domingo, 29 de abril de 2007

FRANJAS LUNÁTICAS
Tengo la impresión de que vivimos ensimismados en la culminación de la modernidad. Obnubilados por el presente, por el goce de la vida, por el cambio diario, por la perpetua novedad, por la rabiosa moda, no advertimos la presencia inquietante de elementos, ideas, posicionamientos y acciones que pueden dar al traste con la convivencia democrática. Ya decía George Orwell que “ver lo que tenemos delante de nuestras narices requiere una lucha constante”. No le faltaba razón, aunque para muchos parece misión imposible.
Estamos en pleno proceso electoral. Son muchas las cosas que están en juego. Probablemente, como nunca lo han estado. Muy especialmente la opción decidida por la libertad y por la ética en el ámbito de la acción política. Está pendiente el inicio –de una vez por todas- de esa necesaria y nueva revolución, que sólo triunfará a partir de la reacción de la base, del ciudadano, del electorado. Ello exige actualizar y hacer presentes las convicciones y valores individuales, que tienen mucho que ver con no erradicar lo religioso de la vida pública. Quizás ello explique, en gran parte, el sectarismo con el que se ha prodigado el Gobierno socialista.
Cuando las distintas opciones políticas quieren hacernos creer que merecen nuestra confianza y demandan nuestro apoyo, no están pensando, ni mucho menos, en esta necesaria revolución a favor de la propia identidad salvadora del ciudadano. Hoy por hoy, hablando en general, a las fuerzas políticas (y, sobre todo, a la izquierda y a sus apoyos políticos y mediáticos) les trae sin cuidado la moral -cualquier moral-, la verdad e, incluso, la libertad. Sólo les importa el poder y no para servir al ciudadano sino para servirse a sí mismas. ¿Es posible una corrupción mayor? ¿Puede concebirse un ejercicio más adulterado del poder (entregado a nuestros representantes) que su utilización en nuestra contra?
En este contexto de lucha por recuperar una cierta vigencia ética en el ejercicio del poder político –verdadera aportación de las grandes revoluciones que alumbraron la civilización occidental- y de salvaguardar la libertad individual, me parece un auténtico retroceso, un mear fuera del tiesto, una verdadera corrupción del sentido mismo del poder, ese sonsonete descalificador e irrespetuoso, que habitualmente utiliza la militancia socialista. Estamos ante una preocupante ‘franja lunática’, que diría Humberto Eco, que divide, que crispa, que perturba gravemente la convivencia democrática.
Cuando, por ejemplo, se defienden, con toda legitimidad, estas posiciones u otras parecidas, no coincidentes con las suyas, o se ejerce la crítica desde perspectivas diferentes, muchos de ellos no se atreven a debatir el tema –¿será por ignorancia?- y optan –siguiendo el manual del hombre de izquierda extrema- por una descalificación radical y sectaria, que, por supuesto, no manifiestan, en su cobardía, delante de quien ofenden. Prefieren, en un gesto ineducado (hablar por lo bajo) o en ausencia de quien descalifican, insistir en que es un ‘fascista’, un ‘franquista’, un ‘neonazi’. Eso sí, ellos son ‘progresistas’, reparten los carnets de democracia y responden –no faltaba más- al insulto con una sonrisa, que diría Rodríguez Zapatero. ¿Sabrán qué es eso del pluralismo político (Art.1 Const.), de la tolerancia, del respeto a los demás y de la buena educación? Personalmente –me gustaría que las cosas fuesen de otro modo-, lo dudo.
Igualmente entiendo como pervivencia de una muy grave ‘franja lunática’ el distinto rasero con que el Estado –gestionado ahora por los socialistas- se acerca al fenómeno de la corrupción según que sus protagonistas pertenezcan a una u otra fuerza política. Es evidente la utilización de los resortes del poder en un sentido absolutamente ajeno a su razón de ser –verdadera inmoralidad-. Lo estamos verificando entre nosotros. La simple mención de Andraitx, Ibiza y María Antonia Munar evoca la diferencia de trato y la ausencia de proporcionalidad.
Es preciso, como grita Saramago, decir no, aunque sea una voz que predica en el desierto. Es preciso, ante el silencio cómplice de la izquierda frente a lo que está ocurriendo, convertir las próximas elecciones en un referéndum moral en el que nadie tiene derecho a abstenerse.
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 29.04.2007, pág. 10

