AHORRAD LA VERGÜENZA
Vaya por delante una confesión personal: no creo en el mundo de las apariencias. Sé que ello significa remar contra corriente. Sé, como ya dijo Esquilo, que “la mayor parte de los hombres prefieren parecer que ser”. Sé que, sin embargo, he venido a dar con mis huesos en una tierra que podría definirse en este sentido como el reino de lo que detesto. ¡Qué le vamos a hacer! Quizás por ello me gusta llamar a las cosas por su nombre, aunque no esté en la corrección política.
Ya tenemos, al menos, quien nos presida, pueden proclamar los peperos. No está mal. Se han aparcado –al menos, de momento- las luchas personales. Lo cual tampoco está mal. Se ha de reconocer también el esfuerzo de unidad que han protagonizado. Lo cual su electorado les agradecerá. Sin embargo, convendría que Rosa Estarás, en medio de la euforia lógica por tan unánime aclamación, no olvide que quien ahora intenta comprarla con su adulación puede, mañana, intentar venderla con su traición. ¡Esta es, en parte, la condición humana!
Entiendo perfectamente que ahora el objetivo esté puesto en las inmediatas y dramáticas elecciones generales. Pero, para ganar –y, más por goleada- hay que hacer muy bien las cosas. A este respecto, creo que se ha realizado una selección de fracasados. Ya veremos, en su día, la alineación. Pero, lo cierto es que, salvo contadas excepciones –hay que decirlo claramente-, todos, incluida la recién elegida Presidenta, fueron protagonistas activos del mayor batacazo electoral que se conoce. Ninguno se ha ido a su casa. Ahí siguen subidos al carro. Auténticos profesionales de la política. ¿Para cuándo se deja eso de dar juego a la cantera? El votante está más que harto de ver siempre las mismas caras.
“Asumo esta gran responsabilidad con el orgullo de defender al único partido de centro; con humildad, pero también con mucho coraje y valentía”, dijo Rosa Estarás en sus primeras declaraciones. Estoy seguro de que lo hará con coraje y valentía. No sé si lo hará con humildad o seguirá exhibiendo la prepotencia consustancial a las gentes del PP. Y lo de defender el único partido de centro constituye, en mi opinión, el quid de la cuestión. Me temo que no han aprendido la lección recibida.
La gente está expectante. Son muchos los que quieren saber qué PP se les ofrece ahora. Sobre todo, aquellos -afiliados y/o simpatizantes- que, en las pasadas elecciones, se sumaron a la abstención, votaron en blanco o practicaron el repudio, quieren saber en qué ha cambio el PP o si es más de lo mismo. La respuesta que obtienen es el consabido, el melifluo, el ambiguo y acomplejado, el acomodaticio centrismo. Es decir, que, salvo prueba en contrario, nada ha cambiado, ni siquiera el collar.
Es este un tema central, que el PP debiera despejar sin dejar resquicio alguno de duda. Da la impresión de que, en el PP, se avergüenzan de decir que son lo que, en realidad, son. Siempre la eterna duda de su legitimidad democrática. Siempre descontentos de la propia identidad. Siempre, en consecuencia, con la mirada de reojo a la izquierda y, ahora, también al nacionalismo. ¿Por qué no quieren ser instrumento y cauce del pensamiento real de sus afiliados y simpatizantes? ¿Por qué se esconden y huyen de cualquier etiqueta que los sitúe en la derecha? ¿Por qué no proclaman que son liberal-conservadores? ¿Qué hay de malo en ello? ¿Acaso lo esconden o se avergüenzan de ello líderes mundiales como Ángela Merkel, Nicolás Sarkozy o George Buch? ¿Acaso no han sido las burguesías de derechas quienes han traído e implantado en Occidente el sistema de libertades que impera?
Lo que les ocurre, en mi opinión, es que les falla la segunda pata ideológica. No son liberales. No lo fue Matas (como tampoco lo son Antich, Munar, Calvo, Armengol y compañeros mártires) ni su Gobierno. Fueron bastantes intervencionistas e hicieron gala de un descarado despotismo. Comprendo que esto del liberalismo hay que mamarlo y cultivarlo convenientemente con una dieta determinada de formación, esfuerzo y talante. Tratamiento que no se recomienda ni practica en el PP. ¡Vaya panorama!
Esperemos haber qué ocurre en la anunciada Convención del partido. La clave –salvo mejor juicio- es ideológica, de principios políticos y morales. Utilizando una recomendación de André Malraux, sólo le ruego, querida Rosa Estarás, lo siguiente: “ahorrad” a muchos de sus simpatizantes “la vergüenza”. Por descontado: ¡Ojalá tenga éxito!
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 9.09.2007, pág. 8
domingo, 9 de septiembre de 2007
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