EL CENTRO DEL PROBLEMA
Andamos perdidos, año tras año, en discutir si son churras o merinas. Siempre el mismo rollo, las mismas tonterías, las mismas mentiras, la misma negación de lo evidente, los mismos resultados. Estamos, en materia educativa, a la cabeza del pelotón de los torpes. No reconocer tal evidencia es agravar el problema.
Iniciamos un nuevo curso y asistiremos a un nuevo fracaso seguro. Nada cambiará. Sólo el número de padres irresponsables que toleran y aguantan a tanto político mentiroso e ineficaz, a tanto Centro educativo que no cumple –ni de lejos- con su función esencial. A todo esto, la Ministra Cabrera nos reitera que “tenemos el mejor sistema que ha habido nunca”.
A esto se le llama cinismo.
Lo peor con todo -si ya no tuviéramos bastante- es el número infinito de tontos que se lo creen. Para más inri, confiesa –eso sí, con una sonrisa- que “probablemente, no estamos siendo capaces de saber qué educación necesitan” nuestros jóvenes. ¡Aquí le duele e intensamente!
A pesar del analfabetismo existente, el verdadero centro del problema –como ha dicho Claudio Naranjo- radica en que todo el sistema educativo y la acción de muchos padres están orientados a la producción, a la socialización, al éxito económico con olvido claro del desarrollo personal. No buscamos hacer personas sino ‘corderitos manipulables’. No formamos para que nuestros hijos lleguen a ser lo que puedan ser, por sí mismos y con su esfuerzo.
Como en tantas otras cosas, en España nos movemos siempre entre dos opciones pendulares: educación laica y educación religiosa. Ambas autoritarias y ajenas al espíritu. Ambas con renuncia a lo que es más necesario: aprender a buscar el propio sentido de la vida. Ello reclama más atención y dedicación de los padres. Ya sé que andamos inmersos en el trabajo indispensable para ir manteniendo el cúmulo de necesidades que nos impone el sistema de vida que tontamente aceptamos. Pero lo cierto es que nuestros hijos crecen con carencias afectivas evidentes, muy domesticados en los deseos que no sirven, sin degustar el valor de la libertad y la responsabilidad.
Gregorio Delgado del Río
lunes, 15 de septiembre de 2008
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