miércoles, 30 de noviembre de 2011

EL BOBO DE CORIA

Unos días antes de las últimas elecciones, nos contaba R. Aguiló Obrador la propuesta educativa del PSIB: “un impuesto para los malos (los bancos) y dárselo a los buenos, a los pobres licenciados que necesitan de más formación para encarar la marabunta escolar”.


Perfectamente de acuerdo con el juicio que le merecía. Nunca el sistema educativo ha gozado de mayores ayudas económicas y nunca ha obtenido un fracaso mayor. El problema, por tanto, no residía ni reside -aunque bien venida sea una mejor financiación- en recortes de carácter económico. Quienes –corifeos de la izquierda- no han dicho esta boca es mía frente al despilfarro del anterior Gobierno quedan deslegitimados para quejarse a la hora de que otros intenten arreglar el desaguisado.


No comparto, sin embargo, que el fracaso escolar no tenga nada que ver con el profesorado. Para mi tiene mucho que ver. Es obvio que no se puede meter en el mismo saco a todo el colectivo. Pero –hablando en general- me parece obvio que ha desaparecido el maestro vocacional de antaño. ¿Ello ha sido positivo? Para mí, profundamente negativo y de urgente reforma.


Además me parece muy acertada esta otra constatación del Sr. Aguiló, a saber:”Llevamos ya más de dos décadas con la misma farsa; hemos creado una verdadera industria de la pedagogía para preparar, adiestrar, aleccionar a miles de absortos titulados mientras dejábamos que el otro amarre esencial de la educación, la familia, se despeñara por el abismo de la precariedad laboral y la miseria financiera”. Impecable.


Por mucho que aceptemos lo que se ha dado en llamar “la dictadura de la pedagogía” –necesaria, sin duda, a un cierto nivel-, estamos fallando estrepitosamente en la familia, en los padres del alumno, que no apoyan, que, a veces, rechazan, que se hallan absorbidos por otros problemas ineludibles. Sin la familia, fracasará la educación por mucho dinero que pongamos a disposición del sistema educativo. ¿Familia? Absolutamente maltratada por todos y desde múltiples puntos de vistas. ¡Apañados estamos!


Me llama la atención –desde otra perspectiva- que un cierto profesorado hable muy poco de los valores de la secularización, de las religiones y de la ilustración. ¿Por qué será? Respóndase Usted mismo, amigo lector y así evitaremos el enfado de algún profesor. Creo sinceramente que nos merecemos el título de aquel arquitecto que construyó el puente por donde no pasaba río alguno. Como el bobo de Coria.

martes, 29 de noviembre de 2011

TEOCRATISMO ISLAMISTA

Aunque históricamente siempre ha sido así, en el mundo islámico se asiste a un resurgimiento, cada día más intenso, de un constitucionalismo teocrático, cuya dimensión práctica consiste en la vigencia de actitudes muy fundamentalistas y radicales. Occidente se encuentra con verdaderas dificultades a la hora de entender y relacionarse con ese mundo. Las dificultades al respecto son crecientes y no de fácil superación, no obstante la buena voluntad de muchos de sus respectivos creyentes. Los avatares históricos se han incrustado en el alma de las respectivas ciudadanías en forma de prejuicios, hoy día sin sentido.


Más allá de la anterior perspectiva, no deberíamos olvidar la vigencia (con las convicciones que conllevan) de dos sistemas constitucionales muy diferentes y, a veces, contradictorios: el sistema teocrático y el sistema secularizado liberal. No es fácil armonizarlos. Muchos menos aún, Occidente está legitimado para imponer el suyo al mundo islámico. Circunstancia que se pasa por alto con demasiada frecuencia. Se olvida que Occidente –en todo caso- necesitó casi veinte siglos para superar la teocracia cristiana, que purificó con el helenismo, el mundo romano y la ilustración.


