sábado, 29 de septiembre de 2007

HASTA LOS DIOSES LUCHAN EN VANO
¡Vaya embrollo en el que se han metido la izquierda y el nacionalismo! Se pasan el día inventando nombres, que diría Elías Canetti. Ni ellos mismos se entienden. Dicen una cosa y la contraria. Aparentan dudar y lanzan mensajes confusos. Llaman a la unidad y al silencio. Avisan a navegantes. Dan la espalda a sus votantes. Se esconden. Lanzan excusas de mal pagador. Andan cabizbajos. Dicen cosas y se desdicen. Eso sí, culpan, al PP. ¡Todo un espectáculo vergonzoso! ¿Qué estupidez tan gruesa habrán cometido para poner en práctica el disimulo de Antequera (la cabeza tapada y el culo fuera)?
Al intentar encontrar una explicación de tanta estupidez y necedad, he recordado a Baltasar Gracián cuando afirmaba que es “muy frecuente que para remediar un error se cometan cuatro”. Es exactamente lo que les ha ocurrido a este pandilla de pícaros incompetentes. Su primer error –de especial gravedad en los socialistas- consistió en no tener una alternativa real a Son Espases. Un partido que aspira a ser alternativa de gobierno no debe permitirse tales lujos. Como no tenía ni idea al respecto, fundada en los estudios técnicos pertinentes, sólo supo incurrir en otro nuevo error o estupidez: encabezar manifestaciones demagógicas (Antich, Armengol, Calvo), exhibir su negativismo, engañar a sus votantes, agitar el cuerpo social.
Cuando –digamos- el caprichoso destino los pone en el gobierno, no tienen lo que hay que tener para reconocer sus carencias, sus errores, sus necedades pasadas. Se ven obligados a intentar tapar todo lo anterior y, por tanto, a multiplicar sus errores. Y, en ellas estamos. Ahora se inventan una tercera y hasta una cuarta opción. ¡Vaya cachondeo! Ellos saben que la solución –mal que les pese- pasa por Son Espases (es decir, por el Proyecto del PP). Lo contrario –suponiendo que encuentren una ubicación racional y viable- costará infinitamente más a las arcas públicas y tardará mucho más tiempo en su realización. Dadas las tonterías que han dicho y los bulos que tan irresponsablemente han venido instalando en un sector de la opinión pública, tampoco tendrían fácil evitar que se les vea el plumero ni que se les tache de lo mismo que ahora, de auténticos irresponsables. ¡Están jugando con la salud de todos!
Como nadie parece haber aprendido nada, como todos ellos se han metido de cabeza en un inmenso revoltijo de intereses ajenos a la búsqueda de una solución eficaz a los problemas sanitarios que nos aquejan, corremos el riesgo de que se cumpla aquella fina observación de Quevedo para quien la “soberbia nunca baja de donde sube, pero siempre cae de donde subió”. ¿En qué consistiría la caída en este caso?
Comprendo que ahora, que han tocado poder, no les resulte cómodo tener que seguir la estela del PP. Pero, como tal negación es, en todos ellos, constitutiva, pueden caer en la tentación de introducir modificaciones en el proyecto inicial para, de alguna forma, contentar a los que no se van a contentar. En tal caso, aparecerá, una vez más, la chapuza, a la que tan dados somos en Mallorca. La caída habrá sido, en realidad, una costalada: la pérdida de la condición de hospital de referencia, que todos lamentaremos y padeceremos.
El votante más fundamentalista de la sociedad mallorquina se siente ahora menospreciado y hasta engañado. Puede que no le falte razón. Pero, al mismo tiempo, hay que decirle que ya debería saber que la semilla sólo prende en terreno abonado, que no se pueden prestar adhesiones inquebrantables, que no se puede ser de piñón fijo y que hay que tomar nota para el futuro. Las necedades consentidas, aceptadas y vividas con dosis significativas de irracionalidad siguen siéndolo aunque lo nieguen. Es más, lo son, precisamente por la negativa a reconocer dicho carácter. Es aquí donde les duele: al votante y a sus líderes.
Hace ya mucho tiempo que dí por buena una percepción del gran poeta Schiller; “Hay un tipo de estupidez contra la que hasta los dioses luchan en vano”. Sin duda.

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