DEL MAL, EL MENOS
Desde mucho antes del inicio de la campaña electoral, he venido escuchando frecuentes voces quejumbrosas frente al PP. He creído percibir, en amplios sectores de su electorado tradicional, una cierta y justificada indignación ante manifiestas complicidades con la Princesa y ante algún que otro comportamiento de algún cargo institucional. En el fondo, siempre se hacían eco de una acusación explícita de una cierta ausencia de principios éticos en algunas políticas que impulsaba el Partido. En este punto –comprendo y, en parte, comparto sus razones-, la sensibilidad estaba y está a flor de pie.
En coherencia lógica con tan radical planteamiento, pretenden ahora canalizar su indignación –están en su perfecto derecho- mediante la anunciada retirada de su apoyo: abstención o voto en blanco. Sin embargo, al margen de la buena nota que debiera tomar el Partido para no reincidir en ciertos comportamientos tan alejados de los principios éticos, me voy a permitir la licencia de proponerles una reflexión que estoy seguro sabrán recibir. La hago también desde la misma o parecida preocupación: la presencia de la ética en la acción política.
Una primera aproximación consistiría en hacerles ver que no es función del político, incluso aunque sea católico, tratar de “imponer por la fuerza la doctrina del Evangelio. A nadie se le ocurriría proponer el sermón de las bienaventuranzas como carta fundamental del Estado” (Martín Patiño). Tan elemental criterio da la impresión de que es ignorado, precisamente, por ciertos sectores del electorado del PP, que, por ello, corren el riesgo de impulsar y escorar el Partido, demasiado e innecesariamente, hacia la derecha. Estarían –dicho con claridad- propiciando un cierto fundamentalismo doctrinario y sectario, parecido al que tanto condenan en la izquierda zapatera.
A partir de las propias quejas que formulan, les diría, desde mi amistad con muchos de ellos y desde la autoridad que me otorga el haberles escuchado, que tengan delante de sí lo mucho que está en juego. Ninguna otra posible opción política les va a garantizar nada de cuanto echan en cara –repito que con bastante razón- al PP. ¿Acaso piensan que lo hará la Princesa y/o la izquierda? No votar al PP, su opción tradicional –las cosas están de tal forma que un solo voto puede ser esencial-, significa dar apoyo al pasado, al desastre, al desgobierno, a desandar el camino, a volver a las andadas, a empobrecer a la gente. Pero, sobre todo, significará apoyar el derrumbe definitivo, por ejemplo, de aquellos valores en materia educativa y de familia, que tanto dicen apreciar. ¿En qué justificar su falta de impulso, precisamente por quienes, como ustedes, reclaman su vigencia efectiva? No votar a Matas, significará hacer posible el triunfo socialista y, en consecuencia, apoyar, entre otras cosas, la opción nacionalista y sectaria. ¿Es esto lo que desean?
Evidentemente podrán alegar que, comprendiendo la situación descrita, no están dispuestos a abdicar de sus principios éticos, que consideran absolutos e inmutables. Respetando tal posicionamiento –aunque formularía ciertas matizaciones-, me gustaría sugerirles, con Martín Patiño, que la acción política “no consiste siempre en la realización inmediata de esos principios absolutos. La acción política tiene que mirar a la realización concretamente posible dentro de una determinada situación”. En nuestro caso, la actual, la de hoy mismo, la que está sobre la mesa, la de optar entre Matas o Antich y el convoluto que le acompañaría. He ahí el dilema y la responsabilidad de cada cual.
A partir del hecho cierto de que no es posible pedir peras al olmo, me parece que el criterio ético a seguir es el de optar por el mal menor o, si se prefiere, optar por no apoyar, directa o indirectamente, el mal mayor. Comparto –vuelvo a reiterar- que muchos electores rechacen abiertamente ciertos comportamientos que están en el ánimo de todos –yo también los deploro-, pero, no obstante todo ello, creo que lícitamente se puede ofrecer el apoyo a propuestas de candidatos, que se saben más positivas, que tendrán menores efectos negativos, que, en la mayoría de los casos, están más en armonía con las propias convicciones. Por si no les acaba de convencer mi propuesta, les diría que se leyesen la encíclica Evangelium vitae de Juan Pablo II y seguro que la aceptarán sin discusión.
