martes, 31 de julio de 2007

NO FUERA SINO DENTRO
Cuando hemos asistido resignadamente al espectáculo estúpido del PP balear, empeñado, en los cuatro últimos años de gobierno, en imponer, desde la ignorancia activa, una política familiar con el ojo puesto en los planteamientos de la izquierda, no nos extraña nada que las cosas vayan de mal en peor. Si la gran aportación –prepárense para lo que se avecina- que, en materia tan sensible, nos ofrece la clase política balear es la recepción acrítica del prejuicio de la ideología de género, me parece imbécil pedir peras al olmo: la violencia doméstica y la ruptura familiar irán en aumento. Baleares, en ambos índices, no debería sentirse orgullosa del puesto privilegiado que ocupa.
Con ser todo lo anterior muy descorazonador, me preocupa aún más que la sociedad balear acepte de buen grado semejante prejuicio como alma inspiradora de la familia del futuro y de la inacabada conquista de la identidad femenina. ¡Qué inmenso error! Se ha cumplido, una vez más, la reflexión de J.A.Marina según la cual “…el ser humano … puede acabar aceptando como normal cualquier disparate que se repita muchas veces”.
Uno de los aspectos de las relaciones de familia que ponen a prueba la validez del régimen legal, la responsabilidad de la pareja y los anversos obscenos de la realidad es el referido a la guarda y custodia de los hijos. Se afirman principios básicos, como la corresponsabilidad de ambos progenitores, y, después, se fija, en el propio Código civil recién reformado, un criterio claramente restrictivo a la hora de otorgar la guarda y custodia compartida. Se vende esta novedad, como el no va más allá, y luego, por una vergonzosa cesión a las exigencias del feminismo de género en busca del voto, sólo se admite excepcionalmente. Se anunció la llegada, por fin, de una reforma progresista y, contradictoriamente, se dejaron subsistentes criterios tales como que la madre es la mejor guardadora de los hijos o como que los hijos son de sus madres.
Mis muchos años de vida profesional, centrados en los problemas de la familia, me dicen que las últimas reformas socialistas han privilegiado a la mujer y madre de un modo indiscriminado, han tomado partido por lo femenino, han criminalizado la mala educación y han propiciado que el varón y padre quede, en muchos casos, a los pies de los caballos. ¡Y, después, nos extrañamos del gatuperio que se monta a la hora de organizar la familia en el marco de la ruptura de la pareja y de la violencia generada!
Lo he dicho multitud de veces. Tantas que no quiero reiterarme. Lo diré, en esta ocasión, con palabras de Maria Bacigalupo, a saber: “Lo que ha ocurrido es que se ha perdido el norte, se le ha quitado al padre toda posibilidad de decisión en el destino de sus hijos y esto ha ido socavando la relación, desvinculando al hijo de una de las figuras parentales, el padre, con lo cual se lesiona su procedimiento de crecimiento y humanización. El hombre convertido en un padre ‘intermitente’, marginado de la familia, poco a poco se distancia de sus hijos, le cuesta recuperar el lugar que tuvo como padre y deja de lado paulatinamente su responsabilidad alimentaria. De modo simétrico, el hijo tiene dificultades en mantener una relación estrecha con ese hombre que ve de manera esporádica, a la vez que percibe el abandono paterno” ¡Impecable y sin comentarios!
Esto es, en el mejor de los casos, todo lo que se nos ha ocurrido realizar: marginar al padre del proceso de maduración y crecimiento de sus propios hijos. Todo un despropósito, elevado a la categoría de normalidad y de realización, poco menos que óptima, de la tutela del interés del menor. Instalamos en la corrección la negación misma de la corresponsabilidad de los progenitores, que ha de continuar a pesar del divorcio. Y, todo, por un plato de lentejas. ¿Es posible una obscenidad mayor? Quizás, sí: que “no se quiera ver”, que diría Julián Marías.
Al margen de tanta medida hipócrita como se pone en marcha y tantas energías mal gastadas, creo que el inicio de la solución –si es que existe alguna- radica en algo que no se quiere ni oír. En mi opinión –como sugirió Hermann Hesse-, ante el desastre familiar que propiciamos, no se puede evitar el examen de conciencia personal. Fruto del mismo, es muy posible que tengamos que reconocer que nos vemos obligados buscar la culpa de nuestros males, individuales, familiares y sociales, “no fuera sino dentro” de nosotros mismos.
Publicado en "El Mundo. El Día de Baleares", 29.07.2007, pág. 8

