viernes, 18 de julio de 2008

MAS TRAMPAS IDEOLÓGICAS
Es cierto que el error forma parte del panorama habitual del ser humano. Parece razonable pensar que los errores pasados enseñan lo que no se ha de volver a repetir. Esto es, debieran dejar muy claro lo que se ha de evitar y, en consecuencia, debieran servir para ‘adelantar camino’, que dijo Balbuena.
Una vez más la izquierda vuelve a tender las famosas ‘trampas ideológicas’ a la derecha. El reciente Congreso socialista ha lanzado un ideal, que dice progresista, para transformar la sociedad, incluso más allá de la alternancia política: Aborto, eutanasia, laicidad, retirada de símbolos religiosos, reforma de la Ley de libertad religiosa, terminar con la molesta objeción de conciencia, ampliar derechos civiles.
Amplios sectores de la derecha, muy conectados con la fe católica y con el recién estrenado centrismo a lo Fraga, “parecen hacer ostentación de equivocarse”, que diría nuestro Baltasar Gracián. No han aprendido nada del pasado más reciente. Se han olvidado ya de las pasadas trampas ideológicas que les puso ZP en la anterior Legislatura y en las que fueron ingenuamente atrapados y cazados. El resultado es conocido de todos: pasar por representar lo más rancio de la sociedad y, en consecuencia, no merecedores de la confianza ciudadana para el gobierno. Esto es, seguir en la oposición.
Los sectores más a la derecha –no ajenos a un cierto fundamentalismo- debieran, a mi entender, no insistir tanto en reconducirlo todo a una actitud laicista y sectaria del Gobierno Zapatero. Sencillamente, porque no es cierto, al menos en todos los casos. Desde luego, no se entiende muy bien el empeño en negar una evidencia: el Estado español es un Estado laico, que no laicista. Nuestra Constitución –aunque muchos se empeñen en ignorarlo- dice algo que va mucho más allá de la declaración según la cual “ninguna confesión tendrá carácter estatal”.
Tal fijación del modo de actuar el Estado respecto del factor religioso (laicidad) tiene ciertas consecuencias que, mal que les pese a estos sectores -debido, sin duda, a situaciones privilegiadas de las que disfrutaron en el pasado y que ya no tienen razón de ser-, son inevitables y exigibles a cualquier Gobierno, sea del signo que sea. Me parece respetable que ellos tengan otros modos diferentes de entender ciertas realidades sociales. Están en su derecho y gozan de la tutela para proclamarlo a los cuatros vientos. Pero, de ahí, a exigir que el Estado deba acomodar su legislación a estos diferentes modos de ver y organizar la realidad, va un abismo. Por ello sobra el tan frecuente histrionismo y el poner el grito en el cielo, del que hacen gala.
Conviene decirlo con claridad. Ni el llamado divorcio exprés, ni la regulación de la eutanasia, ni la superación de la hipocresía que sustenta el actual aborto sin límites reales, ni la eliminación de la presencia de símbolos religiosos en las Instituciones públicas, ni la ayuda y apoyo a las Confesiones religiosas distintas de la católica (todos son ciudadanos españoles), ni la modificación, siempre posible, de la Ley de libertad religiosa, por ejemplo, son actuaciones, en principio, sectarias ni expresión de un caduco sectarismo. Como máximo, deberíamos suspender el juicio y esperar a ver el contenido concreto en que se intente plasmar esa supuesta transformación social.
Tampoco entiendo que la actual derecha política se oponga, sin más, a estas iniciativas gubernamentales. Sí, Sr. Rajoy, interesan a la gente de la calle y mucho más de lo que a Vd. le parece. Esas cuestiones, muy transcendentales para el ciudadano como tal y para muchos profesionales, no pueden ser ajenas a la labor de la oposición. Cierto que existen también otros problemas y algunos muy acuciantes. Pero la política y el gobierno implican siempre prioridades. Cometerán un grave error y caerán, como tantas veces, en las trampas ideológicas de la izquierda si pretenden, con el pretexto de la crisis económica cierta, salirse por la tangente.

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