lunes, 14 de mayo de 2007

MI DEBER ES HABLAR
El pasado cuatro de noviembre escribí, en un acto de desahogo moral, que “llevo mucho tiempo presenciando en silencio –aunque atormentado por dentro- el comportamiento de la clase política, del vigilante, de las instituciones y del pueblo soberano, convenientemente anestesiado. Llevo mucho tiempo instalado en la esperanza de una reacción social, que termine con tanto despropósito. Pero, para mi desconsuelo, por aquí –de momento- todo sigue igual o peor cada día. Ya sé que no lo queremos reconocer, que preferimos mirar para otro lado e incluso matar al mensajero. Pero, la realidad es la que es. No nos dejemos engañar: el sistema en el que unos cuantos –más de los que aparece- están instalados y desde el que pretenden dirigir nuestras vidas, pagados por nosotros mismos, tiene muy poco o nada que ver con un sistema democrático”. Medio año después, parece todavía más evidente que las cosas han empeorado y que son susceptibles de empeorar mucho más.
Curioseemos, desde nuestro descontento, lo que viene ocurriendo últimamente. En pantalla aparecen los nombres de Andraitx, Ibiza, Munar y la Operación relámpago. ¿Cómo se han enfrentado a estos escándalos los medios de comunicación, las fuerzas políticas, la propia Fiscalía anticorrupción y el pueblo llano? Sin ánimo de ser petulante, yo me atrevo a contestar con el famoso dicho de Ortega:“No es esto, no es esto”. Estamos ante una situación sin ética, que pasará su factura en formas diferentes
Aquí tenemos un PSOE que, en nombre de una supuesta lucha contra la corrupción, da muestras palpables de que su celo anticorrupción sólo se excita en periodo electoral y siempre y cuando se lleve por delante al PP. En el logro de tan diabólico servicio, no tiene reparo alguno en instrumentalizar la Fiscaliza anticorrupción, que parece actuar, en unos casos, mediante el montaje de auténticos espectáculos mediáticos y, en otros, con evidente tratamiento desigual y sin justificación legal alguna. Eso sí, Antich y Aina Calvo, secundando a la Fiscalía, se olvidan de Ibiza, callan como muertos, no hacen el más mínimo ruido de condena. ¿Por qué los implicados siguen engrosando las listas electorales socialistas? ¡Vaya burla al ciudadano!
Aquí tenemos una Fiscalía anticorrupción que, para sorpresa de muchos, no ha visto –al menos por el momento- que exista indicio alguno razonable en que fundar la apertura de una investigación sobre la vida y milagros de la Princesa. ¿Cuál será, en realidad, la verdadera razón de tal inactividad? Sinceramente, no me gustaría que fuese cierta la respuesta que anda de boca en boca del ciudadano mal pensante. Aquí tenemos una Fiscalía anticorrupción que, en un ataque de prepotencia, montó una rueda de prensa para poner al Juez, que no secundó su criterio, como no digan dueñas. Aquí tenemos una Fiscalía anticorrupción que, sin entrar a valorar las cuestiones de fondo investigadas sobre las que deberán en su día pronunciarse los Tribunales, ha podido dar margen suficiente para sembrar la duda acerca de la pureza de los modos y las formas utilizados, para que muchos puedan sentirse autorizados para hablar de desmesura, de exceso, de exhibicionismo, de afán de protagonismo, de falta de proporción, para que muchos puedan pensar que así la justicia lo es menos cuando no se convierte en injusticia, para que muchos puedan ver en momentos puntuales y dadas las formas exhibidas una presunta desprotección de derechos de los investigados, para que muchos se sientan inclinados a pensar que se está, con carácter previo, propiciando la condena social del investigado, para que muchos estimen que se va más allá de lo estrictamente necesario para cumplir su función, para que muchos puedan, no sin cierta razón, gritar: “No es esto, no es esto”.
Aquí tenemos un Colegio de abogados que, en opinión de muchos, ha dirigido una tímida y cautelosa carta de protesta al Fiscal jefe de Baleares, en la que no se ha atrevido a poner nombre a las cosas, en la que, en todo caso, es más importante por lo que calla que por lo que dice. Total, que, por su debilidad, ha merecido la etérea respuesta institucional de rigor y todo seguirá igual.
Aquí tenemos unos medios de comunicación, un vigilante, sobre los que cabe dudar seriamente acerca del cumplimiento de su función institucional. A más de uno se podría señalar con el dedo acusador. ¿Acaso no existen razones para pensar que más de uno está al servicio de las causas del poder y que se sitúa en la solana que más calienta?
Por mi parte, sólo he querido responder a un imperativo ético y hacer mías las palabras de Émile Zola en el caso Dreyfus: “Mi deber es hablar”.
Publicado en el “Mundo. El Día de Baleares”, 13.05.2007, pág. 10

1 comentario:

Mikaelius dijo...

¡Bravo profesor!

Mordaces y certeras palabras; Espero que sus palabras remuerdan a más de uno, conmigo ya lo ha conseguido.