domingo, 22 de julio de 2007

LA CONSPIRACIÓN DE SILENCIOS
Decíamos el otro día, mediante una cita de Benjamín Disraeli, que el ejercicio de la política se resumía en una sola palabra: disimulo. ¡Qué bien lo intentan hacer nuestros socialistas! Centran todos sus esfuerzos en crear y mantener una apariencia de hombres de consenso, de diálogo, de entendimiento, de contar con todos, incluso con el PP, para la felicidad del pueblo, para el cambio. Han logrado –nos dicen- aunar voluntades tan dispares como la derecha más rancia, la izquierda más radical y variopintas versiones del nacionalismo, incluido el independentista. Se presentan con rostro amable, con buen talante y con la lección del desastroso “Pacte de progreso”, que protagonizaron, bien aprendida. Al menos, eso dicen. Ahora serán diferentes.
Con ello –piensan- el pueblo anestesiado y pasota, huérfano de valores que vayan más allá del disfrute del rabioso presente, nos “dará crédito para todo lo demás”, que diría el satírico Charles Churchill. Es posible que así sea. Son expertos en estas lides. Personalmente, sin embargo, me atengo a la recomendación de Arthur Koestler en el sentido de evitar a toda costa incurrir en traición por no denunciar cuanto haya que denunciar y, en consecuencia, no formar parte de la conspiración de silencios. ¡Este es el gran espectáculo de nuestra mal llamada democracia!
Hay que tener un alma muy buena para no sospechar la maldad en estos socialistas. Ya han empezado a practicar lo contrario. Están empeñados en una foto fija: la de un PP que hizo mal las cosas (parón irresponsable al nuevo hospital y a la fachada marítima). Consenso y diálogo, pero ya han asomado la oreja del rodillo y del silencio en el Parlamento. Consenso y diálogo, pero, con indignidad, han rechazado el homenaje a Miguel A. Blanco. Consenso y diálogo, pero ya han señalado con el dedo culpabilizador al PP por el fuel en las playas de Ibiza. Consenso y diálogo, pero los Consellers afectados se niegan a dar las explicaciones pertinentes en el Parlamento. Consenso y diálogo, pero no pactarán tema alguno de importancia con el PP. Eso sí, insistirán que es por su culpa, por su incapacidad, porque está anclado en el pasado. Ya lo verán. El PP será culpable de cuanto ocurra –y ocurrirán bastantes cosas- por aquí en los próximos cuatros años.
Son muchos los ciudadanos que temen –y con toda razón- el gatuperio que se avecina por el tema lingüístico. Como piensan que electoralmente no favorece sus intereses, intentan disimular, como si lo de la inmersión lingüística no fuera con ellos, como si fuese sólo cosa de sus socios. La verdad es que serán ellos los responsables, concretamente Antich, quien, por cierto, intentó en las últimas conversaciones para la aprobación del Estatuto meter de rebote semejante gol.

