EN EL CORAZÓN DE UN SOLO HOMBRE
A medida que se acerca la cita electoral, he vuelto a sentir el impulso que me lleva a reafirmar la fuerza que aparece en mi verdad, que creo compartir con muchos lectores y ciudadanos. Hay que superar el miedo y confesar –por más que les pese a muchos- las propias convicciones e ideas, que cada cual aspira a realizar en su vida. Hay que reivindicar el derecho a vivir según el dictado de la propia conciencia. Hay que dar la cara y pasar de las etiquetas que le cuelguen a uno. No importa que le echen el sambenito que sea. Todo ello forma parte de la sagacidad del adversario.
Pues bien, desde la anterior perspectiva, quiero proclamar algunas cosas de las que somos herederos, también en esta tierra. Su olvido y desistimiento son procurados por la izquierda que, con tanta incompetencia y con la complicidad de cierta derecha, tan mal ejerce los poderes que le hemos dado.
Frente a su sectaria prepotencia, proclamo la laicidad como quintaesencia de los valoras espirituales que hemos atesorado a lo largo de un larga historia construida con la argamasa de la cultura helénica, el cristianismo y la ilustración. Sí, una laicidad, que no es enfrentamiento contra la religión sino respeto y tolerancia con todas.
Frente al caduco y trasnochado multiculturalismo socialista (por, cierto importado de USA), proclamo la intolerancia más absoluta frente a quienes, vengan de donde vengan –también para los que estamos aquí-, no acepten ni respeten los derechos humanos, que han de ser el verdadero germen de una ética civil universal. No entiendo de identidades culturales que conlleven la pervivencia de discriminaciones que, en modo alguno, son de recibo.
Frente a tantas organizaciones feministas de género proclamo mi creencia en la igualdad dignidad de la mujer y el hombre, a la vez que rechazo, por discriminatorios, los contenidos de lo femeninamente correcto.
Frente a los tópicos que vienen repitiendo las mujeres del Insitut Balear de la Dona y su patulea de corifeas, proclamo, con Simone Veil, que “ya no podemos cerrar los ojos sobre los … abortos que cada año mutilan a las mujeres …”. Me resisto a calificar como progresista a todo aquello que, para resolver la coyuntural situación problemática de una mujer, haya de pasar por destruir la vida de un feto de siete u ocho meses.
Frente a tanta división, a tanta remoción de viejas diatribas, a tanta agitación de sentimientos encontramos, a tanto volver la mirada al pasado, proclamo la fe y la esperanza en el futuro.
Frente al abandonismo cultural –verdadera tradición de esta tierra-, lamento que no quepa esperar de quienes nos gobiernan ni siquiera el fresco rocío mañanero. ¡Peor que un desierto!
Frente a la clase política, que nos viene mintiendo demasiadas veces, proclamo que no me interesa su verdad, lamento la violencia que le acompaña y protesto por su impunidad.
Frente a tanta opinión obediente y claudicante, frente a tanta cobardía intelectual, proclamo la libertad de expresión, ‘la libertad de decirles a los demás lo que no quieren oír’, que diría Orwell.
Frente al ‘cordon sanitario’ –se sigue en las mismas-, proclamo su antidemocrático y miserable proceder.
Frente a tanto político, sospechoso de servirse del poder en beneficio propio, proclamo que están deslegitimados para su función y lamento que, a veces, hasta sean jaleados por la inmensa caterva de ciudadanos que les ríen sus gracias.
Sin embargo, afirmo, con Sarkozy, que tengo, a pesar de todo, “la certeza de que nada está totalmente perdido mientras siga ardiendo el fuego de la resistencia en el corazón de un solo hombre”.
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 23.02.2008, pág 9
lunes, 25 de febrero de 2008
viernes, 22 de febrero de 2008
LA TIRANÍA DE LA HUMANIDAD
Hace unos días, los medios de comunicación nos ofrecían un variado, pero anticuado desayuno. El maestro cocinero que lo confeccionaba era Gaspar Llamazares. En realidad, era lo de siempre: sectarismo, anticlericalismo, irracionalidad, mínima sensibilidad por las libertades de quienes no piensan igual, progreso congrejil.
Ante la toma de posición de la Comisión permanente de la Conferencia episcopal respecto de las próximas elecciones generales, reprochaba a ZP que eso le pasaba por no haber propiciado, en la pasada legislatura, la laicidad del Estado. Me temo que el Sr. Llamazares, como el resto de la izquierda que nos gobierna, ignore totalmente qué es eso de la laicidad. Si lo supiese no diría tales tonterías. ¡Esto es lo que hay!
