QUOD NATURA NON DAT ...
Mucho me temo que algunas cosas del Gobierno del PP estén haciendo realidad aquella frase antigua alusiva a la inteligencia del estudiante que iba a la Universidad salmantina. Por muy grande y famosa que fuese dicha Universidad, si el que acudía a sus aulas carecía de las dotes necesarias para el estudio, saldría de ellas sin apenas haber aprendido algo. ‘Quod natura non dat, Salmantica non prestat’.
No basta, Señores del PP, con haber ganado, con amplia mayoría absoluta, las pasadas elecciones. Eso será inútil para este país –cabreado con ZP más que simpatizante natural de Rajoy- y, a corto plazo, peligroso para Ustedes. Los votos, por mucho que piensen lo contrario, no otorgan la inteligencia política ni el cumplimiento de lo prometido ni la fidelidad a lo que dicen ser sus principios y valores. ¡Qué más quisieras, ranchera!
Ya sé que llevan poco tiempo. Pero, más que suficiente para dudar de Ustedes. ¡Vaya error que han cometido! No valen excusas ni pretextos. La Sra Díez les ha retratado. Y lo ha hecho Ella solita y en un tema esencial para la dignidad de un país que se precie. ¿Dónde está el fin de ETA y la entrega de las armas?¿No decían que con ETA no se negociaba y había que derrotarla con la Ley? Da igual lo que le opongan y quienes les hayan apoyado. Han sido puestos en evidencia. Han demostrado una nula inteligencia política. No olviden que los votos también vuelan y son caprichosos. ¿Por qué no nos explican con claridad a los ciudadanos –a quienes fríen a impuestos en diferentes versiones- el nuevo tiempo político? ¿Acaso se avergüenzan de dar la cara? Me temo que así es.
Ahora resulta –ya habíamos expresado nuestros temores al respecto mucho antes de las elecciones que ganaron por goleada- que ZP dio pasos en materia de terrorismo y lo hizo contando con el beneplácito de Ustedes. ¿Por qué no rompen el pacto en el País vasco? ¡Qué pasa! ¡Que están de acuerdo! Vaya, vaya, Sr. Rajoy. Ahora va a resultar que Ustedes pueden hacer lo mismo o muy parecido a lo que hizo ZP, tan criticado por Ustedes. Ahora resulta que no quieren ilegalizar. ¿Pero no decían que había pruebas más que suficientes? A este paso también Ustedes van a hacer cosas que helarán el alma de este país. ¿Dónde queda aquello que decían anteayer de que no había que negociar sino aplicar la Ley?
Recuerdo lo que uno ha tenido que aguantar cuando-en tiempos no muy lejanos- insinuaba que el PP estaba en el ajo, al lado de ZP. ¡Qué cosas decían y cómo te ponían! Ja, ja, ja. Todo se llega a saber. Y, ahora, ¿qué? En fin, no tienen remedio. Ni siquiera con mayoría absoluta.
miércoles, 29 de febrero de 2012
lunes, 27 de febrero de 2012
¡BRAVO, BRAVÍSIMO!
Ya lo ven. Una vez más, el líder de UGT ha dado muestras cumplidas de su gran inteligencia sindical y política. Tantos años lejos del trabajo diario, le han permitido estar al día, evolucionar en su pensamiento, mantenerse fresco y en forma. No es extraño, en consecuencia, que su receta, para estos tiempos de crisis gestados con su complicidad, tenga que ver con el rancio discurso entre el capital y el trabajo, entre buenos y malos, entre progresistas y fascistas, entre ricos y pobres, entre demócratas y fachas. ¡Siempre lo mismo! Se presume de lo que se carece. Se permanece anclado en los planteamientos de inicios del siglo pasado. Eso sí, son progresistas.
Tan seguros están de su receta, tan firmes en su interesada e hipócrita lucha, tan lejos se sienten de lo que ellos mismos han contribuido a crear, que nos amenazan -a nosotros que les pagamos-con toda clase de males, con “huelgas salvajes e incendios”. A esto se le llama coherencia. ¿Por qué? ¿Qué les hemos hecho los sufridos ciudadanos? ¿Qué es lo que realmente buscan?