No exagero lo más mínimo si subrayo que, para los socialistas, antes de las elecciones la corrupción se había “desaforado” y “disparado hasta extremos alarmantes”. Se sentían -Aina Calvo dixit- “horrorizados” ante tan “indigno espectáculo” y era ineludible y urgente “combatir” esta lacra. Para los socialistas, nuestra entonces Princesa representaba la personificación misma de la corrupción. ¡Cómo la ponían! Es más, lo peor del PP estribaba –sin posibilidad de matizaciones- en que la estaban apoyando y protegiendo (Comisión de investigación). En cierta ocasión, tuve que recordarle, a este respecto, al hoy Concejal de movilidad de Cort que ellos habían gobernado –y muy mal, por cierto- con ella en los tiempos del “Pacte de progreso”. Pues bien, querido Joaquín, ¿qué nos dices ahora? ¿Cómo definirías a los tuyos?
Entiendo que busquen disimular, que les moleste que alguien denuncie estas cosas y que rompa la conspiración de silencios, que intentan tejer. Pero lo que han hecho ha sido muy gordo y sin que les hayamos –nosotros el pueblo soberano que tanto invocan y a quien muy poco respetan- otorgado autorización o crédito alguno para ello. Han impuesto –todo el mundo sabe los resortes utilizados- un pacto obsceno y perverso a quien tanto vilipendiaban y han organizado el gobierno en las instituciones sobre la piedra angular que antes desechaban. En beneficio propio y para arrojar al PP del Gobierno de estas Islas, no han tenido escrúpulo alguno en utilizar las instituciones y en servirse de la extrema debilidad de la actual Emperatriz del Mediterráneo. Y, encima, disimulan y buscan organizar la conspiración de silencios.
En definitiva, semejante “imbecilidad” no me parece respetable porque, como diría Vargas Llosa, es elegida y deliberada.
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 22.07.2007, pág. 10
PERAS AL OLMO
Ha dicho –y con razón- Pérez Reverte que “mirar hacia otro lado es más socialmente correcto y no le complica a uno la vida”. Incluso, si se asume tal actitud al abordar cualquier tema que tenga que ver con la mujer, evitas que te llamen “machista”. Tan melifluo totalitarismo, mayoritariamente aceptado, nos inocula dulcemente un veneno muy mortífero: no interrogarnos por las causas, por el por qué, de los fenómenos sociales. Lo cual distorsiona el diagnóstico e inutiliza las soluciones que se ponen en marcha. Es más, sin pretenderlo, se impulsan los propios fenómenos que buscamos erradicar –las paradojas, que ha subrayado el filósofo canadiense Sébastien Charles-.
La valoración precedente explica cuanto nos sigue ocurriendo en el seno de la familia actual y en el modo de estar en la misma. Estamos fracasando porque insistimos en buscar la solución desde un dogma de la corrección femenina: la superioridad y sometimiento que ejerce el varón. Tal prejuicio (ideología de género) es lo cómodo, lo fácil, lo femeninamente correcto, lo que puede rentabilizar en votos, lo que no le complica a uno la vida. Pero huye de indagar en las verdaderas causas, entre otras cosas porque nos interpelan y acusan a nivel individual y colectivo. No sólo no hemos erradicado la violencia sino que va en aumento. No sólo no hemos estabilizado la familia sino que su ruptura alcanza ya a un 75%. ¿Por qué no somos capaces de pensar que algo estaremos haciendo rematadamente mal?
Dicho de otra forma y sin tapujos, creo sinceramente –como vengo repitiendo desde hace mucho tiempo- que la violencia existente en la familia no se logrará evitar, ni erradicar por fin, con pulseras, con Juzgados especiales, con más policías, con órdenes de alejamiento, con observatorios sobre la violencia ejercida sobre la mujer, con pisos de acogida, con denuncias y más denuncias, con estadísticas de todo tipo, con imposiciones en el lenguaje, con jueces y fiscales adictos a la ideología de género, con concesión de privilegios, con exhibiciones de victimismo, con aplicaciones indiscriminadas de la caridad de género. Todo esto ya se ha puesto en marcha y ahí está el resultado obtenido. ¿Por qué nos empeñamos en casarnos con el error o, como diría Baltasar Gracián, por qué hacemos ostentación de equivocarnos?
Al margen de que en las anteriores medidas puede haber muchos anversos obscenos –que los hay- e incluso al margen de aceptar como válidas y complementarias algunas de ellas, lo cierto es que no se hace hincapié en las causas de fondo. Éstas tienen mucho más que ver con los valores que sustentan la conducta de la gente, con el grado de madurez personal que se acredita, con la actitud con la que se forma la pareja y se está dispuesto a permanecer en ella, con el sentido de la propia vida de que se participa, con el compromiso de vida en común que se quiera asumir, con el entendimiento de que hay que dar más que recibir, con la disposición a practicar la tolerancia, el respeto y el sufrimiento ante las dificultades de la convivencia, con abrazar el principio de que se educa con el ejemplo, con no uncirse al carro de la indiferencia, la mediocridad y la superficialidad, con el afán por lograr un cierto grado de perfección personal, con la no divinización del bienestar presente, con el decidido propósito de compartir el poder en la pareja.
Desde esta perspectiva, de nuevo incurrimos en otra paradoja de la era hipermoderna. Ésta, en el tema que venimos tratando, consiste en empeñarnos en atacar y destruir aquello que es la solución. En efecto, la clave salvadora reside, a mi entender, en la educación personal, que sólo se genera y acrecienta en el ámbito familiar. Pues bien, he ahí una de las instituciones naturales menos mimadas y cultivadas en estos tiempos, menos sentidas y utilizadas para transmitir ciertos valores esenciales, más dilapidadas por todos. ¿Qué podemos esperar? Esto mismo, le ocurre a las instituciones públicas. Fomentan políticas, sin contenido ético, que todo lo relativizan; fomentan una instrucción en las escuelas ajena al esfuerzo y la competencia; fomentan conductas cómodas y fáciles que llevan a tirar por la borda los propios compromisos a las primeras de cambio (aborto, ruptura de la pareja, eutanasia); permiten que reine por doquier el imperio de la fuerza. ¿A qué viene después tanta extrañeza y aparente lamentación?
No se crea que este inmenso error (buscar la solución en un prejuicio ideológico e incurrir en la paradoja) sólo es cosa del Gobierno socialista de ZP. También lo ha sido en Baleares con un Gobierno del PP.
Y es que no aprendemos. No se pueden pedir peras al olmo.
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 21.07.2007, pag. 10

