógico, no basta con relatarlo al Juez. Estamos, a decir verdad, ante una prueba diabólica, máxime si, como es habitual, el Juez entiende que no es suficiente con acreditar actos aislados de una posible relación sentimental (verles juntos en la calle, verle entrar en casa y permanecer en ella durante un tiempo prolongado, asistir juntos a ciertos actos sociales, tener entre sí manifestaciones externas de afecto, etc.). Es necesario acreditar una convivencia con todas las características que suelen darse cuando se trata de esposos. Esto es, hay que acreditar la estabilidad de la relación en el tiempo, la convivencia permanente en la misma vivienda, etc. Vamos que ni con un detective, aunque te cueste un pastón, lo consigues.
Siempre me ha parecido una situación injusta y, en la mayoría de los casos, obscena. El ex marido tiene el convencimiento pleno de que su ex mujer mantiene una relación afectiva con una tercera persona. Pero,¡cómo hacerlo valer ante el Juez?
Ya sé que la jurisprudencia de los Tribunales es constante sobre el particular y también sé que todos ellos suelen reiterar el mismo razonamiento, sin más indagaciones ni preocupaciones. Pero, tampoco se me oculta que cualquier Juez tiene en su poder llegar a una conclusión diferente en base al juego de presunciones, perfectamente admitido en Derecho. Evidentemente, ello exige un esfuerzo mayor, un compromiso más intenso con la justicia, un ejercicio de las funciones propias sin automatismo alguno, una mayor responsabilidad en la realización de la justicia. Si el sistema judicial permitiese un contacto más personalizado con quienes van a ser juzgados, el Juez tendría facilitado el camino para llegar a conclusiones más próximas a la realidad.
Pues bien, en esta línea que propugnamos y que hemos expuesto en múltiples ocasiones desde la incorrección política, hemos visto con satisfacción que la Audiencia Provincial de Barcelona (sin duda, pionera en soluciones novedosas), basándose en la realidad social del momento, entiende que convivencia marital es “toda aquella en la que se dé una relación sentimental de pareja con visos de cierta estabilidad, sin necesidad de convivir de forma permanente y menos en la misma vivienda”. Exactamente, lo contrario de lo que, hasta ahora, se viene entendiendo por tal. Es más, para la Audiencia catalana, lo que convierte una convivencia en marital “no es el mero hecho de residir siempre juntos los dos miembros de la pareja, sino la existencia de una relación afectiva o sentimental entre ambos”.
Esperemos que se confirme este modo de ver las cosas en otros casos similares. Es un buen camino para hacer justicia y para pacificar, y no exacerbar, las relaciones entre el varón y la mujer.
Una de las decisiones judiciales que más indignan e irritan a los ex maridos es aquella en la que se les impone la obligación de seguir pagando a sus ex esposas una pensión compensatoria, en muchos casos por tiempo indefinido. Suelen ser, en realidad, actos de verdadera caridad de género. Al menos, en muchos supuestos.
Al producirse la ruptura definitiva de la pareja, la mujer, en la mayoría de los casos, sigue viviendo con sus hijos, menores de edad o no independizados profesionalmente. Puede ocurrir, en otros casos, que la mujer viva sola al no existir hijos o al haberse éstos independizado de sus progenitores. En ambos supuestos, suele tener atribuido judicialmente el uso del que fuera domicilio conyugal y suele percibir una pensión de alimentos o compensatoria de su ex marido. En cualquier caso, no se debe excluir –más bien lo contrario- que la mujer reorganice su vida y constituya una nueva pareja –tiene todo el derecho -.
El problema se plantea cuando la mujer trata de ocultar y disimular su legítima opción. Es cierto que no tiene por qué pregonar su vida personal. Pero, si dicha opción es el presupuesto para la extinción de la pensión que viene satisfaciendo su ex marido, ya no parece tan razonable su ocultación. Es aquí donde radica la madre del cordero: mantener una nueva relación afectiva y, al mismo tiempo, seguir cobrando la pensión correspondiente del ex marido. ¿Quién es la víctima en este caso?
Supongo que estarán pensando que estas situaciones no perdurarán en el tiempo pues los Jueces se harán cargo de ellas y las resolverán con acierto. ¡Qué más quisieras ranchera! La prueba del hecho de la convivencia marital en estos supuestos es cualquier cosa menos fácil. El ex marido viene obligado a probar la realidad de la situación (que ex mujer tiene una nueva relación afectivo con una tercera persona) que alega. Para ello, como es lógico, no basta con relatarlo al Juez. Estamos, a decir verdad, ante una prueba diabólica, máxime si, como es habitual, el Juez entiende que no es suficiente con acreditar actos aislados de una posible relación sentimental (verles juntos en la calle, verle entrar en casa y permanecer en ella durante un tiempo prolongado, asistir juntos a ciertos actos sociales, tener entre sí manifestaciones externas de afecto, etc.). Es necesario acreditar una convivencia con todas las características que suelen darse cuando se trata de esposos. Esto es, hay que acreditar la estabilidad de la relación en el tiempo, la convivencia permanente en la misma vivienda, etc. Vamos que ni con un detective, aunque te cueste un pastón, lo consigues.
Siempre me ha parecido una situación injusta y, en la mayoría de los casos, obscena. El ex marido tiene el convencimiento pleno de que su ex mujer mantiene una relación afectiva con una tercera persona. Pero,¡cómo hacerlo valer ante el Juez?
Ya sé que la jurisprudencia de los Tribunales es constante sobre el particular y también sé que todos ellos suelen reiterar el mismo razonamiento, sin más indagaciones ni preocupaciones. Pero, tampoco se me oculta que cualquier Juez tiene en su poder llegar a una conclusión diferente en base al juego de presunciones, perfectamente admitido en Derecho. Evidentemente, ello exige un esfuerzo mayor, un compromiso más intenso con la justicia, un ejercicio de las funciones propias sin automatismo alguno, una mayor responsabilidad en la realización de la justicia. Si el sistema judicial permitiese un contacto más personalizado con quienes van a ser juzgados, el Juez tendría facilitado el camino para llegar a conclusiones más próximas a la realidad.
Pues bien, en esta línea que propugnamos y que hemos expuesto en múltiples ocasiones desde la incorrección política, hemos visto con satisfacción que la Audiencia Provincial de Barcelona (sin duda, pionera en soluciones novedosas), basándose en la realidad social del momento, entiende que convivencia marital es “toda aquella en la que se dé una relación sentimental de pareja con visos de cierta estabilidad, sin necesidad de convivir de forma permanente y menos en la misma vivienda”. Exactamente, lo contrario de lo que, hasta ahora, se viene entendiendo por tal. Es más, para la Audiencia catalana, lo que convierte una convivencia en marital “no es el mero hecho de residir siempre juntos los dos miembros de la pareja, sino la existencia de una relación afectiva o sentimental entre ambos”.
