Aunque me he mostrado decididamente partidario de la guarda compartida de los hijos como opción preferente (La custodia de los hijos. La guarda compartida: opción preferente, Pamplona 2010), no puedo por menos de realizar una serie de llamadas de atención, que, en este caso, quiero dirigir al varón y padre. Me mueve a ello la ligereza –no exenta de cierta irresponsabilidad- con que, a veces, aquél la solicita, la facilidad –no sustentada en el conocimiento real de la capacitación ostentada- con que se acoge por muchos Jueces y Fiscales y, sobre todo, la impresión consistente en que –de repente, sin que se sepa muy bien a qué obedece- parece que los Jueces y Fiscales –tan comedidos y prudentes anteriormente- actúan ahora con obediencia a los dictados de la moda. Creo que, en esta materia, no se trata simplemente de compensar al varón por pasados abusos ni por una indiscriminada aplicación de un principio que compartimos todos. La aplicación de la Ley exige –antes y ahora- prudencia y equidad.
Para empezar, ambos padres -si se quiere que el sistema funcione- han de canalizar la ruptura de su vida en común con una actitud fundamental, que no siempre está presente. Nos referimos a la absoluta necesidad que tienen de aparcar los inevitables sentimientos de venganza y pase de factura por el pasado relacional entre ellos. No es tarea fácil. La tentación de caer en la trampa siempre está presente. Organizar de modo civilizado el futuro familiar es condición indispensable. Si no lo entienden así, sus hijos –al margen de decisiones judiciales en un sentido u otro- lo pagarán, esto es, tendrán un crecimiento y un proceso de maduración patológicos.
En este marco general, me parece necesario insistir en otro aspecto importante. No se trata, a mi entender, de ganar la batalla económica a la madre de tus hijos. Si vas con esa mentalidad, perderás, al menos, el servicio y la relación fluida, que debes a tus hijos. Llevas razón –en muchos casos- en la necesidad de racionalizar ciertos aspectos de la organización que imponen los Jueces. Llevas razón también en que, en demasiados casos, te echan a los pies de los caballos y te humillan. Pero, no deberías dejar que esos sentimientos se apoderen de ti. Se nota demasiado que muchos varones y padres respiran por esa herida, que no conduce a nada positivo. Has de purificar la intención.
Por otra parte, el varón y padre ha de ser muy consciente de que el ejercicio de una guarda compartida exigirá de él una gran capacitación y preparación. No es fácil pasar de repente de dejar la atención de los hijos –lo que abarca múltiples aspectos- en manos de su madre a ocuparse directamente de ellos. Nadie da lo que no tiene. Te reclamará grandes esfuerzos, voluntad de adaptación y aprendizaje, constancia y diligencia.Vas a tener la oportunidad de verificar lo que comporta el trabajo y la dedicación que tantas veces has infravalorado porque lo realizaba la madre de tus hijos. ¡Puedes aprender una gran lección!
Jamás asumas el reto de cuidar a tus hijos para llevar la contraria su madre o para demostrarle algo a ella. Te equivocarás y fracasarás. Tienes que aceptarlo como un servicio a tus hijos. Reitero las dificultades que vas a encontrar. Vas a comprobar qué es estar pendiente todo el día de los demás. Vas, en muchas ocasiones, a sentirte inútil e incapaz. Vas a experimentar lo que conlleva eso de llevar los hijos al Colegio, recogerlos, enseñarles a estudiar, a hacer suyos valores, usos y hábitos para la vida. Vas a padecer el estrés consiguiente cuando, además de todo ello, tengas que ir al trabajo diario, realizar la compra, etc.
No olvides, al tomar la decisión de compartir la atención y el cuidado de tus hijos, que, en las situaciones de ruptura, como nos recuerda la exposición de motivos de Ley 15/2005, de 8 de julio, te reclamará ‘una diligencia mayor’.
1 comentario:
Comentario acertadísimo. La guarda y custodia compartida es positiva siempre y cuando exista una relación fluida entre los progenitores, que no provoque cambios de vida sustanciales cuando los hijos están con uno u otro, y si el padre ha venido ocupándose habitualmente de sus cuidados, y tiene disponibilidad para hacerlo.
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