domingo, 30 de noviembre de 2008

APOYO EN LO CIERTO
Con motivo del Día internacional de la lucha contra la violencia hacia las mujeres, se ha vuelto a poner de manifiesto que “la mentira suele buscar apoyo en lo cierto para atacar la verdad”. La ministra de igualdad, Bibiana Aído, se ha servido del dato cierto de las mujeres muertas en lo que va de año –exactamente, cincuenta y siete- para faltar a la verdad, para insistir en verdades parciales, para no afrontar la realidad, para ocultar su ineficacia, para ocultar el fracaso con más propaganda.
Todos compartidos el mensaje de esperanza a las víctimas del maltrato. Efectivamente, ‘de la violencia de género se puede salir’. Pero, para ello –esto lo oculta y, en consecuencia, manipula la realidad- habría que hablar sin tapujos del fracaso de la propia Ley y preguntarse críticamente el por qué del mismo. Se vendió, como cosa cierta, que con ella se iba a erradicar la violencia en el hogar familiar. Sin embargo, la estadística demuestra lo contrario: ha ido en aumento. ¿Qué se está haciendo mal para cosechar tales frutos?
Desde que se impulsó –a partir de la imposición de la corrección femenina de claro signo totalitario- Ley contra la violencia de género no se ha querido reconocer la realidad que manifiesta su aplicación efectiva. Se ha insistido, por el contrario, en el error y en él se permanece. Se sigue justificando el privilegio y la discriminación. Se sigue, en más casos de los que sería deseable, exasperando al varón y otorgándole un trato injusto y, a veces, vejatorio. Se sigue con un diagnóstico erróneo, que no se quiere rectificar. Se sigue confiando todo –hasta la mala educación- a la Ley penal y a su correspondiente justicia, sin querer aprender la lección de que se está incurriendo en un flagrante error de concepto y de método. Se sigue sin realizar una auténtica política de prevención y sin poner recursos humanos y materiales. Se sigue desoyendo la voz cuyo eco resuena hasta en los propios locales y entre los empleados de los Juzgados de violencia de género: muchas denuncias son falsas y sólo buscan presionar en orden a las medidas civiles propias de cualquier divorcio.
A la vista del sesgo que ha tomado el tratamiento de tan grave cuestión –por parte de los poderes públicos, los medios de comunicación y el feminismo militante-, uno tiene la impresión de que se rehuye abordarla por derecho y ateniéndose a la realidad, por cruda y acusadora, que sea. Se tiene miedo a hablar, entre otras cosas, de cómo se constituye la pareja, del grado de madurez con que se llega y se permanece en ella, de quién detenta realmente el poder y de cómo lo ejerce, de la capacidad de manipulación, de la fuerza y la debilidad de sus componentes. Es más cómodo –infinitamente más- mirar para otro lado, tomar un aspecto parcial de la realidad –el machismo-, instalarlo en la corrección política y, a partir de semejante falsedad, obtener claras y privilegiadas ventajas así como realizar lo que supuestamente se condena. Una verdadera obscenidad
Igualmente, todos compartidos, con la Sra Ministra, que ‘no podemos callar frente a la violencia que se ejerce sobre las mujeres’. Sin duda alguna. Tampoco podemos callar cuando se ejerce sobre los hombres, sobre los niños, sobre los ancianos. La ejerza quien la ejerza. Tampoco podemos callar cuando la violencia la ejerce la mujer. Esto último, suele callarse, silenciarse o denunciarse con la boca pequeña y cuando no se tiene más remedio. ¿Cómo justificar tal diferencia de trato y de reacción frente a la violencia?
A este respecto recuerdo una atinadísima reflexión del maestro Ortega: “Y advertir que no basta con que se puedan decir alguna verdades, porque es menester decir la verdad toda, y la verdad parcial es una forma de falsedad, lo mismo que ocurre con la verdad mal entendida”.

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