Tengo la impresión de que la casta sindical se arroga una representatividad que no ostenta. Por no representar, no representan ni a la clase trabajadora. Desde luego -a ver si se enteran-, el pueblo no los ha elegido ni ve con buenos ojos lo ‘calladitos’ que han estado hasta hace muy poco. ¿Por qué de tal actitud?
Aunque pretendan mirar para otro lado, porque se vendieron -con alta traición al movimiento obrero- al zapaterismo estéril, ineficaz y ruinoso. No pareció importarles el desastre que generaban. Sólo les interesaba poner el cazo y retirarlo lleno. ¿Qué quieren ahora? Busquen el apoyo y el aplauso en otro lugar. El ciudadano sabe perfectamente lo que han hecho ustedes, lo que buscan y lo que quieren. Nada que tenga que ver con el bienestar general de la ciudadanía.
Tengo que reconocer que gozan de una triste ventaja. Nos la recordaba el otro día Agustín Pery al subrayar que “la inteligencia, o pillería, de Lorenzo es la idiotez de los ciudadanos que tragamos con una casta sindical tan desprestigiada como la política”. Lleva toda la razón. No hemos escuchado protesta alguna sindical ante el incremento progresivo de la cifra de parados. ¡Ya está bien! ¿Hasta cuándo permitiremos que abusen de nuestra paciencia?
Ya lo ven. Una vez más, el líder de UGT ha dado muestras cumplidas de su gran inteligencia sindical y política. Tantos años lejos del trabajo diario, le han permitido estar al día, evolucionar en su pensamiento, mantenerse fresco y en forma. No es extraño, en consecuencia, que su receta, para estos tiempos de crisis gestados con su complicidad, tenga que ver con el rancio discurso entre el capital y el trabajo, entre buenos y malos, entre progresistas y fascistas, entre ricos y pobres, entre demócratas y fachas. ¡Siempre lo mismo! Se presume de lo que se carece. Se permanece anclado en los planteamientos de inicios del siglo pasado. Eso sí, son progresistas.
Tan seguros están de su receta, tan firmes en su interesada e hipócrita lucha, tan lejos se sienten de lo que ellos mismos han contribuido a crear, que nos amenazan -a nosotros que les pagamos-con toda clase de males, con “huelgas salvajes e incendios”. A esto se le llama coherencia. ¿Por qué? ¿Qué les hemos hecho los sufridos ciudadanos? ¿Qué es lo que realmente buscan?
Tengo la impresión de que la casta sindical se arroga una representatividad que no ostenta. Por no representar, no representan ni a la clase trabajadora. Desde luego -a ver si se enteran-, el pueblo no los ha elegido ni ve con buenos ojos lo ‘calladitos’ que han estado hasta hace muy poco. ¿Por qué de tal actitud?
Aunque pretendan mirar para otro lado, porque se vendieron -con alta traición al movimiento obrero- al zapaterismo estéril, ineficaz y ruinoso. No pareció importarles el desastre que generaban. Sólo les interesaba poner el cazo y retirarlo lleno. ¿Qué quieren ahora? Busquen el apoyo y el aplauso en otro lugar. El ciudadano sabe perfectamente lo que han hecho ustedes, lo que buscan y lo que quieren. Nada que tenga que ver con el bienestar general de la ciudadanía.
Tengo que reconocer que gozan de una triste ventaja. Nos la recordaba el otro día Agustín Pery al subrayar que “la inteligencia, o pillería, de Lorenzo es la idiotez de los ciudadanos que tragamos con una casta sindical tan desprestigiada como la política”. Lleva toda la razón. No hemos escuchado protesta alguna sindical ante el incremento progresivo de la cifra de parados. ¡Ya está bien! ¿Hasta cuándo permitiremos que abusen de nuestra paciencia?
martes, 21 de febrero de 2012
POR UNA ÉTICA UNIVERSAL EN EDUCACIÓN
Una vez más aparece en la vida nacional la realidad de la frustración. La reforma del sistema educativo no supera la improvisación ni el enfrentamiento ideológico. ¡Una pena!