martes, 24 de abril de 2007

EL FLORERO CATALANISTA DE MATAS
¡Está liada! Las bases del PP están que trinan. Se sienten –y con razón- despreciadas e insultadas. Bastantes más de los que se imaginan en el PP aseguran, indignados y dolidos por la traición, que no votarán la lista de Jaume Matas. Ahora sí que peligra la mayoría absoluta. Es más, diría que él mismo se está encargando de propiciar su derrota. ¿Cómo explicar semejante metedura de pata?
No será la primera vez que el PP -y, en particular, Jaume Matas- sean víctima de su propio endiosamiento, de su prepotencia, de la ostentación insultante de su poder. ¿Recuerdan lo ocurrido en las elecciones que abrieron el camino al mal llamado ‘Pacto de progreso’? La historia se repite. Eso sí, corregida y aumentada. Ahora con recochineo incluido. Y es que, perdido el pelo de la dehesa cuando graciosamente pasó por Madrid, se ha creído un Dios de la política mallorquina. Lleva toda la legislatura exhibiendo su verdadero talón de Aquiles. Se ha permitido, a partir de su atribuida condición divina, comportamientos que no se compadecen con el ideario del PP, que enturbian los valores que dice defender (Pacto MAM), que otorgan cobertura a los estúpìdos devaneos catalanistas de Pere Rotger, que llevan a repartir premios y distinciones con marginación de la mitad de la ciudadanía (‘los forasters’), que encomiendan la gestión de la cultura al catalanismo intransigente, que propician la asunción de responsabilidades ajenas (Andraitx), etc. etc. Creo que todo ello se entiende y explica en el marco de la interpretación que ha hecho Cesar Vidal con respecto a Calígula: “… una manifestación de la conducta más perversa en la que puede incurrir el hombre, la de pretender que es como Dios”. Demasiadas “franjas lunáticas”, que diría Umberto Eco.
Tengo la impresión, Sr. Matas, de que subliminalmente ha venido olvidando –ahora lo convierte en slogan de su proyecto político de futuro- el ser de Mallorca: “… un barco navegando por cuenta propia”, que dijo Baltasar Porcel o “¡Nosotros somos nosotros!”, que lanzó Antonio Maura. Puedo estar muy equivocado, pero he creído percibir, en el tiempo que llevo integrado en esta tierra, que su definición se condensa en la expresión “Son mallorquines”. Al intentar prescindir de tal independencia, de tan significado etnocentrismo, de tal separación, y, al mismo tiempo, enraizarnos en otra tierra, está condenado al fracaso, será rechazado. No olvide, Sr. Matas, que torres más altas han sido derribadas y que también a Usted le espera su merecida (‘némesis’) y propiciada derrota.
Resulta que necesita un puñado de votos. Para intentar conseguirlos, se le ocurre dar por buena la versión del adversario: el PP está descentrado, crispa a la sociedad, es la expresión del franquismo, no colabora en el proceso de paz, etc. Hay, en consecuencia, que proyectar una imagen muy diferente: de moderación, de centrismo, de grandeza. ¿Cómo? Muy sencillo: Maria de la Pau Janer. He ahí la solución mágica, que sólo se le puede ocurrir a alguien como Jaume Matas, que no es de este mundo. A bote pronto se me ocurren varias reflexiones.
Si realmente este es el análisis de un genio de la política, estamos apañados. Me parece un insulto para quienes van en la lista y le han garantizado una gestión ejemplar de la que ahora puede presumir. ¡Ya quisiera el PSOE y UM disponer de peones tan eficaces! La lógica debió llevarle a prescindir de todos ellos. La cosa no se arregla ni con “un florero” tan aparatoso como el presentado. Pero es que además es falsa la mayor en todas sus ramificaciones.
Dar por supuesto que sus votantes habituales están asegurados es puro voluntarismo. Los tiene tan ‘cabreados’ que muchos votarán en blanco a su lista. ¡Ya lo veremos! La supuesta condición que atribuye a su amiga es más de lo mismo. Acostumbrados al autobombo, pierden la perspectiva y llegan a creerse sus propias mentiras. La realidad es muy diferente. Su amiga, experta en ambición, ‘maquina perfecta de hacer dinero’ y malabarista de los colores, no goza de puesto alguno en el olimpo intelectual, Mal que le pese, Sr. Matas, su amiga, en ese limitadísimo mundo, no es muy conocida, provoca rechazo y es mal vista. Por si todo esto no fuera ya suficiente, se ha dedicado –supongo que coordinada con Usted- a cargar contra el PP y sus líderes, a exhibir la no probada moderación de CIU y a ganarse todas las antipatías posibles. ¡Vaya planificación!
Como dijo Baltasar Gracián, “muchos … se pierden cuando tienen que elegir. Siempre se casan con lo peor, tanto que parecen hacer ostentación de equivocarse”.
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 24 de abril de 2007

