GRANDEZA DE ALMA
Ha llovido bastante desde que, en mi etapa de estudiante en la Universidad de Navarra, descubrí, leyendo a Norberto Bobbio, que el intelectual está llamado a ejercer una función crítica y no propagandística. Lo cual se realiza, sobre todo, cuando “… sabe hablar … o poner en dificultades ante todo a aquellos con los que se siente comprometido”, que dice Umberto Eco. Ejercicio nada cómodo, muy poco frecuente, incomprendido e ingrato, pero necesario
En el marco de tan arraigada creencia, he sido muy crítico con Jaume Matas y, en general, con el PP. Lo he hecho con dolor, pero con vocación de servicio. Lo he hecho con la objetividad que creía poseer. Lo he hecho porque pensaba que, de no hacerlo así, traicionaría mi credibilidad y mis propias convicciones. Lo he hecho porque entendía que así me lo demandaban mis lectores. Ahora, en el momento de su triste adiós, quiero y debo valorar su gesto mediante unas palabras de Leonardo Boff, que comparto plenamente: “Siempre aprecié a quienes no temen reconocer sus errores. Supone, en definitiva, grandeza de alma”.
Sin duda alguna, su adiós está en consonancia con su coherencia, con su sentido de la responsabilidad y con su grandeza de alma. Un gran mensaje que lanza a esta tierra, que tanto ama. No es frecuente, ni aquí ni en otros lugares, que un político asuma su responsabilidad como lo ha hecho Jaume Matas. Por ello, merece respeto, reconocimiento y aplauso. Al margen de preferencias políticas, deberíamos reconocer que Mallorca ha perdido un gran político y un excelente gestor. Loa que, a fuer de sinceros y justos, no podemos cantar de ninguno de nuestros próximos gobernantes.
Ya dijo Juvenal que “la venganza es siempre un placer de los espíritus estrechos, enfermos y encogidos”. ¡Vaya democracia estamos construyendo! Algo muy esencial en el sistema, en el talante de los ciudadanos y en el comportamiento de las fuerzas políticas y de sus líderes está fallando cuando se ve, como normal, que la fuerza mayoritaria (un 47%) no gobierne. Algo muy venenoso estamos inoculando en la ciudadanía cuando se celebra la inquina, el odio, la venganza y el rencor. Algo muy miserable exhibimos cuando no rechazamos abiertamente tales comportamientos.
Me parece importante insistir en esta perversa y obscena cultura. El mal, por cierto, está bastante generalizado. Pero mi percepción me dice que, en estas tierras bañadas por el Mediterráneo, también “cruza errante la sombra de Caín”, que diría Antonio Machado. Tengo la impresión de que aquí se “odia” a quien triunfa. Este ha sido un gran pecado de Jaume Matas. No me extraña, ni creo que a él le haya sorprendido, lo ocurrido. Pero, ¡qué triste! Como dice San Juan “el mismo Jesús declaró que ningún profeta es honrado en su propia patria (Jo, 4,44).
¡Vale ya! No quiero, siguiendo a Valerio Albisetti, hurgar ni tener delante, por más tiempo, el pasado. Nos paralizaría. Está a la vista el futuro, que pasa por el inmediato Congreso del partido. Es vital que en él reine la autocrítica, se dé rienda suelta al pluralismo, se permita el paso a caras nuevas y, sobre todo, que no se caiga en la tentación de persistir en el error. El protagonismo de Jaume Matas puede ser decisivo a la hora de hacer entender a bastantes “personajillos”, por muy próximos que hayan estado a él, que su tiempo ha pasado, que deben estar, en lo sucesivo, en un segundo plano. No será tarea fácil. Al contrario, me temo que éste será uno de los puntos vitales y especialmente sensibles. No estoy seguro de que este entorno “caciquil” y “prepotente” haya admitido los errores estratégicos cometidos. ¡Ya lo veremos!
La sabiduría de Matas –espero que la haya sabido extraer- debiera ser útil para entender algo esencial en el PP: que tiene que huir de todas esas tonterías de laboratorio a que se suscriben con frecuencia. El partido estará centrado si de verdad opta por la persona, su felicidad y su libertad. Todo lo demás, en el fondo, sólo sirve para engañar a ignorantes. Déjense de aperturas al nacionalismo y otras lindezas parecidas. Somos mucho más modestos. Nos basta con que nos dejen en paz, nos libren de Gobiernos intervencionistas, no quieren organizar nuestras vidas, impulsen todo aquello que nos permita ser nosotros mismos.
La decisión de Jaume Matas de “no regresar ya”, como diría Carpentier, me merece respeto por lo que revela de “grandeza de alma”.
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 29.06.2007, pág. 13
viernes, 29 de junio de 2007
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