Una vez más la sociedad española caerá en la trampa. Todos los años se repite la misma historia. Ahora parece que existe un gran interés en abordar la problemática educacional. Resulta que quienes más han hecho y hacen por destrozarla, quienes han guardado un cómplice silencio, se ponen al frente de la manifestación. Nadie puede sugerir ni intentar algo al respecto si no goza del visto bueno de la ‘progresista’ izquierda. De inmediato se agitan todos los tópicos, se miente, se manipula, se instrumentaliza hasta los propios alumnos. No hay límite. Eso sí: todo seguirá como estaba o peor. Cuando aparezca el nuevo informe Pisa, miraremos a la cola del pelotón. ¡No tenemos remedio!
La cosa -conviene subrayarlo- viene de lejos y ya huele mal. La gente no debería olvidar que llevamos muchos años en aplicación del método socialista. El gran golpe a la educación -cuyas consecuencias paga y seguirá pagando la sociedad española- lo protagonizó la socialista LOGSE. Parece mentira que tantos interesados corifeos de la izquierda política –como pululan en los medios de comunicación, sindicatos y ciertos sectores del profesorado- ignoren, como ha recordado Gabriel Albiac, que, ya desde la formulación de Condorcet, la revolución sólo se consumaría cuando la enseñanza se hiciese trampolín para la ‘aristocracia de la inteligencia’, única ‘aristocracia republicana’, que enterrara los viejos privilegios estamentales. ¿Dónde está su pretendido ‘progresismo?
Han sido ellos –los que ahora se manifiestan- quienes consideraban reaccionario a cualquiera por el simple hecho de atesorar una cierta cultura, quienes se cargaron el rigor del sistema de selección del profesorado, quienes vejaron la idea vocacional, quienes impusieron la dictadura de los ‘pedagogos’, quienes primaron el interinato, quienes despreciaron el esfuerzo y el mérito, quienes propiciaron, como resultado, el alumno, que accede a la Universidad, sin saber leer, sin haber oído jamás algo de las lenguas clásicas, sin conocer las grandes corrientes de pensamiento, etc. etc.
¿Qué hacer ahora?, se preguntan muchos padres y ciudadanos. En mi opinión, no secundar ni apoyar tanta ignorancia. Nuestros hijos y nuestros jóvenes no se merecen tanto desprecio. ¿Por qué no te preguntas si todavía vas a seguir con tu silenciosa y pusilánime complicidad? La educación de tus hijos es demasiado importante como para dejarla en manos de políticos irresponsables y sindicatos sectarios. No te andes por las ramas. Te volverán a enredar en cuestiones sin importancia y volverás a apoyarles en el fracaso. No te resignes, lucha y no aceptes que la cosa no tenga remedio.
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