Esperemos que se confirme este modo de ver las cosas en otros casos similares. Es un buen camino para hacer justicia y para pacificar, y no exacerbar, las relaciones entre el varón y la mujer.
miércoles, 11 de julio de 2007
ADELANTE CON LOS FAROLES
Parece ser que el Bloc ha decidido perseverar en su denuncia del pelotazo de Can Domenge. Los terrenos se adjudicaron por un valor aproximado a la mitad del que tendrían en el mercado y además con una oferta sobre la mesa, equivalente casi al doble. No se asusten. Han leído bien. Había una oferta por el doble. La noticia es muy positiva, digna de aplauso y coherente con actuaciones precedentes. Ya veremos si se confirma y si se mantiene. Ya veremos, en tal caso, qué es lo que pasa y cuál será el ritmo que impongan los Tribunales. De momento, la impresión es de un cierto tongo. Espero que no se confirme. Por higiene democrática es absolutamente necesario poner a la Emperatriz ante sus propias responsabilidades al frente del Consell. También a Armengol al haber pactado con quien antes denigraba y quería investigar. ¿Y los socialistas quieren pasar por ser un partido anticorrupción? Caiga quien caiga, hay que gritar: ¡Adelante con los faroles! El empeño es arduo y arriesgado. Parece imposible llevarlo a cabo. Pero merece la pena.
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 11.07.2007, pág. 8
Parece ser que el Bloc ha decidido perseverar en su denuncia del pelotazo de Can Domenge. Los terrenos se adjudicaron por un valor aproximado a la mitad del que tendrían en el mercado y además con una oferta sobre la mesa, equivalente casi al doble. No se asusten. Han leído bien. Había una oferta por el doble. La noticia es muy positiva, digna de aplauso y coherente con actuaciones precedentes. Ya veremos si se confirma y si se mantiene. Ya veremos, en tal caso, qué es lo que pasa y cuál será el ritmo que impongan los Tribunales. De momento, la impresión es de un cierto tongo. Espero que no se confirme. Por higiene democrática es absolutamente necesario poner a la Emperatriz ante sus propias responsabilidades al frente del Consell. También a Armengol al haber pactado con quien antes denigraba y quería investigar. ¿Y los socialistas quieren pasar por ser un partido anticorrupción? Caiga quien caiga, hay que gritar: ¡Adelante con los faroles! El empeño es arduo y arriesgado. Parece imposible llevarlo a cabo. Pero merece la pena.
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 11.07.2007, pág. 8
martes, 10 de julio de 2007
CINISMO
Anda ZP que brama por los rincones. Le irrita que el PP le cante las cuarenta en materia de terrorismo. Nos dice que es incomprensible su utilización política pues estamos ante un proyecto de la democracia. Cinismo puro y duro. Si el terrorismo constituye la preocupación principal para los españoles, ¿cómo se va a excluir del debate político? Si esta lucha siempre se ha librado con el consenso de las dos grandes fuerzas políticas, ¿cómo justifica ZP que haya marginado al PP en este tema? Si es su derecho y responsabilidad, ¿por qué le molesta tanto que se le pidan cuentas por el PP y por los ciudadanos? ¿Acaso no importan las formas, los métodos y el contenido? También ahora queremos saber lo que ha pasado, por qué ha fracasado y cuáles han sido las concesiones políticas. Elemental en cualquier democracia. Pero es que, además, ZP no puede dar lecciones de utilización política del terrorismo. Recuerden ustedes el 11-M, el día de reflexión y Rubalcaba, el asalto a sedes del PP, etc. etc. Conductas que, por cierto, jamás ha condenado ZP.
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 10.07.2007, pág. 9
Anda ZP que brama por los rincones. Le irrita que el PP le cante las cuarenta en materia de terrorismo. Nos dice que es incomprensible su utilización política pues estamos ante un proyecto de la democracia. Cinismo puro y duro. Si el terrorismo constituye la preocupación principal para los españoles, ¿cómo se va a excluir del debate político? Si esta lucha siempre se ha librado con el consenso de las dos grandes fuerzas políticas, ¿cómo justifica ZP que haya marginado al PP en este tema? Si es su derecho y responsabilidad, ¿por qué le molesta tanto que se le pidan cuentas por el PP y por los ciudadanos? ¿Acaso no importan las formas, los métodos y el contenido? También ahora queremos saber lo que ha pasado, por qué ha fracasado y cuáles han sido las concesiones políticas. Elemental en cualquier democracia. Pero es que, además, ZP no puede dar lecciones de utilización política del terrorismo. Recuerden ustedes el 11-M, el día de reflexión y Rubalcaba, el asalto a sedes del PP, etc. etc. Conductas que, por cierto, jamás ha condenado ZP.
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 10.07.2007, pág. 9
domingo, 8 de julio de 2007
LA GLORIA ESTÁ EN CONVENCER
Decía Benjamín Disraeli que el ejercicio de la política se resumía en una sola palabra: disimulo. No me extraña, por tanto, que nuestra Emperatriz y Presidenta del Parlamento diga lo que dice. Se afana en encubrir y engañar, en silenciar, en hacerse perdonar, en justificarse, en pasar por lo que no es. No resulta fácil quitarle la careta. Sabe muy bien apoyarse en lo cierto y así inocular mejor la mentira. Sabe muy bien, como dijo Baroja, que a una colectividad se le engaña mejor que a un individuo. Si lo sabrá bien que, a pesar de sus fechorías, ha conseguido otra vez engañar a sus votantes.
Como somos muy conscientes de su empeño y del peligro que entraña para el pueblo, me parece oportuno recordarle ciertas verdades, esas que, de tan evidentes y sabidas, reciben el nombre de perogrulladas.
A todo endiosamiento y uso del poder de manera perversa y obscena –en este arte ha acreditado su maestría- le acompaña irremediablemente la caída, la aniquilación, la destrucción de quien lo protagoniza y del pueblo que lo toleró. Todo llega en la vida. Usted no será, precisamente, la excepción. Ya ha iniciado el camino que le llevará a la caída más celebrada en Mallorca.
El otro día, le recordaba Usted a Rosa Estarás que, no entender ciertas cosas, es, como mínimo, grave. Se refería a la fría matemática electoral, legalmente vigente en nuestro sistema. Lo cual, desde dicha perspectiva, es muy cierto. Pero, aunque Usted parece ignorarlo, ese no es “el principio básico e irrefutable de la democracia”, por usar sus mismas palabras. Es, a lo sumo, un criterio, entre los muchos existentes, puramente instrumental, para designar un gobierno representativo. Tampoco es lo más importante –aunque a Usted le interese calificarlo así para seguir con el engaño- el acuerdo, el diálogo, el consenso. La clave de todo reside en la pregunta que Usted oculta: ¿para qué se me ha dado el poder por el pueblo?