domingo, 15 de abril de 2007

ANDAR A CAZA DE GRILL

En estos días de conmemoraciones religiosas, un tanto pasados por agua, me he encontrado, al organizar el material de antiguas lecturas acumulado, con una noticia referida a Rosa Puig, que ha llamado mi atención. Creo apreciar, como en otras actuaciones relativas a la mujer, una común coincidencia en la perspectiva: asumir los planteamientos ideológicos del feminismo de género.
A través de un acuerdo con la Federación de mercados permanentes de Mallorca, en distintos mercados de Palma , Mercat Vila, Mercat Nou, Manacor, Artá, Felanitx, Ciudadela, Mahón, etc., se pretende que los vendedores de cada uno de los puestos atiendan a sus clientes con un delantal, de diferente color, que lleva inscrito el lema: “Denuncia, planta cara al maltrato”.
Cuando el feminismo de género habla de malos tratos, se refiere exclusivamente a los que padecen algunas mujeres, olvidando, por increíble que parezca, que algunos varones, algunos hijos y algunos mayores también son objeto de malos tratos. ¿Por qué se instalan en semejante discriminación? Cuando el feminismo de género anima a la denuncia, no quiere oír hablar de los abusos (denuncias falsas) que algunas mujeres están cometiendo a fin de obtener ventajas económicas en los procesos de divorcio, no quiere saber nada de la confusión que propicia entre mala educación y criminalización, no está dispuesto a tratar en serio la cuestión del poder en la pareja (divorcio absoluto entre la ficción literaria y la realidad), no quiere que se mencionen las ventajas de todo tipo que obtiene a través de la imposición mediática de lo ‘femeninamente correcto’, huye de todo análisis de las presiones psicológicas que se instalan en las relaciones entre la mujer y el varón, rechaza cualquier referencia a quien impone su dominio en el hogar, desprecia cualquier sugerencia en torno al uso de la sexualidad como instrumento de sometimiento, que se salga de los esquemas habituales, etc. etc. ¿Qué es lo que se teme?
Plantar cara al maltrato, en consecuencia, también debería incluir las más variadas actitudes que suelen generarse a propósito de las cuestiones anteriores y que, vistas desde la otra ribera, son recibidas, en muchos casos y no sin cierta razón, como maltrato, vejación e injusticia. Todo ese mundo, con múltiples manifestaciones en la intimidad de la pareja y fuera de la misma, no puede considerarse ajeno al problema que a todos preocupa: el maltrato. Pero, este tipo de maltrato, que suele transitar, por desgracia, en ambas direcciones, no se quiere denunciar en toda su extensión, esto es, cuando quien lo genera es una mujer. ¿Por qué no se incluyen todas estas conductas en el lema: Denuncia. Planta cara al maltrato?¿Por qué hay que secundar necesariamente actuaciones tan ambiguas, parciales e interesadas, que suelen ocultar algún sapo susceptible de que se atragante a muchos?
Cada cual es muy libre, en su propio establecimiento, de atender al público con la indumentaria que le parezca mejor. El problema puede surgir si, en busca de la supuesta eficacia, se pretende imponer a los trabajadores servir de medio para una determinada causa, máxime si se presenta con perfiles ambiguos. ¿Qué pasará con los que se nieguen a ponerse el delantal de marras? Espero que no se les hayan ocurrido medidas sancionadoras de la negativa al respecto. Sería el colmo del despropósito y un verdadero esperpento.
Pero, hay más. Los organizadores de tan pintoresca iniciativa, y quienes la han secundado, no deberían ignorar que, aunque no lo pretendan, van a señalar con el dedo acusador a quienes, en coherencia con sus ideas, decidan no colaborar, sean dueños del establecimiento o trabajadores a sueldo. Me temo que, en estos casos, difícilmente se van a librar de la consabida acusación de ‘machistas’. Los patrocinadores de la idea y sus colaboradores (Presidentes de algunos mercados) deberían preguntarse en base a qué se sienten autorizados para imponer, presionar a favor y poner en semejante trance a sus asociados y trabajadores? Me temo que han sido sorprendidos en su buena fe.
Por último, ¿se les ha ocurrido pensar que sucederá si el establecimiento, que decida legítimamente no colaborar, es marginado de hecho y advierte, por tanto, un descenso en sus ventas? Todo puede acabar como el rosario de la aurora y todo porque alguien anda a caza de grillos.
Publicado en "El Mundo. El Día de Baleares", 15.04.2007, pág. 10

