LA GLORIA ESTÁ EN CONVENCER
Decía Benjamín Disraeli que el ejercicio de la política se resumía en una sola palabra: disimulo. No me extraña, por tanto, que nuestra Emperatriz y Presidenta del Parlamento diga lo que dice. Se afana en encubrir y engañar, en silenciar, en hacerse perdonar, en justificarse, en pasar por lo que no es. No resulta fácil quitarle la careta. Sabe muy bien apoyarse en lo cierto y así inocular mejor la mentira. Sabe muy bien, como dijo Baroja, que a una colectividad se le engaña mejor que a un individuo. Si lo sabrá bien que, a pesar de sus fechorías, ha conseguido otra vez engañar a sus votantes.
Como somos muy conscientes de su empeño y del peligro que entraña para el pueblo, me parece oportuno recordarle ciertas verdades, esas que, de tan evidentes y sabidas, reciben el nombre de perogrulladas.
A todo endiosamiento y uso del poder de manera perversa y obscena –en este arte ha acreditado su maestría- le acompaña irremediablemente la caída, la aniquilación, la destrucción de quien lo protagoniza y del pueblo que lo toleró. Todo llega en la vida. Usted no será, precisamente, la excepción. Ya ha iniciado el camino que le llevará a la caída más celebrada en Mallorca.
El otro día, le recordaba Usted a Rosa Estarás que, no entender ciertas cosas, es, como mínimo, grave. Se refería a la fría matemática electoral, legalmente vigente en nuestro sistema. Lo cual, desde dicha perspectiva, es muy cierto. Pero, aunque Usted parece ignorarlo, ese no es “el principio básico e irrefutable de la democracia”, por usar sus mismas palabras. Es, a lo sumo, un criterio, entre los muchos existentes, puramente instrumental, para designar un gobierno representativo. Tampoco es lo más importante –aunque a Usted le interese calificarlo así para seguir con el engaño- el acuerdo, el diálogo, el consenso. La clave de todo reside en la pregunta que Usted oculta: ¿para qué se me ha dado el poder por el pueblo?
Situadas así las cosas, cualquier amante de la libertad sabe que el alma auténtica del sistema democrático radica en el sentido con que se ejerce el poder recibido. Todo lo demás, absolutamente todo, incluido el Gobierno mismo, es instrumental, está al servicio y en función del individuo y de sus derechos. Aquí radica –ni siquiera en los votos obtenidos- la verdadera legitimación del poder y el gobierno en la comunidad política. Es más, el servicio y garantía de los derechos, de que somos portadores todos los ciudadanos en base a nuestra común condición humana, actúa como límite real, como gran dique de contención, del poder del gobierno, que no debe intervenir en la vida de las personas. Este núcleo de ideas sí es básico en un sistema democrático e integra además el contenido más esencial de la más elemental ética política.
Si a la luz de esta ética política, dirigimos nuestra mirada a lo aquí ocurrido, se impone el pronunciamiento de un anatema. Mal que le pese o por mucho que le moleste la crítica, Señora Presidente del Parlamento, debo decirle que su presidencia no goza de buena salud, ni ética ni política. No tiene acreditado el talante personal exigible para una función institucional –así lo ha vuelto a certificar, una vez más, en su primera actuación-. No tiene la representatividad necesaria (representa al partido menos votado y sólo en Mallorca). Pero, sobre todo, está ahí por motivos espúreos, que nada tienen que ver con el servicio al pueblo. Usted lo sabe mejor que nadie. Está al servicio de sí misma. Cada día que pasa resulta más evidente. Mientras no sea objeto de la misma atención que cualquier otro ciudadano por parte de quien todos sabemos, su legitimidad -y la de quien pactó con Usted o le impuso el pacto- estará en entredicho y será merecedora de excomunión.
Es en este punto dónde radicará en el futuro su talón de Aquiles. No siga por el camino de las matemáticas. Hasta ahí llegamos todos. Ese triunfo –el pacto que ha propiciado- carece de importancia. “La verdadera gloria, como dijo el gran Víctor Hugo, está en convencer”.
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 8.07.2007, pág. 10
domingo, 8 de julio de 2007
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