Es opinable si ZP, a lo largo de estos cuatro últimos años, ha adoptado frente al hecho religioso la postura propia de un Estado inspirado en la laicidad o, más bien, en un trasnochado laicismo. Ya saben que la diferencia es notabilísima. Se trataría de situar a la izquierda en los finales del s. XIX (laicismo) o en los tiempos postmodernos (laicidad). Probablemente, no quepa otra perspectiva que la de subrayar una tendencia. Esta, en el gobierno ZP, se escora claramente al laicismo caduco y trasnochado, por mucho que hablen de progreso. Lo cual, dicho con palabras de Vargas Llosa, “… es la más peligrosa de las mentiras”.
Lo que nadie duda es que, en cualquier Estado en que la laicidad se haya consolidado, los Obispos, como cualquier otro grupo organizado, de inspiración religiosa o no, gozan de libertad para opinar sobre cualquier tema que se debata en la plaza pública. ¡No faltaba más! Lo político no es exclusivo de la clase política. Eso es lo que le gustaría a cierta clase política. Cualquier tema que interesa a la ciudadanía, incluido el terrorismo, puede y debe ser debatido, máxime en periodo electoral. ¿Por qué no? Laicidad es garantía de libertad, es neutralidad, igualdad de trato, valoración positiva de lo religioso
Puede que lo que los Obispos han dicho en esta ocasión no guste a la izquierda más radicalizada. Pero deberíamos reconocer, al mismo tiempo, que la sociedad española presenta ahora rasgos especialmente inquietantes. La pasada legislatura no ha sido precisamente modélica. El futuro inmediato se atisba con preocupación. Más que nunca es necesaria la participación de todos, el debate público, la opinión de los contrarios. ¿A qué viene, entonces, armar tanta algarabía? ¡Qué lejos estamos de comportarnos con talante democrático!
En una democracia consolidada, la clase política no debería inmutarse lo más mínimo por estos debates, ni obstaculizarlos ni reaccionar ante ellos con histerismo y con amenazas. Al contrario, deberían ser recibidos con toda naturalidad. Incluso, aplaudidos pues concurren, en la plaza pública, a conformar opiniones fundadas. ¿No decimos que la sociedad española es muy plural? No se ve que lo compartan los pontífices de la izquierda. En cualquier país laico, la opinión de los Obispos sería respetada, tolerada e, incluso, puede que pasase inadvertida. ¿Por qué tenemos que seguir siendo diferentes?
Mucho me temo que lo que, en realidad, propicia Llamazares –y el PSOE dada su histriónica y poco democrática reacción- es el laicismo: volver al s. XIX, perseguir lo religioso, eliminar la libertad, actuar sectariamente, acallar al disidente, imponer el pensamiento único, dirigir las conciencias, silenciar a los grupos religiosos.
Para ello –mucho me temo que sea así- nada más útil que un sistema educativo ineficaz como el que se empeña en imponer la izquierda, productor a mansalva de analfabetos funcionales, de verdaderos ignorantes. Me parece oportuno recordar, a este propósito, un dicho del gran Vargas Llosa, absolutamente confirmado por la experiencia diaria, a saber: “… la tiranía de la humanidad es la ignorancia” (Vargas Llosa).
Hace unos días, los medios de comunicación nos ofrecían un variado, pero anticuado desayuno. El maestro cocinero que lo confeccionaba era Gaspar Llamazares. En realidad, era lo de siempre: sectarismo, anticlericalismo, irracionalidad, mínima sensibilidad por las libertades de quienes no piensan igual, progreso congrejil.
Ante la toma de posición de la Comisión permanente de la Conferencia episcopal respecto de las próximas elecciones generales, reprochaba a ZP que eso le pasaba por no haber propiciado, en la pasada legislatura, la laicidad del Estado. Me temo que el Sr. Llamazares, como el resto de la izquierda que nos gobierna, ignore totalmente qué es eso de la laicidad. Si lo supiese no diría tales tonterías. ¡Esto es lo que hay!
Es opinable si ZP, a lo largo de estos cuatro últimos años, ha adoptado frente al hecho religioso la postura propia de un Estado inspirado en la laicidad o, más bien, en un trasnochado laicismo. Ya saben que la diferencia es notabilísima. Se trataría de situar a la izquierda en los finales del s. XIX (laicismo) o en los tiempos postmodernos (laicidad). Probablemente, no quepa otra perspectiva que la de subrayar una tendencia. Esta, en el gobierno ZP, se escora claramente al laicismo caduco y trasnochado, por mucho que hablen de progreso. Lo cual, dicho con palabras de Vargas Llosa, “… es la más peligrosa de las mentiras”.
