martes, 30 de enero de 2007

ARROJAR LA CARA …
Como sabemos, Grosske ha sido retratado. Por fin, el espejo nos ha devuelto su verdadera cara. No se me ocurre nada mejor para definir la situación que un romance de Polo de Medina (El buen humor de las musas, año 1637) sobre la vieja que rompió el espejo porque le hacía mala cara. Dice así: “…No es mucho, falso espejo, que te quiebre, si cual fui no puedo ser, y cual soy no quiero verme”. A lo que su interlocutor le replica: “¿En qué el espejo te agravia, siendo el tiempo el que te ofende? Que él te dice la verdad, y tu cara es la que miente”. Ya verán como Grosske no tiene lo que hay que tener y cumple su palabra. La culpa, como es habitual, la tiene el mensajero, el espejo. Ya verán como se sale por la tangente y quebrará el espejo. La verdad –no lo olviden- no le interesa a tan demagogo personaje. Por ello, con Quevedo le decimos: “Arrojar la cara importa, que el espejo no hay por qué”.
Publicado en “Bon Día Mallorca”, 30.01.2007, pág. 9

lunes, 29 de enero de 2007

EL SUEÑO DEL PERRO
Cuenta Covarrubias en su Tesoro de la Lengua castellana que “soñaba un perro que estaba comiendo un pedazo de carne, y daba muchas dentelladas y algunos aullidos sordos de contento; el amo, viéndole de esta manera, tomó un palo y dióle muchos palos, hasta que despertó y se halló en blanco y apaleado”. Algo similar le ha ocurrido a ZP con el asunto De Juana Chaos. Cuando ya podía ofrecer algo a ETA, cuando ya estaba regodeándose en su logro, cuando los medios puestos (Fiscal General y la caterva de corifeos claudicantes) permitían asegurar el objetivo consentido por los Magistrados de la Sección 1ª, el Plenario de la Sala de lo Penal ha puesto las cosas en su sitio, ha dejado fuera de juego al Fiscal, le ha dado de palos a ZP y ha salvado la dignidad de todos nosotros. ¿Recuerdan las cosas que nos dijo ZP en el debate sobre el atentado en la T-4? Todo una inmensa mentira. En esta ocasión, se ha tornado el sueño del perro y hemos sido salvados.
Publicado en “Bon Día Mallorca”, 29.01.2007, pág. 9

domingo, 28 de enero de 2007

ENDIOSAMIENTO Y ANIQUILACIÓN
Supongo que los muy ilustrados y liberales prohombres de UM, con su jefa a la cabeza, recordarán el análisis del historiador griego Tucídides sobre la guerra del Peleponeso. Aquella catástrofe se desarrolló en dos fases. La primera, la del endiosamiento (hibrys), llevó a los atenienses a cometer todo tipo de errores, unidos por el denominador común de la soberbia y la prepotencia. La segunda, la de la aniquilación (némesis), significó el derrumbe más estrepitoso del sistema democrático de que disfrutaban. Pues bien, esta simbiosis entre endiosamiento y aniquilación se viene repitiendo en múltiples acontecimientos históricos y en la vida misma de multitud de personajes.
Aunque, ciertamente, la morada de M.A. Munar no está situada en ningún macizo en los confines de Macedonia y Tesalia, su particular Olimpo sí que está perfectamente señalado en los confines de la geografía mallorquina. Su hibrys le ha permitido manifestarse siempre con soberbia y altanería, rebosante de prepotencia y utilizando a la gente para su medro personal. Toda su vida está llena de no pocas manifestaciones de tal ‘complemento de la ignorancia’, que diría Fontenelle, ilustre precursor del enciclopedismo.
Su endiosamiento es de tal naturaleza que se asemeja aquel ‘gallo –del que nos habla George Eliot- que creía que el sol había salido para oírle cantar’. Munar –y su corte de esbirros despersonalizados- se comporta como si la sociedad mallorquina tuviese que estar rendida a sus pies, como si tuviese que prestarle adoración, como si tuviese que aplaudirle sus frecuentes fechorías, sus deslealtades manifiestas, su perversión del poder recibido para nuestro servicio. De tal forma ha perdido el sentido de la medida y del respeto al ciudadano que, en su afán de dominación personal, no tiene reparo alguno en intentar comprar su adhesión con dinero público. Es más, cuando alguien osa echarle alguna verdad a la cara, cuando alguien no ejecuta sus deseos, se revuelve sobre si misma y le arroja la consabida amenaza: ‘puedo ser muy peligrosa’. Todo en ella –hasta su porte externo- nos habla de su identidad: orgullosa, endiosada, soberbia, irrespetuosa, altanera. No existe límite alguno para ella.
Parece mentira que, con su cultura, no recuerde los versos de Dante: “si no se modera tu orgullo, él será tu mayor castigo”. Vendrá inexorablemente la aniquilación, la caída, la destrucción. Yo diría que esta fase está ya al caer. Han sido muchos los años pasados en la ensoñación divina. La soberbia, como nos advirtió el gran Quevedo, ‘siempre cae de donde subió’. Es más, cuanto mayor ha sido el endiosamiento –y en este caso ha alcanzado cuotas inimaginables-, cuanto mayor ha sido ‘el exceso de estupidez’ –como la define un aforismo islámico-, más fuerte y estrepitoso será su derrumbe. Y es que, aunque parezca incomprensible, su debilidad radica en su aparente fortaleza actual.
Es extraño, si no fuera por su endiosamiento cegador, que Munar ignore algo muy propio de esta su tierra de adopción. La gente, el pueblo soberano –ese que se permite el lujo de humillar- está harto de tanta mentira, de tanta soberbia y de tanta chulería. Espera con paciencia su aniquilación. La desea vivamente y no moverá un dedo por evitarla. Sin duda alguna, la celebrará, aunque sea en el silencio de su corazón, excepción hecha –claro está- de esa minoría receptora de tanta falsa subvención. Nadie llorará su caída en el precipicio. Todo el mundo lo espera, más pronto que tarde. Y, que no lo olvide Munar, llegará. Cada día está más próximo.
En ese momento –estoy seguro-, ante lo inevitable, nos lanzará, aunque su eco no nos llegue, un grito lleno de rabia: ‘soy inmensamente rica’. Pero, tranquilidad, semejante sucedáneo no acallará nunca su conciencia. Tendrá la oportunidad de verificarlo. No le bastará nada de lo que posee actualmente. Echará de menos a la gente, incluso a sus más íntimos que le volverán la espalda. No podrá vivir sin los demás, convencida de que ya no cautiva la admiración de la gente. Este sentimiento interior será su verdadera ruina, su rabia, la que ella misma se ha labrado con tanto tesón.
Publicado en "El Mundo. El Día de Baleares", 28.01.2007, pág. 10

