ENDIOSAMIENTO Y ANIQUILACIÓN
Supongo que los muy ilustrados y liberales prohombres de UM, con su jefa a la cabeza, recordarán el análisis del historiador griego Tucídides sobre la guerra del Peleponeso. Aquella catástrofe se desarrolló en dos fases. La primera, la del endiosamiento (hibrys), llevó a los atenienses a cometer todo tipo de errores, unidos por el denominador común de la soberbia y la prepotencia. La segunda, la de la aniquilación (némesis), significó el derrumbe más estrepitoso del sistema democrático de que disfrutaban. Pues bien, esta simbiosis entre endiosamiento y aniquilación se viene repitiendo en múltiples acontecimientos históricos y en la vida misma de multitud de personajes.
Aunque, ciertamente, la morada de M.A. Munar no está situada en ningún macizo en los confines de Macedonia y Tesalia, su particular Olimpo sí que está perfectamente señalado en los confines de la geografía mallorquina. Su hibrys le ha permitido manifestarse siempre con soberbia y altanería, rebosante de prepotencia y utilizando a la gente para su medro personal. Toda su vida está llena de no pocas manifestaciones de tal ‘complemento de la ignorancia’, que diría Fontenelle, ilustre precursor del enciclopedismo.
Su endiosamiento es de tal naturaleza que se asemeja aquel ‘gallo –del que nos habla George Eliot- que creía que el sol había salido para oírle cantar’. Munar –y su corte de esbirros despersonalizados- se comporta como si la sociedad mallorquina tuviese que estar rendida a sus pies, como si tuviese que prestarle adoración, como si tuviese que aplaudirle sus frecuentes fechorías, sus deslealtades manifiestas, su perversión del poder recibido para nuestro servicio. De tal forma ha perdido el sentido de la medida y del respeto al ciudadano que, en su afán de dominación personal, no tiene reparo alguno en intentar comprar su adhesión con dinero público. Es más, cuando alguien osa echarle alguna verdad a la cara, cuando alguien no ejecuta sus deseos, se revuelve sobre si misma y le arroja la consabida amenaza: ‘puedo ser muy peligrosa’. Todo en ella –hasta su porte externo- nos habla de su identidad: orgullosa, endiosada, soberbia, irrespetuosa, altanera. No existe límite alguno para ella.
Parece mentira que, con su cultura, no recuerde los versos de Dante: “si no se modera tu orgullo, él será tu mayor castigo”. Vendrá inexorablemente la aniquilación, la caída, la destrucción. Yo diría que esta fase está ya al caer. Han sido muchos los años pasados en la ensoñación divina. La soberbia, como nos advirtió el gran Quevedo, ‘siempre cae de donde subió’. Es más, cuanto mayor ha sido el endiosamiento –y en este caso ha alcanzado cuotas inimaginables-, cuanto mayor ha sido ‘el exceso de estupidez’ –como la define un aforismo islámico-, más fuerte y estrepitoso será su derrumbe. Y es que, aunque parezca incomprensible, su debilidad radica en su aparente fortaleza actual.
Es extraño, si no fuera por su endiosamiento cegador, que Munar ignore algo muy propio de esta su tierra de adopción. La gente, el pueblo soberano –ese que se permite el lujo de humillar- está harto de tanta mentira, de tanta soberbia y de tanta chulería. Espera con paciencia su aniquilación. La desea vivamente y no moverá un dedo por evitarla. Sin duda alguna, la celebrará, aunque sea en el silencio de su corazón, excepción hecha –claro está- de esa minoría receptora de tanta falsa subvención. Nadie llorará su caída en el precipicio. Todo el mundo lo espera, más pronto que tarde. Y, que no lo olvide Munar, llegará. Cada día está más próximo.
En ese momento –estoy seguro-, ante lo inevitable, nos lanzará, aunque su eco no nos llegue, un grito lleno de rabia: ‘soy inmensamente rica’. Pero, tranquilidad, semejante sucedáneo no acallará nunca su conciencia. Tendrá la oportunidad de verificarlo. No le bastará nada de lo que posee actualmente. Echará de menos a la gente, incluso a sus más íntimos que le volverán la espalda. No podrá vivir sin los demás, convencida de que ya no cautiva la admiración de la gente. Este sentimiento interior será su verdadera ruina, su rabia, la que ella misma se ha labrado con tanto tesón.
Publicado en "El Mundo. El Día de Baleares", 28.01.2007, pág. 10
domingo, 28 de enero de 2007
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