REMEDIAR YA QUE NO SE PREVINO
El pasado 24 de abril de 2007 (El florero catalanista de Matas) me permití el lujo de predecir lo que ha ocurrido: la merecida y propiciada derrota del PP y, muy en especial, de su responsable máximo, Jaume Matas.
Ante el hecho incontestable de tan estrepitoso fracaso, no valen excusas ni paliativos, ni pequeños parches, ni remedios caseros. Hay, en primer lugar, que asumir responsabilidades. Esto es, no ampararse, en una increíble manifestación más de prepotencia, en la supuesta voluntad del pueblo favorable a los pactos y seguir montado en el machito, como si lo ocurrido no hubiese ido con uno. Hay, en segundo lugar, que remediar, ya que no se supo ni se quiso prevenir en un gesto más de infinito endiosamiento y chulería. Y, ¿cuál sería el remedio más oportuno en este caso?
Desde mi perspectiva, el PP balear ha venido aplazando una imperiosa catarsis (purificación) interna. Circunstancias externas le han servido, hasta ahora, de coartada. Pero le ha llegado, en mi modesta opinión, la hora de la verdad. Creo honestamente (igual que muchos que le han votado –eso sí mirando hacia otro lado-) que su electorado natural demanda en esta hora su regeneración. Y, además, como cuestión indispensable e improrrogable. No se trata de intentar de nuevo el pacto con UM, verdadera causa, entre otras, del desastre. Es más, si lo consiguiese, estarían en las mismas e, incluso, subiría –con razón- la escala de la intensidad del rechazo de su electorado tradicional. Como dijera Francis Bacón, “el que no aplique nuevos remedios, debe esperar nuevos males”.
Pues bien, tal desinfección, moral y política, exige, en mi opinión, que Jaume Matas encabece la larga marcha de los que deberían irse a su casa –una parte notable de quienes engrosaban las listas electorales pasadas-. A estos, debería añadirse, por supuesto, la inmensa caterva de aduladores, consejeros áulicos, cuentistas, camaleones y pelotas, de todas las clases y medidas, que pululan en su entorno y que apenas saben otra cosa que mirar a los demás por encima. Ya sé que no lo van a tomar en consideración. Pero, mal que les pese, la solución pasa por aplicar, a los grandes males, grandes remedios: limpieza y fumigación.
Uno, como tantos y tantos ciudadanos, ya ha visto de todo y pasa de casi todo. Por eso sabe que la nueva revolución del futuro sólo la protagonizarán quienes, incluso más allá de la buena gestión, personifiquen ciertos principios y valores, impongan la vigencia efectiva de la ética en la acción política, defiendan con tenacidad ciertas convicciones morales y políticas. Ha sido –me permito decírselo sin tapujos, como un servicio más- en este aspecto donde el PP ha fallado y traicionado, elección tras elección, a su electorado más fiel. La cosa ha llegado a tal punto, que, para muchos, ha sido una cuestión de conciencia decir, en este caso, basta ya. Y así lo han hecho: abstención, voto en blanco, voto nulo.
Hace unos días, Esperanza Aguirre lo certificó. He triunfado –dijo-, pero no por la gestión. Ha sido por los principios, por la claridad en la defensa de ciertos valores, por el alejamiento de la ambigüedad y de los complejos. Por lo mismo que llevó a Sarkozy a la Presidencia de Francia. Tales valores están en el ideario del PP. El problema radica en que aquí no se han defendido con resolución, en que se ha buscado la solana que más calienta, en que, frente a la debilidad del adversario, han opuesto los miedos y complejos. Creo que esta cultura política ha entrado definitivamente en vía de extinción.
En este contexto, no podemos evitar una alusión a la deriva nacionalista que, cual temerario saltimbanqui, Jaume Matas osó representar y además sin red.¡Qué error! Este ha sido su verdadero talón de Aquiles. Aunque quiso rectificar en su intervención en el “Foro del Mundo”, el mal ya estaba hecho. Nadie le creyó. Tuvo una oportunidad. Pero -¡maldita prepotencia!-, la despreció. No fue suficiente con dejar en casa, calladita, a Mari Pau. Fue peor el remedio que la enfermedad. Con ello, a la ambigüedad y a la sospecha de falta de coraje patriótico o de defensa de la identidad nacional, unió el intento de engañar en tema tan esencial. ¿Cuántas papeletas del PP fueron anuladas por la tachadura del nombre de la amiga personal? Por cierto, la factura por semejante confusión no está definitivamente pagada.
Lo que pase mañana con los pactos me tiene sin cuidado. Certificará nuestro análisis. Me importa el futuro y su perspectiva. Como soy de los que piensan, siguiendo a George B. Shaw, que “no es cierto que el poder corrompa, es que hay políticos que corrompen el poder”, lo único que me importan son las personas, con nombre y apellidos, cuya integridad moral será la verdadera garantía del funcionamiento normal de la organización política.
Publicado en “El Mundo. El Día de Baleares”, 3.06.2007, pág. 10
lunes, 4 de junio de 2007
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