jueves, 25 de enero de 2007

…VINO POR VINO
En la conocida Fraseología o Estilística castellana, Cejador inserta la expresión ‘pan por pan y vino por vino’, ya utilizada por los clásicos. Mediante una cita de Juan de Pineda nos ilustra acerca de su significado. Dice así: “Agora puedes decir lo que quieres, que no uso de circunferencia, antes hablo pan por pan y vino por vino, al uso de mi tierra”. Esto es, con claridad, sin eufemismos. El comunicado de ETA del pasado 9 de enero era muy claro: “Las fuerzas democráticas deberían dejar a un lado al PP-UPN y a la derecha fascista del Estado español y atreverse a realizar la segunda reforma del Estado español”. ¡Pan por pan y vino por vino! El frente antidemocrático, que pretende seguir liderando ZP, corre el riesgo de coincidir plenamente con los deseos de los terroristas. Lo grave es que tal impresión, cada día más cercana a una incontestable evidencia, se tiene, con fundamento, desde el inicio mismo del Gobierno ZP. Ya ni siquiera el Parlamento es el lugar para confrontar públicamente las alternativas contra el terrorismo. ¡…vino por vino!
Publicado en “Bon Día Mallorca”, 23.1.2007, pág. 9
…VINO POR VINO
En la conocida Fraseología o Estilística castellana, Cejador inserta la expresión ‘pan por pan y vino por vino’, ya utilizada por los clásicos. Mediante una cita de Juan de Pineda nos ilustra acerca de su significado. Dice así: “Agora puedes decir lo que quieres, que no uso de circunferencia, antes hablo pan por pan y vino por vino, al uso de mi tierra”. Esto es, con claridad, sin eufemismos. El comunicado de ETA del pasado 9 de enero era muy claro: “Las fuerzas democráticas deberían dejar a un lado al PP-UPN y a la derecha fascista del Estado español y atreverse a realizar la segunda reforma del Estado español”. ¡Pan por pan y vino por vino! El frente antidemocrático, que pretende seguir liderando ZP, corre el riesgo de coincidir plenamente con los deseos de los terroristas. Lo grave es que tal impresión, cada día más cercana a una incontestable evidencia, se tiene, con fundamento, desde el inicio mismo del Gobierno ZP. Ya ni siquiera el Parlamento es el lugar para confrontar públicamente las alternativas contra el terrorismo. ¡…vino por vino!
Publicado en “Bon Día Mallorca”, 23.11.2007, pág. 9