La consecuencia me parece clara: hay que ir a votar. Lo contrario, dadas las circunstancias concurrentes, me parece una irresponsabilidad. En todo caso, aplicar el consejo de Fedro: Del mal, el menos.
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 27.05.2007, pág. 10
lunes, 28 de mayo de 2007
lunes, 21 de mayo de 2007
SEMBRAR DUDAS
Hace ya mucho tiempo que hice mías unas luminosas palabras de Norberto Bobbio para quien “el deber de los hombres de cultura es hoy más que nunca sembrar dudas, no ya recoger certezas”. Por ello, procuro realizar una función, ante todo, crítica, muy alejada de la propaganda partidista. Para ésta última, la clase política ya tiene sus permanentes e interesados corifeos.
No me pasa desapercibida la simpatía con que este mismo periódico ha acogido la candidatura de Aina Calvo a Cort. No comparto ciertos juegos florales. Me parece un despropósito que, con lo que está cayendo en España, nos olvidemos, al realizar su valoración política, que representa el Partido que lidera ZP. Desde esta perspectiva, pretender que personaliza el espíritu de la transición es, siendo benévolos, un puro voluntarismo. Si algo está significando ZP, es el desmonte y derrumbe de aquel magnífico edificio. No estamos, ni mucho menos, ante una candidata independiente sino encorsetada en la camisa de fuerza zapatera. ¿Acaso alguien puede imaginar a Aina Calvo oponiéndose frontalmente a la política de ZP? ¡No me hagan reír!
Una de sus primeras manifestaciones como candidata consistió en un tópico artículo contra la corrupción. A nadie engañó. Semejante manifiesto anticorrupción, constituía, en el momento en que lo lanzó, un claro ataque táctico al PP por lo ocurrido en Andraitx. No iba más allá. La prueba del nueve –queridos corifeos- ha sido su actitud ante el caso Ibiza. No ha condenado tales prácticas y ha callado como una muerta. Tampoco ha movido un dedo para impedir que los implicados sigan engrosando las listas electorales socialistas. Muy sencillo: vacío de ideas y cumplimiento de órdenes de la superioridad. Es decir, el supuesto combate frente a la corrupción se queda en mentira podrida.
No sé por qué, pero me malicio que Aina Calvo va acabar arrojando el espejo al suelo. Su inexperiencia le lleva a asegurar que no cederá la Alcaldía de Palma a UM. ¡Ya lo veremos! Sólo, desde la más absoluta ingenuidad, se puede pensar que, si los resultados electorales lo permiten, va a ser ella quien decida. Ni ella ni Antich. Se lo darán resuelto. Si piensa que UM, en el caso de ser imprescindible, no va a sacar tajada –por ejemplo, la Alcaldía-, mejor es que se dedique a otra cosa. Si piensa que su propio partido (Madrid) la va a dejar en libertad y no va a imponer la estrategia zapateril, no conoce donde se ha metido. Vamos, que igual no puede mirarse al espejo al entrar en casa. ¡No lo excluya, Sra Calvo!
Si algo está en juego, en estas elecciones, en Baleares –muchos no se enteran y otros tantos disimulan- es la conquista de nuestro Gobierno a fin de facilitar la integración de las Islas en los añorados ‘Países catalanes’. Me imagino que Aina Calvo, dada la preparación que le atribuyen, no estará en las Batuecas sobre el particular. Ella debería saber que lo ocurrido en Ibiza es la respuesta del sector españolista del partido, laminado en su día por ZP en favor del sector catalanista. Se quiso y se impuso un partido a la usanza del PSC. Así las cosas, si el PP no revalida la mayoría absoluta –gran objetivo de ZP para cuyo logro no le ha importado instrumentalizar la Fiscalía anticorrupción-, todo el mundo ha de ser consciente de que, de alguna forma, seremos menos libres y tendremos que empezar a mirar intensamente hacia Cataluña. ¡Tomen nota electores anestesiados! A este disparate –no lo duden- presta su apoyo Aina Calvo.