miércoles, 18 de julio de 2007

ESTILO OBSESIVO
Como es sabido, la ideología de género que nos invade está de llevando de hecho a muchas mujeres a comportamientos verdaderamente uniformes y rígidos. Tan es así que, a veces, uno tiene la tentación de integrarlos en lo patológico. En la más benigna de las interpretaciones habría que hablar de estilo obsesivo. Veamos algunos ejemplos.
Hace un tiempo Edurne Uriarte se quejaba de la facilidad para el tuteo que la sociedad actual tiene con las mujeres. Tal familiaridad le parecía excesiva y, desde luego, no era, en su opinión, la misma que se usa con el varón, incluso en el ámbito profesional. Esta supuesta actitud, interpretaba, “…no tiene nada que ver con esas cualidades supuestamente femeninas de la cercanía, de la empatía, de la búsqueda de relaciones horizontales y de igualdad o de la facilidad para el diálogo. Más bien se trata de los últimos restos de algunos males del pasado., de la superioridad desde la que aún se nos juzga en el mundo profesional o de la dificultad con la que se nos reconoce autoridad”.
Decían nuestras abuelas que al corazón del hombre se llegaba a través del estómago. Ahora, asegura Ángela Vallvey, “… son ellos los que han decidido tomar ese camino para llegar a su vez a la víscera principal de las mujeres. O, por lo menos, para quedarse cerca, más o menos por la zona del bajo vientre”. Confía, no obstante, en que no tuviese razón Thomas Deloney cuando dijo que Dios nos envía los manjares y el demonio los cocineros.
Días pasados, “Yo dona” insertaba un debate relativo a los celos (competitividad) profesionales en la pareja. Al margen de compartir o disentir de lo que allí se expresaba, me interesa poner de relieve algunas opiniones de Carmen Roney que inciden sobre la reflexión que queremos presentar. Para la abogada matrimonialista, tales celos profesionales son una manifestación del clásico juego de poder patriarcal. “La mujer, asevera, ocupa una nueva posición y entra en competición con el hombre, quien siente, erróneamente, que se le está comiendo el terreno”. Tan es así que, a la vista de su experiencia profesional, muchas parejas “… se disuelven en un escenario de lucha de poder… A los hombres les gustan las mujeres que trabajan, pero siempre y cuando no adquieran demasiada luz propia, ¡no vayan a eclipsar la suya!”. Tan claro lo tiene esta abogada que no duda en sentar la siguiente generalización: “Hoy, los hombres interpretan el avance femenino en el ámbito público como una pérdida de sus espacios propios y sus ámbitos de poder”.
Ya lo ven. Las cosas se complican innecesariamente. El hombre, haga lo que haga, corre el riesgo de ser mal interpretado. Como diría la periodista Pepa Fernández, siempre “hay gente pa to”. Incluso hay gente, hombres y mujeres, mal educados, que se toman familiaridades que no les han sido otorgadas. Quizás ello tenga que ver con la educación recibida, con una errónea idea de la igualdad, con el sistema de valores existente en la actualidad. Pero me cuesta creer que tales descortesías en el trato las hagan los hombres, que las hacen, por humillar a la mujer, por expresar e imponer su inexistente superioridad. ¿No estarán quienes así lo ven siendo víctimas de la ideología de género, fundamentalista y doctrinaria? ¿No será que dicha ideología les lleva inadvertidamente a un patrón obsesivo de interpretación uniforme de cualquier realidad en la que esté presente el hombre?
Tampoco comparto puntos de vista, y menos con carácter general, como los expresados por Ángela Vallvey y Carmen Roney. Sí que pueden existir conflictos y malentendidos a la hora repartir las tareas del hogar en un esfuerzo conjunto de adaptación a la circunstancia profesional de cada uno. Claro que también pueden tener cabida los celos y la envidia profesionales. Pero, probablemente, se desenvuelven más en la pura y simple condición humana. No es necesario –ni creo que se plantean en este terreno- retorcer tanto la interpretación y ver en todo el mismo hilo conductor (ideología de género): la expresión de la superioridad masculina.
Creo, más bien, que todas estas posibles manifestaciones de la débil condición humana se integran en la lucha, siempre inacabada, por madurar como personas y como pareja. En ella, me parece esencial adoptar una actitud positiva, que podría resumirse en el punto de vista que expuso Pepa Fernández en el referido debate, a saber: “Yo, a la persona que amo, le deseo lo mejor, incluso que profesionalmente le vaya mejor que a mí. Y me sentiré orgullosa de su triunfo”.
LA CONVIVENCIA MARITAL
