jueves, 3 de noviembre de 2011

PLURALISMO IMPERANTE

Si por algo se caracteriza la sociedad actual –en cualquiera de sus manifestaciones- es por su dimensión plural. No son tiempos para lo absoluto. Aunque disguste en ciertos ambientes, especialmente de carácter religioso, los valores que la mueven son cada vez más relativos, más provisionales, más dispersos, más inseguros, más ambiguos. La ciencia se ha hecho cada día más interdisciplinar y la ética más casuística. Como Salvador Pániker ha subrayado con vigor, hoy día hay que “...hablar de identidades múltiples, pluralismo a la carta, mestizaje cultural, collage”.


La sociedad, mayoritariamente, se expresa mediante actitudes que obedecen a creencias, convicciones y valores cuyo contenido está integrado por las más variopintas procedencias culturales, éticas y religiosas, que, asimismo, se conciben también como plurales. La gente es muchas cosas a la vez o, si se prefiere, afirma una identidad definidora de sí misma, a la que se adhiere temporalmente, conformada de las más variadas –y, a veces, paradójicas- procedencias.
Si así se muestra la realidad social, la conducta humana tiende a conformarse a la misma. Ello hace que el hombre actual -sin mayores estridencias- se sienta cómodo y bien instalado en posiciones aparentemente contradictorias. Para él, no lo son. Podemos ver -por poner algún ejemplo- a personas que admiten y conviven, al mismo tiempo, con adhesiones tales como ser budista y cristiano al mismo tiempo, ateo y con sentido trascendente, socialista y católico, demócrata y totalitario, católico y contrario a la Iglesia jerárquica, demócrata e irrespetuoso con la legalidad, etc., etc. Guste o no, como ha recordado Salvador Pániker, “… los caminos que conducen a cualquier parte son múltiples”.


En este contexto y dada la posición contraria de la Iglesia oficial, conviene recordar a los católicos que el cristianismo también recibió o tomó muchas de sus enseñanzas e instituciones de las más variadas procedencias culturales y religiosas. No deberían olvidar jamás este hecho cuando se encierran dentro de las paredes dogmáticas de su fortaleza, fuera de la cual, según ellos, no hay salvación. ¿Por qué semejante rigidez, contraria a la verdad histórica? Igualmente deberían ir extrayendo las consecuencias pastorales que se derivan de la aceptación del fenómeno pluralista. El mismo Benedicto XVI no ha tenido inconveniente alguno en dar por cierta esta caracterización del mundo actual e integrarla en sus reflexiones sobre la exigencia de la verdad cristiana.


En este marco expositivo, no veo inconveniente alguno en respetar la posición de quienquiera que sea. Lo que no puede negarse es la realidad y ésta se manifiesta muy plural en todos los ámbitos. Si esto es así -no veo que pueda negarse-, se abre inexorablemente el camino a la laicidad y, en ella, la búsqueda de la trascendencia.

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