Tampoco me siento hechizado por el impulso que dice que va a dar a ciertos temas. Lo de la educación es un verdadero sarcasmo cuando está fuera de toda duda razonable que históricamente ha sido su partido el principal motor del fracaso escolar. Lo de la cultura en las barriadas es la archiconocida táctica para adoctrinar ideológicamente. Lo de la Concejalía para la igualdad es sobreabundar en la ideología de género, que ofende a muchísimas mujeres y que ya no comparten ni siquiera muchas feministas. Lo del transporte público es reconocer que el PP les ganó por la mano. Lo demás –salvo ausencias clamorosas- entra dentro de la jerga inane electoral
En definitiva, Aina Calvo ha saltado a la arena electoral con un muy escaso bagaje de ideas, sin un programa que merezca tal nombre, a remolque de la gestión y realizaciones de Catalina Cirer. Eso sí, se sabe muy bien la cantinela de rigor: negar lo evidente, mentir, diabolizar al PP, actuar desde el rencor, practicar el sectarismo.
Publicado en el “Mundo. El Día de Baleares”, 20.05.2007, pág. 8
Hace ya mucho tiempo que hice mías unas luminosas palabras de Norberto Bobbio para quien “el deber de los hombres de cultura es hoy más que nunca sembrar dudas, no ya recoger certezas”. Por ello, procuro realizar una función, ante todo, crítica, muy alejada de la propaganda partidista. Para ésta última, la clase política ya tiene sus permanentes e interesados corifeos.
No me pasa desapercibida la simpatía con que este mismo periódico ha acogido la candidatura de Aina Calvo a Cort. No comparto ciertos juegos florales. Me parece un despropósito que, con lo que está cayendo en España, nos olvidemos, al realizar su valoración política, que representa el Partido que lidera ZP. Desde esta perspectiva, pretender que personaliza el espíritu de la transición es, siendo benévolos, un puro voluntarismo. Si algo está significando ZP, es el desmonte y derrumbe de aquel magnífico edificio. No estamos, ni mucho menos, ante una candidata independiente sino encorsetada en la camisa de fuerza zapatera. ¿Acaso alguien puede imaginar a Aina Calvo oponiéndose frontalmente a la política de ZP? ¡No me hagan reír!
Una de sus primeras manifestaciones como candidata consistió en un tópico artículo contra la corrupción. A nadie engañó. Semejante manifiesto anticorrupción, constituía, en el momento en que lo lanzó, un claro ataque táctico al PP por lo ocurrido en Andraitx. No iba más allá. La prueba del nueve –queridos corifeos- ha sido su actitud ante el caso Ibiza. No ha condenado tales prácticas y ha callado como una muerta. Tampoco ha movido un dedo para impedir que los implicados sigan engrosando las listas electorales socialistas. Muy sencillo: vacío de ideas y cumplimiento de órdenes de la superioridad. Es decir, el supuesto combate frente a la corrupción se queda en mentira podrida.
No sé por qué, pero me malicio que Aina Calvo va acabar arrojando el espejo al suelo. Su inexperiencia le lleva a asegurar que no cederá la Alcaldía de Palma a UM. ¡Ya lo veremos! Sólo, desde la más absoluta ingenuidad, se puede pensar que, si los resultados electorales lo permiten, va a ser ella quien decida. Ni ella ni Antich. Se lo darán resuelto. Si piensa que UM, en el caso de ser imprescindible, no va a sacar tajada –por ejemplo, la Alcaldía-, mejor es que se dedique a otra cosa. Si piensa que su propio partido (Madrid) la va a dejar en libertad y no va a imponer la estrategia zapateril, no conoce donde se ha metido. Vamos, que igual no puede mirarse al espejo al entrar en casa. ¡No lo excluya, Sra Calvo!
