miércoles, 11 de enero de 2012

¡YA EMPEZAMOS!

Es evidente –salvo para los corifeos y pelotas de siempre- que Rajoy ha empezado mal. Ha incumplido las promesas electorales. Ha hecho lo que siempre ha dicho que no haría: subir los impuestos. Y lo ha hecho sin explicarlo bien y sin justificarlo como es debido.

La comunicación con el ciudadano sigue siendo una asignatura que no aprueba el PP. Siguen prisioneros de sus complejos. ¿Por qué no se atreven a decir la verdad de aquello que se han encontrado? ¿Acaso tienen miedo a la reacción de la izquierda? ¡Lamentable! Parece hasta mentira. Pero, es así. No lo duden, señores del PP, pagarán un alto precio por no saber o no querer explicar lo que hacen.
Todavía hay más. El entuerto ofrece una dimensión mucho más profunda: No ha sabido justificarlo. Lo cual me parece especialmente grave. Me temo que, en el fondo, no tienen claro cuál es su función como representantes del pueblo. Para exigir un esfuerzo tan importante a las ya sufridas clases medias hay que pertrecharse de altas dosis de autoridad moral. Es decir, antes hay que hacer verdadera limpieza, empezando por la propia clase política. Antes hay que exigir un esfuerzo proporcionado a los grandes capitales, al clase verdaderamente rica de este país. ¿Por qué no lo hacen? Mal, muy mal empezamos.

Cuando se piden tantos sacrificios –en muchos casos más del 50% del rendimiento del propio trabajo-, la ejemplaridad de la Administración pública adquiere un protagonismo especial. No se puede malgastar ni un euro. Es más, antes de exigir semejante esfuerzo al ciudadano, hay que dar ejemplo y acabar con cualquier gasto inútil, por insignificante que sea y afecte a lo que afecte. Se trata de acabar con las causas reales del cachondeo hasta ahora existente. Hay que acabar con la existencia de instituciones, fundaciones, empresas, organismos, consejos, institutos, inútiles e ineficaces y que sólo sirven para colocar a los del propio partido cuando se ostenta el poder. Es una simple pero esencial cuestión de ejemplaridad previa.

¿A qué viene semejante pusilanimidad del Gobierno Rajoy? Él sabrá. Pero se la está jugando.

domingo, 8 de enero de 2012

LA FINANCIACIÓN DE LA EDUCACIÓN
Una de las manifestaciones más claras de la importancia que una sociedad otorga a la educación de sus ciudadanos reside en la financiación de su sistema educativo. Vamos a mostrar, al respecto, cómo la realizan en aquellos países (Semanal ABC, 10.12.2011), que tienen reconocido un notable éxito educativo.

Según declaraciones de Reijo Aholainen, Director del Ministerio de Educación y cultura, en Finlandia “hay consenso para que nunca falte financiación. Casi todas las escuelas son públicas y municipales. El transporte escolar, los libros y la comida son gratis. Nuestras aulas tienen televisor, cocina, audiovisuales...¡y un ordenador por cada dos alumnos! El Estado corre con los gastos educativos de cada filandés hasta que consigue un título”. Viene a invertir unos 200.000 € en educar a cada filandés desde primaria hasta la Universidad. Se le inculca al alumno que no malgaste el dinero del contribuyente, que es quién paga, en definitiva, su educación.

En Suecia hubo un momento –al inicio de los 90- en el que se entendió que el derecho a elegir el mejor Colegio para los hijos no podía depender de la capacidad económica de sus padres. Odd Eiken, ex secretario de Estado de educación, explica cómo el Gobierno conservador promovió una reforma –que respetaron y mantuvieron después los socialdemócratas-, consistente en que el Estado da un cheque anual por cada hijo, de un valor que oscila entre 6000 y 7500 €. Las familias –dentro de cada municipio- reciben la misma cantidad por hijo. Con esa cantidad se cubre aproximadamente un 85% del coste de la escuela, que los padres hayan elegido, sea pública o privada. Sistema de financiación, que apoyan la izquierda y la derecha políticas.

En Singapur, otro de los países que entendió que la educación era clave para sobrevivir y competir, dedica –según Saravanan Gopinathan, Profesor de un Instituto nacional de educación- el 20% del presupuesto nacional. “Lo consideramos –dice- una inversión, no un gasto”.

En Corea del Sur –nos cuenta Sunwoong Kim, Profesor universitario-, se dedica a la educación casi el 7% del PIB. Como ello no es suficiente, en las escuelas públicas gratuitas “se debe pagar un donativo, que se supone que es voluntario pero que en realidad no lo es, de 600 dólares mensuales”. Sin embargo, las familias pagan otro tanto o más que el Gobierno en educación.