En el sistema teocrático, la religión se encuentra en el centro mismo de la esfera pública. La comunidad política es confesional hasta el punto de que la religión es incluso fuente de legalidad. No es pensable el reconocimiento de la libertad religiosa ni de un verdadero pluralismo religioso. Nada tiene de extraño, en consecuencia, el fenómeno de la cristianofobia en diferentes países, el abuso de la ley de la blasfemia, el no respeto de los derechos humanos, la no tutela de la dignidad de la mujer, etc. etc.


Mientras no culminen, como recordó, en su día, Benedicto XVI, la armonización entre fe y razón no cambiará su imagen. Su reflexión teológica no está cubriendo las expectativas esperadas. Sigue, por otra parte, sin responder la cuestión que en su día planteó Gabriel Albiac: “¿hay lugar en el Islam para un discurso autónomo de la razón, para un fundamento no teocrático de la política?”.


Hoy por hoy, la respuesta es negativa. Las llamadas revoluciones de la primavera árabe van en sentido contrario. El futuro, por tanto, es pesimista.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

POR SI HABÍA ALGUNA DUDA

Es archiconocido por todos nosotros que, en materia educativa, estamos en el pelotón de los torpes. Cada año se repite la clasificación de modo inexorable. Y, en éstas estamos, desde tiempo inmemorial. Sin embargo, no superamos el esquema de reivindicaciones. Se quieren cargar –se entiende que los otros- la enseñanza pública.


La izquierda fue laminada en Baleares en las pasadas elecciones. También parece evidente que perderá su posición de gobierno a escala nacional. ¡Qué casualidad! Es, ahora, cuando se despiertan todas las alarmas ante el cataclismo educacional que, según ella, se nos viene encima por culpa de la derecha gobernante. Ahora es cuando la educación merece una atención prioritaria. ¡Manda narices! ¡Y esto lo dice una autoridad pesemera, como Miguel Perelló, que, unos días antes de las pasadas elecciones, derrochó 50.000 € de dinero público para un innecesario premio! Todo –como ven- muy coherente. Así son los parámetros que maneja la izquierda.


El mencionado ex director general de formación ha tenido la ocurrencia -¡en qué manos ha estado la educación!- de utilizar a los indefensos alumnos de infantil y primaria en protesta por una medida que, al parecer, todavía no se ha tomado. A semejante iniciativa –suspensión de las clases y arenga partidista- se han unido determinados centros de la ciudad. Todo un pésimo ejemplo para los alumnos, impropio de un profesorado responsable.


Se me ocurre una pregunta: ¿por qué no explicaron o explican a la sociedad a qué obedece el fracaso estrepitoso conseguido con su gestión y sin supuestos recortes como, según ellos, habrá en el futuro? ¿Cuál es la causa? ¿Por qué el fracaso ha estado asegurado en la enseñanza pública?
Ya sé que son muchos los factores que pueden influir en el desastre educativo. Pero –ya lo he dicho otras veces- una de ellas –y muy importante- tiene que ver con múltiples aspectos relacionados con la persona del Profesor. ¿Por qué no se examinan y nos exponen las conclusiones a que lleguen?


En todo caso, actitudes como las que se han protagonizado explican –por su había alguna duda- el por qué de resultados educativos tan nefastos.

martes, 8 de noviembre de 2011

LA PÉRDIDA DEL SENTIDO

No sé qué extraño mal fario nos persigue. Nuestra clase política parece estar empeñada en destruir el Estado. Se pasan el tiempo verbalizando ideas, proponiendo actitudes y realizando políticas que conllevarán, a no tardar mucho, a su destrucción misma. La sociedad, por su parte, engulle sin rechistar semejante manjar, oportunamente jaleado por ciertos medios que viven en la solana del poder.