Si algo está en juego, en estas elecciones, en Baleares –muchos no se enteran y otros tantos disimulan- es la conquista de nuestro Gobierno a fin de facilitar la integración de las Islas en los añorados ‘Países catalanes’. Me imagino que Aina Calvo, dada la preparación que le atribuyen, no estará en las Batuecas sobre el particular. Ella debería saber que lo ocurrido en Ibiza es la respuesta del sector españolista del partido, laminado en su día por ZP en favor del sector catalanista. Se quiso y se impuso un partido a la usanza del PSC. Así las cosas, si el PP no revalida la mayoría absoluta –gran objetivo de ZP para cuyo logro no le ha importado instrumentalizar la Fiscalía anticorrupción-, todo el mundo ha de ser consciente de que, de alguna forma, seremos menos libres y tendremos que empezar a mirar intensamente hacia Cataluña. ¡Tomen nota electores anestesiados! A este disparate –no lo duden- presta su apoyo Aina Calvo.
Tampoco me siento hechizado por el impulso que dice que va a dar a ciertos temas. Lo de la educación es un verdadero sarcasmo cuando está fuera de toda duda razonable que históricamente ha sido su partido el principal motor del fracaso escolar. Lo de la cultura en las barriadas es la archiconocida táctica para adoctrinar ideológicamente. Lo de la Concejalía para la igualdad es sobreabundar en la ideología de género, que ofende a muchísimas mujeres y que ya no comparten ni siquiera muchas feministas. Lo del transporte público es reconocer que el PP les ganó por la mano. Lo demás –salvo ausencias clamorosas- entra dentro de la jerga inane electoral
En definitiva, Aina Calvo ha saltado a la arena electoral con un muy escaso bagaje de ideas, sin un programa que merezca tal nombre, a remolque de la gestión y realizaciones de Catalina Cirer. Eso sí, se sabe muy bien la cantinela de rigor: negar lo evidente, mentir, diabolizar al PP, actuar desde el rencor, practicar el sectarismo.
Publicado en el “Mundo. El Día de Baleares”, 20.05.2007, pág. 8
lunes, 14 de mayo de 2007
MI DEBER ES HABLAR
El pasado cuatro de noviembre escribí, en un acto de desahogo moral, que “llevo mucho tiempo presenciando en silencio –aunque atormentado por dentro- el comportamiento de la clase política, del vigilante, de las instituciones y del pueblo soberano, convenientemente anestesiado. Llevo mucho tiempo instalado en la esperanza de una reacción social, que termine con tanto despropósito. Pero, para mi desconsuelo, por aquí –de momento- todo sigue igual o peor cada día. Ya sé que no lo queremos reconocer, que preferimos mirar para otro lado e incluso matar al mensajero. Pero, la realidad es la que es. No nos dejemos engañar: el sistema en el que unos cuantos –más de los que aparece- están instalados y desde el que pretenden dirigir nuestras vidas, pagados por nosotros mismos, tiene muy poco o nada que ver con un sistema democrático”. Medio año después, parece todavía más evidente que las cosas han empeorado y que son susceptibles de empeorar mucho más.
Curioseemos, desde nuestro descontento, lo que viene ocurriendo últimamente. En pantalla aparecen los nombres de Andraitx, Ibiza, Munar y la Operación relámpago. ¿Cómo se han enfrentado a estos escándalos los medios de comunicación, las fuerzas políticas, la propia Fiscalía anticorrupción y el pueblo llano? Sin ánimo de ser petulante, yo me atrevo a contestar con el famoso dicho de Ortega:“No es esto, no es esto”. Estamos ante una situación sin ética, que pasará su factura en formas diferentes
Aquí tenemos un PSOE que, en nombre de una supuesta lucha contra la corrupción, da muestras palpables de que su celo anticorrupción sólo se excita en periodo electoral y siempre y cuando se lleve por delante al PP. En el logro de tan diabólico servicio, no tiene reparo alguno en instrumentalizar la Fiscaliza anticorrupción, que parece actuar, en unos casos, mediante el montaje de auténticos espectáculos mediáticos y, en otros, con evidente tratamiento desigual y sin justificación legal alguna. Eso sí, Antich y Aina Calvo, secundando a la Fiscalía, se olvidan de Ibiza, callan como muertos, no hacen el más mínimo ruido de condena. ¿Por qué los implicados siguen engrosando las listas electorales socialistas? ¡Vaya burla al ciudadano!
