martes, 30 de noviembre de 2010

SIN DEJAR MARCAS
Una vez más, nos encontramos con una actitud no tolerable de un país árabe. Los hombres, en los Emiratos Árabes Unidos, pueden golpear a sus mujeres e hijas siempre y cuando no les dejen marcas. ¡Insufrible!, que diría nuestro último premio Príncipe de las letras, el libanés Amin Maalouf.
Tal doctrina ha sido asentada al juzgar –según se relata en ‘La Gaceta’- el caso “... de un hombre declarado culpable por golpear a su mujer tan fuerte que les destrozó los dientes y el labio superior, así como a su hija de 23 años con moratones en las extremidades”. Se le impuso una multa ridícula: unos 96 €. Fue recurrida en base a que la Ley islámica (shari’a) “permite recurrir a la violencia si no se encuentra otra forma de resolver la disputa”. El Juez le dio la razón, pero dentro de ciertos límites: que la agredida no tenga marcas.
Es cierto que el Corán exhorta a los musulmanes a tratar a sus mujeres con “amor y amabilidad”. Pero, no es menos cierto que el trato a la mujer constituye una de sus tachas más negativas. Golpear a una mujer nunca puede ser una respuesta apropiada – ni, a veces, la mejor opción- para resolver ningún problema, ni familiar ni de otro tipo. Es manifiestamente contrario a la igualdad dignidad de la mujer. Es atentatorio contra los derechos humanos.
Desde esta perspectiva, no es posible tolerancia alguna ni justificar ese trato vejatorio en base a tópicos de la corrección política. Ni el multiculturalimo ni el diálogo de civilizaciones ni ninguna religión o texto –por muy sagrado que se declare- pueden esgrimirse con éxito. Quien así lo hace –como nuestro Gobierno y el partido que lo sustenta- no es progresista sino todo lo contrario. Es una verdadera obscenidad en parangón con la actitud de muchos países árabes con respecto “hacía los derechos humanos, hacía la mujer o las minorías oprimidas” (Amin Maalouf).
Si, en estos aspectos tan esenciales, los emigrantes musulmanes no se integran en Occidente, habrá que reconocer el fracaso consiguiente y que tenemos un grave problema de convivencia.

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