viernes, 1 de abril de 2011
SIN EXAGERACVIONES NI EXCESOS Hace ya mucho tiempo que la lectura de Quevedo me permitió incorporar a mi experiencia de vida la idea de que ‘el exceso es el veneno de la razón’. En efecto, aunque se sienta uno poseedor de la verdad, no es conveniente exagerar ni excederse. Tales matices no se avienen más que con la mentira o las medias verdades, que diría Pío Baroja. Después del esperpento en la Universidad Complutense protagonizado por sectores radicales de izquierda, hemos asistido a las reacciones -a mi entender- exageradas de un sector de la derecha católica. El Grupo ‘Intereconomía’ -a través de sus diferentes medios- ha puesto, no sin razón, el grito en el cielo. Esas conductas son, en efecto, claramente intolerantes, contrarias a la convivencia pacífica, presuntamente violadoras de derechos constitucionales, sectarias, etc. Todo lo que se diga sobre el hecho en sí puede ser poco. Hasta aquí nada habría que reprochar. Al contrario, alabar el coraje que supone, en los tiempos que corren, no guardar silencio y no callarse, O, lo que es lo mismo, no plegarse a lo políticamente correcto. Dicho lo anterior, me parece una evidente exageración y un exceso aprovechar lo ocurrido para llevar el agua a su propio molino político. Uno puede disentir radicalmente de muchas de las políticas de este Gobierno. ¡No faltaba más! Ahora bien, atribuir al Gobierno ZP o a su persona, de modo indiscriminado, hechos protagonizados en la sociedad civil por agentes distintos, admite muchos matices y no favorables para quien realiza tal tipo de imputación. En este sentido, meter en el mismo saco denuncias y acciones concretas de fieles musulmanes, acciones de grupos -aunque sean de izquierdas- que impiden una conferencia de Mons Rouco, la retirada de crucifijos de algún Colegio, la no presencia de ZP en el Año Jacobeo, el cierre del Valle de los Caídos y lo ocurrido en la UCM, me parece una verdadera exageración y un exceso, que se vuelve contra quienes realizan este tipo indiscriminado de crítica. Estamos ante hechos diferentes, protagonizados por personas y grupos distintos, susceptibles -como es obvio- de una valoración individualizada de acuerdo con criterios diversos. Globalizar y formar un todo (anticlerical) sólo sirve para sembrar ambigüedad, deformar la verdad, envenenar la crítica razonable. Es conocido, por otra parte, el modo en que la izquierda política e intelectual de este país suele posicionarse en estos casos. Nada nuevo. Claro que informa ‘a sensu contrario’ y deforma. Pero, tampoco ello legitima -en mi opinión- para invocar argumentalmente hechos pasados, de muy triste memoria. A eso se le llama caer en la trampa y contribuir a crispar la convivencia ciudadana. En definitiva, no basta con creer que se tiene la verdad. Es necesario algo más: Saber mostrarla y defenderla. Como escribió Girardin, “exagerar la propia fuerza significa descubrir la propia debilidad”. Gregorio Delgado del Río www.delgadoyasociados.es
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