Aquí tenemos una Fiscalía anticorrupción que, para sorpresa de muchos, no ha visto –al menos por el momento- que exista indicio alguno razonable en que fundar la apertura de una investigación sobre la vida y milagros de la Princesa. ¿Cuál será, en realidad, la verdadera razón de tal inactividad? Sinceramente, no me gustaría que fuese cierta la respuesta que anda de boca en boca del ciudadano mal pensante. Aquí tenemos una Fiscalía anticorrupción que, en un ataque de prepotencia, montó una rueda de prensa para poner al Juez, que no secundó su criterio, como no digan dueñas. Aquí tenemos una Fiscalía anticorrupción que, sin entrar a valorar las cuestiones de fondo investigadas sobre las que deberán en su día pronunciarse los Tribunales, ha podido dar margen suficiente para sembrar la duda acerca de la pureza de los modos y las formas utilizados, para que muchos puedan sentirse autorizados para hablar de desmesura, de exceso, de exhibicionismo, de afán de protagonismo, de falta de proporción, para que muchos puedan pensar que así la justicia lo es menos cuando no se convierte en injusticia, para que muchos puedan ver en momentos puntuales y dadas las formas exhibidas una presunta desprotección de derechos de los investigados, para que muchos se sientan inclinados a pensar que se está, con carácter previo, propiciando la condena social del investigado, para que muchos estimen que se va más allá de lo estrictamente necesario para cumplir su función, para que muchos puedan, no sin cierta razón, gritar: “No es esto, no es esto”.
Aquí tenemos un Colegio de abogados que, en opinión de muchos, ha dirigido una tímida y cautelosa carta de protesta al Fiscal jefe de Baleares, en la que no se ha atrevido a poner nombre a las cosas, en la que, en todo caso, es más importante por lo que calla que por lo que dice. Total, que, por su debilidad, ha merecido la etérea respuesta institucional de rigor y todo seguirá igual.
Aquí tenemos unos medios de comunicación, un vigilante, sobre los que cabe dudar seriamente acerca del cumplimiento de su función institucional. A más de uno se podría señalar con el dedo acusador. ¿Acaso no existen razones para pensar que más de uno está al servicio de las causas del poder y que se sitúa en la solana que más calienta?
Por mi parte, sólo he querido responder a un imperativo ético y hacer mías las palabras de Émile Zola en el caso Dreyfus: “Mi deber es hablar”.
Publicado en el “Mundo. El Día de Baleares”, 13.05.2007, pág. 10
El pasado cuatro de noviembre escribí, en un acto de desahogo moral, que “llevo mucho tiempo presenciando en silencio –aunque atormentado por dentro- el comportamiento de la clase política, del vigilante, de las instituciones y del pueblo soberano, convenientemente anestesiado. Llevo mucho tiempo instalado en la esperanza de una reacción social, que termine con tanto despropósito. Pero, para mi desconsuelo, por aquí –de momento- todo sigue igual o peor cada día. Ya sé que no lo queremos reconocer, que preferimos mirar para otro lado e incluso matar al mensajero. Pero, la realidad es la que es. No nos dejemos engañar: el sistema en el que unos cuantos –más de los que aparece- están instalados y desde el que pretenden dirigir nuestras vidas, pagados por nosotros mismos, tiene muy poco o nada que ver con un sistema democrático”. Medio año después, parece todavía más evidente que las cosas han empeorado y que son susceptibles de empeorar mucho más.
Curioseemos, desde nuestro descontento, lo que viene ocurriendo últimamente. En pantalla aparecen los nombres de Andraitx, Ibiza, Munar y la Operación relámpago. ¿Cómo se han enfrentado a estos escándalos los medios de comunicación, las fuerzas políticas, la propia Fiscalía anticorrupción y el pueblo llano? Sin ánimo de ser petulante, yo me atrevo a contestar con el famoso dicho de Ortega:“No es esto, no es esto”. Estamos ante una situación sin ética, que pasará su factura en formas diferentes
Aquí tenemos un PSOE que, en nombre de una supuesta lucha contra la corrupción, da muestras palpables de que su celo anticorrupción sólo se excita en periodo electoral y siempre y cuando se lleve por delante al PP. En el logro de tan diabólico servicio, no tiene reparo alguno en instrumentalizar la Fiscaliza anticorrupción, que parece actuar, en unos casos, mediante el montaje de auténticos espectáculos mediáticos y, en otros, con evidente tratamiento desigual y sin justificación legal alguna. Eso sí, Antich y Aina Calvo, secundando a la Fiscalía, se olvidan de Ibiza, callan como muertos, no hacen el más mínimo ruido de condena. ¿Por qué los implicados siguen engrosando las listas electorales socialistas? ¡Vaya burla al ciudadano!
