domingo, 25 de mayo de 2008

IGUALES Y DISTINTOS
El pasado 18 de abril, Gabriel Albiac se expresaba así: “Iguales son los derechos. Iguales son las leyes. Y el lazo constrictivo que ata a todo ciudadano a su imperio. Pero nunca son los individuos. ‘Individuo’ quiere decir distinto”. La reciente Sentencia del Tribunal constitucional ha vuelto a acreditar su ideologización al servicio del poder ejecutivo de turno. En este caso, del Gobierno ZP. No le ha importado dar por bueno un criterio que nos retrotrae al Antiguo Régimen. Ni el Gobierno ni el TC se han comportado –a pesar de lo que presumen- de modo progresista. Al contrario, muy al contrario. Todo trato desigual es discriminatorio. La misma conducta –esto es lo progresista- no puede merecer una pena diferente. Ya sé que la corrección femenina, política y social se casa con lo que sea. ¡No faltaba más! Pero ello no le otorga ni autoridad, ni credibilidad, ni racionalidad, ni carácter democrático y progresista. ¡Qué le vamos a hacer! Así son las cosas desde el 21 de julio de 1789. Los humanos somos distintos y ni la ley nos iguala en cuanto tales.
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 322 (2008), pág. 2

jueves, 22 de mayo de 2008

TODOS A UNA
Recuerdo la escena. Días antes de las elecciones generales, unos cuantos amigos nos dimos cita en un conocido restaurante. Alguien preguntó a un prestigiado político asistente qué pasaría en Mallorca con el PP. Éste respondió: Si perdemos las generales, se devorarán entre sí. Tan atinado diagnóstico del viejo roquero de la política mallorquina, se está cumpliendo y no ha hecho más que empezar a llover.
Desde que, allá por 1981, decidí renunciar a la cátedra en la Universidad literaria de Valencia y trasladarme a la de la UIB, el cartel que nos ofrece el PP se viene repitiendo casi invariablemente. Se han dejado invadir por la metástasis que aqueja a la profesionalización de la política. Están dispuestos a todo con tal de mantenerse en el abrevadero público. Les va en ello, en la mayoría de los casos, el menú del día. No renuncian, de motu proprio, ni aunque los maten. Se esfuerzan en manejar un vocabulario correcto que oculta, en realidad, su afán por continuar o, según los casos, por ganar la posición en caso de que caiga en el futuro el gordo del poder. Hacen, en tan interesado afán, lo que no está en los escritos. ¡Vaya espectáculo!
La nomenclatura pepera, con Estarás a la cabeza, viene oponiendo gran resistencia a ser consecuentes con los resultados logrados. En vez de irse a su casa, han ideado un itinerario que les lleve a alzarse de nuevo con el santo y la limosna. No tienen escrúpulo democrático alguno en utilizar el aparato del partido en beneficio propio. Antes de elegir los compromisarios –a esto se le llama profetismo- ya sabían que contaban con sus avales. Salvo en Palma y Calviá, sólo se presentaron a compromisarios un número de afiliados igual a los que podían ser elegidos. Curioso, ¿no? ¡Seguro que en ello nada tuvo que ver el partido! Están poniendo en práctica, con Fiol de moderador -uno de los causantes más directos de la debacle electoral por su deriva catalanista-, toda clase de marrullerías con un solo objetivo: impedir que Carlos Delgado pueda cantarles las cuarenta en pleno Congreso. ¡Vaya espectáculo!
Como ya dije en otro momento por activa, pasiva y perifrástica, Rosa Estarás “lo que siempre ha querido es evitar el debate abierto, el cuerpo a cuerpo, el que se escuchen voces críticas respecto de la acción política pasada y futura. Tiene verdadero pavor a la discusión abierta sobre las ideas y propuestas, sobre los necesarios cambios de imagen y de marca, sobre las actitudes éticas en la gestión pública, sobre las personas que van a encarnar el nuevo rostro del PP, sobre el tipo de oposición que tiene que hacer, sobre si resisten de verdad al cambio de régimen que está en marcha, sobre cuál es la estrategia y el planteamiento ideológicos, sobre cuál es su posicionamiento en materia lingüística, etc., etc.” ¡Vaya espectáculo!
Ante trance tan embarazoso, ante semejante circo tan poco democrático, ante las cosas que están en juego, sólo cabe esperar que los compromisarios estén a la altura de las circunstancias. Primero, yendo al Congreso, sin haber hipotecado su voto y, segundo, sin dejarse utilizar por el aparato del partido para fines –no lo duden- bastardos. Si ocurriese –con la complicidad de muchos- que Carlos Delgado viese prohibido su acceso a la Tribuna del congreso, las consecuencias serían muy graves, sobre todo para Rosa Esterás. Espero que no sean tan torpes de otorgar al temido opositor el privilegiado título de mártir del aparato burocrático. No echen sobre sus espaldas el saco tramposo del aparato. Carguen –por muy cuesta arriba que se les haga- con el fardo de la libertad e independencia y pasarán a la historia por la lección de democracia que darán a su propio partido y a la izquierda. Sientan la vergüenza ajena y, después, escuchen, analicen, comparen, valoren y voten en libertad.
Tampoco deberían llamarse andana los afiliados peperos. Ya deberían estar tomando nota de las actitudes que advierten, de los gestos, de los protagonistas, del espectáculo que se les ofrece. De verdad, ¿se sienten orgullosos de su partido? No contesten aún. Esperen un poco más y tendrán más elementos de juicio. Si se confirman los malos augurios y el aparato les torea a todos, ¿qué harán? No seré yo quien les diga que tienen que hacer. Simplemente les digo lo que yo haría si me encontrase en esa tesitura: romper el carnet.
Sería fantástico que, como aquel 23 de abril de 1476, actuasen como los de Fuenteovejuna, todos a una. Esto es, el afiliado anónimo y sencillo, a quien no suele tenerse en cuenta para nada, al menos por una vez, se atreve a actuar como único Juez de tan escandalosa situación.
Gregorio Delgado del Río