No seré yo quien niegue que la asignatura de Educación para la ciudadanía se significaba por un cierto carácter sectario y por su fuerte ideologización. Pero tampoco mantendré que la nueva asignatura (Educación cívica y constitucional) nos sacará del atolladero en que se halla sumido el sistema educativo. Lo importante está en otro sitio. Pero, como seguimos en el enfrentamiento, todo se focaliza en un gesto: cargarse el sectarismo zapateril y sustituirlo por otro también doctrinario.
En Berlín, Benedicto XVI subrayó que el tiempo actual viene “marcado por el pluralismo”. Sociedad plural –cada vez más laica, en consecuencia-, que no es pensable que “pueda sostenerse a largo plazo sin un consenso sobre los valores éticos fundamentales”. La enseñanza de estos valores éticos parecería esencial en cualquier sistema educativo. Sin embargo, aquí radica el problema.
Cuando en la Iglesia católica se habla de valores éticos se entiende que se trata de valores fundados en la religión, que se ha convertido de hecho en señal de identidad, en principio de organización social y en fuente de vida personal. Es obvio, que la ética laica y la cultura hace mucho tiempo que se emanciparon de la religión. Es obvio que la sociedad se ha secularizado y ha devenido muy plural y laica. Es obvio que, por este nuevo camino, no puede transitar la anterior concepción de la religión.
En la sociedad posmoderna, la religión ha sido relativizada y, por ello –ya desde Kant-, “no hace falta creer en Dios para asumir valores morales, la ética no necesita para nada de la religión” (S. Pániker). Hablamos, pues, de un ética laica, no de una ética confesional. El enfrentamiento es claro e insuperable.
Es precisamente esta ética laica la que debería enseñarse en el sistema educativo. Como ha vuelto a recordar José A. Marina a propósito de la reforma educativa del Gobierno, “en algún momento tendrán que oír hablar nuestros alumnos de ética, es decir, de principios morales universales, y no confesionales o familiares”.
Una vez más aparece en la vida nacional la realidad de la frustración. La reforma del sistema educativo no supera la improvisación ni el enfrentamiento ideológico. ¡Una pena!
No seré yo quien niegue que la asignatura de Educación para la ciudadanía se significaba por un cierto carácter sectario y por su fuerte ideologización. Pero tampoco mantendré que la nueva asignatura (Educación cívica y constitucional) nos sacará del atolladero en que se halla sumido el sistema educativo. Lo importante está en otro sitio. Pero, como seguimos en el enfrentamiento, todo se focaliza en un gesto: cargarse el sectarismo zapateril y sustituirlo por otro también doctrinario.
En Berlín, Benedicto XVI subrayó que el tiempo actual viene “marcado por el pluralismo”. Sociedad plural –cada vez más laica, en consecuencia-, que no es pensable que “pueda sostenerse a largo plazo sin un consenso sobre los valores éticos fundamentales”. La enseñanza de estos valores éticos parecería esencial en cualquier sistema educativo. Sin embargo, aquí radica el problema.
Cuando en la Iglesia católica se habla de valores éticos se entiende que se trata de valores fundados en la religión, que se ha convertido de hecho en señal de identidad, en principio de organización social y en fuente de vida personal. Es obvio, que la ética laica y la cultura hace mucho tiempo que se emanciparon de la religión. Es obvio que la sociedad se ha secularizado y ha devenido muy plural y laica. Es obvio que, por este nuevo camino, no puede transitar la anterior concepción de la religión.
En la sociedad posmoderna, la religión ha sido relativizada y, por ello –ya desde Kant-, “no hace falta creer en Dios para asumir valores morales, la ética no necesita para nada de la religión” (S. Pániker). Hablamos, pues, de un ética laica, no de una ética confesional. El enfrentamiento es claro e insuperable.
Es precisamente esta ética laica la que debería enseñarse en el sistema educativo. Como ha vuelto a recordar José A. Marina a propósito de la reforma educativa del Gobierno, “en algún momento tendrán que oír hablar nuestros alumnos de ética, es decir, de principios morales universales, y no confesionales o familiares”.
sábado, 11 de febrero de 2012
OJO AL CRISTO
Como es sabido, el PP tiene planteado -hace ya siete años- un recurso ante el Tribunal constitucional contra el matrimonio entre homosexuales. El otro día, el Ministro de justicia recordó, en unas declaraciones a la Cadena Ser, esta posición de su partido. Pero, al mismo tiempo, expresó que, no obstante, no encontraba -en su opinión particular- causa de inconstitucionalidad. La derecha más fundamentalista y doctrinaria de este país saltó inmediatamente a la opinión pública y expuso -a bombo y platillo- la opinión confesional conocida de todos. Están en su derecho.