Situadas así las cosas, cualquier amante de la libertad sabe que el alma auténtica del sistema democrático radica en el sentido con que se ejerce el poder recibido. Todo lo demás, absolutamente todo, incluido el Gobierno mismo, es instrumental, está al servicio y en función del individuo y de sus derechos. Aquí radica –ni siquiera en los votos obtenidos- la verdadera legitimación del poder y el gobierno en la comunidad política. Es más, el servicio y garantía de los derechos, de que somos portadores todos los ciudadanos en base a nuestra común condición humana, actúa como límite real, como gran dique de contención, del poder del gobierno, que no debe intervenir en la vida de las personas. Este núcleo de ideas sí es básico en un sistema democrático e integra además el contenido más esencial de la más elemental ética política.
Si a la luz de esta ética política, dirigimos nuestra mirada a lo aquí ocurrido, se impone el pronunciamiento de un anatema. Mal que le pese o por mucho que le moleste la crítica, Señora Presidente del Parlamento, debo decirle que su presidencia no goza de buena salud, ni ética ni política. No tiene acreditado el talante personal exigible para una función institucional –así lo ha vuelto a certificar, una vez más, en su primera actuación-. No tiene la representatividad necesaria (representa al partido menos votado y sólo en Mallorca). Pero, sobre todo, está ahí por motivos espúreos, que nada tienen que ver con el servicio al pueblo. Usted lo sabe mejor que nadie. Está al servicio de sí misma. Cada día que pasa resulta más evidente. Mientras no sea objeto de la misma atención que cualquier otro ciudadano por parte de quien todos sabemos, su legitimidad -y la de quien pactó con Usted o le impuso el pacto- estará en entredicho y será merecedora de excomunión.
Es en este punto dónde radicará en el futuro su talón de Aquiles. No siga por el camino de las matemáticas. Hasta ahí llegamos todos. Ese triunfo –el pacto que ha propiciado- carece de importancia. “La verdadera gloria, como dijo el gran Víctor Hugo, está en convencer”.
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 8.07.2007, pág. 10
Decía Benjamín Disraeli que el ejercicio de la política se resumía en una sola palabra: disimulo. No me extraña, por tanto, que nuestra Emperatriz y Presidenta del Parlamento diga lo que dice. Se afana en encubrir y engañar, en silenciar, en hacerse perdonar, en justificarse, en pasar por lo que no es. No resulta fácil quitarle la careta. Sabe muy bien apoyarse en lo cierto y así inocular mejor la mentira. Sabe muy bien, como dijo Baroja, que a una colectividad se le engaña mejor que a un individuo. Si lo sabrá bien que, a pesar de sus fechorías, ha conseguido otra vez engañar a sus votantes.
Como somos muy conscientes de su empeño y del peligro que entraña para el pueblo, me parece oportuno recordarle ciertas verdades, esas que, de tan evidentes y sabidas, reciben el nombre de perogrulladas.
A todo endiosamiento y uso del poder de manera perversa y obscena –en este arte ha acreditado su maestría- le acompaña irremediablemente la caída, la aniquilación, la destrucción de quien lo protagoniza y del pueblo que lo toleró. Todo llega en la vida. Usted no será, precisamente, la excepción. Ya ha iniciado el camino que le llevará a la caída más celebrada en Mallorca.
El otro día, le recordaba Usted a Rosa Estarás que, no entender ciertas cosas, es, como mínimo, grave. Se refería a la fría matemática electoral, legalmente vigente en nuestro sistema. Lo cual, desde dicha perspectiva, es muy cierto. Pero, aunque Usted parece ignorarlo, ese no es “el principio básico e irrefutable de la democracia”, por usar sus mismas palabras. Es, a lo sumo, un criterio, entre los muchos existentes, puramente instrumental, para designar un gobierno representativo. Tampoco es lo más importante –aunque a Usted le interese calificarlo así para seguir con el engaño- el acuerdo, el diálogo, el consenso. La clave de todo reside en la pregunta que Usted oculta: ¿para qué se me ha dado el poder por el pueblo?
Situadas así las cosas, cualquier amante de la libertad sabe que el alma auténtica del sistema democrático radica en el sentido con que se ejerce el poder recibido. Todo lo demás, absolutamente todo, incluido el Gobierno mismo, es instrumental, está al servicio y en función del individuo y de sus derechos. Aquí radica –ni siquiera en los votos obtenidos- la verdadera legitimación del poder y el gobierno en la comunidad política. Es más, el servicio y garantía de los derechos, de que somos portadores todos los ciudadanos en base a nuestra común condición humana, actúa como límite real, como gran dique de contención, del poder del gobierno, que no debe intervenir en la vida de las personas. Este núcleo de ideas sí es básico en un sistema democrático e integra además el contenido más esencial de la más elemental ética política.
Si a la luz de esta ética política, dirigimos nuestra mirada a lo aquí ocurrido, se impone el pronunciamiento de un anatema. Mal que le pese o por mucho que le moleste la crítica, Señora Presidente del Parlamento, debo decirle que su presidencia no goza de buena salud, ni ética ni política. No tiene acreditado el talante personal exigible para una función institucional –así lo ha vuelto a certificar, una vez más, en su primera actuación-. No tiene la representatividad necesaria (representa al partido menos votado y sólo en Mallorca). Pero, sobre todo, está ahí por motivos espúreos, que nada tienen que ver con el servicio al pueblo. Usted lo sabe mejor que nadie. Está al servicio de sí misma. Cada día que pasa resulta más evidente. Mientras no sea objeto de la misma atención que cualquier otro ciudadano por parte de quien todos sabemos, su legitimidad -y la de quien pactó con Usted o le impuso el pacto- estará en entredicho y será merecedora de excomunión.
Es en este punto dónde radicará en el futuro su talón de Aquiles. No siga por el camino de las matemáticas. Hasta ahí llegamos todos. Ese triunfo –el pacto que ha propiciado- carece de importancia. “La verdadera gloria, como dijo el gran Víctor Hugo, está en convencer”.
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 8.07.2007, pág. 10
ANDEME YO CALIENTE
El martes pasado, el diario “El Mundo” nos informaba que la colorista María de la Pau Janer cobraba 4.000 € por programa semanal (Punto de Trabada) en IB3. ¡Lo que oyen! Era malo de solemnidad, de mínima audiencia, pero, eso sí, muy bien pagado. No sabemos cuántos programas ha presentado. Tampoco conocemos cuántos ha dejado enlatados. Dicen las malas lenguas que, durante el pasado periodo electoral, estuvo gravando a marchas forzadas. Me cuesta creerlo. Pero, por si acaso, no estaría de más que nos informaran al respecto. Igualmente nos gustaría saber cuánto cobraba su marido, el Dr. Corbella, por su participación en “ Així és la vida” y cuánto cobraba su padre al frente de no se qué Instituto balear. A partir de todos esos datos, podríamos fijar en cuánto valoraba la aguafiestas del PP su autoproclamada independencia. ¡Cuánta razón llevaba quién la definió como una máquina de hacer dinero! Claro que ella puede proclamar –eso sí, con una sonrisa, que siempre se agradece- el antiguo adagio de los Refranes glosados de 1541: “Andeme yo caliente, y ríase la gente”.
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 6.07.2007, pág. 9
El martes pasado, el diario “El Mundo” nos informaba que la colorista María de la Pau Janer cobraba 4.000 € por programa semanal (Punto de Trabada) en IB3. ¡Lo que oyen! Era malo de solemnidad, de mínima audiencia, pero, eso sí, muy bien pagado. No sabemos cuántos programas ha presentado. Tampoco conocemos cuántos ha dejado enlatados. Dicen las malas lenguas que, durante el pasado periodo electoral, estuvo gravando a marchas forzadas. Me cuesta creerlo. Pero, por si acaso, no estaría de más que nos informaran al respecto. Igualmente nos gustaría saber cuánto cobraba su marido, el Dr. Corbella, por su participación en “ Així és la vida” y cuánto cobraba su padre al frente de no se qué Instituto balear. A partir de todos esos datos, podríamos fijar en cuánto valoraba la aguafiestas del PP su autoproclamada independencia. ¡Cuánta razón llevaba quién la definió como una máquina de hacer dinero! Claro que ella puede proclamar –eso sí, con una sonrisa, que siempre se agradece- el antiguo adagio de los Refranes glosados de 1541: “Andeme yo caliente, y ríase la gente”.
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 6.07.2007, pág. 9
miércoles, 4 de julio de 2007
¡ATENTOS!
Ya está la izquierda señalando al PP el perfil de quien haya de sustituir a Matas. Se barajan nombres. Se subrayan virtudes y defectos según interesa. Incluso ya se toma partido por alguno. Aunque es legítimo semejante ejercicio, me parece que pertenece a la más elemental sabiduría política tener por cierto que el camino a seguir por el PP no es el que le señale la izquierda. Se sabe perfectamente por qué determinados políticos del PP molestan o caen bien a la izquierda. Es de suponer –aunque, a veces, hay motivos para dudar- que el PP ya se ha dado cuenta de los réditos que le produce la puesta en marcha de ciertas políticas mirando de reojo a la izquierda. Avergonzarse de la propia identidad o traicionar al propio electorado sólo conduce al fracaso. El PP no es ni puede ser un partido nacionalista. Se ha visto –aunque ya se sabía- en las pasadas elecciones. Quienes jugaron a lo contrario, como Matas y Rotger, han cosechado el rechazo claro de su electorado. Por todo ello, estén atentos y sean fieles a ciertos valores.
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 4.07.2007, pág. 8
Ya está la izquierda señalando al PP el perfil de quien haya de sustituir a Matas. Se barajan nombres. Se subrayan virtudes y defectos según interesa. Incluso ya se toma partido por alguno. Aunque es legítimo semejante ejercicio, me parece que pertenece a la más elemental sabiduría política tener por cierto que el camino a seguir por el PP no es el que le señale la izquierda. Se sabe perfectamente por qué determinados políticos del PP molestan o caen bien a la izquierda. Es de suponer –aunque, a veces, hay motivos para dudar- que el PP ya se ha dado cuenta de los réditos que le produce la puesta en marcha de ciertas políticas mirando de reojo a la izquierda. Avergonzarse de la propia identidad o traicionar al propio electorado sólo conduce al fracaso. El PP no es ni puede ser un partido nacionalista. Se ha visto –aunque ya se sabía- en las pasadas elecciones. Quienes jugaron a lo contrario, como Matas y Rotger, han cosechado el rechazo claro de su electorado. Por todo ello, estén atentos y sean fieles a ciertos valores.
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 4.07.2007, pág. 8
domingo, 1 de julio de 2007
MÁS SANTOS QUE HORNACINAS
Ya es más que evidente el fracaso de la Ley de violencia de género. Si hacemos un cierto esfuerzo de memoria, recordaremos que, desde la perspectiva de sus impulsores, con dicha norma se iba a erradicar la violencia ejercida sobre la mujer. Se iba, por fin, a luchar de modo integral contra semejante lacra. La mujer, por primera vez, gozaría del protagonismo y del apoyo que exigía y merecía su dignidad. Se fijó de modo dogmático una determinada visión de la mujer, basada fundamentalmente en la ideología de género, que además se instaló en la hornacina de lo políticamente (prefiero hablar de femeninamente) correcto. Y ahí siguen las cosas, salvo voces aisladas que, desde un principio, nos situamos fuera de semejante totalitarismo.
Desde la anterior atalaya, no es posible desmentir la realidad: parece innegable que no se han cumplido, ni de lejos, las previsiones legales. Es más, hay que reconocer que la violencia sobre la mujer ha ido, por desgracia, en aumento no sólo en Baleares sino en el resto de España. Incluso me temo que seguirá habiendo más asesinatos y maltratos a mujeres. Ante este panorama tan desolador y frustrante, sólo es posible pronunciar una palabra auténtica y definitoria de lo ocurrido: fracaso. A esta desigualdad, como decía el otro día Jiménez Losantos, el Gobierno no ha sido capaz de ponerle coto ni cuota.
La situación actual (no contenida por la ley, más bien empeorada) debería llevar a todos –especialmente al Gobierno ZP y al feminismo de género- a una reflexión en profundidad. No se pueden hacer leyes –como la antes citada o la de reforma del Código civil en materia de separación y divorcio- que tocan puntos tan sensibles para la familia y, en consecuencia, para la sociedad civil, sobre la base de complacer sin más a un sector del electorado: la mujer. Menos aún, si, además, se impone de hecho una visión reductora, muy parcial y discutible, de la propia mujer y de su modo de estar en pareja y en familia (incluso superada en el mundo cultural actual), ajena, en muchas de sus manifestaciones, al respeto que muchas mujeres, feministas o no, reclaman con razón.