Una de las decisiones judiciales que más indignan e irritan a los ex maridos es aquella en la que se les impone la obligación de seguir pagando a sus ex esposas una pensión compensatoria, en muchos casos por tiempo indefinido. Suelen ser, en realidad, actos de verdadera caridad de género. Al menos, en muchos supuestos.
Al producirse la ruptura definitiva de la pareja, la mujer, en la mayoría de los casos, sigue viviendo con sus hijos, menores de edad o no independizados profesionalmente. Puede ocurrir, en otros casos, que la mujer viva sola al no existir hijos o al haberse éstos independizado de sus progenitores. En ambos supuestos, suele tener atribuido judicialmente el uso del que fuera domicilio conyugal y suele percibir una pensión de alimentos o compensatoria de su ex marido. En cualquier caso, no se debe excluir –más bien lo contrario- que la mujer reorganice su vida y constituya una nueva pareja –tiene todo el derecho -.
El problema se plantea cuando la mujer trata de ocultar y disimular su legítima opción. Es cierto que no tiene por qué pregonar su vida personal. Pero, si dicha opción es el presupuesto para la extinción de la pensión que viene satisfaciendo su ex marido, ya no parece tan razonable su ocultación. Es aquí donde radica la madre del cordero: mantener una nueva relación afectiva y, al mismo tiempo, seguir cobrando la pensión correspondiente del ex marido. ¿Quién es la víctima en este caso?
Supongo que estarán pensando que estas situaciones no perdurarán en el tiempo pues los Jueces se harán cargo de ellas y las resolverán con acierto. ¡Qué más quisieras ranchera! La prueba del hecho de la convivencia marital en estos supuestos es cualquier cosa menos fácil. El ex marido viene obligado a probar la realidad de la situación (que ex mujer tiene una nueva relación afectivo con una tercera persona) que alega. Para ello, como es lógico, no basta con relatarlo al Juez. Estamos, a decir verdad, ante una prueba diabólica, máxime si, como es habitual, el Juez entiende que no es suficiente con acreditar actos aislados de una posible relación sentimental (verles juntos en la calle, verle entrar en casa y permanecer en ella durante un tiempo prolongado, asistir juntos a ciertos actos sociales, tener entre sí manifestaciones externas de afecto, etc.). Es necesario acreditar una convivencia con todas las características que suelen darse cuando se trata de esposos. Esto es, hay que acreditar la estabilidad de la relación en el tiempo, la convivencia permanente en la misma vivienda, etc. Vamos que ni con un detective, aunque te cueste un pastón, lo consigues.
Siempre me ha parecido una situación injusta y, en la mayoría de los casos, obscena. El ex marido tiene el convencimiento pleno de que su ex mujer mantiene una relación afectiva con una tercera persona. Pero,¡cómo hacerlo valer ante el Juez?
Ya sé que la jurisprudencia de los Tribunales es constante sobre el particular y también sé que todos ellos suelen reiterar el mismo razonamiento, sin más indagaciones ni preocupaciones. Pero, tampoco se me oculta que cualquier Juez tiene en su poder llegar a una conclusión diferente en base al juego de presunciones, perfectamente admitido en Derecho. Evidentemente, ello exige un esfuerzo mayor, un compromiso más intenso con la justicia, un ejercicio de las funciones propias sin automatismo alguno, una mayor responsabilidad en la realización de la justicia. Si el sistema judicial permitiese un contacto más personalizado con quienes van a ser juzgados, el Juez tendría facilitado el camino para llegar a conclusiones más próximas a la realidad.
Pues bien, en esta línea que propugnamos y que hemos expuesto en múltiples ocasiones desde la incorrección política, hemos visto con satisfacción que la Audiencia Provincial de Barcelona (sin duda, pionera en soluciones novedosas), basándose en la realidad social del momento, entiende que convivencia marital es “toda aquella en la que se dé una relación sentimental de pareja con visos de cierta estabilidad, sin necesidad de convivir de forma permanente y menos en la misma vivienda”. Exactamente, lo contrario de lo que, hasta ahora, se viene entendiendo por tal. Es más, para la Audiencia catalana, lo que convierte una convivencia en marital “no es el mero hecho de residir siempre juntos los dos miembros de la pareja, sino la existencia de una relación afectiva o sentimental entre ambos”.
Esperemos que se confirme este modo de ver las cosas en otros casos similares. Es un buen camino para hacer justicia y para pacificar, y no exacerbar, las relaciones entre el varón y la mujer.

