martes, 25 de enero de 2011

LO DESTROZAN TODO
Si me fuera permitido recomendar alguna lectura al sufrido ciudadano, sin duda alguna pensaría en el drama Un enemigo del pueblo de Henrik Ibsen. Al criticar la ‘extraordinaria insensatez’ que habían cometido los gobernantes en la construcción del famoso balneario, el médico Stockmann realiza la siguiente valoración: “No he podido soportarlos nunca; he tenido en mi vida bastantes ocasiones de conocer a esta casta; son como cabras a las que se les deja invadir un jardín recién plantado; lo destrozan todo; donde quiera que atisban un hombre libre se cruzan en su camino; y lo mejor sería que pudiésemos exterminarlos como a insectos dañinos”. Severo juicio que podría suscribir cualquier español de a pie respecto de la actual casta política, que padecemos.
Si algo positivo nos está dejado la crisis en la que estamos sumidos, es la mayor conciencia que se aprecia en la ciudadanía respecto de la necesidad de cambiar radicalmente el sistema. Circunstancia de importancia mayúscula. El cambio del sistema –absolutamente necesario- no vendrá por iniciativa de la casta política. La única esperanza al respecto se cifra en la sociedad, en el ciudadano medio. O la sociedad se regenera o estamos perdidos.
A este propósito, recuerdo la reflexión de un intelectual –Pérez Reverte-, que vive permanentemente en los aledaños de la incorrección. Dice así: “¡Qué pereza me dan! Una cosa debe quedar clara: el político sale de nosotros, no es un marciano; son como nosotros, son de los nuestros, de nuestras familias. Nosotros somos tan culpables como todos ellos de lo que está ocurriendo. Los políticos son parásitos de nuestra basura, de la que todos nosotros generamos”. Sin duda alguna. Por ello es tan importante que entendamos la situación actual –política, social, económica y hasta religiosa- a partir de nuestra personal complicidad, hecha muchas veces de silencio. ¿Por qué callamos ante tanto desmadre, tanto desgobierno, tanta corrupción, tanta utilización de las instituciones en beneficio propio, tanto privilegio partidista, tanta irresponsabilidad, tanta mentira?
Personalmente pienso que la crisis actual a la que se enfrenta nuestra sociedad –también la mallorquina- es, ante todo y sobre todo, de índole ético y espiritual. Hemos vivido, como sociedad, mucho tiempo sin profesar credo alguno ético. Nos ha llegado el momento de tener que pagar la factura. No nos libraremos de ello. Con todo, lo verdaderamente grave radicaría en que, una vez más, no sepamos aprender la lección, no sepamos extraer la sabiduría que se nos ofrece. Sólo saldremos airosos si entendemos que tenemos delante una gran oportunidad. Pero –eso sí- la respuesta, individual y social, siempre se ha de mover en el contexto ético, esto es, en el marco del esfuerzo interior y personal, en el marco del compromiso total con un mínimo de convicciones personales.
Con la que está cayendo y con el pensamiento puesto en un futuro que merezca la pena, confieso que no me interesa absolutamente nada lo que me digan quienes nos han metido en este lío con la mentira como bandera. Tampoco me interesa nada la posición blandengue, sin compromiso, ambigua, que busca no molestar a la izquierda política y cultural que representa la alternancia existente. Hacen falta políticos que no mientan, que digan lo que piensan y quieren hacer –y lo hagan-, que sean humildes y servidores, que tengan ideales más allá del lucro propio, que no creen más problemas de los existentes.
Ahora recuerdo un dicho de Enrique Jardiel Poncela, perfectamente aplicable al político español, a saber: “El que no se atreve a ser inteligente, se hace político”.

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