El tributo pagado al feminismo de género permitió la imposición de lo que la izquierda intelectual más seria ha dado en llamar sus equivalencias (Glyn Daly, Slavoj Zizek) y, a partir de ahí, todo cuanto viene haciéndose en el tema está tan desenfocado, que, en muchos casos, llega a exacerbar al varón, cónyuge y padre. Por mucho que se quiera disimular, lo cierto es que venimos asistiendo a una exaltación dialéctica de lo femenino frente a lo masculino, a impulsar un trato privilegiado para la mujer con la excusa de compensar su pasado de discriminación, a reproducir una contemplación excesivamente individualizada de la mujer sin hacer el hincapié debido en las connotaciones definitorias que conlleva su vida en pareja.
Es, precisamente, esta última dimensión (vida en pareja) la que ha sido, sin duda, postergada en el análisis, en el diagnóstico y en la solución a los malos tratos. Y, sin embargo, difícilmente aparecen desconectados por mucho que la propia ley haya huido de la utilización del término violencia doméstica. Grave error que hace que estemos, a pesar de los ingentes esfuerzos que se realizan, dando palos de ciego. No se ha arreglado el problema con el Código penal, ni con las Ordenes de alejamiento, ni con los nuevos Juzgados, ni dando alas al proverbial victimismo, ni con Fiscales y Jueces, que los hay, instalados en la corrección política. Es más, ni creo que se arreglarán por esta vía.
La clave de la solución -aunque no se quiera ni oír- radica en prescindir de la ideología de género y atreverse a proponer la vivencia de unos valores, como persona y como pareja, que tenemos olvidados. De nada sirve declarar culpabilidades a partir de un código que no se comparte por todos, Parece más maduro y eficaz esforzarse diariamente en un proceso de adaptación mutua que evite el conflicto permanente. Y si, hay que romper la pareja, es necesaria restituir la justicia. Para ello debemos ser muy críticos con lo que está ocurriendo porque, sencillamente, propicia reacciones violentas. Todo aquello de lo que, en la actualidad, huye el feminismo hasta el punto de no querer hablar, como quién ostenta el poder y lo ejerce en la pareja, es esencial para ir acercándonos a la verdad y a la justicia.
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 31.06.2007, pág. 10
Ya es más que evidente el fracaso de la Ley de violencia de género. Si hacemos un cierto esfuerzo de memoria, recordaremos que, desde la perspectiva de sus impulsores, con dicha norma se iba a erradicar la violencia ejercida sobre la mujer. Se iba, por fin, a luchar de modo integral contra semejante lacra. La mujer, por primera vez, gozaría del protagonismo y del apoyo que exigía y merecía su dignidad. Se fijó de modo dogmático una determinada visión de la mujer, basada fundamentalmente en la ideología de género, que además se instaló en la hornacina de lo políticamente (prefiero hablar de femeninamente) correcto. Y ahí siguen las cosas, salvo voces aisladas que, desde un principio, nos situamos fuera de semejante totalitarismo.
Desde la anterior atalaya, no es posible desmentir la realidad: parece innegable que no se han cumplido, ni de lejos, las previsiones legales. Es más, hay que reconocer que la violencia sobre la mujer ha ido, por desgracia, en aumento no sólo en Baleares sino en el resto de España. Incluso me temo que seguirá habiendo más asesinatos y maltratos a mujeres. Ante este panorama tan desolador y frustrante, sólo es posible pronunciar una palabra auténtica y definitoria de lo ocurrido: fracaso. A esta desigualdad, como decía el otro día Jiménez Losantos, el Gobierno no ha sido capaz de ponerle coto ni cuota.
La situación actual (no contenida por la ley, más bien empeorada) debería llevar a todos –especialmente al Gobierno ZP y al feminismo de género- a una reflexión en profundidad. No se pueden hacer leyes –como la antes citada o la de reforma del Código civil en materia de separación y divorcio- que tocan puntos tan sensibles para la familia y, en consecuencia, para la sociedad civil, sobre la base de complacer sin más a un sector del electorado: la mujer. Menos aún, si, además, se impone de hecho una visión reductora, muy parcial y discutible, de la propia mujer y de su modo de estar en pareja y en familia (incluso superada en el mundo cultural actual), ajena, en muchas de sus manifestaciones, al respeto que muchas mujeres, feministas o no, reclaman con razón.
El tributo pagado al feminismo de género permitió la imposición de lo que la izquierda intelectual más seria ha dado en llamar sus equivalencias (Glyn Daly, Slavoj Zizek) y, a partir de ahí, todo cuanto viene haciéndose en el tema está tan desenfocado, que, en muchos casos, llega a exacerbar al varón, cónyuge y padre. Por mucho que se quiera disimular, lo cierto es que venimos asistiendo a una exaltación dialéctica de lo femenino frente a lo masculino, a impulsar un trato privilegiado para la mujer con la excusa de compensar su pasado de discriminación, a reproducir una contemplación excesivamente individualizada de la mujer sin hacer el hincapié debido en las connotaciones definitorias que conlleva su vida en pareja.
Es, precisamente, esta última dimensión (vida en pareja) la que ha sido, sin duda, postergada en el análisis, en el diagnóstico y en la solución a los malos tratos. Y, sin embargo, difícilmente aparecen desconectados por mucho que la propia ley haya huido de la utilización del término violencia doméstica. Grave error que hace que estemos, a pesar de los ingentes esfuerzos que se realizan, dando palos de ciego. No se ha arreglado el problema con el Código penal, ni con las Ordenes de alejamiento, ni con los nuevos Juzgados, ni dando alas al proverbial victimismo, ni con Fiscales y Jueces, que los hay, instalados en la corrección política. Es más, ni creo que se arreglarán por esta vía.
La clave de la solución -aunque no se quiera ni oír- radica en prescindir de la ideología de género y atreverse a proponer la vivencia de unos valores, como persona y como pareja, que tenemos olvidados. De nada sirve declarar culpabilidades a partir de un código que no se comparte por todos, Parece más maduro y eficaz esforzarse diariamente en un proceso de adaptación mutua que evite el conflicto permanente. Y si, hay que romper la pareja, es necesaria restituir la justicia. Para ello debemos ser muy críticos con lo que está ocurriendo porque, sencillamente, propicia reacciones violentas. Todo aquello de lo que, en la actualidad, huye el feminismo hasta el punto de no querer hablar, como quién ostenta el poder y lo ejerce en la pareja, es esencial para ir acercándonos a la verdad y a la justicia.
