miércoles, 13 de abril de 2011

LA GANSA DE CANTIPALOS Nuestro Parlamento rechazó la Ley de igualdad. El proyecto no fue aprobado porque el PP votó en contra y Convergencia de las Islas se abstuvo. Algo muy previsible. Algo que el Gobierno de izquierdas no supo encajar. Mal, muy mal, Sr. Antich y Sra Santiago. Han dado muestras –una vez más- de su sectarismo e intolerancia. Como siempre hace la izquierda cuando las cosas no salen como ella quiere imponer, la Sra Santiago acusó al PP de ‘extrema derecha’ y el Sr. Antich de no querer la igualdad. ¡Vergonzosa deslegitimación! La Sra Santiago ha hecho honor a su nombramiento, ajeno a la preparación atesorada. No es extraño, en consecuencia, que, cuando tuvo que jugar políticamente, no haya tenido cintura para el consenso. A ella lo que le gusta es imponer. Es más, conocedora del riesgo consiguiente que corría, sólo se le ocurrió la imprudencia de “salir al lobo al camino como la gansa de Cantipalos”, que dijo Cervantes. Ella misma se expuso al peligro y el PP no desaprovechó la oportunidad. Broche de oro a una legislatura de pena. La postura de la derecha ha sido, en este caso, muy cómoda. Pero, tampoco ha salido con buen pié. Sigue como siempre: avergonzada ideológicamente ante la izquierda, de la que se quiere hacer perdonar. Isabel Llinàs ha venido –con prepotencia y cerrazón- comandando el lobby feminista pepero, que tantos errores de planteamiento cometió en el pasado. Junto con las dos rosas (Estaràs y Puig) del último gobierno Matas, impuso totalitariamente al PP una visión pastelera, raquítica, deudora de la izquierda y de la ideología de género. El problema es que, al parecer, el PP no da, en este momento, más de sí, ni tiene la humildad de escuchar a quienes le podrían abrir nuevos caminos. No entiende que la ideología de género -ya caduca y trasnochada- conlleva un ataque frontal a la familia, a la mujer, a la maternidad, al matrimonio, a la misma igualdad. No entiende -o no se atreve a asumirlo- que esos posicionamientos de la ideología de género no son los propios de la derecha, no son compartidos por la inmensa mayoría de sus votantes, y ni siquiera los acepta la mujer que les puede votar. Un ejemplo de la falta de lucidez y de reflejos la ha vuelto a escenificar ahora. El PP no ha estado en la primera línea de la defensa de la guarda compartida de los hijos. ¿Qué pasa? ¿Acaso no es partidario de la misma? Ha tenido la oportunidad –incomprensiblemente desaprovechada- de izar una bandera, que no reivindica el feminismo de izquierdas. Este era un momento extraordinario para derribar una discriminación manifiesta o, al menos, levantar la voz en su contra. Ni esto. ¡No tienen perdón de Dios! A estas alturas de la historia, nuestro Parlamento estaba decidido a excluir sectariamente la guarda compartida de una Ley de igualdad. ¿Para qué pagamos a semejante clase política, que no hace los más elementales deberes? La respuesta te la dejo a ti, querido lector.

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