sábado, 20 de enero de 2007

NO QUIERO SER CÓMPLICE
El 13 de noviembre de 1898, Clemenceau insertó en la primera de L’Aurore la conocida carta de Zola, titulada j’accuse. Como es sabido aquella denuncia convertiría el proceso Dreyfus en el caso Dreyfus. Pero, sobre todo, aquella carta sería, desde entonces, el punto de referencia del verdadero intelectual, “aquel que, como dice Gabriel Albiac, sólo comparece ante la mesa de juego cuando sabe que todo está ya perdido”.
Llevo mucho tiempo presenciando en silencio –aunque atormentado por dentro- el comportamiento de la clase política, del vigilante, de las instituciones y del pueblo soberano, convenientemente anestesiado. Llevo mucho tiempo instalado en la esperanza de una reacción social, que termine con tanto despropósito. Pero, para mi desconsuelo, por aquí –de momento- todo sigue igual o peor cada día. Ya sé que no lo queremos reconocer, que preferimos mirar para otro lado e incluso matar al mensajero. Pero, la realidad es la que es. No nos dejemos engañar: el sistema en el que unos cuantos –más de los que aparece- están instalados y desde el que pretenden dirigir nuestras vidas, pagados por nosotros mismos, tiene muy poco o nada que ver con un sistema democrático.
Ante tan desolador panorama y en el ejercicio del derecho al desahogo moral, deseo alzar mi voz y denunciar la situación. Así no podemos ni debemos seguir. Es urgente regenerar el sistema y que las instituciones cumplan su papel. Todo está adulterado y, sin embargo, nadie, salvo contadísimas y parciales excepciones, dice nada, ni denuncia, ni protesta, ni controla, ni acusa. Lo verdaderamente grave es que tan negativa valoración se escucha a diario en los ámbitos privados. Para el ciudadano, que no ha sido comprado con favores, que no debe nada a la clase política, que no espera nada de ella diferente a su buena gestión, que no es fundamentalista, que no se deja engañar por los interesados corifeos políticos y que no participa de la corrupción, la situación se hace irrespirable. ¿Por qué calla? Porque teme –no sin cierta razón- la venganza o, al menos, el ostracismo. Porque el vigilante, que, por cierto, pagamos (subvenciones y otros instrumentos) todos, en vez de criticar y controlar el ejercicio del poder como es su deber, se dedica a anestesiar a la sociedad, a difundir la doctrina de lo políticamente correcto, a hacernos creer que lo que nos propone el poder y la clase política es lo que nos conviene y nos hará felices. ¡Totalitarismo sibilino, pero claro! ¡Qué Dios nos libre de tanto salvador interesado!
He querido mantenerme en una cierta abstracción y facilitar que cada cual reflexione por sí mismo. Los hechos y las conductas son evidentes y están en la mente de todos. Raro es el día que algún medio de comunicación no pone en entredicho alguna actuación de la clase política. Hay de todo lo imaginable. Pero, no pasa nada. Ni las instituciones investigan si se ha traspasado el Código penal, ni se exigen y hacen efectivas las responsabilidades políticas, ni los partidos los expulsan de inmediato. Suelen, para vergüenza ajena, premiarlos en las próximas elecciones o con algún cargo muy rentable. ¿Por qué la clase política se muestra tan solidaria con el adversario político? Muy sencillo. Corporativismo puro y duro. Hay que taparse mutuamente las vergüenzas, que pase la tormenta y a seguir chupando del pesebre ciudadano.
Es muy triste contemplar el trato que nos dispensan nuestros servidores, que no hacen otra cosa, en su inmensa mayoría, que servir a sí mismos –tenemos algún ejemplo muy preclaro al respecto-. Pero lo que indigna sobremanera es que encima te traten como si fueses estúpido, como si te creyeses sus mentiras, como si no te enterases de lo que pasa. En la mayoría de los casos, se permiten la osadía de mirar al ciudadano por encima, con prepotencia infinita, con chulería de basta estopa. ¡Lo que hay que contemplar, madre mía.