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 31.06.2007, pág. 10
viernes, 29 de junio de 2007
GRANDEZA DE ALMA
Ha llovido bastante desde que, en mi etapa de estudiante en la Universidad de Navarra, descubrí, leyendo a Norberto Bobbio, que el intelectual está llamado a ejercer una función crítica y no propagandística. Lo cual se realiza, sobre todo, cuando “… sabe hablar … o poner en dificultades ante todo a aquellos con los que se siente comprometido”, que dice Umberto Eco. Ejercicio nada cómodo, muy poco frecuente, incomprendido e ingrato, pero necesario
En el marco de tan arraigada creencia, he sido muy crítico con Jaume Matas y, en general, con el PP. Lo he hecho con dolor, pero con vocación de servicio. Lo he hecho con la objetividad que creía poseer. Lo he hecho porque pensaba que, de no hacerlo así, traicionaría mi credibilidad y mis propias convicciones. Lo he hecho porque entendía que así me lo demandaban mis lectores. Ahora, en el momento de su triste adiós, quiero y debo valorar su gesto mediante unas palabras de Leonardo Boff, que comparto plenamente: “Siempre aprecié a quienes no temen reconocer sus errores. Supone, en definitiva, grandeza de alma”.
Sin duda alguna, su adiós está en consonancia con su coherencia, con su sentido de la responsabilidad y con su grandeza de alma. Un gran mensaje que lanza a esta tierra, que tanto ama. No es frecuente, ni aquí ni en otros lugares, que un político asuma su responsabilidad como lo ha hecho Jaume Matas. Por ello, merece respeto, reconocimiento y aplauso. Al margen de preferencias políticas, deberíamos reconocer que Mallorca ha perdido un gran político y un excelente gestor. Loa que, a fuer de sinceros y justos, no podemos cantar de ninguno de nuestros próximos gobernantes.
Ya dijo Juvenal que “la venganza es siempre un placer de los espíritus estrechos, enfermos y encogidos”. ¡Vaya democracia estamos construyendo! Algo muy esencial en el sistema, en el talante de los ciudadanos y en el comportamiento de las fuerzas políticas y de sus líderes está fallando cuando se ve, como normal, que la fuerza mayoritaria (un 47%) no gobierne. Algo muy venenoso estamos inoculando en la ciudadanía cuando se celebra la inquina, el odio, la venganza y el rencor. Algo muy miserable exhibimos cuando no rechazamos abiertamente tales comportamientos.
Me parece importante insistir en esta perversa y obscena cultura. El mal, por cierto, está bastante generalizado. Pero mi percepción me dice que, en estas tierras bañadas por el Mediterráneo, también “cruza errante la sombra de Caín”, que diría Antonio Machado. Tengo la impresión de que aquí se “odia” a quien triunfa. Este ha sido un gran pecado de Jaume Matas. No me extraña, ni creo que a él le haya sorprendido, lo ocurrido. Pero, ¡qué triste! Como dice San Juan “el mismo Jesús declaró que ningún profeta es honrado en su propia patria (Jo, 4,44).
¡Vale ya! No quiero, siguiendo a Valerio Albisetti, hurgar ni tener delante, por más tiempo, el pasado. Nos paralizaría. Está a la vista el futuro, que pasa por el inmediato Congreso del partido. Es vital que en él reine la autocrítica, se dé rienda suelta al pluralismo, se permita el paso a caras nuevas y, sobre todo, que no se caiga en la tentación de persistir en el error. El protagonismo de Jaume Matas puede ser decisivo a la hora de hacer entender a bastantes “personajillos”, por muy próximos que hayan estado a él, que su tiempo ha pasado, que deben estar, en lo sucesivo, en un segundo plano. No será tarea fácil. Al contrario, me temo que éste será uno de los puntos vitales y especialmente sensibles. No estoy seguro de que este entorno “caciquil” y “prepotente” haya admitido los errores estratégicos cometidos. ¡Ya lo veremos!
La sabiduría de Matas –espero que la haya sabido extraer- debiera ser útil para entender algo esencial en el PP: que tiene que huir de todas esas tonterías de laboratorio a que se suscriben con frecuencia. El partido estará centrado si de verdad opta por la persona, su felicidad y su libertad. Todo lo demás, en el fondo, sólo sirve para engañar a ignorantes. Déjense de aperturas al nacionalismo y otras lindezas parecidas. Somos mucho más modestos. Nos basta con que nos dejen en paz, nos libren de Gobiernos intervencionistas, no quieren organizar nuestras vidas, impulsen todo aquello que nos permita ser nosotros mismos.
La decisión de Jaume Matas de “no regresar ya”, como diría Carpentier, me merece respeto por lo que revela de “grandeza de alma”.
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 29.06.2007, pág. 13
Ha llovido bastante desde que, en mi etapa de estudiante en la Universidad de Navarra, descubrí, leyendo a Norberto Bobbio, que el intelectual está llamado a ejercer una función crítica y no propagandística. Lo cual se realiza, sobre todo, cuando “… sabe hablar … o poner en dificultades ante todo a aquellos con los que se siente comprometido”, que dice Umberto Eco. Ejercicio nada cómodo, muy poco frecuente, incomprendido e ingrato, pero necesario
En el marco de tan arraigada creencia, he sido muy crítico con Jaume Matas y, en general, con el PP. Lo he hecho con dolor, pero con vocación de servicio. Lo he hecho con la objetividad que creía poseer. Lo he hecho porque pensaba que, de no hacerlo así, traicionaría mi credibilidad y mis propias convicciones. Lo he hecho porque entendía que así me lo demandaban mis lectores. Ahora, en el momento de su triste adiós, quiero y debo valorar su gesto mediante unas palabras de Leonardo Boff, que comparto plenamente: “Siempre aprecié a quienes no temen reconocer sus errores. Supone, en definitiva, grandeza de alma”.
Sin duda alguna, su adiós está en consonancia con su coherencia, con su sentido de la responsabilidad y con su grandeza de alma. Un gran mensaje que lanza a esta tierra, que tanto ama. No es frecuente, ni aquí ni en otros lugares, que un político asuma su responsabilidad como lo ha hecho Jaume Matas. Por ello, merece respeto, reconocimiento y aplauso. Al margen de preferencias políticas, deberíamos reconocer que Mallorca ha perdido un gran político y un excelente gestor. Loa que, a fuer de sinceros y justos, no podemos cantar de ninguno de nuestros próximos gobernantes.
Ya dijo Juvenal que “la venganza es siempre un placer de los espíritus estrechos, enfermos y encogidos”. ¡Vaya democracia estamos construyendo! Algo muy esencial en el sistema, en el talante de los ciudadanos y en el comportamiento de las fuerzas políticas y de sus líderes está fallando cuando se ve, como normal, que la fuerza mayoritaria (un 47%) no gobierne. Algo muy venenoso estamos inoculando en la ciudadanía cuando se celebra la inquina, el odio, la venganza y el rencor. Algo muy miserable exhibimos cuando no rechazamos abiertamente tales comportamientos.