En la lucha contra el terrorismo de ETA, se ha optado, para apaciguar a la fiera, por dejarse devorar por ella. Frente a tan indigna e ignominiosa política, las víctimas han levantado –una vez más- su voz y han expresado una rotunda oposición. Tan lógica y digna actitud ha sacado de quicio al PSOE, a los partidos nacionalistas y a los medios que los jalean. No es extraño que hayan perdido el sentido mismo de lo que debería ser un Estado democrático.


Mal que les pese a muchos, la democracia es algo más que ir a votar. El verdadero poder reside en el pueblo, que lo entrega a sus representantes para que le sirvan y tutelen sus derechos. Dicho servicio y tutela es siempre el verdadero criterio ético para calibrar la calidad democrática del ejercicio del poder político. La democracia es, por todo ello, un sistema ético. Si no se atiene a esta vocación originaria, el político queda deslegitimado y lo mejor que podría hacer es irse a su casa.


En este marco, es absolutamente inmoral y cínico que se niegue a los ciudadanos –sean o no víctimas del terrorismo- el derecho a la crítica de la acción política. No es cierto que, una vez haya votado, el ciudadano ya no tenga nada que hacer y decir. Tampoco es cierto que las víctimas no tengan nada que oponer cuando sus representantes fijan la política concreta frente al terrorismo. Sin embargo, lo hemos oído proclamar, una vez más, por sesudos políticos.


Cualquier ciudadano, que paga sus impuestos, que da de comer a la clase política, puede ejercitar sus derechos, puede oponerse y manifestar en público y privado dicha oposición a cualquier política. Diría que el político, por mucho que haya sido votado, no puede hacer cualquier cosa ni en materia de terrorismo ni en ninguna otra. Siempre existe un límite ético en la acción política.


Ya sé que estas ideas no gustan a la mayoría de la clase política. Pero, lo que ocurre es que ésta ha perdido –hace ya mucho tiempo- el sentido mismo de la función que el pueblo le ha encomendado y al que, en teoría, debe servir. Prefiere, en general, seguir en el machito, que se le aplauda incluso su pésima gestión y –en el colmo de la caradura- que se le vuelva a votar. Pues, por desgracia, así será. Definitivamente se ha perdido el sentido de la función política.

jueves, 3 de noviembre de 2011

PRIMER GRAN ERROR

El flamante Sr. Alcalde ha cometido su primer y gran error. Ha aprobado para la EMT una subida del 20% en el precio del billete normal (1,50 €) a partir del próximo 1 de enero de 2012. Tendremos el billete más caro de España.


Una subida de esta magnitud, que afecta a las capas de la población de más bajo nivel adquisitivo, nos parece un despropósito que, además, incurre en lo mismo que los peperos critican respecto de ciertos recortes sociales de ZP. Siempre pasa igual. Al final, los platos rotos de la mala gestión de la clase política los pagan quienes menos tienen. Se ha desaprovechado una magnífica oportunidad para diferenciarse del adversario político.


La medida en cuestión no ha venido acompañada de una cumplida explicación acerca de la situación real de la empresa (EMT) desde todas sus perspectivas. El ciudadano y usuario tiene derecho a saber cómo se ha llegado a la alarmante situación actual, quién la ha propiciado, cuánto cobra hasta el último de los empleados, qué privilegios tienen los empleados, reconocidos por Convenio, etc. etc. ¿Por qué no hace público, Sr. Alcalde, la cantidad que percibe mensualmente un conductor de autobús? Tenemos derecho a saberlo y compararlo, por ejemplo, con el que cobra un guardia civil, un policía y hasta un catedrático de la UIB.


Por otra parte, el Sr. Alcalde debería explicarnos por qué no ha tenido el coraje de estudiar una privatización de la EMT. ¿Está seguro que, en tal caso, sufriría la calidad del servicio público y qué, además, no se reduciría notablemente su coste para el Ayuntamiento y para el usuario? ¿Acaso no prometieron suprimir las empresas que fuese necesario?. ¿Dónde queda el tan cacareado talante liberal del PP? Estoy seguro que conoce que la realidad de la privatización total o parcial de de estos servicios públicos en otros Ayuntamientos gobernados por el PP. ¿Qué pasa entonces? ¿Tiene miedo a la contestación sindical?


