jueves, 18 de enero de 2007

DEJADO EN LA ESTACADA
En su comentario al Quijote, cuenta Clemencín que estacada era “el palenque o liza, formado ordinariamente con estacas ( …), en que se celebraban los desafíos solemnes, los torneos, justas, juegos de cañas y otros públicos de esta especie”. El vencido quedaba abandonado en la estacada, expuesto además a grave riesgo y peligro. También en el juego de la política, se puede contemplar, de cuando en cuando, algún que otro obsceno espectáculo. Uno de los más singulares consiste en dejar a alguien en la estacada, solo ante el peligro. Tal acción, felona donde las haya, suele ser, por su propia naturaleza, protagonizada por o con la colaboración necesaria del propio partido.
Como es público y notorio, José María Rodríguez ha sido y es un personaje muy importante en el PP. Con independencia de la valoración –siempre respetable- que cada cual tenga de su persona, es innegable su activo protagonismo en el quehacer diario del partido. Ha sabido hacer escuela, atraer y aglutinar a jóvenes valores. Ha dotado al partido de una presencia necesaria en las barriadas. Sabe qué hacer para que el partido sea eficaz en los procesos electorales. Suele hablar con claridad. Quizás el mejor elogio que quepa hacer de él como hombre de partido es que suele ser muy mal visto por sus adversarios políticos.
Pues bien, el Conseller de interior del Govern y Secretario general del PP de Baleares viene siendo distinguido por la oposición –lo cual es, hasta cierto punto, explicable- y, sobre todo, por la Sra Munar –lo cual es, a todas luces, una indecencia- con la petición insistente de su dimisión. Ya inicialmente, cuando se destapó el caso Andratx, se les vio a todos ellos el plumero. Sobre la base de tópicos, ambigüedades, sospechas infundadas y juicios de intenciones, intentaron vincular al Sr. Rodríguez con dicho escándalo. La realidad ha demostrado que estaban ayunos de datos sólidos y objetivos. No es extraño, por tanto, que todos ellos hicieran el ridículo en la comparecencia parlamentaria y que el Sr. Rodríguez saliera reforzado de la misma, dado el poder de convicción que exhibió.
La Sra Munar, haciendo gala de la prepotencia y endiosamiento que le caracterizan, persiste en sus ataques. Ahora dice que “debe dimitir para no perjudicar al Govern y a su president Matas”. ¡Lo que faltaba! La obscenidad se quiere disimular bajo capa de bondad, favor y tutelaje al Gobierno y a su Presidente. Estos trucos, tan habituales en el mundo que nos toca vivir, no siempre pasan inadvertidos y, no obstante el pasotismo generalizado, algunos los rechazamos por su radical desistimiento ético.
En esta misma línea, tampoco me extraña la ausencia de apoyo público y explícito de los populares a su Secretario general. Es éste un mal endémico de la derecha, que suele avergonzarse de sus ideas y que suele proponer su acción política mirando al tendido de enfrente. De este modo, demuestra la falta de fe en sí misma y también un radical desistimiento ético. Lo cual, desde la perspectiva política, les hace perder con facilidad la iniciativa y, de se modo, complicar el entendimiento de sus posiciones. ¡No aprenden!
Son tan torpes y tan pasivos, excepción hecha de Javier Rodrigo de Santos, alias “el amenazado”, que no les importa desoír el clamor de su electorado, contrario a todo pacto con semejante socio. ¿Qué es lo que temen? No nos vengan con la mandanga de que hay que posibilitar un Gobierno futuro. A eso se le llama obscenidad pues se busca ocultar otra realidad incompatible con la ética. Semejante desistimiento, señores del PP, no les reportará más que disgustos. Dan la impresión de que les tienen bien cogidos y han de pagar un cierto vasallaje: mirar para otro lado y no darse por enterados de cómo UM ejerce el gobierno del Consell. Esto –supongo que no lo ignoran- lo piensa cualquiera de sus simpatizantes. ¿Por qué toleran, y no responden, a tanta traición? ¿Por qué consienten el trato que sus socios le otorgan a su Secretario general?
Mientras tanto, Sr. Rodríguez, tranquilidad. Usted se basta a sí mismo y, en consecuencia, sabrá mantener su independencia de criterio. No olvide, si le sirve de consuelo, que, como dijo Nietzsche, “la valía de un hombre se mide por la cuantía de soledad que le es posible soportar”.

Publicado en “El Mundo. El día de Baleares”, 17.1.2007, pág. 8

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