A UN NIVEL SUPERIOR DE REALIZACIÓN
La crisis económica –quizás la más grave de la historia- ya no es negada por nadie. Ni siquiera por ZP. Ha penetrado con cierto sigilo en nuestro entorno vital y estamos condenados a vivir con ella durante unos cuantos años. Se mintió con vileza al pueblo y éste, en un ejercicio irresponsable de sus derechos, se tragó absolutamente todo. Ahora, al no prestarle la atención que exigía en sus inicios, deberemos soportar una afrenta más duradera y dolorosa.
Frente a tan traumática y decepcionante realidad, la corrección política está empeñada en hacernos creer que estamos ante un problema de naturaleza estrictamente económica y financiera, cuya ‘culpa’ original se encuentra en la otra ribera del Atlántico. Una vez más, corremos el riesgo de tropezar en la misma piedra y no enterarnos de la trampa que nos tienden. No se nos ocurrirá, ni por asombro, buscar la ‘culpa’ de nuestros males dentro de nosotros mismos. Daremos por buena –no faltaba más- la versión zapateril según la cual la culpa del paro creciente en España es de Bush. ¡Buen pelo nos va a lucir!
Sin embargo, a poco que profundicemos sobre los sucesos que nos envuelven, a poco que busquemos su comprensión y no rehuyamos su entendimiento, advertiremos de inmediato que nos enfrentamos a un problema que es preciso situar además en un plano o nivel muy distinto del económico. Más allá de las circunstancias puntuales que se hayan dado cita, más allá del fallo clamoroso de los controles previstos, más allá de la ingerencia de lo político en los órganos de gestión, existen unas causas, unos motivos, unas razones que se sitúan, a mi entender, en un orden superior, diferente y mucho más profundo. Las cosas, en cualquier orden de la vida, no suceden porque sí. Todo tiene su razón de ser, su explicación, su causa. Todo tiene que ver o es fruto de nuestra alma creadora. No entenderlo así significará errar en el diagnóstico y, en consecuencia, hacer inviable la solución apropiada.
Desde esta perspectiva analítica, creo sinceramente que el llamado mundo occidental –por supuesto, también España- está inmerso en una auténtica crisis moral. Aquí es donde le duele, aunque prefiramos mirar para otro lado. El sistema de valores que ha servido de argamasa social desde inicios del s. XX se ha corrompido. Muchas de las ideas -que han venido aceptándose como dogmas progresistas en la cultura occidental- han llegado, a los albores del s. XXI, convertidas en una pandemia social. Todas las ideologías mesiánicas han sido falsas. Lo evidente, después de tanto sufrimiento, de tanta deshumanización, de tantos dioses falsos, es que está pendiente la verdadera revolución. Como ya ocurrió en otros momentos de nuestra historia, se ha hecho evidente que el mundo en el que nos ha tocado vivir está en ruina. Para salvarnos, debemos construir otro nuevo y diferente.
Probablemente lleve razón el Card. de Madrid, Mons. Rouco cuando ha subrayado, al respecto, que “…no hay nada más embriagador para el hombre que el que le digan que puede ser como Dios, que le digan que no hay más Dios que él mismo”. Semejante “autodivinización”, como sabemos, ha constituido la piedad angular de la cultura occidental desde hace muchos años. Al menos, desde Nietsche y su idea del super hombre en ‘Así hablaba Zaratustra’.
Por hoy, nos basta con la anterior reflexión. Si afrontamos la situación actual con coherencia, podríamos entender la intuición de Louise L. Hay para quien “cada problema con que me enfrento me lleva a un nivel superior de realización”.
domingo, 22 de febrero de 2009
ECOLOGISMO ERRANTE
Reconozco que, habitualmente, me siento muy escéptico frente a ciertas proclamas del imperante ecologismo de izquierdas. Prefiero la duda como método de acercamiento a la verdad. Siempre he creído que, en sus consagrados ‘oficiantes’, había algo diferente al puro amor a la naturaleza. Siempre he creído percibir el interés económico, el enriquecimiento de sus ‘santones’. Siempre he tenido dudas muy serias sobre la formación científica de los líderes del movimiento ecologista mundial. De vez en cuando he sentido vergüenza ajena ante la propuesta de ejemplaridades como la de Al Gore y su video propagandístico, ante las cantidades que ha percibido por sus conferencias, ante el apoyo prestado por ZP. Siempre he experimentado un instintivo rechazo al verificar que ejercen como depositarios de una nueva religión que pretenden imponer con agresiva suficiencia, con intolerancia y sin crítica. Patrick Moore, Sumo Pontífice del movimiento, desistió recientemente del mismo. Y lo hizo poniendo el dedo en la llaga, denunciando la falta de formación científica y la apelación constante a las emociones y sentimientos. No es extraño, por ello, que la revista ‘Newsweek’, le distinguiese con el apodo del ‘renegado’.
Reconozco que, habitualmente, me siento muy escéptico frente a ciertas proclamas del imperante ecologismo de izquierdas. Prefiero la duda como método de acercamiento a la verdad. Siempre he creído que, en sus consagrados ‘oficiantes’, había algo diferente al puro amor a la naturaleza. Siempre he creído percibir el interés económico, el enriquecimiento de sus ‘santones’. Siempre he tenido dudas muy serias sobre la formación científica de los líderes del movimiento ecologista mundial. De vez en cuando he sentido vergüenza ajena ante la propuesta de ejemplaridades como la de Al Gore y su video propagandístico, ante las cantidades que ha percibido por sus conferencias, ante el apoyo prestado por ZP. Siempre he experimentado un instintivo rechazo al verificar que ejercen como depositarios de una nueva religión que pretenden imponer con agresiva suficiencia, con intolerancia y sin crítica. Patrick Moore, Sumo Pontífice del movimiento, desistió recientemente del mismo. Y lo hizo poniendo el dedo en la llaga, denunciando la falta de formación científica y la apelación constante a las emociones y sentimientos. No es extraño, por ello, que la revista ‘Newsweek’, le distinguiese con el apodo del ‘renegado’.
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