lunes, 16 de abril de 2012

LA ESTATUA DE LA UNIVERSIDAD DE GIZA
Todos recordamos la simpatía con que se recibió en Occidente –particularmente, en Europa y EEUU- la Primavera Árabe. Asistíamos a movimientos revolucionarios, que implantarían la democracia en el mundo de las naciones árabes. Todo fue júbilo y celebraciones. Sin embargo, para muchos, la realidad se manifestaba a través de coordenadas muy distintas.

Más allá de la euforia legítima por la caída de diferentes dictadores, se puso de relieve toda una muestra de adaptación de la política occidental a posibles nuevas formas de tiranía, que no se advertían o se ocultaban interesadamente. Lo cual –desde otra perspectiva- significaba todo un ejemplo de manipulación de la opinión pública por los medios de comunicación de la izquierda y gran parte de la derecha. Ahora –con el paso del tiempo y los procesos electorales habidos-, tenemos razones que confirman los peores augurios para la libertad.

Para un mínimo esclarecimiento, pueden ser sugerentes algunas de las preguntas que, recientemente, formuló Serafín Fanjul (ABC, 1.03.2012, pág. 3), saber: “Los ‘moderados’, cuyo partido se llama de la ‘libertad’, legislarán a favor de la libertad real de la mujer, incluso en materia matrimonial?¿Garantizarán la libertad de culto, incluidos el proselitismo y el abandono del islam, o, al menos, dejarán de quemar iglesias? ¿Levantarán la asfixiante presión sobre la sociedad en materia de costumbres, ropas, ritos, omnipresencia del Corán en todas partes?”.

La respuesta -que sabemos- sitúa el problema en una dimensión diferente. “Lo esencial –ha dicho Ali Ahmed Said Esber- para los pueblos árabes quizá sea la liberación de la tiranía religiosa”. Esta fecunda idea del gran literato sirio –citado como posible premio Nobel de Literatura- nos permite afirmar con él que, hasta ahora, no hemos asistido a revolución árabe alguna, sino a simples cambios de régimen, a derrocamientos de dictadores, a caídas de tiranías. Nada garantiza que no puedan ser sustituidas por otras, tanto o más peligrosas. ¿Por qué?

“En las sociedades árabes no se producirá una revolución mientras no se alcance una separación total del poder político y el poder religioso. Los países árabes necesitan ser liberados de la sharia, la ley islámica. Las sociedades árabes necesitan una revolución laica, que permita a los pueblos liberarse del poder absoluto de los islamistas” (Ibidem). Completamente de acuerdo. Lo hemos dicho ya en otras ocasiones. El proceso que permita llevar a término semejante aspiración es largo, muy largo, y muy complejo. Pensemos lo que costó realizar esta transformación en Occidente, no obstante la helenización inicial del mensaje cristiano. Es necesario un proceso de secularización, de separación total del poder político del Corán y sus exégetas islamistas.

Este proceso está lejos de iniciarse. Probablemente, al haberse radicalizado en los últimos tiempos, se han dado pasos hacia atrás, se ha retornado, en algunos aspectos, al orden medieval. Es preciso reconocerlo y saludar con esperanza de un futuro lejano la magnífica estatua que preside la entrada a la Universidad del Cairo en Giza : una mujer que se alza el velo. ¿Qué hacer mientras tanto? No acomodarse a las tiranías, no apoyarlas, no mirar para otro lado, no perder la esperanza, confiar en los pueblos árabes, “contar la verdad. Pedir el respeto a la libertad y los derechos humanos” (Ibidem).

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