A eso se le llama debilidad de las propias posiciones, falta de transparencia y coherencia, cobardía. ¿Ésta iba a ser la buena gestión que ofrecían? No nos haga reír. Mal empezamos. Pagará la factura de semejante primer gran error.

LA AVERSIÓN DEL FANÁTICO

Los Srs. Calamita, Serrano y del Olmo, tres Jueces piedra de escándalo. Con ciertos matices -los hechos que juzgaron eran diferentes-, los tres habrían cometido el mismo imperdonable pecado. Los tres habrían optado por la incorrección femenina. Los tres se habrían atrevido a no secundar importantes planes de ingeniería social del Gobierno.


Con independencia de las plurales valoraciones que son posibles en cuanto al fondo, semejante osadía no podía, en modo alguno, consentirse. Se lanzaron a por ellos cual jauría de rabiosos exaltados. Nadie ha faltado a la cita. Ni la inmensa caterva de las feministas militantes de género, ni muchos de los habituales pesebreros y adictos al zapaterismo. Ni siquiera ciertas instituciones e, incluso, instancias judiciales o próximas a ellas. El primero ya ha sido fulminado con excomunión civil inapelable. El segundo ha sido igualmente fulminado por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, por mucho que haya acordado solicitar al Gobierno un indulto parcial y reduzca la pena a séis meses de inhabilitación y el tercero –más próximo a los aledaños gubernamentales- podría salir airoso.


Si algo se ha percibido desde fuera, ha sido, como diría Eugenio Trías, “la propensión humana hacia lo inhumano”. Quienes han participado en esta cacería han demostrado su aversión cancerígena al Otro, a quien han tratado de demonizar. Quienes han actuado tan fanáticamente evidencian que el odio “se ha instalado de tal modo en sus hábitos mentales de raciocinio que no es posible ya el debate, la conversación, la controversia” (Ibidem).


Aunque parezca mentira, se ha llegado –en su ceguera- a impedir que el Juez Serrano hablase de interferencias en las relaciones paterno y materno filiales y se ha llegado a afirmar editorialmente que “la Ley contra la Violencia de Género corre el peligro de ser devaluada por los prejuicios de algunos jueces” (El País, 8.10.2001). ¡Sin comentarios! Ni siquiera la invocación de la doctrina del Tribunal constitucional sobre la discriminación positiva a favor de la mujer puede amparar semejante juicio de valor. Este Tribunal no goza de credibilidad alguna, dada su dependencia política.

POR SI HABÍA ALGUNA DUDA

Es archiconocido por todos nosotros que, en materia educativa, estamos en el pelotón de los torpes. Cada año se repite la clasificación de modo inexorable. Y, en éstas estamos, desde tiempo inmemorial. Sin embargo, no superamos el esquema de reivindicaciones. Se quieren cargar –se entiende que los otros- la enseñanza pública.


La izquierda fue laminada en Baleares en las pasadas elecciones. También parece evidente que perderá su posición de gobierno a escala nacional. ¡Qué casualidad! Es, ahora, cuando se despiertan todas las alarmas ante el cataclismo educacional que, según ella, se nos viene encima por culpa de la derecha gobernante. Ahora es cuando la educación merece una atención prioritaria. ¡Manda narices! ¡Y esto lo dice una autoridad pesemera, como Miguel Perelló, que, unos días antes de las pasadas elecciones, derrochó 50.000 € de dinero público para un innecesario premio! Todo –como ven- muy coherente. Así son los parámetros que maneja la izquierda.


