LA CONSPIRACIÓN DE SILENCIOS
Decíamos el otro día, mediante una cita de Benjamín Disraeli, que el ejercicio de la política se resumía en una sola palabra: disimulo. ¡Qué bien lo intentan hacer nuestros socialistas! Centran todos sus esfuerzos en crear y mantener una apariencia de hombres de consenso, de diálogo, de entendimiento, de contar con todos, incluso con el PP, para la felicidad del pueblo, para el cambio. Han logrado –nos dicen- aunar voluntades tan dispares como la derecha más rancia, la izquierda más radical y variopintas versiones del nacionalismo, incluido el independentista. Se presentan con rostro amable, con buen talante y con la lección del desastroso “Pacte de progreso”, que protagonizaron, bien aprendida. Al menos, eso dicen. Ahora serán diferentes.
Con ello –piensan- el pueblo anestesiado y pasota, huérfano de valores que vayan más allá del disfrute del rabioso presente, nos “dará crédito para todo lo demás”, que diría el satírico Charles Churchill. Es posible que así sea. Son expertos en estas lides. Personalmente, sin embargo, me atengo a la recomendación de Arthur Koestler en el sentido de evitar a toda costa incurrir en traición por no denunciar cuanto haya que denunciar y, en consecuencia, no formar parte de la conspiración de silencios. ¡Este es el gran espectáculo de nuestra mal llamada democracia!
Hay que tener un alma muy buena para no sospechar la maldad en estos socialistas. Ya han empezado a practicar lo contrario. Están empeñados en una foto fija: la de un PP que hizo mal las cosas (parón irresponsable al nuevo hospital y a la fachada marítima). Consenso y diálogo, pero ya han asomado la oreja del rodillo y del silencio en el Parlamento. Consenso y diálogo, pero, con indignidad, han rechazado el homenaje a Miguel A. Blanco. Consenso y diálogo, pero ya han señalado con el dedo culpabilizador al PP por el fuel en las playas de Ibiza. Consenso y diálogo, pero los Consellers afectados se niegan a dar las explicaciones pertinentes en el Parlamento. Consenso y diálogo, pero no pactarán tema alguno de importancia con el PP. Eso sí, insistirán que es por su culpa, por su incapacidad, porque está anclado en el pasado. Ya lo verán. El PP será culpable de cuanto ocurra –y ocurrirán bastantes cosas- por aquí en los próximos cuatros años.
Son muchos los ciudadanos que temen –y con toda razón- el gatuperio que se avecina por el tema lingüístico. Como piensan que electoralmente no favorece sus intereses, intentan disimular, como si lo de la inmersión lingüística no fuera con ellos, como si fuese sólo cosa de sus socios. La verdad es que serán ellos los responsables, concretamente Antich, quien, por cierto, intentó en las últimas conversaciones para la aprobación del Estatuto meter de rebote semejante gol.
No exagero lo más mínimo si subrayo que, para los socialistas, antes de las elecciones la corrupción se había “desaforado” y “disparado hasta extremos alarmantes”. Se sentían -Aina Calvo dixit- “horrorizados” ante tan “indigno espectáculo” y era ineludible y urgente “combatir” esta lacra. Para los socialistas, nuestra entonces Princesa representaba la personificación misma de la corrupción. ¡Cómo la ponían! Es más, lo peor del PP estribaba –sin posibilidad de matizaciones- en que la estaban apoyando y protegiendo (Comisión de investigación). En cierta ocasión, tuve que recordarle, a este respecto, al hoy Concejal de movilidad de Cort que ellos habían gobernado –y muy mal, por cierto- con ella en los tiempos del “Pacte de progreso”. Pues bien, querido Joaquín, ¿qué nos dices ahora? ¿Cómo definirías a los tuyos?
Entiendo que busquen disimular, que les moleste que alguien denuncie estas cosas y que rompa la conspiración de silencios, que intentan tejer. Pero lo que han hecho ha sido muy gordo y sin que les hayamos –nosotros el pueblo soberano que tanto invocan y a quien muy poco respetan- otorgado autorización o crédito alguno para ello. Han impuesto –todo el mundo sabe los resortes utilizados- un pacto obsceno y perverso a quien tanto vilipendiaban y han organizado el gobierno en las instituciones sobre la piedra angular que antes desechaban. En beneficio propio y para arrojar al PP del Gobierno de estas Islas, no han tenido escrúpulo alguno en utilizar las instituciones y en servirse de la extrema debilidad de la actual Emperatriz del Mediterráneo. Y, encima, disimulan y buscan organizar la conspiración de silencios.
En definitiva, semejante “imbecilidad” no me parece respetable porque, como diría Vargas Llosa, es elegida y deliberada.
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 22.07.2007, pág. 10
domingo, 22 de julio de 2007
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