Sé que, pese a lo que muchos puedan interpretar, no he sido demasiado explícito. Tiempo habrá para ello, si llega el caso. Confío en que ahora el silencio, como ha dicho mi paisano Sánchez Dragó, no se oiga simplemente, sino que se escuche por todos aquellos a quines corresponde. Por mi parte sólo he querido responde a un imperativo ético y hacer mías las palabras de Émile Zola: “Mi deber es hablar, no quiero ser cómplice”.
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 4.11.06, pág. 10
ECHAR SAPOS Y CULEBRAS
Lo de nuestra particular Sibila no tiene remedio. Casi siempre bordea el límite de lo permitido. No sólo se sirve a sí misma, como es obvio y todo el mundo sabe en Mallorca, sino que, encima, se permite la prepotencia chulesca de insultar al ciudadano y la perversidad de dividir y provocar. ¿Qué hemos hecho los castellano-parlantes, que no sea trabajar y contribuir al progreso de esta tierra, para merecer semejante trato? ¿Hasta cuándo seguirá abusando de nuestra paciencia? ¿Seguirá enviándonos a la “pegatina” en busca del voto?
No es cuestión de recordar la vida y milagros de esta señora. Son de sobra conocidos y repudiados. Contemplemos su última insolencia. Se monta, con nuestro dinero, el juguetito de la TV para mayor honra y gloría de sí misma y regocijo de un puñado de humillados pesebreros. Paga con nuestro dinero un reportaje sobre el reciclaje en Mallorca y aprovecha, una vez más, la oportunidad para meterse con los forasteros y descender al insulto barriobajero. ¡Hay quién dé más!
Al parecer y según la reputada doctrina ‘munarista’, los castellano-parlantes somos malos mallorquines porque no reciclamos ni amamos el medio ambiente ni hablamos catalán. ¡Vaya parida! La estupidez puesta en circulación no me ha sorprendido. Personalmente me trae sin cuidado lo que venga con la marca UM. Procuro no consumir productos adulterados y que generan mucha materia a reciclar. Hablo la lengua que aprendí a los pechos de mi madre. Me basta con el respeto de los demás. El mismo con que el que yo procuro corresponder, con independencia de la lengua que utilicen.
Es evidente que el ‘fenómeno Munar’ necesita de reciclaje con urgencia. Todos somos un poco culpables de su existencia: unos le votan, otros le ríen las gracias; unos le rinden pleitesía por el favor recibido, otros la excusan; unos y otros pactan con ella; unos y otros la utilizan según conviene; unos y otros son burlados y chuleados. ¿Dónde están, ante el último atropello cometido, el resto de fuerzas políticas? No basta con algún tímido y aislado desmarque, que se agradece. Hace falta dar un paso al frente, repudiar sin paliativos semejantes actitudes y dejar claro que no se quiere colaborar en la siembra de tanta cizaña ni ser cómplice de división y enfrentamientos. Sean coherentes –me dirijo a la clase política- y hagan una declaración institucional en el Parlamento.
Puestos a reciclar –de ello tiene especial necesidad esta Mallorca de nuestros amores-, tampoco estaría mal, por ejemplo, que los servicios de turno le dieran una pasadita al propio Consell y a su política de subvenciones. ¡Ahí tienen trabajo para unos cuantos años! En cualquier caso, queridos castellanos-parlantes, tomar nota de lo ocurrido, no os dejéis humillar ni embaucar, reaccionar con dignidad, pese a quien pese, y, eso sí, colaborar en la noble tarea de cuidar el medio ambiente en el que vivimos. No olvidéis que el mejor sistema de reciclaje, aplicable a UM y a las otras fuerzas políticas que, con su silencio, le otorguen amparo, es no votarles en las próximas elecciones. Os aseguro que el método es muy eficaz.
Nos han arrojado sapos y culebras, representaciones corpóreas del demonio que llevan dentro. No asustarse. Reciclaje y exorcismo.
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 14.12.06, pág. 8