El mencionado ex director general de formación ha tenido la ocurrencia -¡en qué manos ha estado la educación!- de utilizar a los indefensos alumnos de infantil y primaria en protesta por una medida que, al parecer, todavía no se ha tomado. A semejante iniciativa –suspensión de las clases y arenga partidista- se han unido determinados centros de la ciudad. Todo un pésimo ejemplo para los alumnos, impropio de un profesorado responsable.


Se me ocurre una pregunta: ¿por qué no explicaron o explican a la sociedad a qué obedece el fracaso estrepitoso conseguido con su gestión y sin supuestos recortes como, según ellos, habrá en el futuro? ¿Cuál es la causa? ¿Por qué el fracaso ha estado asegurado en la enseñanza pública?


Ya sé que son muchos los factores que pueden influir en el desastre educativo. Pero –ya lo he dicho otras veces- una de ellas –y muy importante- tiene que ver con múltiples aspectos relacionados con la persona del Profesor. ¿Por qué no se examinan y nos exponen las conclusiones a que lleguen?


En todo caso, actitudes como las que se han protagonizado explican –por su había alguna duda- el por qué de resultado educativos tan nefastos.

PLURALISMO IMPERANTE

Si por algo se caracteriza la sociedad actual –en cualquiera de sus manifestaciones- es por su dimensión plural. No son tiempos para lo absoluto. Aunque disguste en ciertos ambientes, especialmente de carácter religioso, los valores que la mueven son cada vez más relativos, más provisionales, más dispersos, más inseguros, más ambiguos. La ciencia se ha hecho cada día más interdisciplinar y la ética más casuística. Como Salvador Pániker ha subrayado con vigor, hoy día hay que “...hablar de identidades múltiples, pluralismo a la carta, mestizaje cultural, collage”.


La sociedad, mayoritariamente, se expresa mediante actitudes que obedecen a creencias, convicciones y valores cuyo contenido está integrado por las más variopintas procedencias culturales, éticas y religiosas, que, asimismo, se conciben también como plurales. La gente es muchas cosas a la vez o, si se prefiere, afirma una identidad definidora de sí misma, a la que se adhiere temporalmente, conformada de las más variadas –y, a veces, paradójicas- procedencias.
Si así se muestra la realidad social, la conducta humana tiende a conformarse a la misma. Ello hace que el hombre actual -sin mayores estridencias- se sienta cómodo y bien instalado en posiciones aparentemente contradictorias. Para él, no lo son. Podemos ver -por poner algún ejemplo- a personas que admiten y conviven, al mismo tiempo, con adhesiones tales como ser budista y cristiano al mismo tiempo, ateo y con sentido trascendente, socialista y católico, demócrata y totalitario, católico y contrario a la Iglesia jerárquica, demócrata e irrespetuoso con la legalidad, etc., etc. Guste o no, como ha recordado Salvador Pániker, “… los caminos que conducen a cualquier parte son múltiples”.


En este contexto y dada la posición contraria de la Iglesia oficial, conviene recordar a los católicos que el cristianismo también recibió o tomó muchas de sus enseñanzas e instituciones de las más variadas procedencias culturales y religiosas. No deberían olvidar jamás este hecho cuando se encierran dentro de las paredes dogmáticas de su fortaleza, fuera de la cual, según ellos, no hay salvación. ¿Por qué semejante rigidez, contraria a la verdad histórica? Igualmente deberían ir extrayendo las consecuencias pastorales que se derivan de la aceptación del fenómeno pluralista. El mismo Benedicto XVI no ha tenido inconveniente alguno en dar por cierta esta caracterización del mundo actual e integrarla en sus reflexiones sobre la exigencia de la verdad cristiana.


En este marco expositivo, no veo inconveniente alguno en respetar la posición de quienquiera que sea. Lo que no puede negarse es la realidad y ésta se manifiesta muy plural en todos los ámbitos. Si esto es así -no veo que pueda negarse-, se abre inexorablemente el camino a la laicidad y, en ella, la búsqueda de la trascendencia.