Ahora bien, con independencia de la opinión que cada cual pueda abrigar sobre el particular, conviene llamar la atención sobre algunas cosas de las que, en mi opinión, no se puede prescindir.
La primera consiste en subrayar que, en un Estado laico, como el nuestro (aunque lo niegue ese sector católico), no es posible imponer a la sociedad, con la fuerza del Estado, ninguna concepción confesional acerca del matrimonio y la familia. Es legítimo que los grupos confesionales tengan su propio modo de ver esta realidad y la expongan en la plaza pública. Pero, ello no significa que el Estado haya de aceptarla de modo necesario y menos aún imponerla a una sociedad pluralista (y, por tanto, laica) como la española.
La segunda está en relación con una realidad social innegable. El matrimonio tradicional se ha descafeinado en tal grado que apenas pasa de ser otra cosa que una pura situación de hecho con efectos jurídicos. Digan lo que digan, crean lo que crean, lo cierto es que la gente -de forma muy mayoritaria- no acepta la concepción católica del matrimonio (en concreto, su indisolubilidad). Prefiere una unión soluble y hecha a la carta.
La tercera está directamente relacionada con la ingenuidad con la que algunos aparecen ante la opinión pública. El problema no reside en el Sr. Ruíz Gallardón -un verso suelto-. ¡Ojalá todo se redujese a esta constatación! En mi opinión, el problema radica en la posición de su Partido como tal. Es el PP quien, en este tema, no parece que haga suyas las convicciones que supuestamente se le atribuyen. No se ve que el PP esté dispuesto a dar la batalla. Esto -que me parece obvio- incomoda profundamente a la derecha católica. Pues, lo siento. Pero nadie les ha mandado confiar la vigencia efectiva de sus convicciones confesionales a la acción de un Partido político, a quien, a la larga, sólo le interesa el voto. Quien, en todo caso, les está fallando -en la perspectiva en que se sitúan- no es el Ministro de justicia, sino el Partido popular.
La cuarta consiste en recordar a estos grupos confesionales que en el pecado llevan la penitencia. En efecto, se opusieron abiertamente -todo el mundo sabe la razón de fondo- al proyecto legal de configurar y calificar estas realidades como unión civil. El tema quedó aparcado y ZP les hizo tomar taza y media. No quisieron la unión civil y tuvieron que tragar el matrimonio entre parejas homosexuales. Resulta sarcástico ver que ahora estos grupos confesionales consideran piedra angular (unión civil) la que ellos mismos desecharon en su día. ¡Qué aprendan!
La quinta puede consistir en recordar que, para escabullir el bulto, muchos políticos de la derecha lanzan balones fuera al respecto, esto es, esperan el veredicto del Tribunal constitucional -que presumen a favor de la constitucionalidad de las uniones en cuestión- y en base al mismo lavarse las manos o llamarse andana. La intervención del Ministro de justicia encaja perfectamente en este posicionamiento del partido. Es decir, como no tiene sentido que un Ministro exprese su posición particular, sólo es posible entender sus declaraciones como un mensaje al propio Tribunal constitucional. ¡Al tiempo!
En definitiva, estos grupos que legítimamente alzan su voz, deben tomar buena nota de lo que está ocurriendo. Ser más flexibles a la hora de querer imponer sus posiciones a toda la sociedad y andar atentos a lo que es posible desde una perspectiva política. No deberían olvidar el dicho que nos sirve de título, a saber: “ojo al Cristo, que es de plata”.