miércoles, 11 de julio de 2007

ADELANTE CON LOS FAROLES
Parece ser que el Bloc ha decidido perseverar en su denuncia del pelotazo de Can Domenge. Los terrenos se adjudicaron por un valor aproximado a la mitad del que tendrían en el mercado y además con una oferta sobre la mesa, equivalente casi al doble. No se asusten. Han leído bien. Había una oferta por el doble. La noticia es muy positiva, digna de aplauso y coherente con actuaciones precedentes. Ya veremos si se confirma y si se mantiene. Ya veremos, en tal caso, qué es lo que pasa y cuál será el ritmo que impongan los Tribunales. De momento, la impresión es de un cierto tongo. Espero que no se confirme. Por higiene democrática es absolutamente necesario poner a la Emperatriz ante sus propias responsabilidades al frente del Consell. También a Armengol al haber pactado con quien antes denigraba y quería investigar. ¿Y los socialistas quieren pasar por ser un partido anticorrupción? Caiga quien caiga, hay que gritar: ¡Adelante con los faroles! El empeño es arduo y arriesgado. Parece imposible llevarlo a cabo. Pero merece la pena.
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 11.07.2007, pág. 8

martes, 10 de julio de 2007

CINISMO
Anda ZP que brama por los rincones. Le irrita que el PP le cante las cuarenta en materia de terrorismo. Nos dice que es incomprensible su utilización política pues estamos ante un proyecto de la democracia. Cinismo puro y duro. Si el terrorismo constituye la preocupación principal para los españoles, ¿cómo se va a excluir del debate político? Si esta lucha siempre se ha librado con el consenso de las dos grandes fuerzas políticas, ¿cómo justifica ZP que haya marginado al PP en este tema? Si es su derecho y responsabilidad, ¿por qué le molesta tanto que se le pidan cuentas por el PP y por los ciudadanos? ¿Acaso no importan las formas, los métodos y el contenido? También ahora queremos saber lo que ha pasado, por qué ha fracasado y cuáles han sido las concesiones políticas. Elemental en cualquier democracia. Pero es que, además, ZP no puede dar lecciones de utilización política del terrorismo. Recuerden ustedes el 11-M, el día de reflexión y Rubalcaba, el asalto a sedes del PP, etc. etc. Conductas que, por cierto, jamás ha condenado ZP.
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 10.07.2007, pág. 9

