viernes, 9 de febrero de 2007

EVITAR SER MOLESTADO
Uno de los sentimientos más distintivos de las diferentes sociedades occidentales gira, sin duda alguna, en torno a una especie de obsesión o fiebre del goce o del placer. Se ha dicho, con acierto, que los tiempos actuales son rabiosamente hedonistas. Sin embargo, el hiperindividualismo reinante (narcisismo) no se traduce únicamente en el culto al propio yo ni en una especie de enamoramiento de sí mismo, sino, sobre todo, en el miedo a casi todo lo que nos rodea, incluida la vida ordinaria.
A poco que nos molestemos en observar las reacciones del atormentado hombre actual, advertiremos de inmediato que vive un tanto aterrorizado. En efecto, se percibe la dificultad que experimenta ante el hecho mismo del vivir cotidiano; se palpa la preocupación ante la propia seguridad física; se vive instalado en la ansiedad ante la amenaza terrorista. Pero, con ser todo lo anterior de verdadera gravedad, no lo es todo, ni mucho menos.
A poco que profundicemos en nuestro interior, percibiremos que el miedo es mucho más extenso e invade cuanto somos y tocamos. Nos sentimos inseguros con nosotros mismos porque, en realidad, nos encontramos con dificultades claras para afrontar las más variadas situaciones en que nos pone la vida, porque no sabemos decidir, porque casi todo nos lo han dado hecho, porque somos muy inmaduros. Esta fotografía personal revela un panorama de sufrimiento, de angustia vital, de ansiedad, de depresión, que se interponen, obstaculizándolo, en el camino hacia la felicidad anhelada..
Por si lo anterior no fuera suficiente, el miedo abarca también a lo que comemos, a lo que bebemos, a las ondas de la telefonía móvil, a los accidentes de tráfico, al cáncer, al sida, a cualquier enfermedad, al estrés. En todo vemos riesgo y nos procuramos protección y seguridad. Tenemos miedo del vecino, del compañero de trabajo, del ciudadano que nos tropezamos en la calle, de cualquiera que aparente estar fuera de lo convencional. Es tal la opresión que ejerce sobre nosotros que estamos llegando a mutar el significado del concepto de tolerancia. Ahora “tolerancia, como explica Slavoj Zizek, significa: déjame en paz, no quiero que me molestes demasiado”.
Tal deriva del fofo multiculturalismo, políticamente correcto, se concreta en una verdadera claudicación de los propios valores que han conformado nuestra identidad personal. Tal actitud se ha visto reforzada en los últimos tiempos al objeto de vernos libres del apocalíptico terrorismo. El miedo y la cobardía ante esta amenaza está llevando a la progresía de izquierdas occidental a ‘tolerar’ lo que sea a fin de “evitar ser molestado”, a “conservar la distancia adecuada con respecto al Otro” y así pensar que nos dejarán tranquilos. Es tal el nivel del miedo atesorado, del pánico que nos ha invadido, que, en nombre de una supuesta tolerancia y respeto del otro, consentimos y defendemos la intransigencia del otro, dejamos de ser nosotros mismos. Semejante reculón no sirve para otro cosa que dar alas a la bestia tan temida.
Probablemente estas reflexiones puedan servir para entender mejor la reacción de ciertos sectores de la opinión pública occidental, de cierta clase política y de algunos ciudadanos ante los acontecimientos de hace unas semanas. Cada vez se reacciona más intensamente desde el miedo y la cobardía, cada día se habla más de diálogo y tolerancia. Pero cada día el Otro reacciona también con más violencia.

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