ÉTICA Y ACCIÓN POLÍTICA
Hace unos días, el ya casi olvidado Julio Anguita nos decía: “No podíamos ser cómplices del robo, de las torturas, de la cal viva porque fuera un partido de izquierdas quien lo hacía”. Magistral lección de ética política, impartida por un hombre de convicción, esto es, por aquel que “dice aquello que piensa y hace aquello que cree sin detenerse a medir las consecuencias, porque para él la autenticidad y la verdad deben prevalecer siempre y están por encima de consideraciones de actualidad o circunstancias” (Vargas Llosa).
¡Cómo se hecha de menos por estos pagos! Toda corrupción, señores socialistas, ha de perseguirse. Absolutamente toda. Aunque la hayan practicado aquellos que ahora le permiten gobernar. Andan entretenidos –y me parece bien- con corrupciones menores. Pero no se atreven con la gran corrupción en Mallorca, que todos sabemos donde reside. ¡Vaya panorama!
No se confundan, señores políticos y votantes socialistas. Dejen de manipular al pueblo. La inmensa mayoría sabemos por qué ostentan ahora el gobierno, al margen de las estupideces del PP. Tiene que ver con algo más que un puñado de votos. Son muchas las cosas que silencian. Son manifiestas las complicidades que atesoran y la instrumentalización del poder que realizan en beneficio propio. ¿De verdad creen que no tienen nada que ver con lo que está ocurriendo en Baleares en materia de corrupción? ¿Están satisfechos, en términos democráticos, con el marchamo de la mayoría de las instituciones?
Recuerdo ahora la soflama de Aina Calvo en plena campaña electoral contra la corrupción. No estaría de más que se preguntasen si no le están dando cobertura, si no están siendo cómplices, si no están adulterando el sentido mismo del poder. No escondan la cabeza debajo del ala. No somos tontos. ¡Vaya vergüenza! Y a esto se le llama democracia, estado de derecho, progreso. ¡Ja, ja, ja!
Por mucho que disimulen, por mucho que sus ‘corifeos’ mediáticos jaleen las corrupciones del PP –se lo han ganado a pulso- se están convirtiendo en verdaderos cómplices, que diría Steiner, de la corrupción de otros. El que digan que son de izquierdas no les autoriza ni legitima para hacer lo que vienen haciendo, permitiendo, ocultando.
La complicidad con la corrupción es igualmente predicable de cuantos votaron opciones de izquierda y ahora guardan silencio porque favorece a los suyos, que están en el gobierno. La complicidad con la corrupción es también predicable de aquellos votantes que se dejaron comprar o sorprender por mensajes falsos. La complicidad con la corrupción se contrae cuando se vota en las instituciones cosas que se sabe a que obedecen, que son ilegales, que no cuentan con los informes exigidos, que están condimentados con un ‘tufillo’ de corrupción, que obliga a taparse la nariz, etc. etc. La complicidad con la corrupción se contrae cuando se aúpa a alguien al frente de alguna institución como medio de protección e instrumento de alcanzar el gobierno. Así nunca construiremos una auténtica democracia. Así tiramos piedras contra nuestro propio tejado. Así corrompemos el sentido mismo del poder. Así cada día iremos de mal en peor, como vamos. Aprendamos todos de un hombre de convicción: Julio Anguita.
Gregorio Delgado del Río.
lunes, 15 de septiembre de 2008
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