domingo, 8 de julio de 2007

LA GLORIA ESTÁ EN CONVENCER
Decía Benjamín Disraeli que el ejercicio de la política se resumía en una sola palabra: disimulo. No me extraña, por tanto, que nuestra Emperatriz y Presidenta del Parlamento diga lo que dice. Se afana en encubrir y engañar, en silenciar, en hacerse perdonar, en justificarse, en pasar por lo que no es. No resulta fácil quitarle la careta. Sabe muy bien apoyarse en lo cierto y así inocular mejor la mentira. Sabe muy bien, como dijo Baroja, que a una colectividad se le engaña mejor que a un individuo. Si lo sabrá bien que, a pesar de sus fechorías, ha conseguido otra vez engañar a sus votantes.
Como somos muy conscientes de su empeño y del peligro que entraña para el pueblo, me parece oportuno recordarle ciertas verdades, esas que, de tan evidentes y sabidas, reciben el nombre de perogrulladas.
A todo endiosamiento y uso del poder de manera perversa y obscena –en este arte ha acreditado su maestría- le acompaña irremediablemente la caída, la aniquilación, la destrucción de quien lo protagoniza y del pueblo que lo toleró. Todo llega en la vida. Usted no será, precisamente, la excepción. Ya ha iniciado el camino que le llevará a la caída más celebrada en Mallorca.
El otro día, le recordaba Usted a Rosa Estarás que, no entender ciertas cosas, es, como mínimo, grave. Se refería a la fría matemática electoral, legalmente vigente en nuestro sistema. Lo cual, desde dicha perspectiva, es muy cierto. Pero, aunque Usted parece ignorarlo, ese no es “el principio básico e irrefutable de la democracia”, por usar sus mismas palabras. Es, a lo sumo, un criterio, entre los muchos existentes, puramente instrumental, para designar un gobierno representativo. Tampoco es lo más importante –aunque a Usted le interese calificarlo así para seguir con el engaño- el acuerdo, el diálogo, el consenso. La clave de todo reside en la pregunta que Usted oculta: ¿para qué se me ha dado el poder por el pueblo?
Situadas así las cosas, cualquier amante de la libertad sabe que el alma auténtica del sistema democrático radica en el sentido con que se ejerce el poder recibido. Todo lo demás, absolutamente todo, incluido el Gobierno mismo, es instrumental, está al servicio y en función del individuo y de sus derechos. Aquí radica –ni siquiera en los votos obtenidos- la verdadera legitimación del poder y el gobierno en la comunidad política. Es más, el servicio y garantía de los derechos, de que somos portadores todos los ciudadanos en base a nuestra común condición humana, actúa como límite real, como gran dique de contención, del poder del gobierno, que no debe intervenir en la vida de las personas. Este núcleo de ideas sí es básico en un sistema democrático e integra además el contenido más esencial de la más elemental ética política.
Si a la luz de esta ética política, dirigimos nuestra mirada a lo aquí ocurrido, se impone el pronunciamiento de un anatema. Mal que le pese o por mucho que le moleste la crítica, Señora Presidente del Parlamento, debo decirle que su presidencia no goza de buena salud, ni ética ni política. No tiene acreditado el talante personal exigible para una función institucional –así lo ha vuelto a certificar, una vez más, en su primera actuación-. No tiene la representatividad necesaria (representa al partido menos votado y sólo en Mallorca). Pero, sobre todo, está ahí por motivos espúreos, que nada tienen que ver con el servicio al pueblo. Usted lo sabe mejor que nadie. Está al servicio de sí misma. Cada día que pasa resulta más evidente. Mientras no sea objeto de la misma atención que cualquier otro ciudadano por parte de quien todos sabemos, su legitimidad -y la de quien pactó con Usted o le impuso el pacto- estará en entredicho y será merecedora de excomunión.
Es en este punto dónde radicará en el futuro su talón de Aquiles. No siga por el camino de las matemáticas. Hasta ahí llegamos todos. Ese triunfo –el pacto que ha propiciado- carece de importancia. “La verdadera gloria, como dijo el gran Víctor Hugo, está en convencer”.
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 8.07.2007, pág. 10
ANDEME YO CALIENTE
El martes pasado, el diario “El Mundo” nos informaba que la colorista María de la Pau Janer cobraba 4.000 € por programa semanal (Punto de Trabada) en IB3. ¡Lo que oyen! Era malo de solemnidad, de mínima audiencia, pero, eso sí, muy bien pagado. No sabemos cuántos programas ha presentado. Tampoco conocemos cuántos ha dejado enlatados. Dicen las malas lenguas que, durante el pasado periodo electoral, estuvo gravando a marchas forzadas. Me cuesta creerlo. Pero, por si acaso, no estaría de más que nos informaran al respecto. Igualmente nos gustaría saber cuánto cobraba su marido, el Dr. Corbella, por su participación en “ Així és la vida” y cuánto cobraba su padre al frente de no se qué Instituto balear. A partir de todos esos datos, podríamos fijar en cuánto valoraba la aguafiestas del PP su autoproclamada independencia. ¡Cuánta razón llevaba quién la definió como una máquina de hacer dinero! Claro que ella puede proclamar –eso sí, con una sonrisa, que siempre se agradece- el antiguo adagio de los Refranes glosados de 1541: “Andeme yo caliente, y ríase la gente”.
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 6.07.2007, pág. 9

miércoles, 4 de julio de 2007

¡ATENTOS!
Ya está la izquierda señalando al PP el perfil de quien haya de sustituir a Matas. Se barajan nombres. Se subrayan virtudes y defectos según interesa. Incluso ya se toma partido por alguno. Aunque es legítimo semejante ejercicio, me parece que pertenece a la más elemental sabiduría política tener por cierto que el camino a seguir por el PP no es el que le señale la izquierda. Se sabe perfectamente por qué determinados políticos del PP molestan o caen bien a la izquierda. Es de suponer –aunque, a veces, hay motivos para dudar- que el PP ya se ha dado cuenta de los réditos que le produce la puesta en marcha de ciertas políticas mirando de reojo a la izquierda. Avergonzarse de la propia identidad o traicionar al propio electorado sólo conduce al fracaso. El PP no es ni puede ser un partido nacionalista. Se ha visto –aunque ya se sabía- en las pasadas elecciones. Quienes jugaron a lo contrario, como Matas y Rotger, han cosechado el rechazo claro de su electorado. Por todo ello, estén atentos y sean fieles a ciertos valores.
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 4.07.2007, pág. 8