jueves, 18 de enero de 2007

METER LA PATA
Esta frase, hoy de uso tan corriente, la utilizaremos ahora para calificar lo ocurrido con el arzobispo de Varsovia, Stanislaw Wielgus, que ha tenido que renunciar al cargo al haber sido acusado de confidente y espía de los comunistas polacos. Grave metedura de pata, sin duda, dado que la acusación es incuestionable. El Vaticano y la Iglesia polaca se han lucido al meter la pata en semejante barrizal e inmundicia. Solamente se ha salvado de la quema Mons Tadeusz Goclowski, Arzobispo de Gdansk, que se atrevió a anunciar que no participaría en semejante investidura. Efectivamente, el comportamiento de Wielgus “ha comprometido gravemente su autoridad, incluso ante los fieles”. Pero, mal que les pese, lo ocurrido ha comprometido muy gravemente la autoridad y el modo de proceder de todos los actores: al Vaticano mismo, el resto de la Jerarquía polaca, los medios católicos de comunicación que lo respaldaban. Siempre lo mismo: querer imponer una apariencia, estar dispuestos a tolerar la hipocresía y propiciar una obscenidad. Y, para colmo, sólo se reacciona dignamente cuando el escándalo salta a la opinión pública.
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 16.01.07, pág. 7
DEJADO EN LA ESTACADA
En su comentario al Quijote, cuenta Clemencín que estacada era “el palenque o liza, formado ordinariamente con estacas ( …), en que se celebraban los desafíos solemnes, los torneos, justas, juegos de cañas y otros públicos de esta especie”. El vencido quedaba abandonado en la estacada, expuesto además a grave riesgo y peligro. También en el juego de la política, se puede contemplar, de cuando en cuando, algún que otro obsceno espectáculo. Uno de los más singulares consiste en dejar a alguien en la estacada, solo ante el peligro. Tal acción, felona donde las haya, suele ser, por su propia naturaleza, protagonizada por o con la colaboración necesaria del propio partido.
Como es público y notorio, José María Rodríguez ha sido y es un personaje muy importante en el PP. Con independencia de la valoración –siempre respetable- que cada cual tenga de su persona, es innegable su activo protagonismo en el quehacer diario del partido. Ha sabido hacer escuela, atraer y aglutinar a jóvenes valores. Ha dotado al partido de una presencia necesaria en las barriadas. Sabe qué hacer para que el partido sea eficaz en los procesos electorales. Suele hablar con claridad. Quizás el mejor elogio que quepa hacer de él como hombre de partido es que suele ser muy mal visto por sus adversarios políticos.
Pues bien, el Conseller de interior del Govern y Secretario general del PP de Baleares viene siendo distinguido por la oposición –lo cual es, hasta cierto punto, explicable- y, sobre todo, por la Sra Munar –lo cual es, a todas luces, una indecencia- con la petición insistente de su dimisión. Ya inicialmente, cuando se destapó el caso Andratx, se les vio a todos ellos el plumero. Sobre la base de tópicos, ambigüedades, sospechas infundadas y juicios de intenciones, intentaron vincular al Sr. Rodríguez con dicho escándalo. La realidad ha demostrado que estaban ayunos de datos sólidos y objetivos. No es extraño, por tanto, que todos ellos hicieran el ridículo en la comparecencia parlamentaria y que el Sr. Rodríguez saliera reforzado de la misma, dado el poder de convicción que exhibió.
La Sra Munar, haciendo gala de la prepotencia y endiosamiento que le caracterizan, persiste en sus ataques. Ahora dice que “debe dimitir para no perjudicar al Govern y a su president Matas”. ¡Lo que faltaba! La obscenidad se quiere disimular bajo capa de bondad, favor y tutelaje al Gobierno y a su Presidente. Estos trucos, tan habituales en el mundo que nos toca vivir, no siempre pasan inadvertidos y, no obstante el pasotismo generalizado, algunos los rechazamos por su radical desistimiento ético.
En esta misma línea, tampoco me extraña la ausencia de apoyo público y explícito de los populares a su Secretario general. Es éste un mal endémico de la derecha, que suele avergonzarse de sus ideas y que suele proponer su acción política mirando al tendido de enfrente. De este modo, demuestra la falta de fe en sí misma y también un radical desistimiento ético. Lo cual, desde la perspectiva política, les hace perder con facilidad la iniciativa y, de se modo, complicar el entendimiento de sus posiciones. ¡No aprenden!
Son tan torpes y tan pasivos, excepción hecha de Javier Rodrigo de Santos, alias “el amenazado”, que no les importa desoír el clamor de su electorado, contrario a todo pacto con semejante socio. ¿Qué es lo que temen? No nos vengan con la mandanga de que hay que posibilitar un Gobierno futuro. A eso se le llama obscenidad pues se busca ocultar otra realidad incompatible con la ética. Semejante desistimiento, señores del PP, no les reportará más que disgustos. Dan la impresión de que les tienen bien cogidos y han de pagar un cierto vasallaje: mirar para otro lado y no darse por enterados de cómo UM ejerce el gobierno del Consell. Esto –supongo que no lo ignoran- lo piensa cualquiera de sus simpatizantes. ¿Por qué toleran, y no responden, a tanta traición? ¿Por qué consienten el trato que sus socios le otorgan a su Secretario general?
Mientras tanto, Sr. Rodríguez, tranquilidad. Usted se basta a sí mismo y, en consecuencia, sabrá mantener su independencia de criterio. No olvide, si le sirve de consuelo, que, como dijo Nietzsche, “la valía de un hombre se mide por la cuantía de soledad que le es posible soportar”.

Publicado en “El Mundo. El día de Baleares”, 17.1.2007, pág. 8

martes, 9 de enero de 2007

CAER DE MI BURRA
En el Quijote, Cervantes nos dejó este retazo de sabiduría: “Yo me contento de haber caído de mi burra y de que me haya mostrado la experiencia la verdad”. Por desgracia, Zapatero, hoy mismo, después de cinco días de ignominia y cobardía, ha vuelto a querer vendernos aquello de que carece: energía y determinación. Como si nada hubiese pasado, en un gesto de suprema prepotencia y altanería. ¡Vaya talante! Lo único a que venía obligado es lo que no ha hecho ni hará: caerse de su burra o de su asno (La Celestina) o permitir que el burro lo derrame, que dijo Quevedo. Nada de caer del error, en el que ha perseverado tozudamente. Nada de entender lo que no se calaba. Nada de pedir perdón al pueblo. Nada de reconocer que estaba equivocado. Nada de sentir el daño gravísimo que ha causado a todos y, sobre todo, a las víctimas del terrorismo. Nada de irse a su casa. ¡Qué gran hombre! ¡Que estadista! Podemos recordarle a ZP este verso de Castillo Solórzano:”Cae amigo, de tu burra, pues eres tan mal jinete”

