PASAN POR VERDADES
Una vez más, Benedicto XVI ha vuelto a acreditar su coraje y su compromiso con ciertas posiciones. En el Estadio internacional de Ammán abordó una cuestión todavía pendiente: la dignidad de la mujer. No recuerdo a ningún líder político que se haya atrevido a hablar tan claro en países islámicos. Nuestro ZP con su alianza de civilizaciones –tampoco sus ministras de cuota- no se ha atrevido jamás a alzar su voz y a reivindicar tan noble y necesaria causa. Hay que tener las convicciones y el coraje que sólo acreditan, de vez en cuando, personajes excepcionales. El Pontífice romano lo es.
Su mensaje al mundo musulmán revela una profunda esperanza. El problema de fondo –al margen de la visión concreta que se atesore acerca de la mujer- tiene que ver con un deseo intelectual: que ‘los musulmanes, que rinden culto al Dios creador del cielo y de la tierra y que ha hablado a la humanidad”, puedan llegar, en su reflexión teológica, a armonizar fe y razón. Algo que hizo el cristianismo desde sus inicios al aceptar, de alguna forma, la razón griega (el pensamiento helenístico), ya presente, en parte, en la reflexión teológica judía. Hablamos, en palabras del Profesor J. Monserrat Torrents, de “construir un sistema racional de la fe bíblica”.
A propósito de este mensaje papal, Gabriel Albiac se preguntaba –hace unos días- sin ambages: “¿hay lugar en el Islam para un discurso autónomo de la razón, para un fundamento no teocrático de la política?”. Dicho de otro modo, ¿será capaz la teología musulmana de llegar, en su reflexión, a un estado tal que incorpore o haga suya la razón de los derechos humanos? La respuesta me parece muy complicada, tremendamente compleja, aunque esperanzadora.
La dificultad reside en que en el islam, a diferencia de lo que ocurre en las otras dos grandes religiones monoteístas, “la palabra de Dios se hizo libro”, como ha afirmado Hans Küng. El Corán, libro vivo y sagrado, noticia de la revelación definitiva de Dios, es inalterable y no sujeto a interpretación. No será fácil dar acogida en su seno al otro en contra del tenor literal del texto sagrado. Benedicto XVI lo sabe, desea y espera que, a pesar de las dificultades, se llegue a conquistar esa meta. Va en ello, entre otras cosas, el respeto a la condición humana y a sus derechos.
Lo demás, las opiniones tópicas de la izquierda sobre el Papa Razinger –cuya figura les viene sorprendiendo cada día- no dejan de ser, como diría Vargas Llosa, “…mentiras tan bien hechas que pasan por verdades”.
Gregorio Delgado del Río
jueves, 11 de junio de 2009
martes, 2 de junio de 2009
TE SACARÁN LOS OJOS
Cuenta Vicente Vega en su Diccionario de anécdotas que, en cierta ocasión el condestable de Castilla, Don Álvaro de Luna, se fijó, en el transcurso de una caería, en un hombre falto de vista. Al preguntarle si la había perdido en alguna guerra, aquel hombre le contestó: No, Señor. Me lo hizo un desagradecido. Y ¿quién fue semejante mal nacido?, -exclamó el condestable castellano-. Tres años, Señor, ha que yo criaba un cuervo, recogido en el monte cuando todavía no podía volar. Le traté con cariño, le cuidé y mimé hasta que se hizo grande. Un día, al darle de comer, me saltó a los ojos y me dejó sin vista. El caballero castellano, dirigiéndose a sus acompañantes de caza, ironizó del modo siguiente: “Criad cuervos para que luego os saquen los ojos”. Amigo Román Piña, aplícate el refrán. Te has pasado la vida académica en la corrección, en el estar a bien con todos, en ser salsa de todos los guisos. Ahí tienes tu recompensa y tu premio: la ingratitud, la venganza, la ofensa innecesaria. Tus compañeros han optado por el sacrificio. Así es la vida.