Aquí tenemos una Fiscalía anticorrupción que, para sorpresa de muchos, no ha visto –al menos por el momento- que exista indicio alguno razonable en que fundar la apertura de una investigación sobre la vida y milagros de la Princesa. ¿Cuál será, en realidad, la verdadera razón de tal inactividad? Sinceramente, no me gustaría que fuese cierta la respuesta que anda de boca en boca del ciudadano mal pensante. Aquí tenemos una Fiscalía anticorrupción que, en un ataque de prepotencia, montó una rueda de prensa para poner al Juez, que no secundó su criterio, como no digan dueñas. Aquí tenemos una Fiscalía anticorrupción que, sin entrar a valorar las cuestiones de fondo investigadas sobre las que deberán en su día pronunciarse los Tribunales, ha podido dar margen suficiente para sembrar la duda acerca de la pureza de los modos y las formas utilizados, para que muchos puedan sentirse autorizados para hablar de desmesura, de exceso, de exhibicionismo, de afán de protagonismo, de falta de proporción, para que muchos puedan pensar que así la justicia lo es menos cuando no se convierte en injusticia, para que muchos puedan ver en momentos puntuales y dadas las formas exhibidas una presunta desprotección de derechos de los investigados, para que muchos se sientan inclinados a pensar que se está, con carácter previo, propiciando la condena social del investigado, para que muchos estimen que se va más allá de lo estrictamente necesario para cumplir su función, para que muchos puedan, no sin cierta razón, gritar: “No es esto, no es esto”.
Aquí tenemos un Colegio de abogados que, en opinión de muchos, ha dirigido una tímida y cautelosa carta de protesta al Fiscal jefe de Baleares, en la que no se ha atrevido a poner nombre a las cosas, en la que, en todo caso, es más importante por lo que calla que por lo que dice. Total, que, por su debilidad, ha merecido la etérea respuesta institucional de rigor y todo seguirá igual.
Aquí tenemos unos medios de comunicación, un vigilante, sobre los que cabe dudar seriamente acerca del cumplimiento de su función institucional. A más de uno se podría señalar con el dedo acusador. ¿Acaso no existen razones para pensar que más de uno está al servicio de las causas del poder y que se sitúa en la solana que más calienta?
Por mi parte, sólo he querido responder a un imperativo ético y hacer mías las palabras de Émile Zola en el caso Dreyfus: “Mi deber es hablar”.
Publicado en el “Mundo. El Día de Baleares”, 13.05.2007, pág. 10
lunes, 7 de mayo de 2007
A LOS PIES DE LOS CABALLOS
Aunque no preocupe lo más mínimo al ideológico feminismo de género ni a quienes dirigen en el Govern la política familiar, lo cierto es que el modo y las circunstancias que suelen rodear la organización futura de la ruptura de la pareja tienen mucho que ver con la violencia existente en el hogar familiar. Un mínimo de seriedad al abordar la solución de semejante lacra social –objetivo que quiero creer que todos buscamos- debiera alertarnos a todos respecto de los efectos que, en términos de violencia, se pueden generar al propiciar –también quiero creer que inconscientemente- situaciones de verdadera asfixia económica y de marginación real y progresiva del padre en el proceso de maduración de sus hijos, creadas, precisamente, por las propias decisiones judiciales. Parecerá mentira, pero, por desgracia, se suele, a veces, crear un problema añadido cuando se dice buscar una solución.
