Para cualquier observador imparcial del tratamiento judicial de las relaciones de familia, lo ‘femeninamente correcto’ constituye, desde hace tiempo, su auténtica carcoma, su factor más corrosivo. El profesional del derecho tiende, de modo instintivo, a situarse, frente al conflicto que se avecina, mediante una primera previsión. Le interesa -mucho más de lo imaginable por el cliente- conocer en qué Juzgado se va a dirimir la cuestión.
Ello es así porque sabe que, al margen de todas las posibles matizaciones y excepciones que es necesario realizar, tendrá, de alguna forma, que “echarse, no en brazos de la ley, sino en los del juez, que es quien, a la postre, decide, no sin cierta arrogancia, por encima del mandato legal” (J. Gómez de Liaño). Dicho de otro modo, se aprecia, en muchos casos, la tendencia -aunque nunca se reconocerá- a confundir o identificar el contenido de la ley con los principios y consecuencias de la llamada ideología de género. Conocer en qué lugar se sitúa el Juez y el Ministerio fiscal suele ser de más utilidad, a veces, que el propio conocimiento de la ley.
En este marco general y con respecto a la pensión compensatoria a la ex mujer sin hijos, siempre he dado por bueno el pensamiento que ya expresó el maestro Víctor Reina en el año 1996. Decía así: “Porque, para mí, una señora que se casa, que es mayor de edad, que no tiene hijos, que se levanta todos los días a las diez de la mañana y que al cabo de diez años sale pidiendo pensión compensatoria -y eso pasa en los Juzgados todos los días- …¡caramba con la señora!...O lo mismo, si es el hombre, que aquí no se trata de una cuestión de machismo…¿Pensión por desequilibrio económico? ¿De qué me está Ud. hablando? ‘Es que me he dedicado a mi marido…¿‘Y quién le ha mandado a Ud. dedicarse a su marido?’ ‘Qué favor hace Ud. a la sociedad dedicándose a su marido?’ Eso es lo que yo pienso. Ahora:’Es que resulta que yo me he pasado quinces años dedicada a los hijos’. Eso es otra historia. Ahí si que veo yo razones de justicia, Pero, si no ¿a santo de qué?”.
Está claro. Ya veremos, en otro momento, qué pasa si ha habido hijos.