Publicado en "Ciutat", 22 de maiga 4 de juny 2009, pág. 2
Cuenta Vicente Vega en su Diccionario de anécdotas que, en cierta ocasión el condestable de Castilla, Don Álvaro de Luna, se fijó, en el transcurso de una caería, en un hombre falto de vista. Al preguntarle si la había perdido en alguna guerra, aquel hombre le contestó: No, Señor. Me lo hizo un desagradecido. Y ¿quién fue semejante mal nacido?, -exclamó el condestable castellano-. Tres años, Señor, ha que yo criaba un cuervo, recogido en el monte cuando todavía no podía volar. Le traté con cariño, le cuidé y mimé hasta que se hizo grande. Un día, al darle de comer, me saltó a los ojos y me dejó sin vista. El caballero castellano, dirigiéndose a sus acompañantes de caza, ironizó del modo siguiente: “Criad cuervos para que luego os saquen los ojos”. Amigo Román Piña, aplícate el refrán. Te has pasado la vida académica en la corrección, en el estar a bien con todos, en ser salsa de todos los guisos. Ahí tienes tu recompensa y tu premio: la ingratitud, la venganza, la ofensa innecesaria. Tus compañeros han optado por el sacrificio. Así es la vida.
Publicado en "Ciutat", 22 de maiga 4 de juny 2009, pág. 2
lunes, 18 de mayo de 2009
SOPLAR Y SORBER
Si algo parece evidente a cualquier observador de la realidad –abstracción hecha de la clase política y los sindicatos-, es que estamos empeñados en un imposible. No se puede, como dice el refranero español, soplar y sorber al mismo tiempo ni estar en la procesión y repicando las campanas. La estabilidad laboral, por mucho que se empeñe la izquierda, no se conseguirá sin una mayor capacitación y preparación del trabajador. Por ello es esencial la reforma a fondo del sistema educativo. Llevamos muchos años perdidos. Remamos hacia atrás como el cangrejo y ya nos hemos situado en los puestos de descenso de la clasificación. Nos gobierna gente a quien la educación le trae sin cuidado y sólo parece preocuparle la imposición del catalán. ¡Viva la libertad! La reciente publicación del Plan de vivienda del Govern ha supuesto todo un ejemplo preclaro del nivel en que nos movemos por estos pagos. No queremos enterarnos de lo que ocurre en nuestro entorno y la pagaremos. Todo se mueve a escala global y exige conocimiento de los dos grandes idiomas relacionales, preparación y capacitación de nivel, especialización. Exactamente lo que no tenemos.
Si algo parece evidente a cualquier observador de la realidad –abstracción hecha de la clase política y los sindicatos-, es que estamos empeñados en un imposible. No se puede, como dice el refranero español, soplar y sorber al mismo tiempo ni estar en la procesión y repicando las campanas. La estabilidad laboral, por mucho que se empeñe la izquierda, no se conseguirá sin una mayor capacitación y preparación del trabajador. Por ello es esencial la reforma a fondo del sistema educativo. Llevamos muchos años perdidos. Remamos hacia atrás como el cangrejo y ya nos hemos situado en los puestos de descenso de la clasificación. Nos gobierna gente a quien la educación le trae sin cuidado y sólo parece preocuparle la imposición del catalán. ¡Viva la libertad! La reciente publicación del Plan de vivienda del Govern ha supuesto todo un ejemplo preclaro del nivel en que nos movemos por estos pagos. No queremos enterarnos de lo que ocurre en nuestro entorno y la pagaremos. Todo se mueve a escala global y exige conocimiento de los dos grandes idiomas relacionales, preparación y capacitación de nivel, especialización. Exactamente lo que no tenemos.
domingo, 22 de febrero de 2009
A UN NIVEL SUPERIOR DE REALIZACIÓN
La crisis económica –quizás la más grave de la historia- ya no es negada por nadie. Ni siquiera por ZP. Ha penetrado con cierto sigilo en nuestro entorno vital y estamos condenados a vivir con ella durante unos cuantos años. Se mintió con vileza al pueblo y éste, en un ejercicio irresponsable de sus derechos, se tragó absolutamente todo. Ahora, al no prestarle la atención que exigía en sus inicios, deberemos soportar una afrenta más duradera y dolorosa.
Frente a tan traumática y decepcionante realidad, la corrección política está empeñada en hacernos creer que estamos ante un problema de naturaleza estrictamente económica y financiera, cuya ‘culpa’ original se encuentra en la otra ribera del Atlántico. Una vez más, corremos el riesgo de tropezar en la misma piedra y no enterarnos de la trampa que nos tienden. No se nos ocurrirá, ni por asombro, buscar la ‘culpa’ de nuestros males dentro de nosotros mismos. Daremos por buena –no faltaba más- la versión zapateril según la cual la culpa del paro creciente en España es de Bush. ¡Buen pelo nos va a lucir!
