lunes, 18 de mayo de 2009

SOPLAR Y SORBER
Si algo parece evidente a cualquier observador de la realidad –abstracción hecha de la clase política y los sindicatos-, es que estamos empeñados en un imposible. No se puede, como dice el refranero español, soplar y sorber al mismo tiempo ni estar en la procesión y repicando las campanas. La estabilidad laboral, por mucho que se empeñe la izquierda, no se conseguirá sin una mayor capacitación y preparación del trabajador. Por ello es esencial la reforma a fondo del sistema educativo. Llevamos muchos años perdidos. Remamos hacia atrás como el cangrejo y ya nos hemos situado en los puestos de descenso de la clasificación. Nos gobierna gente a quien la educación le trae sin cuidado y sólo parece preocuparle la imposición del catalán. ¡Viva la libertad! La reciente publicación del Plan de vivienda del Govern ha supuesto todo un ejemplo preclaro del nivel en que nos movemos por estos pagos. No queremos enterarnos de lo que ocurre en nuestro entorno y la pagaremos. Todo se mueve a escala global y exige conocimiento de los dos grandes idiomas relacionales, preparación y capacitación de nivel, especialización. Exactamente lo que no tenemos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola, soy alumna suya de la clase de Causas matrimoniales.
Me ha parecido interesante que abriera usted este tema, ya que pienso que conviene reflexionar acerca de él.
Yo pienso, que del ya mencionado desinterés de la clase política en la educación podrían sacarse algunas conclusiones. Entre ellas, y creo que la más importante, es que no interesa un pueblo con un nivel educativo alto. Porque eso es sinónimo de cierta madurez intelectual, lo que conlleva una ciudadanía interesada por lo que realmente ocurre en nuestras administraciones e instituciones.
La gente instruida, la población con un cierto nivel educativo, hace preguntas, y a la vez no se contenta con cualquier respuesta, sino que cuestiona y critica las medidas y acciones que se toman.
Por ello, yo he llegado a creer (no sé si estoy en lo cierto), que no interesa una población que ponga en duda lo que dicen los políticos.
Además, lo que más me indigna de ello, es que este desinterés, no viene sólo por parte de los políticos, sino que la sociedad les sigue el juego. Sabemos que las cosas no van bien, y sabemos que pasa algo, (ya que quien más quien menos escucha la radio o ve la televisión o conserva la buena costumbre de leer asiduamente los periódicos), pero todo ello no interesa, no es divertido o entretenido.
Es mucho más interesante y da mucho más morbo meterse en la vida privada de los personajes públicos, o emocionarse con los nuevos capítulos de series estadounidenses (y no digo que sea un pecado mirar la televisión), que estar al día acerca de lo que ocurre en nuestro país.
Así que cuando llega el momento de votar en las elecciones, la gente vota, al de las orejas; al calvo no, porque me cae mal; o al que tiene pinta de simpático; o al que dice que nos cobrará menos impuestos, aunque no sepamos si va a cumplir esa promesa.
Yo pienso, que no tenemos derecho a quejarnos de que las campañas políticas sean como son, cuando por lo general, no nos hemos interesado en ver o informarnos sobre lo que esa gente ha estado haciendo durante toda la legislatura. Si nosotros fuéramos políticos, y supiéramos que un porcentaje muy elevado de la población, va a basar su voto, únicamente en si cree que el candidato tiene pinta de ser "enrollado" o si parece un "empollón" o si me ha prometido que me va a dar más dinero ¿Qué haríamos? Yo creo que muchos de nosotros haríamos lo mismo, seguiríamos la vía fácil y segura: “si éste promete esto, yo voy a prometer lo otro”.
La pregunta que me gustaría formular a continuación (y no es que espere una respuesta, se trata más bien de una pregunta retórica)
¿Como vamos a esperar que prospere el nivel educativo de nuestro país, si ni siquiera nos hemos parado a pensar, si nuestro presidente tiene el graduado en ESO (o equivalente nivel de estudios)? Pero en cambio todos nos hemos fijado en que tiene tantos hijos, en que su mujer hace tal, en que el traje que llevó a “no-sé-cual” acto era espantoso, o en que se equivocó pronunciando una palabra de su discurso, discurso que no sabemos ni de que trataba.
En este país, nos escudamos en la máxima “total, son todos igual de malos” para desinteresarnos totalmente y hacer ver que con nosotros no va la cosa, (me sabe mal generalizar, pero son pocas las excepciones a este hecho).
Yo estoy de acuerdo, en que nuestra clase política deja mucho que desear, pero ¿Hacemos algo para cambiarlo? Es muy fácil criticar por criticar, sin pararse a pensar en lo que debería hacerse o en aportar ideas.


Aina Tébar Xamena.