domingo, 17 de junio de 2007

IMPOTENTES PARA CREAR
Todo parece transcurrir con lógica. Los pactos, con la infumable legislación electoral, los maneja el vencedor, que, como dijera Alfhonse Karr, es quien tiene razón. El PP –mal que le sepa que se lo recordemos- hace tiempo que perdió la dignidad y el gobierno de las instituciones. A partir de aquí, todo se desarrolla según el guión previsto. Se le advirtió por unos cuantos –muy pocos-, que no le debemos nada, ni ejercemos el deporte camaleónico. Pero, exhuberantes de arrogancia, no hicieron caso y ahí están los resultados. Sólo les queda –se lo diré una vez más- irse a casa, pedir disculpas, agradecer la oportunidad que se les ofrece de purificarse a fondo y liberar a Mari Pau de su “total compromiso”.
Es evidente que el sistema electoral –que urge modificar por higiene democrática- propicia la aparición de desaguisados tan fraudulentos como el que está ahora elaborándose por el PSOE con la inestimable colaboración de la cocinera de UM. Pero, al mismo tiempo, se evidencia, una vez más, que la posición de la Princesa ante los pactos no está en función del interés general. Como casi siempre, busca su beneficio personal, que, en las circunstancias actuales, pasa además por alejar de sí ciertos fantasmas, por obtener ciertas garantías, por poder agarrarse a alguna tabla de salvación. No puede negarse que, en estos años, han aparecido en su entorno demasiadas sombras y zonas oscuras, muchas presuntas arbitrariedades e irregularidades, múltiples motivos de sospecha e infinitos alicientes para investigar su gestión. Con ello ha tejido una tupida red en la que está atrapada sin aparente escapatoria posible.
La gente se viene preguntando desde mucho antes de las últimas elecciones por qué la Fiscalía anticorrupción no convirtió a la Princesa, como a otros, en objeto predilecto de su amor. ¿Por qué? ¿Hay alguien que piense que, si la Fiscalía hubiese tenido tal gesto complaciente, puesto en escena con el boato mediático de otros casos, la Princesa habría ahora pactado con el PSOE? Claro está que no hay por qué ser tan mal pensados y que, como es habitual en el PSOE, todo puede explicarse en base a la casualidad. ¿De verdad creen en ella? Me imagino que juegan también con el dato según el cual la única posibilidad que tenían los socialistas de tocar poder era a través del pactó con la Princesa. ¿No explicaría tal circunstancia el cúmulo de atenciones con que la han distinguido?
Aún hay más. ¿Está la Princesa en condiciones de rechazar el pacto con el PSOE? Son muchos, muchísimos, los ciudadanos que piensan que no, que es presa de sus propios pecados, que se le vendría encima la tormenta. Esta realidad explicaría el sentido del pacto cerrado con los socialistas. Así todo sigue para ella en paz, incluso sin ruido de fiscales. Pero, inmediatamente, salta otra pregunta: ¿Qué quiere hacer con Mallorca? Vete a saber. Nunca le ha importado demasiado. Lo que siempre ha tenido claro es lo que puede hacer Mallorca por ella. Me temo que, incluso, ni siquiera ha explicado a su partido las verdaderas razones de su opción. Eso sí, Ella intenta salvarse de la quema.
En realidad, se vuelve a escenificar entre nosotros un guión perverso, que también viene utilizándose por otros pagos. No se realiza un pacto coherente a partir de la afinidad ideológica y de proyectos. No asistimos, como sería lógico, a la culminación de un pacto de izquierdas –que iniciara Felipe González para restar poder a la derecha- sino ante un pacto de trincheras. El objetivo del PSOE, aquí y en otros lugares, se cifra ante todo en evidenciar que el PP está fuera del sistema, que es incapaz de pactar con nadie, que está muy lejos de la nueva transición zapateril. Para ello, todo vale. Una cosa y la contraria. Se pacta, si es preciso, con partidos que están mucho más a la derecha que el propio PP o con partidos nacionalistas o con ambos, agitados en una obscena coctelera. Da igual. Ni siquiera le importa imponer su propio programa, que, por otra parte, con semejante gatuperio, ni puede hacerlo.
Todo lo que está ocurriendo era muy previsible. Todo el mundo sabía lo que podría suceder. Ya teníamos experiencias al respecto y no positivas para el interés general. Sin embargo, los ciudadanos, hayamos votado o no, lo propiciamos, lo hicimos posible, dimos por bueno el desgobierno que podría venir. Curiosamente –recordando una reflexión de Alberto Moravia- el electorado no se siente responsable de lo que suceda después. Sin embargo, pienso que ahora es el momento de la reflexión de quienes se abstuvieron, votaron en blanco o provocaron el voto nulo. No creo que puedan sentirse orgullosos de su actitud, que, a buen seguro, lamentarán en los años venideros.
Por último, recordemos esta idea luminosa de Emilio Castelar: “Las coaliciones son siempre muy pujantes para derribar, pero son siempre impotentes para crear”.
Publicado en el “Mundo. El Día de Baleares”, 17.06.2007, pág. 10

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