lunes, 8 de enero de 2007

RESPETAR LA NATURALEZA

Decía Horacio que “hay ciertos límites en las cosas tras los cuales el bien no puede subsistir”. Mi experiencia me dice que el hombre actual se permite el lujo de prescindir de tan elemental principio de sabiduría. Por si lo anterior no fuese ya suficientemente grave, me temo que somos tan insensatos que tal extravagancia la hacemos extensiva también al ámbito de las relaciones interpersonales (realidades naturales) más próximas, esto es, a las relaciones de familia.
Un ejemplo muy claro de este mal posicionamiento inicial se advierte a la hora de organizar la ruptura de la convivencia en relación con los propios hijos. A veces se detecta, por desgracia, una sólida convicción consistente en dar por supuesto que los hijos son de propiedad personal de alguno de sus progenitores. Al funcionar, como es lógico, con tan disparatado criterio, el desastre está servido. Los hijos serán la víctima segura de la irresponsabilidad de sus padres o de alguno de ellos. Es inútil negar los hechos o no querer ver la realidad, que diría Antonio Machado. Quien así se comporta en asunto tan trascendente carece de la virtud que consiste en “reconocer sus límites” (Claudio Magris)
Aunque no me atrevería yo a señalar a nadie con el dedo, sí debo constatar una realidad que percibo diariamente. Muchas mujeres y madres, al separarse o divorciarse, explotan, como consumadas maestras, el falso sentido de propiedad sobre sus hijos. Sobre todo, mientras se negocian las condiciones económicas del Convenio de familia o mientras se celebra el pleito correspondiente. Como son suyos, hacen con ellos lo que estiman oportuno, los utilizan a su servicio, los convierten en objeto de chantaje afectivo y en instrumento de presión, los pueden llegar, incluso, a manipular y enfrentar a sus padres. El repertorio es infinito. ¡Qué vergüenza!
Cualquiera de estas prácticas, realizada por algún varón en el periodo de escenificación de la ruptura, sería valorada por la generalidad de los Fiscales como maltrato, sería estimada por el Juzgado de violencia como constitutiva de un delito de coacciones y, por supuesto, el varón, a parte de ser condenado (antecedentes penales), sería objeto de una implacable orden de alejamiento que sólo serviría para echar leña al fuego y perjudicar aún más gravemente a los propios hijos. Personalmente no abrigo duda alguna a la hora de señalar los responsables de tan grandioso disparate y confeccionar su deshonrosa relación. Pero, no nos engañemos, el verdadero responsable es quien realiza tales conductas.
Llegados a este punto, sólo se me ocurre, a parte de lamentar tanta estupidez, pedir una oportunidad para la reflexión. Por mucho que se pretenda justificar, por grande que sea el eco en los medios de comunicación, por muy política y femeninamente correcto que pueda parecer, por mucho que se intente recrear una imagen creíble, me atrevo a decir a estas madres que no conviene que se engañen a sí mismas. Luego, ya no tendrá remedio. Cada cual debería saber en la intimidad de su conciencia que sólo una cosa es cierta: estás traspasando todos los límites, absolutamente todos. Hay que dejarse de tanta tontería, de tanta hipocresía y superficialidad, de tanto amor propio y afán de venganza, como se exhibe habitualmente. Tienes que preguntarte radicalmente por qué, estando en juego tus hijos, no te atienes, madre amantísima, al consejo de Lucano: “observar la justa medida, mantenerse en los límites, seguir a la naturaleza”. Respeta a tus hijos y te respetarás a ti misma.

