martes, 11 de enero de 2011

AUNQUE LE DEN DOSCIENTOS

El pasado 7 de diciembre conocimos los resultados del Programa para la evaluación internacional de alumnos 2009 (PISA). Un fracaso sin paliativos. La educación española va cada día peor. Camina hacia atrás como el cangrejo. Estamos en el número 33 de una lista de 65 países. Nada que no supiésemos ya. Si contemplamos la situación de la educación en nuestra Comunidad autónoma el panorama es verdaderamente desolador. Seguimos encabezando el pelotón de los torpes. Parece como si, sobre la sociedad mallorquina, pendiese un funesto maleficio.
Como toda respuesta del responsable (Sr. Llinás), en el Gobierno balear, de gestionar la educación, nos hemos encontrado con esta valoración: “Baleares no debe desmoralizarse por los malos resultados del informe PISA”. A esto se le llama pensar en positivo. Está en línea con el beatífico juicio del Ministro educación para quien la enseñanza en España progresa adecuadamente. ¡Cuánta irresponsabilidad y mentira hemos de soportar!
Una vez más, creo que –en sintonía con el prefacio de George Orwell a su Rebelión en la granja- es necesario ejercer la libertad de decir a los socialistas lo que no quieren oír. Ustedes –por mucho que enmascaren la situación con las más variopintas excusas- son los principales responsables del desastre educacional de este país, de la incultura de la sociedad española y mallorquina, de un cierto nivel de analfabetismo funcional de nuestros jóvenes. Ya es hora, ya está bien: bájense del burro. Es tal el grado de ineficacia en la gestión educativa, es tal el daño que han perpetrado a esta sociedad, que ya no son creíbles. No abusen más de la gente e intenten venderles el burro, ande o no ande. Eso ya no cuela.
Reconozco que, por desgracia, juegan con ventaja. Disfrutan de todos los resortes del poder –que financiamos, por cierto, todos los ciudadanos- y pueden manipular a su antojo esta sociedad. Lo llevan haciendo muchos años. A pesar de todo, muchos les seguirán creyendo y apoyando. Pero esto no les legitima para ostentar exclusiva alguna en nada y –menos aún- en materia educativa o en cultura. Ese mito también se derrumbó ya hace mucho tiempo. No pidan más pactos educativos que consistan en que todos tengamos que apoyar y aplaudir sus opciones, que –por cierto- han fracasado estrepitosamente. Ahí están los resultados.
Lo más grave de todo es que no están dispuestos a bajarse del burro. Al contrario, están resueltos a seguir montados en el burro, a no abdicar de su empeño –mal llamado progresista-. Merecen por ello –y así completamos la frase- que les den doscientos.
El dicho –por si, como me temo, el Sr. Ministro y el Sr. Conseller no lo saben- alude a la condena a la pena de azotes. El condenado –como refiere José María Iribarren- “desnudo de cintura arriba y montado en un burro, era paseado por las calles y recibía del verdugo los palos que el juez o el tribunal hubiese señalado para castigo de sus culpas”. Ya que ahora semejante pena sería vejatoria, podría sustituirse por la de irse a su casa. Eso sí, sin indemnización ni pensión vitalicia alguna.
Gregorio Delgado del Río

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