La realidad nos muestra situaciones –bastante más generalizadas de lo que se piensa- que claman al cielo, de padres divorciados puestos en el camino de una verdadera pobreza real, de padres que, en ciertos casos, no tienen otra alternativa que pasar a engrosar la lista de mendicantes urbanos, de padres a quienes el propio Juzgador les sugiere, ante la situación económica en que se les deja a los pies de los caballos, que pasen a vivir con sus ascendientes como ocurre con casi todos los divorciados. ¡Madre mía, qué sentido de la justicia!
Habitualmente cualquier varón y padre, separado y/o divorciado, deberá soportar una pensión de alimentos a favor de sus hijos y en proporción a sus ingresos. Como complemento también tendrá que soportar una cuota proporcional (el 50% ó más) del coste de los llamados gastos extraordinarios. En algunos casos, deberá igualmente soportar el pago de una pensión de desequilibrio a satisfacer a su exesposa. A todo ello. habrá que añadir –en su condición de copropietario de la vivienda conyugal- el pago, al menos, del 50% del importe de la cuota correspondiente a la devolución del crédito hipotecario para la adquisición de la vivienda, y, si la vivienda que fuera familiar está en régimen de alquiler, el pago proporcional o no de la renta de la misma.
Todo lo anterior no es más que una parte de la tragedia. Ahora este padre ha de vivir: comer, vestir, divertirse, etc. Necesita también una vivienda en que establecerse y recibir a sus hijos. Tal vivienda comporta unos gastos de alquiler (renta mensual) o una inversión para su adquisición (cuota hipotecaria), unos gastos de comunidad y unos gastos por los servicios habituales (electricidad, agua, teléfono, gas, etc.).
Si se hace un esfuerzo mínimo, se comprenderá que es muy posible que la suma de todas estas partidas no sea soportable por muchos padres. Uno tiene la impresión de que ni los Jueces y Fiscales –dan muestras, en algunos casos, de no haber ni siquiera ojeado el expediente-, ni las propias madres, parecen comprender, en toda su dimensión, que las cosas en muchas familias no pueden, cuando se separaran y/o divorcian, discurrir en lo sucesivo por los mismos derroteros. No se acepta fácilmente que quien se separa y/o divorcia se empobrece. Es muy fácil, ciertamente, invocar la legalidad o el interés preferente de los menores. Pero no resulta tan fácil aceptar que todo ello puede tener diferentes modulaciones a fin de no asfixiar al cónyuge no custodio. Éste también necesita sobrevivir.
Comprendo que no sea fácil –a veces ni posible- lograr una solución de equilibrio. Pero ésta no puede consistir jamás, con el pretexto de la legalidad vigente, en crear un problema añadido, que significaría propiciar un claro anverso obsceno contrario a cualquier tipo de ética. Si existen situaciones límite, quizás la solución haya de buscarse por un camino diferente al de la asfixia económica del varón y padre. ¿Por qué no se contempla un tipo de ayuda social que aligere las posiciones respectivas? ¿Por qué no se toma en serio lo de la protección social y económica de la familia (Art. 39 CE)? Los poderes públicos no pueden inhibirse ni mirar hacia otro lado ante estas situaciones y a la vez proclamar la opción por la familia entre los principios rectores de su política social y económica.
El verdadero drama de estas situaciones reside en que la ausencia de una prestación social puede hundir en la miseria moral a un padre y repercutir muy gravemente en la relación personal padre/hijos. Es, en estos casos, cuando se pone a prueba si funciona el sistema y si efectivamente la familia, en la práctica, goza de la protección de los poderes públicos. No se olvide –a veces, lo parece- que el varón y padre, aunque no tenga encomendada la guarda de sus hijos, también forma parte de la familia y también tiene derecho a reclamar la tutela de sus derechos e intereses legítimos.
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 6.05.2007, pág. 12
Aunque no preocupe lo más mínimo al ideológico feminismo de género ni a quienes dirigen en el Govern la política familiar, lo cierto es que el modo y las circunstancias que suelen rodear la organización futura de la ruptura de la pareja tienen mucho que ver con la violencia existente en el hogar familiar. Un mínimo de seriedad al abordar la solución de semejante lacra social –objetivo que quiero creer que todos buscamos- debiera alertarnos a todos respecto de los efectos que, en términos de violencia, se pueden generar al propiciar –también quiero creer que inconscientemente- situaciones de verdadera asfixia económica y de marginación real y progresiva del padre en el proceso de maduración de sus hijos, creadas, precisamente, por las propias decisiones judiciales. Parecerá mentira, pero, por desgracia, se suele, a veces, crear un problema añadido cuando se dice buscar una solución.
