LO QUE NO QUIEREN OÍR
Desde que, a mis quince años, tuve la suerte de leer, de modo furtivo, Rebelión en la granja, he venido entendiendo la libertad en los términos de Orvell. Desde entonces, vengo midiendo el amor a la libertad, que supuestamente atesora tanto falso demócrata como anda suelto, en función de la capacidad de encaje que demuestra cuando se le dice lo que no quiere oír. Hagan la prueba y comprobarán que es un método infalible. Últimamente venimos aguantando el cisco padre que ha protagonizado la patulea progresista. Quieren que los pocos medios que disienten de la doctrina oficial se incorporen al rebaño, pastoreado por ZP. ¿De verdad se creen lo que dicen? No les hagan caso. Lo que les ocurre es que les molesta que tales medios les digan lo que no quieren oír, que alimenten la resistencia frente al totalitarismo de la corrección política, que sus mensajes prendan en la gente, que les señalen con el dedo por sus contradicciones, que muchos no estemos dispuestos a someternos, que muchos pensemos por nuestra cuenta, que muchos amemos la libertad y rechacemos el totalitarismo.
Publicado en “Bon Día Mallorca”, 14-20 de diciembre de 2007, pág. 2
sábado, 15 de diciembre de 2007
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