LA CUSTODIA DE LOS HIJOS A DEBATE
Sin duda alguna, la guarda y cuidado de los hijos es el objeto más comprometido de la decisión judicial que impone la organización futura de cualquier familia a partir de la situación creada por la ruptura definitiva de la convivencia conyugal entre sus progenitores. ¿A quién otorgar el cuidado de los hijos? La respuesta a este interrogante es, en mi opinión, bastante más compleja de lo que sugiere el habitual automatismo con el que, en la práctica diaria, suelen operar nuestros Tribunales.
Quizás convenga advertir desde un primer momento que el análisis y la crítica ha de situarse, en mi opinión, en el ámbito de ‘lo política o femeninamente incorrecto’. No adoptar tal posicionamiento supone dejarse atrapar por la ideología dominante, de claro matiz totalitario, aunque se oculte bajo el manto de las buenas intenciones.
La ‘vergüenza’ frente a la legalidad imperante (la orientación vigente de la familia que se impulsa desde el poder y los medios de que se sirve) es la que se siente cuando se corren las cortinas de la hipocresía y entra la luz nítida del día en las estancias más íntimas de la persona y de la familia. Pocos quieren saber la verdad que se oculta en el trasfondo de las sentencias judiciales. Es mejor mirar para otro lado. ¡Ya se ha pronunciado la justicia!, afirman cómplicemente. ¡Vaya respuesta!
En mi opinión, es urgente exhibir otra ‘verdad’, la que resulta de confrontar las apariencias formales y sociales con lo que, más allá de todo ello, suele ocurrir en la vida de las personas, con la actitud de fondo de los protagonistas, con el impacto que todo ello produce en los seres más indefensos de toda esta tumultuosa historia: los hijos. Tal ejercicio me parece indispensable si de verdad se quiere servir a la persona. Y, es que, como dice Luís María Anson, “no hay cosa peor que la realidad que se ignora”.
Ocurre –con mayor frecuencia de la que cabría esperar- que el desacierto en tan esencial decisión (atribución de la guarda de los hijos) se instala provocadoramente en las resoluciones judiciales. Todo, al menos aparentemente, se ha podido realizar de acuerdo con la legalidad establecida y con los patrones de lo políticamente correcto. Pero es muy posible que la legalidad esté amparando, si no propiciando –y por ello debería sentirse vergüenza-, el desastre familiar. Es muy posible que, en muchos casos, el desacierto, velado tras la corrección, altere de modo muy profundo el conjunto de la organización futura del entramado familiar. Ya sé que esto no se quiere ver ni gusta reconocer su existencia. Pero conviene no olvidar que la ceguera no elimina la existencia de las cosas o que, como dijo Aldous Huxley, “los hechos no dejan de existir porque se les ignore”. De esto, precisamente, se trata, de exhibir un aspecto de la realidad familiar y de su tratamiento por los poderes públicos, que, por mucho que se intente mantener oculto tras la corrección, no deja de ser o contener aspectos de verdadera ‘obscenidad’.
Creo que ha sido Slavoj Zizek quién ha tenido el mérito de recordar que, en las actuales sociedades multiculturales liberales, todavía subsiste la que llama “lógica del anverso obsceno”. Por desgracia, la lógica de la corrección política, del feminismo de género imperante, de la tutela a la familia, de la protección a la infancia y a la juventud, de la tolerancia, de la igualdad, de la justicia, etc. suele ocultar una dimensión de obscenidad. Dimensión vergonzante que emparenta con las ‘paradojas’ –verdaderas contradicciones- de la cultura hipermoderna que nos invade.
Al filo de la experiencia que deriva de mi trato con la actuación de los Tribunales y del contacto diario con la tragedia de familias rotas, intentaré ofrecer una crítica a ciertos aspectos del sistema en vigor y mostrar, al mismo tiempo, la oculta problemática personal y social que urge acoger. En ella creemos que va enredada la vida de las personas y, por tanto, no puede ser ajena a la sensibilidad creciente por su madurez y su destino. Entre todos, y a partir del conocimiento de la realidad, podemos ir cambiando aspectos de la misma que nos interpelan acusadoramente.
domingo, 24 de junio de 2007
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