sábado, 6 de enero de 2007

LA PLAGA DEL DIVORCIO

Hace unos días los medios de comunicación se hacían eco del incremento notable del número de divorcios. Dato innegable e irrebatible. Prácticamente estamos llegando a una paridad más que inquietante: igual número de matrimonios y de divorcios. No es extraño que alguien haya hablado a tal respecto de la plaga del divorcio.
El dato no debiera dejar a nadie indiferente por muy libertario y divorcista que se sienta. Menos aún a los poderes públicos. No todo cuanto sucede es positivo para la sociedad. Tantos desastres familiares, tantas frustraciones y decepciones personales, tantos hijos obligados a crecer en condiciones poco propicias para hacerse personas, tantas energías negativas (egoísmo, afán de venganza, hedonismo, etc.) actuadas, necesariamente han de tener y tienen su reflejo en la sociedad. Mucho de lo que nos ocurre diariamente, muchos de los males que lamentamos, muchas de las lacras sociales que padecemos tienen probablemente que ver, en su origen y desarrollo, con el funcionamiento de la familia.
Si esto es así, me parece necesario preguntarse en serio por las causas a fin de intentar posteriormente acabar con semejante fenómeno. Se trata de detectar en dónde radica el verdadero problema. ¿Por qué tantas personas fracasen tan fácilmente, nada menos que en el modo como eligieron hacerle frente a su vida? ¿Qué nos está ocurriendo para que, a la vista de la realidad, se pueda pensar que estamos casados con el error y el fracaso?
A mi entender, el verdadero problema no radica, ni mucho menos, en la existencia de una supuesta permisividad de la vigente ley del divorcio. Hay que ir mucho más allá. Creo que, en el fondo, tratamos de acallar y ocultar la causa del problema. No nos interesa, no tenemos el coraje de enfrentarnos a ella, nos avergüenza, nos sentimos señalados con el dedo acusador. El hombre actual hace mucho tiempo que se viene creyendo el centro del universo: todo lo sabemos, ejercemos nuestra libertad, no tenemos que responder ante nadie, lo podemos todo, no admitimos límites a nuestra libérrima voluntad. ¿No será que todo esto es una inmensa mentira o una hipocresía del propio sistema dominante de valores?
Tengo la convicción de que nos aterra el ejercicio de la racionalidad o que preferimos huir de toda sabiduría. ¿Por qué no valoramos nuestras decisiones a la vista de las consecuencias, de los efectos ocasionados, de los males generados en la sociedad y en nosotros mismos? Probablemente, un mínimo de honestidad con nosotros mismos nos llevaría a poner en entredicho el planteamiento con el que constituimos nuestra pareja y la actitud que mantenemos en ella. Probablemente nos veríamos obligados a poner en duda nuestra propia capacidad y madurez personales. Probablemente veríamos que nos fastidia reconocer que somos incoherentes y que actuamos como si no tuviésemos principios. ¿Acaso no creemos en nada que no sea nosotros mismos y lo que nos interesa?
En cualquier caso, entiendo que los interrogantes y las reflexiones previas a las respuestas se han de formular a nivel estrictamente personal. En esto consiste la sabiduría, en aprender de los propios fracasos, en convertirlos en fuente de madurez y crecimiento. Es lo que nos interesa porque, en definitiva, quien se la juega en este maremagno de frustraciones es uno mismo. Será duro admitirlo, pero me temo que, aunque casi no se hable de otra cosa, debamos reconsiderar si sabemos o no amar y si vamos por buen camino en la búsqueda de la felicidad personal.

HACERSE PERDONAR

Llevamos dos semanas desde que Benedicto XVI pronunciase su lección magistral en Ratisbona. Han corrido ríos de tinta y opiniones para todos los gustos. Desde la perspectiva en que me coloco e intentando expresar una valoración objetiva, no tengo dudas de que hay que situarse en el ámbito de los valores que definen al mundo occidental.
Uno de ellos es, sin duda alguna, la libertad de expresión. Esto es, la libertad de decir a los demás lo que no quieren oír (George Orwell). Desde la afirmación de tan definidor criterio, me parece que lo que menos importa es lo que dijo o dejó de decir el Papa, si la cita en cuestión fue o no oportuna, si la violencia es o no compatible con el legítimo proselitismo, si debió o no pedir perdón, etc. Lo decisivo es que ejerció, en el ámbito universitario, la libertad de expresión.
Centrado el tema en el ámbito enunciado, me parece que la reacción posterior del Vaticano constituye un cierto despropósito. Parece que está haciéndose perdonar no sé que supuesto pecado. Da la impresión de moverse con una cierta debilidad en la afirmación de valores irrenunciables. Creo igualmente que ha experimentado ahora en sus propias carnes la respuesta a la medida de su pusilanimidad y ambigüedad en el asunto de las caricaturas de Mahoma. ¡No aprenden!
En este último orden de cosas, me parece digno de subrayar el comportamiento de la izquierda cultural occidental, siempre instalada en lo políticamente correcto. Es decir, en la claudicación, en el retraimiento, en el miedo permanente, en el que nos dejen en paz, en el que no nos molesten demasiado (Slavoj Zizek), en el no correr excesivos riesgos. Al final, aunque parezca incomprensible, no propician la libertad ni los valores que dicen profesar. Esa libertad que la referida izquierda siempre invoca para atacar sectariamente a quien considera su adversario. Curiosamente, esta izquierda de nuestras desdichas acaba apoyando a quienes personifican los valores más ultraderechistas que uno puede imaginarse. ¿Por qué no condenan el trato otorgado a los homosexuales o la mujer en ciertos lugares?Tocamos aquí un tema capital. Frente a la expuesta “mística boba” de la tolerancia multicultural, pienso que hay que ser intolerantes a la hora de exigir la “uniformidad de la ética de los valores fundamentales” (José A. Marina). Entre ellos se incluyen, precisamente, la libertad expresión y el rechazo de toda violencia como forma de hacer proselitismo. Tale valores deben ser respetados por todos, procedan de donde procedan, profesen la religión que profesen o ninguna, sean católicos, evangelistas, judíos o islamistas.