Lo que nadie duda es que, en cualquier Estado en que la laicidad se haya consolidado, los Obispos, como cualquier otro grupo organizado, de inspiración religiosa o no, gozan de libertad para opinar sobre cualquier tema que se debata en la plaza pública. ¡No faltaba más! Lo político no es exclusivo de la clase política. Eso es lo que le gustaría a cierta clase política. Cualquier tema que interesa a la ciudadanía, incluido el terrorismo, puede y debe ser debatido, máxime en periodo electoral. ¿Por qué no? Laicidad es garantía de libertad, es neutralidad, igualdad de trato, valoración positiva de lo religioso
Puede que lo que los Obispos han dicho en esta ocasión no guste a la izquierda más radicalizada. Pero deberíamos reconocer, al mismo tiempo, que la sociedad española presenta ahora rasgos especialmente inquietantes. La pasada legislatura no ha sido precisamente modélica. El futuro inmediato se atisba con preocupación. Más que nunca es necesaria la participación de todos, el debate público, la opinión de los contrarios. ¿A qué viene, entonces, armar tanta algarabía? ¡Qué lejos estamos de comportarnos con talante democrático!
En una democracia consolidada, la clase política no debería inmutarse lo más mínimo por estos debates, ni obstaculizarlos ni reaccionar ante ellos con histerismo y con amenazas. Al contrario, deberían ser recibidos con toda naturalidad. Incluso, aplaudidos pues concurren, en la plaza pública, a conformar opiniones fundadas. ¿No decimos que la sociedad española es muy plural? No se ve que lo compartan los pontífices de la izquierda. En cualquier país laico, la opinión de los Obispos sería respetada, tolerada e, incluso, puede que pasase inadvertida. ¿Por qué tenemos que seguir siendo diferentes?
Mucho me temo que lo que, en realidad, propicia Llamazares –y el PSOE dada su histriónica y poco democrática reacción- es el laicismo: volver al s. XIX, perseguir lo religioso, eliminar la libertad, actuar sectariamente, acallar al disidente, imponer el pensamiento único, dirigir las conciencias, silenciar a los grupos religiosos.
Para ello –mucho me temo que sea así- nada más útil que un sistema educativo ineficaz como el que se empeña en imponer la izquierda, productor a mansalva de analfabetos funcionales, de verdaderos ignorantes. Me parece oportuno recordar, a este propósito, un dicho del gran Vargas Llosa, absolutamente confirmado por la experiencia diaria, a saber: “… la tiranía de la humanidad es la ignorancia” (Vargas Llosa).
viernes, 8 de febrero de 2008
HUNDIMIENTO PROGRESIVO
Como es sabido, son muchos los problemas que gravitan en la actualidad sobre la humanidad. Están en la mente de todos. A pesar del maravilloso progreso técnico, económico y social a que hemos llegado, nos asalta una cierta duda razonable: ¿estamos en condiciones de afrontar dichos problemas y equilibrar la situación? No lo sé. Pero, en todo caso, parece claro que, como ha dicho Alberto Buela, el falso dios del progreso está moribundo.
Con todo, el verdadero problema quizás radique en la pérdida de la conciencia respecto de los arquetipos que hemos venido adorando. En este sentido, cabría hablar, más bien, de “una continuada decadencia”, de “un hundimiento progresivo”.
“ Para mí –ha dicho Agustín López Tobajas- la cuestión es que el progreso nos ha arrebatado un mundo que, con todas sus limitaciones, era cien veces preferible a éste con todos sus ‘avances’. De hecho, aquel mundo permitía o hacía posible el acceso al sentido, a la plenitud espiritual, y el que ahora vivimos parece empeñado en impedirlo. Ésa es la diferencia”.
¡Casi nada!
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 8-14.02.2008, pág. 2
Como es sabido, son muchos los problemas que gravitan en la actualidad sobre la humanidad. Están en la mente de todos. A pesar del maravilloso progreso técnico, económico y social a que hemos llegado, nos asalta una cierta duda razonable: ¿estamos en condiciones de afrontar dichos problemas y equilibrar la situación? No lo sé. Pero, en todo caso, parece claro que, como ha dicho Alberto Buela, el falso dios del progreso está moribundo.
Con todo, el verdadero problema quizás radique en la pérdida de la conciencia respecto de los arquetipos que hemos venido adorando. En este sentido, cabría hablar, más bien, de “una continuada decadencia”, de “un hundimiento progresivo”.
“ Para mí –ha dicho Agustín López Tobajas- la cuestión es que el progreso nos ha arrebatado un mundo que, con todas sus limitaciones, era cien veces preferible a éste con todos sus ‘avances’. De hecho, aquel mundo permitía o hacía posible el acceso al sentido, a la plenitud espiritual, y el que ahora vivimos parece empeñado en impedirlo. Ésa es la diferencia”.
¡Casi nada!
Publicado en “Bon Dia Mallorca”, 8-14.02.2008, pág. 2
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