domingo, 17 de julio de 2011

UNA PREGUNTA EN MEDIO DE LA VIDA

Quizás el último y más trascendente servicio que he recibido de mi padre ha sido poderle acompañar –junto con mi esposa y mis dos hijos- hasta el fin de su existencia en la tierra. Han sido momentos tan intensos, tan próximos, tan familiares, tan íntimos, que jamás podré olvidarlos. Dentro del rasgado que se opera en el alma, he sentido la satisfacción infinita de haber podido hablar con mi padre como nunca lo había hecho en la vida. ¡Qué paz y qué liberación se experimenta! ¡Gracias!

En medio de la vida frenética y estresante que casi todos llevamos, no estaría de más –ante la Ley con la que se puede despedir ZP- realizar un alto en el camino y preguntarnos algunas cosas. Lo voy hacer reproduciendo las preguntas de Hans Küng (Morir con dignidad, Madrid 1997). Dice así:


“Cómo se envejece hoy, cómo se envejecerá mañana, cómo es envejecer?

Qué significa saber que se es mortal, que se ha de morir?

Se tiene miedo a la muerte o simplemente miedo al morir?

¿Cómo se quiere morir, si es que uno puede participar en esa decisión? ¿Es que se puede participar, se debe participar o incluso decidir personalmente Pero ¿quién es el que puede hoy en día decidir personalmente?"


Ayer por la tarde, cuando releía aspectos de la biografía de León N. Tolstoi, me topé con una reflexión que no me resisto a transcribir: “Tenía usted razón: no hay nada peor que la muerte. Y cuando uno piensa que éste es el fin de todo, se ve que no hay nada peor que la vida”. Profundo pensamiento, que es posible que compartan muchos. Pero, que encierra un nihilismo estéril. Para quienes seguimos a Jesús, la muerte y la vida tienen un sentido muy diferente: la muerte no es el fin de todo. Por eso, precisamente, la vida tiene sentido.

Ahora que la clase política socialista tiene la frecuente tentación de predicar y sermonar, nos quiere garantizar la muerte con dignidad, incluso a pesar nuestro. Pues bien, en cualquier caso y con todos los matices que son posibles, me parece que “¡Sin una vida digna de personas no es posible una muerte digna de personas! O lo que es lo mismo, dicho al contrario, una muerte digna de seres humanos no es algo obvio ni siquiera en las condiciones de una sociedad de la sobreabundancia. Morir con dignidad es una oportunidad inmerecida, un gran regalo: el gran don. Y al mismo tiempo una gran tarea para la humanidad” (Hans Küng).

Volvemos de nuevo a Tolstoi. Morir con dignidad no significa entender el morir como el final de la vida al que, necesariamente, habremos de enfrentarnos cuando no lo esperemos. Es algo más y muy diferente. El morir es una dimensión de la vida, que, si se vive en plenitud, está presente, de alguna manera, en todas y cada uno de las decisiones de la vida, al menos las más importantes.

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