Me parece importante insistir en esta perversa y obscena cultura. El mal, por cierto, está bastante generalizado. Pero mi percepción me dice que, en estas tierras bañadas por el Mediterráneo, también “cruza errante la sombra de Caín”, que diría Antonio Machado. Tengo la impresión de que aquí se “odia” a quien triunfa. Este ha sido un gran pecado de Jaume Matas. No me extraña, ni creo que a él le haya sorprendido, lo ocurrido. Pero, ¡qué triste! Como dice San Juan “el mismo Jesús declaró que ningún profeta es honrado en su propia patria (Jo, 4,44).
¡Vale ya! No quiero, siguiendo a Valerio Albisetti, hurgar ni tener delante, por más tiempo, el pasado. Nos paralizaría. Está a la vista el futuro, que pasa por el inmediato Congreso del partido. Es vital que en él reine la autocrítica, se dé rienda suelta al pluralismo, se permita el paso a caras nuevas y, sobre todo, que no se caiga en la tentación de persistir en el error. El protagonismo de Jaume Matas puede ser decisivo a la hora de hacer entender a bastantes “personajillos”, por muy próximos que hayan estado a él, que su tiempo ha pasado, que deben estar, en lo sucesivo, en un segundo plano. No será tarea fácil. Al contrario, me temo que éste será uno de los puntos vitales y especialmente sensibles. No estoy seguro de que este entorno “caciquil” y “prepotente” haya admitido los errores estratégicos cometidos. ¡Ya lo veremos!
La sabiduría de Matas –espero que la haya sabido extraer- debiera ser útil para entender algo esencial en el PP: que tiene que huir de todas esas tonterías de laboratorio a que se suscriben con frecuencia. El partido estará centrado si de verdad opta por la persona, su felicidad y su libertad. Todo lo demás, en el fondo, sólo sirve para engañar a ignorantes. Déjense de aperturas al nacionalismo y otras lindezas parecidas. Somos mucho más modestos. Nos basta con que nos dejen en paz, nos libren de Gobiernos intervencionistas, no quieren organizar nuestras vidas, impulsen todo aquello que nos permita ser nosotros mismos.
La decisión de Jaume Matas de “no regresar ya”, como diría Carpentier, me merece respeto por lo que revela de “grandeza de alma”.
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 29.06.2007, pág. 13
GRANDEZA DE ALMA
Ha llovido bastante desde que, en mi etapa de estudiante en la Universidad de Navarra, descubrí, leyendo a Norberto Bobbio, que el intelectual está llamado a ejercer una función crítica y no propagandística. Lo cual se realiza, sobre todo, cuando “… sabe hablar … o poner en dificultades ante todo a aquellos con los que se siente comprometido”, que dice Umberto Eco. Ejercicio nada cómodo, muy poco frecuente, incomprendido e ingrato, pero necesario
En el marco de tan arraigada creencia, he sido muy crítico con Jaume Matas y, en general, con el PP. Lo he hecho con dolor, pero con vocación de servicio. Lo he hecho con la objetividad que creía poseer. Lo he hecho porque pensaba que, de no hacerlo así, traicionaría mi credibilidad y mis propias convicciones. Lo he hecho porque entendía que así me lo demandaban mis lectores. Ahora, en el momento de su triste adiós, quiero y debo valorar su gesto mediante unas palabras de Leonardo Boff, que comparto plenamente: “Siempre aprecié a quienes no temen reconocer sus errores. Supone, en definitiva, grandeza de alma”.
Sin duda alguna, su adiós está en consonancia con su coherencia, con su sentido de la responsabilidad y con su grandeza de alma. Un gran mensaje que lanza a esta tierra, que tanto ama. No es frecuente, ni aquí ni en otros lugares, que un político asuma su responsabilidad como lo ha hecho Jaume Matas. Por ello, merece respeto, reconocimiento y aplauso. Al margen de preferencias políticas, deberíamos reconocer que Mallorca ha perdido un gran político y un excelente gestor. Loa que, a fuer de sinceros y justos, no podemos cantar de ninguno de nuestros próximos gobernantes.
Ya dijo Juvenal que “la venganza es siempre un placer de los espíritus estrechos, enfermos y encogidos”. ¡Vaya democracia estamos construyendo! Algo muy esencial en el sistema, en el talante de los ciudadanos y en el comportamiento de las fuerzas políticas y de sus líderes está fallando cuando se ve, como normal, que la fuerza mayoritaria (un 47%) no gobierne. Algo muy venenoso estamos inoculando en la ciudadanía cuando se celebra la inquina, el odio, la venganza y el rencor. Algo muy miserable exhibimos cuando no rechazamos abiertamente tales comportamientos.
Me parece importante insistir en esta perversa y obscena cultura. El mal, por cierto, está bastante generalizado. Pero mi percepción me dice que, en estas tierras bañadas por el Mediterráneo, también “cruza errante la sombra de Caín”, que diría Antonio Machado. Tengo la impresión de que aquí se “odia” a quien triunfa. Este ha sido un gran pecado de Jaume Matas. No me extraña, ni creo que a él le haya sorprendido, lo ocurrido. Pero, ¡qué triste! Como dice San Juan “el mismo Jesús declaró que ningún profeta es honrado en su propia patria (Jo, 4,44).
¡Vale ya! No quiero, siguiendo a Valerio Albisetti, hurgar ni tener delante, por más tiempo, el pasado. Nos paralizaría. Está a la vista el futuro, que pasa por el inmediato Congreso del partido. Es vital que en él reine la autocrítica, se dé rienda suelta al pluralismo, se permita el paso a caras nuevas y, sobre todo, que no se caiga en la tentación de persistir en el error. El protagonismo de Jaume Matas puede ser decisivo a la hora de hacer entender a bastantes “personajillos”, por muy próximos que hayan estado a él, que su tiempo ha pasado, que deben estar, en lo sucesivo, en un segundo plano. No será tarea fácil. Al contrario, me temo que éste será uno de los puntos vitales y especialmente sensibles. No estoy seguro de que este entorno “caciquil” y “prepotente” haya admitido los errores estratégicos cometidos. ¡Ya lo veremos!
La sabiduría de Matas –espero que la haya sabido extraer- debiera ser útil para entender algo esencial en el PP: que tiene que huir de todas esas tonterías de laboratorio a que se suscriben con frecuencia. El partido estará centrado si de verdad opta por la persona, su felicidad y su libertad. Todo lo demás, en el fondo, sólo sirve para engañar a ignorantes. Déjense de aperturas al nacionalismo y otras lindezas parecidas. Somos mucho más modestos. Nos basta con que nos dejen en paz, nos libren de Gobiernos intervencionistas, no quieren organizar nuestras vidas, impulsen todo aquello que nos permita ser nosotros mismos.
La decisión de Jaume Matas de “no regresar ya”, como diría Carpentier, me merece respeto por lo que revela de “grandeza de alma”.
