Decía Joan Miró que “por ruin que haya sido el pecado, son más ruines los que con él se gozan”. Esto es, exactamente, lo que les ha pasado a Antich, Calvo, Armengol y a toda la caterva de aprovechados pesebreros de la izquierda -y no sólo socialista-.
El gran pecado que cometió la gran cúpula socialista fue conseguir el poder en el Gobierno en Baleares, en el Consell de Mallorca y en Cort mediante un obsceno acuerdo con UM. Sin este acuerdo, sin los votos de UM, no habría sido posible. Y ello por una razón muy sencilla: porque nunca habían ganado a la derecha en las urnas. Su obsesiva ansia de poder les llevó a mirar hacia otro lado y, para mayor vergüenza, fueron capaces de poner al frente del Parlamento a la Princesa. Cometieron el mayor pecado posible contra el espíritu democrático, el único que no tiene perdón, pues lo hicieron en nombre de la democracia y al margen de la voluntad popular.
El cinismo, por cierto, no les ha servido de nada. Nadie les ha creído. Todo el mundo sabía quién era UM y dónde estaba metida. Todos sus manejos, corruptelas y pesebreras -que hoy están, en gran parte, en los tribunales- eran de dominio público. Incluso el cómo consiguió muchos de los votos, que les han servido a los socialistas, era sabido. No tienen, por tanto, excusa ni justificación. No pueden alegar ignorancia alguna. En definitiva, no hay que darle más vueltas: cometieron un gran pecado democrático. Uno más de los muchos que, a lo largo de la historia de su predicada honradez, ha jalonado su quehacer político.
A partir de tan ruin pecado inicial, los tres mosqueteros socialistas de la política balear no han hecho otra cosa que aprovecharse y gozar del mismo. Han andado a la sopa boba. Han colocado a los suyos. Pero, hacer cosas -lo que se dice hacer en positivo-, nada de nada. Eso sí. palabrería en abundancia, mirar siempre para otro lado, complicar al máximo el tráfico en la ciudad, engañar -como norma- a la gente, no saber cómo orientar la oferta turística del futuro, situar el sistema educativo en la cotas más altas de fracaso, utilizar en beneficio propio todas las instituciones públicas, no saber qué hacer con la Playa de Palma, colocar a los suyos en el pesebre público, etcétera, etcétera. Un verdadero desgobierno, sólo superado, a nivel nacional, por su gran jefe, Rodríguez Zapatero.
Una cosa, sin embargo, han hecho bastante bien. Han logrado limpiar el PP, que, en esta ocasión, ha entendido el mensaje. No me extraña, por ello, que no hayan hablado en la campaña electoral de corrupción. Ni siquiera la sonriente señora Calvo, a quien tanto le preocupaba la corrupción en la pasada campaña electoral. ¿Por qué este cambio de actitud? Muy sencillo. Porque la respuesta de Bauza, Isern y Salom, al estar limpios y no llevar a nadie imputado ni mezclado con el pasado, os habría dejado en evidencia. Ninguno de los tres socialistas, que ahora nos vuelven a pedir el voto, puede decir lo mismo. Al contrario, han gobernado en virtud de un pacto corrupto y, por tanto, todo lo surgido del mismo está manchado.
Las reglas del juego hoy en vigor hicieron posible -mediante un pacto que debiera avergonzarles- su ascenso al gobierno de las instituciones referidas. Pero, como su gestión ha sido un desastre, como han traicionado la confianza del pueblo, como se han deslegitimado democráticamente por su absoluta ineficiencia, como han gastado un dinero que no era suyo en el desgobierno llevado a cabo, se han comportado de modo corrupto. ¡Cómo iban a hablar de corrupción, precisamente ellos!
Merecen, por todo ello, que se vayan a su casa y sigan gozando del recuerdo del poder que jamás debieron ostentar.
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