LA VERDADERA REALIDAD
La falta de sacerdotes en Mallorca -al igual que en el resto de diócesis españolas- ya no puede disimularse por más tiempo. Ahora la propia Iglesia se ve obligada a reaccionar. Como siempre, se han adoptado y sugerido medidas parciales, que no van a resolver nada de modo definitivo. Al contrario, agravarán aún más el problema, al menos que se aborde por derecho y de una vez por todas. Las cosas son así por mucho que se trate de ocultarlo y mirar para otro lado.
Como en otras cuestiones, la Iglesia católica se ha venido distinguiendo por negar la realidad. Gravísimo error. Los hechos son tozudos. Es inútil negarlos. Ante cualquier situación problemática, se ha de partir de la realidad misma, por dura y desagradable que sea. Como ha dicho Luís María Anson, ‘no hay cosa peor que la realidad que se ignora’. Cabalmente, esto es lo que ha ocurrido. La realidad del sacerdocio en la Iglesia no se parecía ni se parece en nada a lo que se dice que es la realidad del mismo, a lo que se empeñan en hacernos creer, a lo que les gustaría que fuese. Todo -o casi todo- ha sido y es simulación. Ignorarlo, como se ha hecho, sólo ha servido para hacer mayor la incapacidad de respuesta y adaptación a los tiempos actuales (cfr. Contacto con el suelo y Un grave problema pendiente, en http://plazapublicagredelrio.blogspot.com).
Como la situación del clero todavía existente es, desde todos los puntos de vista, la que es, seguir con el modelo tradicional de sacerdote parece un sin sentido y sin recorrido. Habría que preguntarse algo que va mucho más allá. Ahora que Benedicto XVI ha impulsado una nueva evangelización, parece coherente profundizar en ella y definir sus contornos a fin de idear, con posterioridad, el evangelizador del futuro, señalar su función, su perfil y personalidad, su formación y preparación, su estilo de vida. Atreverse con esta tarea –el gran reto de la Iglesia- significa y exige remover en Ella muchas cosas, modificar múltiples estructuras, usos y modos de estar presente en un mundo muy descristianizado, reconocer, con todas las consecuencias, que, como ha dicho el Card. Rouco, ‘Jesucristo sigue siendo muy poco conocido y amado’, actuar en consecuencia, esto es, con ‘la coherencia del testimonio’ y de ‘la fe vivida en coherencia’ (Card. Fisichella). ¡Casi nada!
Este empeño debió emprenderse en el Concilio Vaticano II. Se torpedeó por la todopoderosa Curia Romana y las cosas han seguido básicamente como estaban, esto es, en una dinámica de claro deterioro. No pueden continuar así. Suponen un contra testimonio y un abandono del mandato evangelizador. Todo lo demás es colateral y muy relativo. Esta es la verdadera realidad.
domingo, 13 de marzo de 2011
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