miércoles, 11 de abril de 2007

LO DIFÍCIL DE EXPLICAR
Cuando todavía resuenan los ecos de las pasadas celebraciones religiosas de la Semana Santa, me ha parecido oportuno reflexionar sobre la presencia y participación de las instituciones y autoridades públicas en ellas. De entrada sorprende que, a pesar de que todo se ha conmovido en la sociedad española y mallorquina, nada o muy poco se haya movido sobre el particular. Seguimos como en los mejores tiempos del franquismo: todo confundido. Ahí está, por poner un ejemplo singular, la participación de la “Princesa” en el pregón de la Semana Santa palmesana. ¿Estamos, en realidad, ante una paradoja más de los tiempos ultramodernos?
Vaya por delante que personalmente me importa un comino cómo, desde el mundo religioso y eclesiástico, crean entender estas rememoraciones del misterio central del cristianismo, cómo las organicen, a quiénes pidan su presencia y participación activas, cómo determinen sus fines y objetivos o cómo controlen las actividades y funciones en que consistan. Esa es su responsabilidad, sobre todo del Delegado episcopal al respecto. Pero, al mismo tiempo, tampoco debemos olvidar la presencia de determinadas coherencias, religiosas y constitucionales. Desde esta otra perspectiva, no es extraña la crítica de que puedan ser objeto, tanto desde la óptica de la identidad laica del Estado, como incluso desde el interior del mundo clerical. En concreto, creemos que la intromisión de la política (la presencia de la ‘Princesa’) no parece compadecerse con lo religioso, finalidad que queremos suponer prioritaria y exclusiva (¿Acaso me equivoco?), ni con la naturaleza laica del Estado.
Si algo, en este último campo tan propicio a la confusión (baste contemplar la realidad histórica española), esclareció el texto constitucional de 1978 fue la necesaria y total separación e independencia de la Iglesia y el Estado. En virtud de ella, el Estado no puede tomar decisión alguna en el ámbito de su competencia en base a motivos religiosos ni puede intervenir en los asuntos internos de la Iglesia ni de ninguna otra confesión religiosa, que, en modo alguno, forman parte del aparato estatal. La separación de fines y objetivos, la separación de sujetos (autoridades) y de funciones o actividades es nítida e implica cambios esenciales en el modo de actuar respectivo.
En dos ocasiones diferentes (ss. 177/1996 y 101/2004), nuestro TC se ha pronunciado sobre la temática que ahora nos interesa. En ambos casos, el TC ha dado por supuesta la naturaleza religiosa de estas manifestaciones (procesiones) y, en consecuencia, la intervención en ellas de las Fuerzas armadas y de seguridad del Estado se ha interpretado como un modo de realzar la solemnidad del acto religioso católico. Es decir, parece obvio, para nuestro TC, que, en tales supuestos (procesiones católicas con intervención de las Administraciones públicas), se opera una flagrante confusión de los respectivos ámbitos. Lo cual, a su vez, conlleva una evidente vulneración de la necesaria separación de la Iglesia y el Estado.
Pero, hay más. La vulneración de la separación supone, por derivación, la también vulneración de la necesaria e exquisita neutralidad del Estado hacía las creencias de sus ciudadanos. En estos casos, la participación de la Administración pública evidencia y escenifica públicamente una toma de partido, consistente en privilegiar las creencias católicas frente a las demás y a la ausencia de las mismas. Recordemos, a este respecto, que la religión es libre de Estado y que ninguna confesión tendrá carácter estatal.
Tocamos un elemento definitorio de la identidad estatal: su neutralidad frente a lo religioso o su ausencia. Ya sé que tal característica no gusta a muchos, que suelen identificarla con el viejo laicismo y así propiciar subliminalmente un trato privilegiado a alguna confesión concreta. Pero, precisamente por ello, es preciso tener las cosas claras cuando predicamos dicha neutralidad estatal.
La neutralidad garantiza la libertad de no hacer algo contrario a la propia conciencia (dimensión negativa), pero también la de actuar de acuerdo con la propia conciencia (dimensión positiva). Tal garantía no reclama la participación de los poderes públicos en las ceremonias religiosas. Si éstos participan activamente en ciertas manifestaciones religiosas, están, como ha subrayado el TC, realzando la celebración religiosa en cuanto tal y están, por tanto, colaborando públicamente en el logro de finalidades religiosas. Se está desobedeciendo el mandato constitucional de la abstención.
Es cierto que “… las cosas cambian, por lo tanto, lo verdaderamente difícil de explicar no son los cambios sociales, sino por el contrario, la estabilidad y la permanencia” (Solvoj Zizek).
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 8.04.2007, pág. 10