Como es sabido, el PP tiene planteado -hace ya siete años- un recurso ante el Tribunal constitucional contra el matrimonio entre homosexuales. El otro día, el Ministro de justicia recordó, en unas declaraciones a la Cadena Ser, esta posición de su partido. Pero, al mismo tiempo, expresó que, no obstante, no encontraba -en su opinión particular- causa de inconstitucionalidad. La derecha más fundamentalista y doctrinaria de este país saltó inmediatamente a la opinión pública y expuso -a bombo y platillo- la opinión confesional conocida de todos. Están en su derecho.
Ahora bien, con independencia de la opinión que cada cual pueda abrigar sobre el particular, conviene llamar la atención sobre algunas cosas de las que, en mi opinión, no se puede prescindir.
La primera consiste en subrayar que, en un Estado laico, como el nuestro (aunque lo niegue ese sector católico), no es posible imponer a la sociedad, con la fuerza del Estado, ninguna concepción confesional acerca del matrimonio y la familia. Es legítimo que los grupos confesionales tengan su propio modo de ver esta realidad y la expongan en la plaza pública. Pero, ello no significa que el Estado haya de aceptarla de modo necesario y menos aún imponerla a una sociedad pluralista (y, por tanto, laica) como la española.
La segunda está en relación con una realidad social innegable. El matrimonio tradicional se ha descafeinado en tal grado que apenas pasa de ser otra cosa que una pura situación de hecho con efectos jurídicos. Digan lo que digan, crean lo que crean, lo cierto es que la gente -de forma muy mayoritaria- no acepta la concepción católica del matrimonio (en concreto, su indisolubilidad). Prefiere una unión soluble y hecha a la carta.
La tercera está directamente relacionada con la ingenuidad con la que algunos aparecen ante la opinión pública. El problema no reside en el Sr. Ruíz Gallardón -un verso suelto-. ¡Ojalá todo se redujese a esta constatación! En mi opinión, el problema radica en la posición de su Partido como tal. Es el PP quien, en este tema, no parece que haga suyas las convicciones que supuestamente se le atribuyen. No se ve que el PP esté dispuesto a dar la batalla. Esto -que me parece obvio- incomoda profundamente a la derecha católica. Pues, lo siento. Pero nadie les ha mandado confiar la vigencia efectiva de sus convicciones confesionales a la acción de un Partido político, a quien, a la larga, sólo le interesa el voto. Quien, en todo caso, les está fallando -en la perspectiva en que se sitúan- no es el Ministro de justicia, sino el Partido popular.
La cuarta consiste en recordar a estos grupos confesionales que en el pecado llevan la penitencia. En efecto, se opusieron abiertamente -todo el mundo sabe la razón de fondo- al proyecto legal de configurar y calificar estas realidades como unión civil. El tema quedó aparcado y ZP les hizo tomar taza y media. No quisieron la unión civil y tuvieron que tragar el matrimonio entre parejas homosexuales. Resulta sarcástico ver que ahora estos grupos confesionales consideran piedra angular (unión civil) la que ellos mismos desecharon en su día. ¡Qué aprendan!
La quinta puede consistir en recordar que, para escabullir el bulto, muchos políticos de la derecha lanzan balones fuera al respecto, esto es, esperan el veredicto del Tribunal constitucional -que presumen a favor de la constitucionalidad de las uniones en cuestión- y en base al mismo lavarse las manos o llamarse andana. La intervención del Ministro de justicia encaja perfectamente en este posicionamiento del partido. Es decir, como no tiene sentido que un Ministro exprese su posición particular, sólo es posible entender sus declaraciones como un mensaje al propio Tribunal constitucional. ¡Al tiempo!
En definitiva, estos grupos que legítimamente alzan su voz, deben tomar buena nota de lo que está ocurriendo. Ser más flexibles a la hora de querer imponer sus posiciones a toda la sociedad y andar atentos a lo que es posible desde una perspectiva política. No deberían olvidar el dicho que nos sirve de título, a saber: “ojo al Cristo, que es de plata”.
viernes, 10 de febrero de 2012
SENCILLAMENTE, VILEZA
Todos hemos visto la que se ha liado en Asturias. Lo verdaderamente sorprendente radica en que era absolutamente innecesario. ¿Qué necesidad tiene el PP –cuando ostenta todo el poder en España- de montar semejante gatuperio? Ninguna. Pero, se ve que no han sabido resistir a la dulzura de la venganza, que dice Vargas Llosa.