HABLAR EN NECIO

Es de sobra conocida la versión espúrea de los versos de Lope de Vega, que Don Cándido Nocenal pronunció al contestar a Alarcón en su ingreso en la Academia española. Dice así: “El pueblo es necio, y, pues lo paga, es justo hablarle en necio para darle gusto”.
Cuando uno escucha a nuestra particular Sibila y a su adlátere aspirante a Cort, no puede por menos de imaginar que, según tales politicastros, formamos parte de un inmenso rebaño de ingenuos y necios. Hay que tener el estómago de un camello para poder digerir tanta mentira, tanta chulería prepotente, tanto mensaje filibustero, tanta amenaza y tanta falta de respeto al ciudadano, como se expande desde las terminales de UM. Hay que ser muy ingenuo para dar crédito, sin dudar del cobro, a la señora de la grava y la subvención. Bueno, en realidad, ha sido suficiente, hasta ahora, con ser del PP.
Incluso aunque existiera ese ciudadano de candidez angelical, difícilmente se creería que UM actúa al servicio del interés general, que los accesos a la ciudad de Palma son de competencia del PP, que UM no viene traicionando reiteradamente al PP, que UM sólo es atacada por unos pocos, que a UM le es difícil entenderse con un sector del PP muy radicalizado, que UM ha demostrado ser eficaz en la gestión de los residuos (y además con un coste mínimo) cuando resulta que hay que cerrar Son Reus por inseguro y contaminante, que UM no reparte el dinero público a espuertas, que UM ha explicado y justificado el regalito de Can Domenge, que UM no coquetea con el Psoe, que la Sibila no anda en boca de todo el mundo, que la Fiscalía anticorrupción no debería husmear los entresijos de UM, que la Sibilia no pidió la dimisión del Conseller de Presidencia por venganza personal, que no cuesta dinero público su exhibición nauseabunda en ciertos medios de comunicación, que UM respeta a los inmigrantes y forasteros, etc. etc. Y, suma y sigue, hasta el infinito.
Pero donde el crédulo ciudadano lo tendría muy mal sería a la hora de entender la actitud de UM en relación con la capitalidad de Palma ¡Qué pena que una indisposición del candidato de UM a Cort nos impidiese contemplar el espectáculo de desdecirse de su compromiso! Algo tan beneficioso para la ciudad de Palma no es apoyado por quien desea optar a ser su Alcalde. ¡Vaya candidato! Dada su afición a volar, no extraña que siga o esté en babia y nos prometa lo que piensa no cumplir.
Para coronar el cúmulo de despropósitos, hemos de recordar, por último, la actitud de UM en relación con la fachada marítima. Está empeñada en torpedear todo lo que se le ponga en el camino. ¡Buena es Ella, la Sibila! ¡Puedo ser muy peligrosa!, le espetó al Concejal de urbanismo de Palma. Quien le echa un pulso, lo pierde. Como Nuñez y Navarro osó ofrecer el doble por Can Domenge, ahora se va a enterar. Protegeré el edificio de Gesa –dice con arrogancia- y me vengaré de todos. ¿Que esto perjudica a la ciudad, al Palacio de Congresos, a la remodelación de la fachada marítima, a la ciudad de Palma?, pues me importa un comino. Yo, a lo de siempre, a lo mío.
El clamor frente tales manejos es popular. Son numerosas las entidades, asociaciones e instituciones contrarias a catalogar el edificio. Quien, por cierto, se ha lucido ha sido el Colegio de arquitectos. ¿Con qué es un “edificio activo y vigente”? Lo único vigente, al parecer, es el pésimo gusto artístico del Sr. Corral. Si ese edificio debe catalogarse por su singularidad, es que hemos perdido el sentido. Urge, en consecuencia, la movilización ciudadana. No podemos permitirnos el lujo de la pasividad. Está en juego la imagen exterior de Palma y el hacer las cosas con un cierto sentido de futuro. El ‘cainismo’ debe desterrarse de una vez por todas.
Puede seguir pensando que todo el mundo es necio. Pero, no se equivoque. Llegará el momento de pasarle factura con el voto. Como dijo Arturo Graff, “la ingenuidad es una fuerza que los astutos hacen mal en despreciar.