La realidad nos muestra situaciones –bastante más generalizadas de lo que se piensa- que claman al cielo, de padres divorciados puestos en el camino de una verdadera pobreza real, de padres que, en ciertos casos, no tienen otra alternativa que pasar a engrosar la lista de mendicantes urbanos, de padres a quienes el propio Juzgador les sugiere, ante la situación económica en que se les deja a los pies de los caballos, que pasen a vivir con sus ascendientes como ocurre con casi todos los divorciados. ¡Madre mía, qué sentido de la justicia!
Habitualmente cualquier varón y padre, separado y/o divorciado, deberá soportar una pensión de alimentos a favor de sus hijos y en proporción a sus ingresos. Como complemento también tendrá que soportar una cuota proporcional (el 50% ó más) del coste de los llamados gastos extraordinarios. En algunos casos, deberá igualmente soportar el pago de una pensión de desequilibrio a satisfacer a su exesposa. A todo ello. habrá que añadir –en su condición de copropietario de la vivienda conyugal- el pago, al menos, del 50% del importe de la cuota correspondiente a la devolución del crédito hipotecario para la adquisición de la vivienda, y, si la vivienda que fuera familiar está en régimen de alquiler, el pago proporcional o no de la renta de la misma.
Todo lo anterior no es más que una parte de la tragedia. Ahora este padre ha de vivir: comer, vestir, divertirse, etc. Necesita también una vivienda en que establecerse y recibir a sus hijos. Tal vivienda comporta unos gastos de alquiler (renta mensual) o una inversión para su adquisición (cuota hipotecaria), unos gastos de comunidad y unos gastos por los servicios habituales (electricidad, agua, teléfono, gas, etc.).
Si se hace un esfuerzo mínimo, se comprenderá que es muy posible que la suma de todas estas partidas no sea soportable por muchos padres. Uno tiene la impresión de que ni los Jueces y Fiscales –dan muestras, en algunos casos, de no haber ni siquiera ojeado el expediente-, ni las propias madres, parecen comprender, en toda su dimensión, que las cosas en muchas familias no pueden, cuando se separaran y/o divorcian, discurrir en lo sucesivo por los mismos derroteros. No se acepta fácilmente que quien se separa y/o divorcia se empobrece. Es muy fácil, ciertamente, invocar la legalidad o el interés preferente de los menores. Pero no resulta tan fácil aceptar que todo ello puede tener diferentes modulaciones a fin de no asfixiar al cónyuge no custodio. Éste también necesita sobrevivir.
Comprendo que no sea fácil –a veces ni posible- lograr una solución de equilibrio. Pero ésta no puede consistir jamás, con el pretexto de la legalidad vigente, en crear un problema añadido, que significaría propiciar un claro anverso obsceno contrario a cualquier tipo de ética. Si existen situaciones límite, quizás la solución haya de buscarse por un camino diferente al de la asfixia económica del varón y padre. ¿Por qué no se contempla un tipo de ayuda social que aligere las posiciones respectivas? ¿Por qué no se toma en serio lo de la protección social y económica de la familia (Art. 39 CE)? Los poderes públicos no pueden inhibirse ni mirar hacia otro lado ante estas situaciones y a la vez proclamar la opción por la familia entre los principios rectores de su política social y económica.
El verdadero drama de estas situaciones reside en que la ausencia de una prestación social puede hundir en la miseria moral a un padre y repercutir muy gravemente en la relación personal padre/hijos. Es, en estos casos, cuando se pone a prueba si funciona el sistema y si efectivamente la familia, en la práctica, goza de la protección de los poderes públicos. No se olvide –a veces, lo parece- que el varón y padre, aunque no tenga encomendada la guarda de sus hijos, también forma parte de la familia y también tiene derecho a reclamar la tutela de sus derechos e intereses legítimos.
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 6.05.2007, pág. 12
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