sábado, 29 de septiembre de 2007

A LA EUROPA ENFERMA
No creo equivocarme al realizar el siguiente diagnóstico sobre Europa: es un continente enfermo, invadido por el nihilismo, endiosado y, en ciertos aspectos, totalitario. El NO al Proyecto de Constitución reveló que todavía existían espíritus resistentes al ‘despotismo poscomunista’ (André Glucksmann). Se detuvo la marea totalitaria pero la tarea espera y no sólo en el orden político sino, sobre todo, en el orden mental y moral.
En palabras del gran historiador Paul Jonson, “Europa fue esencialmente una creación del matrimonio entre la cultura grecorromana y el cristianismo”. El proceso que ha llevado a repudiar de hecho, en los momentos actuales, ambas tradiciones se inició mucho tiempo atrás. Al consultar mis notas de lectura, me encuentro con una cita de Camus, que tomé en mis años de juventud al leer la gran obra de Charles Moeller (Literaratura del siglo XX y cristianismo). Decía así: “…Los genios malos de la Europa de hoy llevan nombres de filósofos: Se llaman Hegel, Marx, Nietzsche …Vivimos en su Europa. La Europa que ellos han hecho”. De esta realidad fue consciente Jean Monnet, uno de los arquitectos de la Comunidad europea del carbón y del acero al oponerse abiertamente al totalitarismo en que había crecido: comunismo, fascismo, nazismo.
Como ha recordado Paul Jonson, “de hecho, durante toda una generación, la UE ha avanzado en la dirección opuesta y creado un monstruo totalitario propio, que literalmente expele normativas por millones e invade cada rincón de la vida económica y social”. Contra esta realidad, se alzó el NO al Proyecto de Constitución, que, para más inri, no mencionaba tan siquiera los orígenes cristianos de Europa.
Benedicto XVI, en su reciente viaje apostólico a Austria, realizó una propuesta y una reflexión llenas de realismo: “Europa ha vivido y sufrido también terribles caminos equivocados. Forman parte de ellos: restricciones ideológicas de la filosofía, de la ciencia e incluso de la fe, el abuso de religión y razón con fines imperialistas, la degradación del hombre mediante un materialismo teórico y práctico y, en fin, la degradación de la tolerancia en una indiferencia privada de referencias y valores permanentes”.
A nadie debiera extrañar, en consecuencia, el siguiente mensaje provocador: “Está en el interés de todos no permitir que un día, en este país, sólo hablen del cristianismo las piedras”. Interés referido a la entera Europa. En esta línea, creo que debemos saludar la posición del Presidente Nicolás Sarkozy que está promoviendo, en la Francia de la laicidad, una valoración positiva y respetuosa de todas las creencias (La República, las religiones, la esperanza, Ed. Gota a gota, Madrid 2006), que dará, sin duda, frutos copiosos.
Probablemente lo que nos ocurre es que, convertidos en centro del universo, pletóricos por la ciencia y la técnica que atesoramos, elevados al olimpo de los dioses, “tengamos miedo” a la verdad, que “no se afirma mediante un poder externo –continúa el Papa-, sino que es humilde y sólo es aceptada por el hombre a través de su fuerza interior: por el hecho de ser verdadera”.
Desde esta perspectiva, en el mundo globalizado que vivimos, creo, con Jesús Colina, que “si Europa no redescubre sus orígenes y vocación, desaparecerá. En definitiva, si la crisis de Europa es de fondo, su respuesta también debe ser de fondo”. Esto es, desde la perspectiva del Papa en sus palabras en el santuario austriaco de Mariazell, “allí donde está Dios, allí hay futuro”.

No hay comentarios: