miércoles, 23 de abril de 2008

MEJOR ES MENEALLO
Nadie me va impedir que ejercite el derecho (y el deber) que me asiste a proclamar que no quiero ser cómplice de ninguna situación que entiendo dañina para el ciudadano. Tenemos delante de nuestras narices una situación del PP balear, que estimo muy lamentable. Me duele e intento, por ello, colaborar en su superación. En democracia, estas cosas se deberían resolver con más democracia, esto es, con más participación real de las bases, con más escucha, con más debate ideológico, con más luz y taquígrafos, y sin la utilización interesada y manipuladora del compromisario a fin de simular la realidad.
Decía George Orwell que “ver lo que tenemos delante de nuestras narices requiere una lucha constante”. ¡Ya lo creo! Tan dura y constante que mucha gente suele desistir, se conforma y se acomoda.
Esta entreguista actitud es especialmente deplorable en quienes dicen servir a la ciudadanía y aspirar al liderazgo de un sector importante de la sociedad. Siento, desde esta perspectiva, tener que reconocer, a fuer de sincero, que la situación del PP balear –también la del PP nacional- me recuerda, en parte, aquel personaje de Borges en El Aleph detenido y resignado ante un sabor no esperado, el misterioso y casi terrible sabor, en este caso, de la derrota, que contempla, por paradójico que parezca, como venturosa victoria.
He escuchado diversas explicaciones. Con el personaje borgiano, tengo que decir que “no me bastó ninguna”. Sólo les puede redimir el castigo, el haber pasado, por méritos propios, a la oposición, si saben ahora, con motivo del futuro congreso, convertir lo pasado en sabiduría política. De momento, me temo que van por muy mal camino.
A pesar de los esfuerzos por crear una apariencia de unidad, el problema no lo van a superar. Temen a Carlos Delgado. No lo quieren porque saben que no es bien visto ni por los socialistas ni por los nacionalistas ni por el aparato del PP. En las razones de fondo de tal malquerencia a tablas se concentra la esencia misma de la identidad pepera. Ahí, Sra Estarás, le duele la herida, que urge sanar.
La cuestión no es de palabras. La gente ya está saturada y más que harta. El PP, a mi entender, ha de definirse respecto de su supuesto carácter liberal. Ya sé que se proclama liberal. Pero también sé que no se comporta en la práctica como tal, entre otras cosas porque se ignora en qué consiste. La gestión del PP, cuando ha gobernado en Baleares, no se ha distinguido, precisamente, por su talante liberal. Todo lo contrario.
La primera y más definitoria actitud de un partido que se diga liberal consiste en situar al individuo, al ciudadano, en el centro mismo de la acción política. Toda la dialéctica consiste en optar entre individuo o Estado providente. Es una cuestión de libertad, de ser dueño de las propias decisiones o, por el contrario, confiar en que el Estado te lleve de la mano y te imponga la solución. Se trata, en último término, de optar entre el respecto al ejercicio responsable de la libertad individual o aceptar el totalitarismo de lo política, social o femeninamente correcto. ¡Casi nada!
Basta que ahora vuelvan, por un momento, la vista atrás y analicen, por poner un ejemplo, la política familiar del último Gobierno Matas/Estarás/Puig/Llinás. Todo un rosario de indecentes intromisiones en la esfera privada del individuo, todo un rosario de imposiciones, toda una coincidencia casi plena –oh casualidad de casualidades- con los planteamientos de la izquierda. Y, luego, nos quieren hacer creer que representan su alternativa.
En una concepción liberal, el ejercicio del poder se legitima básicamente por el quehacer diario en la medida en que sirve a la protección de los derechos del ciudadano. Esto es, se legitima por una actitud ética en la gestión de lo público. ¡Acabo de mencionar la bicha! Todo un mundo a sanear en el PP.
Ante todas estas cuestiones y otras muchas más que se derivan de una actitud liberal, el ciudadano, el simpatizante y el afiliado reclama claridad y no ambigüedad, saber a que atenerse, evitar el compadreo con otras formaciones políticas a quienes, a veces, se encubre. Es necesario una definición precisa sobre el papel y lugar del alma supuestamente liberal del PP.
Como no está nada claro, sino muy confuso, es, aunque se aparten de Sancho, mejor meneallo y llegar hasta el fondo.
Publicado en "El Mundo. El Día de Baleares", 23.04.2008, pág. 9

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