En España se ha abierto el debate –con gran escándalo entre los profesionales de la enseñanza pública más atentos, en general, a sus derechos laborales que a los frutos de su función- en torno a la gratuidad de la enseñanza, sobre todo en el nivel universitario. Como en tantas otras cuestiones, la iniciativa ha correspondido a Esperanza Aguirre. Es cierto que el alumno universitario apenas satisface el 10% del costo de la plaza que ocupa. Es cierto también que si no aprueba, volverá a disfrutar de un precio casi gratuito por su nueva matrícula. Es cierto que este estado de cosas puede llevar a preguntarse sobre su dimensión social. Es cierto que los impuestos del ciudadano -y todos pagamos- se utilizan para financiar la desidia de muchos repetidores. Es cierto, por tanto, que el debate sobre la gratuidad de la enseñanza –al menos, en ciertos niveles- es merecedor de atención.
Sin embargo, soy partidario de la más amplia gratuidad en la enseñanza a todos sus niveles. Dado el alto nivel impositivo que soportamos, hemos adquirido el derecho a recibir la educación de nuestros hijos con gratuidad. Su exigencia efectiva me parece una cuestión elemental y esencial, de simple salud democrática, correspondiente con la prioridad en que ha de situarse la educación, que retrata a la sociedad misma y al Estado, y que marca el futuro del país en todos los aspectos.
CLAVES PARA UN SISTEMA EDUCATIVO
Una de las reformas prioritarias que tiene pendiente este país es la del sistema educativo. Alguna de las posibles claves para la misma fue aportada en un reciente seminario de la Fundación Ortega-Marañón y Fedea. El Semanal de ABC, del 4-10 de diciembre de 2011, las ofreció a sus lectores en un magnífico reportaje de Carlos Manuel Sánchez.

El reportaje –en el que nos inspiraremos-, inicia su presentación con una muy atractiva inscripción, que nos define y sitúa como pueblo. Dice así : “España tiene cuatro equipos de fútbol entre los 25 primeros del mundo. Pero no tiene ninguna universidad entre las 100 primeras”. Todo lo contrario a lo que ocurre, por ejemplo, en países como Finlandia, Suecia, Singapur o Corea del Sur, cuyos sistemas educativos se miran como modélicos. ¿Cuáles fueron las claves que las inspiraron?

La primera medida consistió en acometer una radical reforma del sistema educativo, basada en el consenso político. Algo que en España, a la vista de la experiencia, parece un imposible metafísico.

Dentro de las lógicas diferencias, existen, sin embargo, aspectos comunes, a saber: “excelentes profesores a los que se pagan sueldos en consonancia, pero a los que también se les exige y a los que se evalúa continuamente...; financiación de las escuelas garantizada y generosa, sean públicas o privadas; implicación de los padres; fomento de la lectura; clases bilingües de verdad y no el chapurreo de cuatros palabras en inglés; obsesión con las matemáticas, las ciencias y las tecnologías ...”. Todo ello condimentado con recetas tan antiguas como disciplina, esfuerzo, respeto. ¡Parecido a lo que ocurre en España!

Con palabras de José Antonio Marina, se señala que, en la escuela, hay que enseñar el respeto a la ley, la no discriminación de nadie, la prohibición de la mentira, la no utilización a favor propio de la función que se realiza en la sociedad, la necesidad de buscar la justicia, el reproche al uso de la fuerza, la ética, etc. Si no se enseñan en la escuela, me temo que tampoco lo haga la familia al menos, muchas de ellas-, tal y como se encuentra en estos momentos.

viernes, 6 de enero de 2012

EL PROBLEMA ESTÁ EN NOSOTROS

Por fin, al cabo del tiempo, tenemos Gobierno. Era absolutamente necesario el cambio. Íbamos directos al precipicio. Ahora nos toca desear y esperar su acierto en la gestión. Pero, sobre todo, nos corresponde ‘hacer camino al andar’, que diría Antonio Machado.

Ya sé que el primer empeño de este Gobierno es el empleo. Es lo que demanda la realidad de más de cinco millones de parados. El nuevo Gobierno se ha organizado, con buen criterio, al servicio de este objetivo nacional. Las personas elegidas me parecen preparadas e idóneas. ¡Suerte y a trabajar!


omo tantos otros españoles, pienso, sin embargo, que la verdadera crisis que España ha de afrontar es de otro orden. Llevamos demasiado tiempo exhibiendo, como individuos y como colectividad, esa vieja actitud humana que consiste en creerse, a todos los efectos, como dioses. A partir de aquí, actuamos como si no hubiera límite alguno, ni legal ni ético. Todo –aunque lleve consigo la imposición a los demás de las propias concepciones de la vida- nos puede parece digno de aplauso y apoyo. A veces, da la impresión de que buscamos, como valores, la división y el enfrentamiento. Hemos ratificado la no creencia en la verdad, en la igualdad, en la justicia y en la libertad. Nos hemos dejado chupar la inteligencia y la conciencia, como reprochaba Stockmann en un Enemigo del pueblo ¡Qué cosas, madre mía!>br>

Toda esta trascendental e inmensa problemática me parece prioritaria para este país. No obstante, dudo que el Sr. Rajoy esté dispuesto a abordarla en serio. Tengo al respecto serias reservas sobre lo que pueda aportarnos en educación, en interior y en justicia. Quizás ello explique el perfil de las personas elegidas. Alguna ya ha enviado mensajes más que inquietantes. ¡Ya veremos! Me temo lo peor.


En estas fechas propicias al cambio, quiero dejarles mi mensaje de felicitación a todos. Lo hago con las palabras del Profeta a Umar ante las lamentaciones por la pérdida de Granada: “el problema está en nosotros, en nuestra sangre” (Tariq Alí). Si fuésemos diferentes, hasta la política cambiaría.