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 29.06.2007, pág. 13
Ha llovido bastante desde que, en mi etapa de estudiante en la Universidad de Navarra, descubrí, leyendo a Norberto Bobbio, que el intelectual está llamado a ejercer una función crítica y no propagandística. Lo cual se realiza, sobre todo, cuando “… sabe hablar … o poner en dificultades ante todo a aquellos con los que se siente comprometido”, que dice Umberto Eco. Ejercicio nada cómodo, muy poco frecuente, incomprendido e ingrato, pero necesario
En el marco de tan arraigada creencia, he sido muy crítico con Jaume Matas y, en general, con el PP. Lo he hecho con dolor, pero con vocación de servicio. Lo he hecho con la objetividad que creía poseer. Lo he hecho porque pensaba que, de no hacerlo así, traicionaría mi credibilidad y mis propias convicciones. Lo he hecho porque entendía que así me lo demandaban mis lectores. Ahora, en el momento de su triste adiós, quiero y debo valorar su gesto mediante unas palabras de Leonardo Boff, que comparto plenamente: “Siempre aprecié a quienes no temen reconocer sus errores. Supone, en definitiva, grandeza de alma”.
Sin duda alguna, su adiós está en consonancia con su coherencia, con su sentido de la responsabilidad y con su grandeza de alma. Un gran mensaje que lanza a esta tierra, que tanto ama. No es frecuente, ni aquí ni en otros lugares, que un político asuma su responsabilidad como lo ha hecho Jaume Matas. Por ello, merece respeto, reconocimiento y aplauso. Al margen de preferencias políticas, deberíamos reconocer que Mallorca ha perdido un gran político y un excelente gestor. Loa que, a fuer de sinceros y justos, no podemos cantar de ninguno de nuestros próximos gobernantes.
Ya dijo Juvenal que “la venganza es siempre un placer de los espíritus estrechos, enfermos y encogidos”. ¡Vaya democracia estamos construyendo! Algo muy esencial en el sistema, en el talante de los ciudadanos y en el comportamiento de las fuerzas políticas y de sus líderes está fallando cuando se ve, como normal, que la fuerza mayoritaria (un 47%) no gobierne. Algo muy venenoso estamos inoculando en la ciudadanía cuando se celebra la inquina, el odio, la venganza y el rencor. Algo muy miserable exhibimos cuando no rechazamos abiertamente tales comportamientos.
Me parece importante insistir en esta perversa y obscena cultura. El mal, por cierto, está bastante generalizado. Pero mi percepción me dice que, en estas tierras bañadas por el Mediterráneo, también “cruza errante la sombra de Caín”, que diría Antonio Machado. Tengo la impresión de que aquí se “odia” a quien triunfa. Este ha sido un gran pecado de Jaume Matas. No me extraña, ni creo que a él le haya sorprendido, lo ocurrido. Pero, ¡qué triste! Como dice San Juan “el mismo Jesús declaró que ningún profeta es honrado en su propia patria (Jo, 4,44).
¡Vale ya! No quiero, siguiendo a Valerio Albisetti, hurgar ni tener delante, por más tiempo, el pasado. Nos paralizaría. Está a la vista el futuro, que pasa por el inmediato Congreso del partido. Es vital que en él reine la autocrítica, se dé rienda suelta al pluralismo, se permita el paso a caras nuevas y, sobre todo, que no se caiga en la tentación de persistir en el error. El protagonismo de Jaume Matas puede ser decisivo a la hora de hacer entender a bastantes “personajillos”, por muy próximos que hayan estado a él, que su tiempo ha pasado, que deben estar, en lo sucesivo, en un segundo plano. No será tarea fácil. Al contrario, me temo que éste será uno de los puntos vitales y especialmente sensibles. No estoy seguro de que este entorno “caciquil” y “prepotente” haya admitido los errores estratégicos cometidos. ¡Ya lo veremos!
La sabiduría de Matas –espero que la haya sabido extraer- debiera ser útil para entender algo esencial en el PP: que tiene que huir de todas esas tonterías de laboratorio a que se suscriben con frecuencia. El partido estará centrado si de verdad opta por la persona, su felicidad y su libertad. Todo lo demás, en el fondo, sólo sirve para engañar a ignorantes. Déjense de aperturas al nacionalismo y otras lindezas parecidas. Somos mucho más modestos. Nos basta con que nos dejen en paz, nos libren de Gobiernos intervencionistas, no quieren organizar nuestras vidas, impulsen todo aquello que nos permita ser nosotros mismos.
La decisión de Jaume Matas de “no regresar ya”, como diría Carpentier, me merece respeto por lo que revela de “grandeza de alma”.
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 29.06.2007, pág. 13
CON LA BOCA PEQUEÑA
Dijeron los del Bloc que veían inaceptable la oferta de Antich. Dijeron que, si no se mejoraba, no votarían a la Princesa, que ahora se ha coronado como emperatriz del Mediterráneo y Presidenta del nuevo Parlamento balear. Incluso dijeron que estaban decididos a quedarse fuera del nuevo pacto de retroprogreso. Nadie les creyó. Y así ha resultado. Han demostrado no tener lo que hay que tener para poner sobre la mesa un órdago de esa naturaleza. La Princesa y Antich –es cierto- les han chuleado y humillado. Pero porque Ustedes se han mostrado como consumados pardillos al enseñar de antemano las cartas. La situación era tal que pudieron ser la llave y permitirse el lujo de hacerles probar la medicina que ellos suministran. Sin el Bloc nada era posible. No supieron hacerse valer. Como han cedido al chantaje, han perdido toda credibilidad, han pasado por tontos y serán un simple florero. En el sindicato de perdedores al que han sido invitados, se han comportado como tales y se han contentado con las migajas.
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 29.06.2007, pág. 9
Dijeron los del Bloc que veían inaceptable la oferta de Antich. Dijeron que, si no se mejoraba, no votarían a la Princesa, que ahora se ha coronado como emperatriz del Mediterráneo y Presidenta del nuevo Parlamento balear. Incluso dijeron que estaban decididos a quedarse fuera del nuevo pacto de retroprogreso. Nadie les creyó. Y así ha resultado. Han demostrado no tener lo que hay que tener para poner sobre la mesa un órdago de esa naturaleza. La Princesa y Antich –es cierto- les han chuleado y humillado. Pero porque Ustedes se han mostrado como consumados pardillos al enseñar de antemano las cartas. La situación era tal que pudieron ser la llave y permitirse el lujo de hacerles probar la medicina que ellos suministran. Sin el Bloc nada era posible. No supieron hacerse valer. Como han cedido al chantaje, han perdido toda credibilidad, han pasado por tontos y serán un simple florero. En el sindicato de perdedores al que han sido invitados, se han comportado como tales y se han contentado con las migajas.
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 29.06.2007, pág. 9
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