viernes, 6 de enero de 2012

EL PROBLEMA ESTÁ EN NOSOTROS

Por fin, al cabo del tiempo, tenemos Gobierno. Era absolutamente necesario el cambio. Íbamos directos al precipicio. Ahora nos toca desear y esperar su acierto en la gestión. Pero, sobre todo, nos corresponde ‘hacer camino al andar’, que diría Antonio Machado.

Ya sé que el primer empeño de este Gobierno es el empleo. Es lo que demanda la realidad de más de cinco millones de parados. El nuevo Gobierno se ha organizado, con buen criterio, al servicio de este objetivo nacional. Las personas elegidas me parecen preparadas e idóneas. ¡Suerte y a trabajar!


omo tantos otros españoles, pienso, sin embargo, que la verdadera crisis que España ha de afrontar es de otro orden. Llevamos demasiado tiempo exhibiendo, como individuos y como colectividad, esa vieja actitud humana que consiste en creerse, a todos los efectos, como dioses. A partir de aquí, actuamos como si no hubiera límite alguno, ni legal ni ético. Todo –aunque lleve consigo la imposición a los demás de las propias concepciones de la vida- nos puede parece digno de aplauso y apoyo. A veces, da la impresión de que buscamos, como valores, la división y el enfrentamiento. Hemos ratificado la no creencia en la verdad, en la igualdad, en la justicia y en la libertad. Nos hemos dejado chupar la inteligencia y la conciencia, como reprochaba Stockmann en un Enemigo del pueblo ¡Qué cosas, madre mía!>br>

Toda esta trascendental e inmensa problemática me parece prioritaria para este país. No obstante, dudo que el Sr. Rajoy esté dispuesto a abordarla en serio. Tengo al respecto serias reservas sobre lo que pueda aportarnos en educación, en interior y en justicia. Quizás ello explique el perfil de las personas elegidas. Alguna ya ha enviado mensajes más que inquietantes. ¡Ya veremos! Me temo lo peor.


En estas fechas propicias al cambio, quiero dejarles mi mensaje de felicitación a todos. Lo hago con las palabras del Profeta a Umar ante las lamentaciones por la pérdida de Granada: “el problema está en nosotros, en nuestra sangre” (Tariq Alí). Si fuésemos diferentes, hasta la política cambiaría.

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