domingo, 11 de mayo de 2008

DE COLOR AMARILLO
Hace unos días, Esperanza Aguirre, proclamó que no se resignaba a que el progresismo cultural y político siga presentando al PP “como un partido antiguo y retrógrado”. Fina intuición política, sin duda, que, al parecer, no ha estado al alcance de la inmensa mayoría de los dirigentes del Partido popular. Y, sin embargo, nos parece una tarea de futuro insoslayable, que debería integrar cualquier proyecto político atractivo.
No estaría de más recordar, en una primera mirada, que semejante sambenito se lo echan a uno en penitencia por los propios pecados. En plena era hipermoderna, no deja de ser, frente a las aspiraciones de liderar una sociedad, un pecado grave el asumir, como propia, la defensa de ciertas posiciones doctrinales y morales de la Iglesia católica. A estas alturas del s. XXI, un partido moderno debe, por el contrario, asumir la laicidad como un valor de modernidad, de civilización, de neutralidad, de progreso. Y, ello con todas las consecuencias.
Jamás un partido, como el PP, que se define como laico, debe entretenerse en los vericuetos de la llamada aconfesionalidad del Estado y que, en el fondo, sólo busca mantener, con términos actuales, situaciones propias del pasado, esto es, añoranzas de aquellos tiempos en que la moral católica impregnaba el tejido social y político. Aunque se encuentre en el texto constitucional, el concepto no expresa otra cosa que la dimensión negativa de la postura del Estado frente a lo religioso. Esto es, el Estado no profesa, como antes, religión alguna. Faltaría más a estas alturas. El PP tiene que entender que la laicidad le reclama un paso más, en positivo, en neutralidad, en igualdad de trato, en permitir un ámbito o espacio de actuación pública de lo religioso.
Desde la anterior perspectiva constitucional e identitaria, no se entiende fácilmente por qué el PP ha de cargar con la defensa de posiciones doctrinales y morales católicas. Este ha sido –en más ocasiones de las debidas- uno de sus pecados. Al menos, ha dado pié a entenderlo así. Lo cual –al margen de la profesión de fe de cada cual- explica que le hayan echado el sambenito de carca, de antiguo, de clerical, de tradicional. Quizás un ejemplo aclare nuestro punto de vista. No acierto a comprender por qué el PP tiene que meterse en el charco del matrimonio entre homosexuales, en el de la píldora del día después o en el del divorcio exprés. Necesariamente tuvo que salir salpicado y ensuciado. A esto se le llama caer en la propia trampa o tejer la propia tela de araña que le mantendrá prisionero.
Ya sé que tal tacha puede parecer a muchos injusta. Pero, entonces, ¿por qué se lo ponen tan fácil al adversario? ¿Por qué se extrañan que los pinten de color amarillo si Jaume Matas -nadie protestó ni alzó la voz-, en el anterior Congreso, yuguló, sin contemplaciones, el debate propuesto por la Comisión en torno al matrimonio de los homosexuales? ¿Cómo es posible que se acepte, sin rechistar, tan antidemocrático ejercicio del liderazgo? ¿Qué puede explicar tan ostentosos patinazos?
Estas cosas le pasan, en mi opinión, porque no tienen debidamente definido/renovado el proyecto político y porque se rodean, en el puente de mando, de personas con altas dosis de vinculación y fidelidad a otros intereses más exigentes. En concreto, los de obediencia religiosa. Para nadie es un secreto que, en el PP balear –también a nivel nacional y en el Gobierno Matas- han pululado y pululan personas adscritas a grupos religiosos católicos muy tradicionales, conservadores y fundamentalistas. Para nadie es un secreto que actúan como verdaderos grupos internos de presión, que, en muchos casos, consiguen imponer ciertas orientaciones y actuaciones políticas en todo lo que tenga que ver con las preocupaciones -la familia, la moral sexual, etc.- y tomas de posición de la Iglesia católica. Tampoco es, para nadie, un secreto que, en esos ámbitos tan puritanos y ejemplificadores, se práctica sin reparo alguno la marginación y exclusión de aquellas personas –por muy competentes que sean- que consideran “heterodoxas” y/o “traidoras”. Eso sí, en nombre de Dios. A partir de tan lamentable realidad –que muy pocos se atreven a denunciar- uno se explica muchas cosas que pasan y que –me temo- seguirán pasando en el PP.
El colmo de semejante desvarío radica que, a la postre, no obstante ser favorecidos por el poder -a veces, con terrenos a bajo precio para servicios educativos-, se suelen volver contra quien los ha alimentado. Muchos de los votos en blanco, muchas de las abstenciones en las pasadas elecciones autonómicas –¿todavía no se ha enterado, Sra Estarás?- procedían de militantes y simpatizantes indignados por tanta trasgresión de la moral católica en la gestión pública del gobierno.
No estaría de más que los candidatos a presidir el PP balear nos aclaren cuál es su posición al respecto y dejarse de gastar energías en controlar vergonzosamente a los compromisarios.
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 10.05.2008, pág. 11.