domingo, 1 de abril de 2007

LAS VERDADES DEL VARQUERO
Por fin, la ‘Princesa’ y los posibles aspirantes a reeditar el funesto ‘Pacto de progreso’ han encontrado la horma de su zapato. Rosa Estarás, mujer inteligente, con experiencia de gobierno, de muy buenos reflejos y próxima a la gente donde las haya, es una excelente candidata. Ha iniciado su camino a la Presidencia del Consell contando las tres verdades del barquero.
Sin duda, sorprendida en el envite, la ‘Princesa’ ha intentado disimular, tirar balones fuera y llevar la pelota a un campo que no es el suyo: Matas/Antich. Pero, diga lo que diga, no cambiará la situación. Tendrá que vérselas con una mujer preparada y aguerrida, más inteligente que ella, mejor preparada, dispuesta a regenerar, moral y democráticamente, el Consell. ¡Ahí le duele! Esta es la realidad. Si la ignora –que no lo creo-, mucho peor para ella.
Cuenta Montoto, en Un paquete de cartas (Madrid-Sevilla 1888, pág. 268), que a un barquero, que no tenía que comer, le pidió un estudiante que lo pasara de balde a la otra margen del río. El barquero le respondió que lo pasaría si le decía tres verdades como puños. Así lo acordaron. En el trayecto, el estudiante le dijo las dos primeras: pan duro, más vale duro que ninguno y zapato malo, más vale en el pié que en la mano. Al atracar la barca en la orilla, el estudiante le dijo la tercera: si a todos pasas como a mí, dime, barquero, ¿qué haces aquí?
Tengo la impresión de que Rosa Estarás, en su paso a la Presidencia del Consell, ya le ha contado a María Antonia Munar las dos primeras verdades del barquero. Ninguna de ellas ha sido contestada. Por ello hemos de entender que, en efecto, son verdad.
La primera: La ‘Princesa’ es la gran responsable del tan denostado crecimiento urbanístico. Lleva nada más y nada menos que doce años gestionándolo. ¡Evidente!, aunque la izquierda se empeñe, ‘como sea’, en traspasar tal imputación al PP. Consciente de ello, Rosa Estarás ha sido directa e inequívoca en su puntualización y ha señalado a la culpable última sin que quepa duda alguna. ‘Verdad es’, que diría el barquero.
La segunda: La gestión que la ‘Princesa’ ha realizado en el Consell no ha sido ni rigurosa ni transparente. ¡Otra evidencia! Si la política mallorquina, en general, demanda con urgencia una regeneración ética y democrática, la gestión de la Presidencia del Consell es para echarle de comer aparte. Está en boca de todos. El cabreo ante su actitud y su gestión está universalizado. Siempre que se toca, en cualquier ámbito social, la situación que padecemos en Mallorca, invariablemente sale a relucir –y no para bien- la vida y milagros de tan ‘liberal’ personaje.
A pesar de lo mucho que ciertos medios le bailan el agua delante (¿gratis y por amor?), es incuestionable que ha gestionado con prepotencia suma, mirando por encima al ciudadano, otorgándose una importancia que no ha sabido granjearse, interpretando de maravilla el baile de la Piñata, repartiendo subvenciones de forma un tanto obscura y obscena, poniendo zancadillas increíbles a otras instituciones que buscaban mejorar la calidad de vida en la ciudad de Palma, haciendo un uso aparentemente arbitrario de las competencias institucionales, persiguiendo el beneficio propio y el fastidio de quienes han osado ponerse a su voluntad. ‘También es verdad’, que tornaría a decir el barquero.
La noche electoral, que ya está muy próxima, Estarás le contará la tercera verdad, en forma de pregunta. Si sólo has recibido unos escasos votos –justo castigo a tu pésima gestión-, ¿qué haces aquí? Vete a tu casa. Mallorca merece un servicio mejor. Subsistiremos sin ti. A ello asentirá, cabizbaja y furibunda, nuestra ex ‘Princesa’: ‘Esta sí que es la verdad y me servirá de lección’.
Una cosa, querida Rosa Estarás, no conviene que olvide, a saber: que una parte –y no pequeña- de responsabilidad en lo ocurrido radica –también la tienen otras fuerzas políticas- en la complicidad del PP. Por ello –y para que se acreciente su credibilidad política- debería comprometerse a iniciar la regeneración ética y democrática por la propia casa. También en el PP hay que hacer limpieza a todos los niveles. Puede y debe exigir la presencia en las listas electorales de personas nuevas e íntegras. Puede y debe imponer un modo de hacer las cosas de acuerdo con un determinado canon ético. Quien no esté dispuesto a cumplirlo o lo vulnere, déjelo en la orilla o arrójelo al río.
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 1.04.2007, pág. 10