En todo este triste episodio, ya se han puesto de relieve tres cosas, a cual más indecente, que quiero subrayar. La primera está en relación con el tancredismo del S. Rajoy. ¡Desconocía los detalles! Una decisión de este calibre no se toma sin su conocimiento y autorización. Por tanto, mintió. Lo cual no es de recibo, como tampoco lo era cuando lo hacía ZP. ¡Ya empezamos mal!
La segunda está en relación con los portavoces del PP. ¡Qué cosas han dicho! ¡Con lo bien que hubiesen estado calladitos! Por cierto, no parece que sea malo ir a votar de nuevo. ¿Qué les pasa? ¿Acaso no creen en ello o no están habituados? Mal, pero que muy mal. Puestos a explicar las cosas, no hemos visto que hayan aludido a lo que realmente han hecho: prorrogar, en comandita con el PSOE, los presupuestos del adversario y que ustedes rechazaron en su día. Tal contradicción no es fruto de la falta de cintura política del Sr. Cascos sino del alma creadora del PP. Lo han podido evitar y enmendar, en lo que hubiesen creído oportuno, el proyecto de presupuestos presentado. Sin embargo, han preferido el abrazo del oso y estrangular al Sr. Cascos. ¡Ya veremos como les sale!
La tercera tiene que ver con la impresentable crítica de los medios de la derecha. Todos a una, como en Fuentevejuna. Nada de matices. La voz de su amo, como los medios de la izquierda. ¡Qué importa la voz del pueblo! Sólo éste puede resolver el conflicto. Todo lo demás es agua de borrajas. Lo que dicen, no se lo creen ni quienes lo afirman. Así no se contribuye a formar opinión.
No puedo por menos de recordar un dicho de Pietro Motastasio. Dice así: “Usar la venganza con el más fuerte es locura, con el igual es peligroso, y con el inferior es vileza”. Sin comentarios.
Todos hemos visto la que se ha liado en Asturias. Lo verdaderamente sorprendente radica en que era absolutamente innecesario. ¿Qué necesidad tiene el PP –cuando ostenta todo el poder en España- de montar semejante gatuperio? Ninguna. Pero, se ve que no han sabido resistir a la dulzura de la venganza, que dice Vargas Llosa.
En todo este triste episodio, ya se han puesto de relieve tres cosas, a cual más indecente, que quiero subrayar. La primera está en relación con el tancredismo del S. Rajoy. ¡Desconocía los detalles! Una decisión de este calibre no se toma sin su conocimiento y autorización. Por tanto, mintió. Lo cual no es de recibo, como tampoco lo era cuando lo hacía ZP. ¡Ya empezamos mal!
La segunda está en relación con los portavoces del PP. ¡Qué cosas han dicho! ¡Con lo bien que hubiesen estado calladitos! Por cierto, no parece que sea malo ir a votar de nuevo. ¿Qué les pasa? ¿Acaso no creen en ello o no están habituados? Mal, pero que muy mal. Puestos a explicar las cosas, no hemos visto que hayan aludido a lo que realmente han hecho: prorrogar, en comandita con el PSOE, los presupuestos del adversario y que ustedes rechazaron en su día. Tal contradicción no es fruto de la falta de cintura política del Sr. Cascos sino del alma creadora del PP. Lo han podido evitar y enmendar, en lo que hubiesen creído oportuno, el proyecto de presupuestos presentado. Sin embargo, han preferido el abrazo del oso y estrangular al Sr. Cascos. ¡Ya veremos como les sale!
La tercera tiene que ver con la impresentable crítica de los medios de la derecha. Todos a una, como en Fuentevejuna. Nada de matices. La voz de su amo, como los medios de la izquierda. ¡Qué importa la voz del pueblo! Sólo éste puede resolver el conflicto. Todo lo demás es agua de borrajas. Lo que dicen, no se lo creen ni quienes lo afirman. Así no se contribuye a formar opinión.
No puedo por menos de recordar un dicho de Pietro Motastasio. Dice así: “Usar la venganza con el más fuerte es locura, con el igual es peligroso, y con el inferior es vileza”. Sin comentarios.
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