domingo, 1 de julio de 2007

MÁS SANTOS QUE HORNACINAS
Ya es más que evidente el fracaso de la Ley de violencia de género. Si hacemos un cierto esfuerzo de memoria, recordaremos que, desde la perspectiva de sus impulsores, con dicha norma se iba a erradicar la violencia ejercida sobre la mujer. Se iba, por fin, a luchar de modo integral contra semejante lacra. La mujer, por primera vez, gozaría del protagonismo y del apoyo que exigía y merecía su dignidad. Se fijó de modo dogmático una determinada visión de la mujer, basada fundamentalmente en la ideología de género, que además se instaló en la hornacina de lo políticamente (prefiero hablar de femeninamente) correcto. Y ahí siguen las cosas, salvo voces aisladas que, desde un principio, nos situamos fuera de semejante totalitarismo.
Desde la anterior atalaya, no es posible desmentir la realidad: parece innegable que no se han cumplido, ni de lejos, las previsiones legales. Es más, hay que reconocer que la violencia sobre la mujer ha ido, por desgracia, en aumento no sólo en Baleares sino en el resto de España. Incluso me temo que seguirá habiendo más asesinatos y maltratos a mujeres. Ante este panorama tan desolador y frustrante, sólo es posible pronunciar una palabra auténtica y definitoria de lo ocurrido: fracaso. A esta desigualdad, como decía el otro día Jiménez Losantos, el Gobierno no ha sido capaz de ponerle coto ni cuota.
La situación actual (no contenida por la ley, más bien empeorada) debería llevar a todos –especialmente al Gobierno ZP y al feminismo de género- a una reflexión en profundidad. No se pueden hacer leyes –como la antes citada o la de reforma del Código civil en materia de separación y divorcio- que tocan puntos tan sensibles para la familia y, en consecuencia, para la sociedad civil, sobre la base de complacer sin más a un sector del electorado: la mujer. Menos aún, si, además, se impone de hecho una visión reductora, muy parcial y discutible, de la propia mujer y de su modo de estar en pareja y en familia (incluso superada en el mundo cultural actual), ajena, en muchas de sus manifestaciones, al respeto que muchas mujeres, feministas o no, reclaman con razón.
El tributo pagado al feminismo de género permitió la imposición de lo que la izquierda intelectual más seria ha dado en llamar sus equivalencias (Glyn Daly, Slavoj Zizek) y, a partir de ahí, todo cuanto viene haciéndose en el tema está tan desenfocado, que, en muchos casos, llega a exacerbar al varón, cónyuge y padre. Por mucho que se quiera disimular, lo cierto es que venimos asistiendo a una exaltación dialéctica de lo femenino frente a lo masculino, a impulsar un trato privilegiado para la mujer con la excusa de compensar su pasado de discriminación, a reproducir una contemplación excesivamente individualizada de la mujer sin hacer el hincapié debido en las connotaciones definitorias que conlleva su vida en pareja.
Es, precisamente, esta última dimensión (vida en pareja) la que ha sido, sin duda, postergada en el análisis, en el diagnóstico y en la solución a los malos tratos. Y, sin embargo, difícilmente aparecen desconectados por mucho que la propia ley haya huido de la utilización del término violencia doméstica. Grave error que hace que estemos, a pesar de los ingentes esfuerzos que se realizan, dando palos de ciego. No se ha arreglado el problema con el Código penal, ni con las Ordenes de alejamiento, ni con los nuevos Juzgados, ni dando alas al proverbial victimismo, ni con Fiscales y Jueces, que los hay, instalados en la corrección política. Es más, ni creo que se arreglarán por esta vía.
La clave de la solución -aunque no se quiera ni oír- radica en prescindir de la ideología de género y atreverse a proponer la vivencia de unos valores, como persona y como pareja, que tenemos olvidados. De nada sirve declarar culpabilidades a partir de un código que no se comparte por todos, Parece más maduro y eficaz esforzarse diariamente en un proceso de adaptación mutua que evite el conflicto permanente. Y si, hay que romper la pareja, es necesaria restituir la justicia. Para ello debemos ser muy críticos con lo que está ocurriendo porque, sencillamente, propicia reacciones violentas. Todo aquello de lo que, en la actualidad, huye el feminismo hasta el punto de no querer hablar, como quién ostenta el poder y lo ejerce en la pareja, es esencial para ir acercándonos a la verdad y a la justicia.
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 31.06.2007, pág. 10