Sin embargo, a poco que profundicemos sobre los sucesos que nos envuelven, a poco que busquemos su comprensión y no rehuyamos su entendimiento, advertiremos de inmediato que nos enfrentamos a un problema que es preciso situar además en un plano o nivel muy distinto del económico. Más allá de las circunstancias puntuales que se hayan dado cita, más allá del fallo clamoroso de los controles previstos, más allá de la ingerencia de lo político en los órganos de gestión, existen unas causas, unos motivos, unas razones que se sitúan, a mi entender, en un orden superior, diferente y mucho más profundo. Las cosas, en cualquier orden de la vida, no suceden porque sí. Todo tiene su razón de ser, su explicación, su causa. Todo tiene que ver o es fruto de nuestra alma creadora. No entenderlo así significará errar en el diagnóstico y, en consecuencia, hacer inviable la solución apropiada.
Desde esta perspectiva analítica, creo sinceramente que el llamado mundo occidental –por supuesto, también España- está inmerso en una auténtica crisis moral. Aquí es donde le duele, aunque prefiramos mirar para otro lado. El sistema de valores que ha servido de argamasa social desde inicios del s. XX se ha corrompido. Muchas de las ideas -que han venido aceptándose como dogmas progresistas en la cultura occidental- han llegado, a los albores del s. XXI, convertidas en una pandemia social. Todas las ideologías mesiánicas han sido falsas. Lo evidente, después de tanto sufrimiento, de tanta deshumanización, de tantos dioses falsos, es que está pendiente la verdadera revolución. Como ya ocurrió en otros momentos de nuestra historia, se ha hecho evidente que el mundo en el que nos ha tocado vivir está en ruina. Para salvarnos, debemos construir otro nuevo y diferente.
Probablemente lleve razón el Card. de Madrid, Mons. Rouco cuando ha subrayado, al respecto, que “…no hay nada más embriagador para el hombre que el que le digan que puede ser como Dios, que le digan que no hay más Dios que él mismo”. Semejante “autodivinización”, como sabemos, ha constituido la piedad angular de la cultura occidental desde hace muchos años. Al menos, desde Nietsche y su idea del super hombre en ‘Así hablaba Zaratustra’.
Por hoy, nos basta con la anterior reflexión. Si afrontamos la situación actual con coherencia, podríamos entender la intuición de Louise L. Hay para quien “cada problema con que me enfrento me lleva a un nivel superior de realización”.
La crisis económica –quizás la más grave de la historia- ya no es negada por nadie. Ni siquiera por ZP. Ha penetrado con cierto sigilo en nuestro entorno vital y estamos condenados a vivir con ella durante unos cuantos años. Se mintió con vileza al pueblo y éste, en un ejercicio irresponsable de sus derechos, se tragó absolutamente todo. Ahora, al no prestarle la atención que exigía en sus inicios, deberemos soportar una afrenta más duradera y dolorosa.
Frente a tan traumática y decepcionante realidad, la corrección política está empeñada en hacernos creer que estamos ante un problema de naturaleza estrictamente económica y financiera, cuya ‘culpa’ original se encuentra en la otra ribera del Atlántico. Una vez más, corremos el riesgo de tropezar en la misma piedra y no enterarnos de la trampa que nos tienden. No se nos ocurrirá, ni por asombro, buscar la ‘culpa’ de nuestros males dentro de nosotros mismos. Daremos por buena –no faltaba más- la versión zapateril según la cual la culpa del paro creciente en España es de Bush. ¡Buen pelo nos va a lucir!
Sin embargo, a poco que profundicemos sobre los sucesos que nos envuelven, a poco que busquemos su comprensión y no rehuyamos su entendimiento, advertiremos de inmediato que nos enfrentamos a un problema que es preciso situar además en un plano o nivel muy distinto del económico. Más allá de las circunstancias puntuales que se hayan dado cita, más allá del fallo clamoroso de los controles previstos, más allá de la ingerencia de lo político en los órganos de gestión, existen unas causas, unos motivos, unas razones que se sitúan, a mi entender, en un orden superior, diferente y mucho más profundo. Las cosas, en cualquier orden de la vida, no suceden porque sí. Todo tiene su razón de ser, su explicación, su causa. Todo tiene que ver o es fruto de nuestra alma creadora. No entenderlo así significará errar en el diagnóstico y, en consecuencia, hacer inviable la solución apropiada.
Desde esta perspectiva analítica, creo sinceramente que el llamado mundo occidental –por supuesto, también España- está inmerso en una auténtica crisis moral. Aquí es donde le duele, aunque prefiramos mirar para otro lado. El sistema de valores que ha servido de argamasa social desde inicios del s. XX se ha corrompido. Muchas de las ideas -que han venido aceptándose como dogmas progresistas en la cultura occidental- han llegado, a los albores del s. XXI, convertidas en una pandemia social. Todas las ideologías mesiánicas han sido falsas. Lo evidente, después de tanto sufrimiento, de tanta deshumanización, de tantos dioses falsos, es que está pendiente la verdadera revolución. Como ya ocurrió en otros momentos de nuestra historia, se ha hecho evidente que el mundo en el que nos ha tocado vivir está en ruina. Para salvarnos, debemos construir otro nuevo y diferente.
Probablemente lleve razón el Card. de Madrid, Mons. Rouco cuando ha subrayado, al respecto, que “…no hay nada más embriagador para el hombre que el que le digan que puede ser como Dios, que le digan que no hay más Dios que él mismo”. Semejante “autodivinización”, como sabemos, ha constituido la piedad angular de la cultura occidental desde hace muchos años. Al menos, desde Nietsche y su idea del super hombre en ‘Así hablaba Zaratustra’.
Por hoy, nos basta con la anterior reflexión. Si afrontamos la situación actual con coherencia, podríamos entender la intuición de Louise L. Hay para quien “cada problema con que me enfrento me lleva a un nivel superior de realización”.
ECOLOGISMO ERRANTE
Reconozco que, habitualmente, me siento muy escéptico frente a ciertas proclamas del imperante ecologismo de izquierdas. Prefiero la duda como método de acercamiento a la verdad. Siempre he creído que, en sus consagrados ‘oficiantes’, había algo diferente al puro amor a la naturaleza. Siempre he creído percibir el interés económico, el enriquecimiento de sus ‘santones’. Siempre he tenido dudas muy serias sobre la formación científica de los líderes del movimiento ecologista mundial. De vez en cuando he sentido vergüenza ajena ante la propuesta de ejemplaridades como la de Al Gore y su video propagandístico, ante las cantidades que ha percibido por sus conferencias, ante el apoyo prestado por ZP. Siempre he experimentado un instintivo rechazo al verificar que ejercen como depositarios de una nueva religión que pretenden imponer con agresiva suficiencia, con intolerancia y sin crítica. Patrick Moore, Sumo Pontífice del movimiento, desistió recientemente del mismo. Y lo hizo poniendo el dedo en la llaga, denunciando la falta de formación científica y la apelación constante a las emociones y sentimientos. No es extraño, por ello, que la revista ‘Newsweek’, le distinguiese con el apodo del ‘renegado’.
Reconozco que, habitualmente, me siento muy escéptico frente a ciertas proclamas del imperante ecologismo de izquierdas. Prefiero la duda como método de acercamiento a la verdad. Siempre he creído que, en sus consagrados ‘oficiantes’, había algo diferente al puro amor a la naturaleza. Siempre he creído percibir el interés económico, el enriquecimiento de sus ‘santones’. Siempre he tenido dudas muy serias sobre la formación científica de los líderes del movimiento ecologista mundial. De vez en cuando he sentido vergüenza ajena ante la propuesta de ejemplaridades como la de Al Gore y su video propagandístico, ante las cantidades que ha percibido por sus conferencias, ante el apoyo prestado por ZP. Siempre he experimentado un instintivo rechazo al verificar que ejercen como depositarios de una nueva religión que pretenden imponer con agresiva suficiencia, con intolerancia y sin crítica. Patrick Moore, Sumo Pontífice del movimiento, desistió recientemente del mismo. Y lo hizo poniendo el dedo en la llaga, denunciando la falta de formación científica y la apelación constante a las emociones y sentimientos. No es extraño, por ello, que la revista ‘Newsweek’, le distinguiese con el apodo del ‘renegado’.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)