ARROJAR LA CARA …
Como sabemos, Grosske ha sido retratado. Por fin, el espejo nos ha devuelto su verdadera cara. No se me ocurre nada mejor para definir la situación que un romance de Polo de Medina (El buen humor de las musas, año 1637) sobre la vieja que rompió el espejo porque le hacía mala cara. Dice así: “…No es mucho, falso espejo, que te quiebre, si cual fui no puedo ser, y cual soy no quiero verme”. A lo que su interlocutor le replica: “¿En qué el espejo te agravia, siendo el tiempo el que te ofende? Que él te dice la verdad, y tu cara es la que miente”. Ya verán como Grosske no tiene lo que hay que tener y cumple su palabra. La culpa, como es habitual, la tiene el mensajero, el espejo. Ya verán como se sale por la tangente y quebrará el espejo. La verdad –no lo olviden- no le interesa a tan demagogo personaje. Por ello, con Quevedo le decimos: “Arrojar la cara importa, que el espejo no hay por qué”.
Publicado en “Bon Día Mallorca”, 30.01.2007, pág. 9
martes, 30 de enero de 2007
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