DE DIFERENTE MANERA
Desde el primer momento de su elección, Benedicto XVI ha dado sobradas muestras del conocimiento de los problemas de la Iglesia. Ha tenido –para sorpresa de sus detractores internos y externos- el santo coraje de afrontar por derecho cuestiones tan escabrosas y complejas –con increíbles implicaciones de miembros de la Jerarquía católica- como el escándalo surgido a partir de las revelaciones sobre la vida privada del fundador de los Legionarios de Cristo o el no menos escandaloso problema de la pederastia. Este último ha tenido, por fin, la respuesta debida, muy alejada, por cierto, del tradicional ocultamiento o del mirar para otro lado. Ha ofrecido soluciones imaginativas a problemas relacionados con el paso al catolicismo de amplios sectores de la Iglesia anglicana.
Asimismo este Papa –que está dejando boquiabierta a la izquierda intelectual y mediática que alentó, al ser elegido, tantos tópicos zafios- es consciente de lo que la Iglesia católica se juega en Europa y de la necesidad de hacerle frente mediante una nueva cristianización. En este desafío actual, España tendrá, en su opinión, un protagonismo especial. Ello explica sus frecuentes visitas. Ello explica alguno de sus mensajes más lúcidos respecto, por ejemplo, del laicismo radical y sectario -a veces y, en cierto modo, agresivo-, respecto de un evidente anticlericalismo, respecto de la familia y de los valores cristianos que conformaron Europa.
Tengo la impresión de que este Papa también ha iniciado otro camino, que, sin duda dará sus frutos. Se ha ‘atrevido’ a nombrar Obispos de San Sebastián, Bilbao y Solsona a hombres de Dios, bastante preparados –dentro de lo que existe en el panorama clerical y episcopal- intelectualmente y, sobre todo, alejados de la causa nacionalista. No ignora su Santidad que, en las diócesis más proclives al nacionalismo, se distinguen por su desafección cristiana y por la carencia más absoluta de vocaciones sacerdotales. Sabía que lo ocurrido hasta ahora no podía continuar, que había que dar un giro trascendental y lo ha dado. ¡Ojalá haya acertado!
Fue –en este orden de cosas- una verdadera gozada escuchar en TV3 a Xavier Novell –el Obispo más joven de España: 41 años- responder al interrogatorio que, desde la indiferencia religiosa y del nacionalismo más radical, le formuló el periodista Josep Cuni. No eludió ninguna pregunta, no miró para otro lado, acreditó una gran claridad de ideas y una profunda espiritualidad. ¡Qué diferencia con el Card. Martínez Sistach! En efecto, no cayó en la trampa habitual en la que suelen incurrir incluso gran parte del clero y del episcopado en Cataluña. No existe la Iglesia catalana -dijo sin inmutarse- sino que existe la Iglesia en Cataluña.
En esta misma línea, al ser preguntado si sentía catalanista, respondió: "Soy catalán, hablo esta lengua, pero como obispo me toca ser servidor y pastor de todos". Como se aprecia fácilmente, se sitúo en las antípodas de algunos de sus compañeros en el episcopado. No se extraño tampoco que, en la cuestión lingüista, se expresa con nitidez, a saber: "La Iglesia está en Cataluña e intenta hablar la lengua de aquí, en catalán, pero también en castellano porque hay gente que habla castellano".
Al menos, parece que, por fin se ha aceptado que, como dijo Albert Einstein, “no podemos resolver problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos”.
martes, 7 de diciembre de 2010
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